El Charquito

Crítica de literatura contemporánea.

Monday, January 10, 2005

Vertedero de cretinadas





Por éktor henrique martínez






APRES DOÑA YÉPEZ DE DÉLUGE



TERCERA CAZIADA








DESPUES DE DOÑA YÉPEZ EL DILUVIO






¿Porqué Dios no hizo más seres tan encantadores como éste?







He aquí la máquina trituradora:





«Por mi parte, me especializo en literatura norteamericana, he leído toneladas de literatura europea clásica y moderna, filosofía occidental toda mi vida, pero basta conocerse a uno mismo, indagar de dónde venimos, quiénes somos actualmente, para darse cuenta que somos tan o más fuertes».




Ni quien lo dude, la teoría es la madre del Yépez; de ella se alimenta sin cesar. Con ella mantiene una relación homotética. La idealización maternal del discurso literario constituye su percepción del mundo. Por eso odia a su padre, principal enemigo al que debe combatir; porque es quien se ha chingado a su madre. Y por nada del mundo la abandona; es su referencia permanente. Y cuidado con molestar a esa omnipresente mujer. Que nadie ose decirle: «¡Yépez, chingas a tu puta y guanga madre!».




Y al no tener más ojos y corazón que para la madre, posiblemente eso explica la ausencia de toda relación sexual con las féminas; su abstinencia sexual es la garantía de la fidelidad hacia la mujer-madre. Más vale para él alejarse de las mujeres y renunciar al deseo de hacer vida marital; razón por la cual sus noviazgos no duran mucho tiempo.



Pero ¿qué pasa, entonces, con la inquietante pulsión del órgano genital? Dos boletos tiene para disfrutar del goce sexual: la represión y la masturbación.


Y para el Yahír de las letras tijuanenses no hay nada más consolador que jalarle el buche al güíjolo.



Vean cómo se procura la autosatisfacción mientras garrapatea sus jactanciosas estupideces:




«Soy un pervertido. La gente me pide textos, o yo los escribo para mí mismo, y luego los entrego (ensayitos, cuentitos, pendejadas de ese tipo) y al releerlos me despreocupo. No quedaron en ellos señales de que los escribí mientras estaba sexualmente excitado, calentando a alguien, masturbándome, siempre todo en un juego o desliz de provocación, deliciosa demora o alcance de los orgasmos».




Y no andan muy errados los que afirman que el Yépez se quedó parqueado la edad puñetera de la secundaria; en la etapa de puberto retraído; en la fase de un morro que aún trae cargando en su mochila existencialista los desvaríos hormonales, acrisolados en una multiplicidad de puñetas nocturnas que lo inspiran a fraguar sus contestatarios berridos.







LOS EFECTOS DE VIVIR ATADO AL CORDON UMBILICAL



La fidelidad a la madre, preservada a golpe de manuela, le acarrea experiencias de amores desgraciados, fracaso con las mujeres; le resulta imposible mantener una relación con alguna de ellas. La ternura y devoción hacia la madre no le permiten establecer un romance duradero. Se encuentra tan identificado y en condición de dependencia con la madre que tal adicción filial representa para él la fuente y origen de su poder; separarse de ella es perder el dominio sobre el mundo, dominio que se materializa haciendo sufrir a las mujeres y propinándoles sendas golpizas.



Así se define:


«No soy más que un ridículo fuete farfullando».

Y en efecto, lean lo que sigue:




«No me está oculto que soy un escritor para varones. Hay muy poco en mí que pueda interesar o conservar a la lectora, la escasa lectora. Suelo practicar la violencia verbal. En muchos sentidos, lo que escribo es casi siempre una alabanza a la emboscada o la agresividad lingüística—comenzando por la relación abusiva que establezco con el lector».




Además, hasta el individuo que lee sus cochinos galimatías termina pagando el pato:



«Me dirijo al lector como quien se dirige a un perro. Lector, obedece. Los lectores me escriben cartas o me saludan. Caballeros que demandan atención. Son serviles o exigentes, tratan de ser tus pares o cómplices. Cuando leen la señal de la depresión emocional en este sitio o en algún otro, me escriben molestos para pedirme, con insultos o chantajes de macho cliché, que vuelva a mi agresión habitual, que maldiga contra todo, porque eso es lo mejor que, según ellos, sé hacer. Lo que en verdad ocurre es que son adictos a la agresión. Paulatinamente adictos a atacar. Conozco esta dependencia en carne propia».







Así será el lector para el chupapollas del Yépez?







También no está demas agregar que el bato adopta posturas rebeldoides para allegarse de admiradores y manipular a pendejos con la pantomima de luchador causas estilo Robin Hood. Su radicalidad es de papel, nada más; rocstarismo de payaso inadaptado que pedorrea una supuesta autoridad estética. Pero se le caen las nalgas cuando alguien le busca las malas pulgas.





FLAGRANTES MENTIRAS DE UN CULTUROSO LAMECULOS



Por otra parte, no es raro que aparezcan ratones mordisqueando el queso de la lisonja. Ai tenemos al Bernardo Jáuregui, quien, emocionado y surfeando sobre la espesa baba de tlaconete que se le ha escurrido de la mamadora, llega pregonando lo que únicamente ha existido en su enfermiza y deschavetada tatema (y que el enajenado narcisista del Yépez, en chinga, postea en su blog para darse coima).



Escuchemos las trompetillas que este descarado lambegüevos del tal Jáuregui le sopla a su idolatrado confeccionador de disparatarios.


NOTA: a fin de no fastidiar al paciente lector con la fangosa verborrea que expele este chupapollas, mocharé algunos párrafos de su estulto texto.



«No es un elogio gratuito afirmar que algunas de las mejores páginas de la ensayística mexicana se han escrito por Hache desde Tijuana" [aquí sí que te saliste del calzón; ¿es burla, o qué, cabrón?]. "Incluso, en este momento, se está creando desde su blog, día a día, una obra compleja [que no hay duda que saldrá más chingona que el Quijote de la Mancha] "a la que es justo calificar de singular pues resulta, al mismo tiempo, admirable y desconcertante" [¡qué poca madre tienes; decir que algo pueda ser, al mismo tiempo, como tú dices que dices!]. • "Lo admirable no es la erudición obsesionada por destruir la certeza de su propios hallazgos" [¡¿qué quiso decir este güey?!], "sino la desfachatez con la que logra envolver al lector en una retórica que termina dándole por el culo a cualquier comodidad especulativa" [¡al que le van a dar por el culo es a usted, cabrón; por andar soltando tanto camelo y pendejada incoherente!]. "A un lector en busca de lo tangible, esa lectura de lúcidos irracionalismos [¡pero que idiotez la tuya, men; ¿cómo puede haber una irracionalidad que sea lúcida?; no diga pendejadas!], "que se refutan interminablemente hasta tocar los linderos de un nihilismo inevitable" [pero, ¿porqué ha de ser inevitable?], "le crea una problematicidad" [ no seas maje; se dice problema o problemática, nada más] "que resulta abominable por la apabullante contradicción de su riqueza conceptual [¿alguien entendió esta barrabasada oligofrénica?]. • "En general la lectura de Yépez es una ocación" [ignorante; ocación se escribe así: ocasión; y, a propósito, ¿de cuándo acá una ocación equivale a lectura?] "para despertar preguntas" [¡¿?!]. "En lo personal creo que las dudas de mayor importancia que propone su obra, en estos momentos, son de un orden disciplinario" [¡chetos con sabor a fresa! ; ¿y qué te hace creer que esas 'importantísimas dudas' son de un 'orden disciplinario'?; ¿y si fueran de un orden indisciplinado o de una disciplina desordenada?, ¿por cuál agujero te meterías la tautología?]. "¿Es posible que la continuidad intelectual de un país conservador como el mexicano pase por un desplazamiento geográfico? No me refiero a un movimiento físico, sino a una apertura de preceptos ¿En una tradición rebasada por desintegraciones históricas, podemos esperar que el norte de México cuente con una intelectualidad que no se excluya, que gane respeto y difusión, a pesar de su propia marginalidad, y desde ella misma? No se trata de oponer norte, centro o sur en medidas de una absurda superioridad nacional. Se trata de fomentar una nueva figura consciente en el creador y de promover un desarrollo al retraso cultural del país. Especialmente en la zona donde se da una presencia controversial y fértil como la de Yépez" [¡¿?!]. • "Existe una línea de continuidad que podría relacionar a estos cuentos con otros escritores mexicanos, como Emiliano Pérez Cruz, o Armando Ramírez. Sin embargo el realismo monologante de Yépez tiene mayores cercanías en autores como Céline, Burroughs o Bukowski" [¡uy, sí!]. • "A pesar de la dispersa fragmentación, que despista y que cobra su forma sustancial por medio del blog [¡¿?!], la obra de Yépez ha dado algunos resultados literarios que se han relegado debido a su afán polémico como crítico cultural [¡ah, raza cabulera!]» [14.4.04]. ¡Basta ya de tonterías!

Se deduce cuál es la intención de todo el salivero que contiene el churrete del mentado Jáuregui. Cuando Erasmo de Rotterdam se topaba con casos similares, el ruco apuntaba: «Resulta chistoso sobremanera verlos alabarse unos a otros con epístolas, poesías y encomios, donde un tonto adula a otro tonto y un indocto replica a otro indocto. Yo mismo, al contemplar en ciertas ocasiones a estos vanidosos, siento náuseas, principalmente cuando entre esos fanfarrones veo a una ninfa que se cree más próxima a los dioses cuanto más larga es la cola que arrastra, o esos próceres que se abren paso a codazos para situarse más cerca de Júpiter, y, en fin, esa serie de individuos cuyo engreimiento crece conforme al peso de la cadena que llevan al cuello» [Elogio de la locura].


Bien dice el Chango: a veces defendemos banderas que confundimos con nuestros calzones manchados de mierda.






ÉCHESE UN TACO DE APABULLANTE CONTRADICCIÓN



Y a continuación una muestra literaria que florece en el jardín donde se cultivan «las mejores páginas de la ensayística mexicana se han escrito por Hache desde Tijuana», y que, por vía de partenogénesis, «en este momento, se está creando desde su blog» como «una obra compleja». Y échele el lector un oclayo al «orden disciplinario», cuyas «dudas» son —como dijo el barberín del Bernardo Jáuregui— «de mayor importancia»:



«Me gusta el blog. Cada vez me doy más cuenta que el blog es un género literario capitalista, globalizado, inventado por californianos. El blog evita que escribas libros, que escribas realmente literatura. Es un medio para hacer notitas, una bitácora casi tan frívola como un diario o un poemario. El blog te da un espacio para tener a tu ego escribiente contento y tener lectores fáciles (más bien incultos y desinformados). El blog, como las cantinas, las reseñas o la burocracia, es un espacio para aquellos que no tenemos el valor o el talento para ser escritores de verdad».




¡Ah!, pues si eso piensas del blog y de los lectores, pues ¡vete mucho a chingar a tu madre!








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Sunday, January 09, 2005


Vertedero de cretinadas





Por éktor henrique martínez





DE DOÑA YÉPEZ




SEGUNDA CAZIADA







JOCOSIDAD ADULADORA Y OTRAS RIDICULESES







Como decíamos endenantes: nada más nauseabundo que lidiar tipejos como el Yépez; un solemne huevón cuya encomienda es darle rienda suelta a su estúpida megalomanía y pararse el culo en tertulias literarias.

Un extremo pusilánime que no enfrenta a los que lo critican; prefiere hacerse el desaparecido. Temeroso, oculta la chompeta como la culona avestruz. ¡Ah, pero qué bien chupa la ubre estatal!; y no deja de estar mamando chidamente del presupuesto, gozando como cabrón a costillas de los pagaimpuestos.










ACTO DE CHARLATANERÍA





El bato es un culturoso tan podrido de vanidad y soberbia que ni siquiera las cucarachas y los gusanos toleran sus alardeos cretinos de egocentrismo mamón. El bribonazo, como todo granuja de doble feis, hipócrita e incongruente, oculta lo que le perjudica y publica lo que le conviene.



Ni el menor viso de humildad; la modestia le resulta ajena:




«El 17 de abril participo en una panel sobre la poesía en tiempo de crisis, y presento un video satírico del imperialismo que hice con Octavio Castellanos, en la Universidad de California en Santa Cruz.

El 24 de abril leo algunos textos experimentales en inglés y el 25 doy una conferencia de literatura latinoamericana contemporánea y el yo-global en la Universidad de Arizona, Tucson» [5.4.04].





Concédele un poquito de piedad a tu ego. ¿Acaso no te da lástima ese niño hambriento?



Por otra parte, no es raro que aparezcan ratones mordisqueando el queso de la lisonja. Ai tenemos al Bernardo Jáuregui, quien, emocionado y surfeando sobre la espesa baba de tlaconete que se le ha escurrido de la mamadora, llega pregonando lo que únicamente ha existido en su enfermiza y deschavetada tatema (y que el enajenado narcisista del Yépez en chinga postea en su blog para darse coima).
Escuchemos las trompetillas que este descarado lambegüevos del tal Jáuregui le sopla a su idolatrado confeccionador de disparatarios


NOTA: a fin de no fastidiar al paciente lector con la fangosa verborrea que expele este chupapollas, mocharé algunos párrafos de su estulto texto.




«No es un elogio gratuito afirmar que algunas de las mejores páginas de la ensayística mexicana se han escrito por Hache desde Tijuana. Incluso, en este momento, se está creando desde su blog, día a día, una obra compleja [¡¿?!] a la que es justo calificar de singular pues resulta, al mismo tiempo, admirable y desconcertante. • Lo admirable no es la erudición obsesionada por destruir la certeza de su propios hallazgos [¡¿?!], sino la desfachatez con la que logra envolver al lector en una retórica que termina dándole por el culo a cualquier comodidad especulativa [¡¿?!]. A un lector en busca de lo tangible, esa lectura de lúcidos irracionalismos [¡¿?!], que se refutan interminablemente hasta tocar los linderos de un nihilismo inevitable, le crea una problematicidad que resulta abominable por la apabullante contradicción de su riqueza conceptual [¡¿?!].
En general la lectura de Yépez es una ocación [ignorante; ocación se escribe así: ocasión] para despertar preguntas [¡¿?!]. En lo personal creo que las dudas de mayor importancia que propone su obra, en estos momentos, son de un orden disciplinario [¡¿?!]. ¿Es posible que la continuidad intelectual de un país conservador como el mexicano pase por un desplazamiento geográfico? No me refiero a un movimiento físico, sino a una apertura de preceptos ¿En una tradición rebasada por desintegraciones históricas, podemos esperar que el norte de México cuente con una intelectualidad que no se excluya, que gane respeto y difusión, a pesar de su propia marginalidad, y desde ella misma? No se trata de oponer norte, centro o sur en medidas de una absurda superioridad nacional. Se trata de fomentar una nueva figura consciente en el creador y de promover un desarrollo al retraso cultural del país. Especialmente en la zona donde se da una presencia controversial y fértil como la de Yépez [¡¿?!]. • Existe una línea de continuidad que podría relacionar a estos cuentos con otros escritores mexicanos, como Emiliano Pérez Cruz, o Armando Ramírez. Sin embargo el realismo monologante de Yépez tiene mayores cercanías en autores como Céline, Burroughs o Bukowski [¡¿?!]. • A pesar de la dispersa fragmentación, que despista y que cobra su forma sustancial por medio del blog [¡¿?!], la obra de Yépez ha dado algunos resultados literarios que se han relegado debido a su afán polémico como crítico cultural [¡¿?!]» [14.4.04].





Se deduce cuál es la intención de todo el salivero que contiene el churrete del mentado Jáuregui. Cuando Erasmo de Rotterdam se topaba con casos similares, el ruco apuntaba: «Resulta chistoso sobremanera verlos alabarse unos a otros con epístolas, poesías y encomios, donde un tonto adula a otro tonto y un indocto replica a otro indocto. Yo mismo, al contemplar en ciertas ocasiones a estos vanidosos, siento náuseas, principalmente cuando entre esos fanfarrones veo a una ninfa que se cree más próxima a los dioses cuanto más larga es la cola que arrastra, o esos próceres que se abren paso a codazos para situarse más cerca de Júpiter, y, en fin, esa serie de individuos cuyo engreimiento crece conforme al peso de la cadena que llevan al cuello» [Elogio de la locura].




Bien dice el Chango: a veces defendemos banderas que confundimos con nuestros calzones manchados de mierda.








DEL AUTOELOGIO A LA AUTODIATRIBA




Veamos como este miembro de la cultura oficial subvencionada, de la frigidez abstracta, y pisando el umbral del sicoanálisis, pasa a convertirse en su propio adversario; él mismo se lee la cartilla y se da puñetazos en la cara. Guachen nomás las reacciones instintivas del subconciente:




«Tú no escribes para desgarrarte o ser feliz. Tú escribes porque quieres poder. Para ti escribir es seguir tu carrera burocrática. Para ti escribir es publicar y tener ciertas amistades. Algo tan estúpido como participar en eventos, a los cuales no agregas nada. Para ti escribir es degradar lo que otros han hecho para sobrevivir en lo quemante helado o para avizorar las hondas alturas. Tú no tienes madre. Estás rebajando y quitándole el lugar a las personas que precisamente dices defender. Tú no eres más que una feminazi, un oportunista, un ex policía, tú sabes bien quién eres, y por eso haces todo lo que haces para ocultarlo. Degrádate todo lo que quieras pero no degrades esta actividad. Consulta su historia: es una historia de mujeres y hombres apostando todo. Agarra la onda: escribir no debe ser arruinado, y tú escribiendo degradas» [12.4.04].





Pobre güey. Cuando la metafísica no le funciona recurre a Freud. El fragmento citado es solamente un pingajo de lo que hay en su blog. Llegan por ensalmos esa clase de autorrecriminaciones; sin escarbarle mucho se pueden encontrar una veintena de esas exhumaciones inconcientes. Necesita el bálsamo de la confesión para no acabar reventado como un sapo aplastado por las llantas de un semai.



Ya se sabe que la actividad escritural es, también, un oficio como el que desempeña cualquier macuarro (panadero, el albañil, el mecánico, el carpintero), pero sin la utilidad social inmediata. Pero, como dice el Chango Cién, lo único culero que viene a degradar es la presencia de especializados en cretinismos, pues «han aparecido payasos como Doña Yépez o miss Tryna Maldonada para elevarse en pedestales solamente por que pueden poner una letra después de otra». Y como dice la canción frívola: sigue la mata dando.



¿Así está bien, o prefieren que abra más la cloaca?

Un pilón de chéiser.




Ahora, considérese en corolario la siguiente transposición que revierte la felicidad, cuando la perversión dialéctica castiga con el sufrimiento y la marca fatal de haber sido parido en una chabola y crecido en cimborrios infestados de putas, puchadores y raterillos. Aunque, a decir verdad, el batillo, conservando su arrogancia de padrotillo de arrabal, recurre al mecenazgo pretendiendo descubrir la armonía bajo la confusión. El miedo lo cohibe y entonces se vuelve un chamaco «bien educado» (después será el dinero o el afán de gloria mediática). Y al recibir una minúscula bocanada de aire triunfalista —debido a que gana un concursillo literario entre puros pendejos—, se siente el superhombre nietzscheano, una calidad intangible que nada tiene que ver con la honestidad. (salen sobrando los comentarios acerca de la forma tan mezquina como se enquista en la ubre presupuestal y de la inmoralidad conque se conduce para estar de plácemes). Sin embargo, la dicotomía clasemediera le impedirá encarnar el modelo social a que aspira. Acicateado por las contradicciones de clase, confusión ideológica —la quimérica e hipotética movilidad social— que lo conducirá a perseguir objetivos totalmente opuestos, no encontrara más salida para extirpar sus temores y preocupaciones que la rebelión romántica o mera acción de resistencia pequeñobuguesa. Mas que conciencia de clase, instinto de clase.




Por eso el Yépez, ahogado en sus frustraciones y castrado de la conciencia de clase, se ha dejado llevar por la idea estúpida de considerar, genéricamente y en greña, a los escritores como elementos portadores de la degradación social. He aquí, bajo la férula del positivismo más grosero, la percepción distorsionada del escribano:




«Provenir del lumpen permite cierta holgura ideológica, cierto libertinaje de enunciar la basura que somos. Provenir de las clases altas o incluso medias significaría para un escritor cumplir su actividad conociendo que al escribir mancha. Degrada. Esto es algo que la aristocracia aborrece, pues aristocracia significa poder de los mejores; los escritores, definitivamente, no somos parte de los mejores. El escritor no hace más que preparar estupideces, proferir contradicciones, embriagueces, saturaciones, manifiesto desvarío. Venir de lo peor, en su sentido más rastrero, la pequeña escoria —no la relevante—, por tanto, no tener nada que perder nos conduce a la escritura, este basurero. La mejor solución que le queda a alguien que descienda de campesinos, jornaleros, prostitutas, proxenetas, violadores, chicanos, alcohólicos, asesinos, desindianizados (Bonfil Batalla), polleros, mariguanos, pedófilos, esquizofrénicas o limpiaplatos, es decidir que si quiere seguir la tradición familiar e incluso empeorarla tiene que volverse escritor, es decir, pepenador disfuncional. Vaya chistecito» [10.4.04].



Qué invención tan absurda; creer que la ambigüedad es objetividad. Con este precioso sistema de explicaciones vamos a llegar my lejos. Ahora entiendo porqué el bato alberga la creencia de que el CECUT y el IMAC son casas de beneficencia pública. Se apaña de las canonjías como las algas a las rocas, como el güitlacoche en el elote. Así explaya sus dones de «pepenador disfuncional», y cuya «holgura ideológica» le permite estar presto a venderse a la reacción para que nazca, «ahí donde se oculta el criminal, la flor del nuevo día», como cantaba Víctor Jara.



Solipsismo de grueso calibre, campechaneado con neoescolasticismo y resignación fatal: «... el yo no se constituye por la actividad singular, por el sujeto forjado, porque ese sujeto nunca se construye. El yo es el mundo en el que los posibles yoes se pelean, aunque ninguno de ellos pueda vencer por completo. El 'yo' como entidad singular no es posible; el yo no es más que el tiempo mismo (...) el yo es fantasmal...» [12.4.04].




Ahora, que el bato nos responda ¿de qué manera logrará cada individuo incorporarse al hombre colectivo, y en qué sentido la necesidad y la coerción habrán de transformarse en libertad?










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Saturday, January 08, 2005

La IndiA MaríA de La LiTEraTUrA










Vertedero de cretinadas





Por éktor henrique martínez








EL VOLPI, LA LOBA MONSIVÁIS Y DOÑA YÉPEZ





RESURRECTA ADVERTENCIA DE DON PACO ZARCO




«Perdonen nuestros lectores que les sirvamos en este articulo una especie de olla podrida, en que entran como ingredientes materias un poco disímbolas y heterogéneas, circunstancia que es contraria a nuestra afición, un poco analítica... » [Francisco Zarco, Obras completas].



Apuntalada la mengambrea, comencemos con el tríptico de figurones semilustrados, enclaves de un simulado librepensamiento, disfrazados de increpadores del sistema y que, al mismo tiempo, son beneficiarios del «Programa Oportunidades», gracias al cual han devenido en carroñeros.










UN CHOLO LITERARIO EN EL PAÍS DE LOS ILETRADOS




El lugar que hoy ocupa este jomboy le correspondía al zampaboñigas al Sarmiento, pero pa que no digan que discriminamos a la gente de provincia, hemos resuelto por unanimidad que el mejor prospecto para suplir al Sergio Sirviento es don «Betito de las vergüenzas», es decir el Hyepez. Y es que su plus ultra lo dice todo: antes que las convicciones prevalecen en su calaca los intereses; becario de la «suma sacerdotisa foxista de la cultura», la señora Bermúdez, «que en verdad rebuzna» (dixit René Avilés Fabila); experto en turbias negociaciones y cuchupos en los premios literarios; especialista en recoger las virutas filosóficas del pasado para armar sus espeluznantes bodrios literarios; predicador del izquierdismo infantil y mentiroso de tomo y lomo que se comporta como vedete prostituida; pregonero de mentecateces seudorrevolucionarias y aviador del IMAC.



Para identificar a nuestro primer invitado, trinquetero aprendiz de filosofastro, emplearemos algunos motejones que se ha ganado a pulso. Heriberto Esculapio Yépez, también es conocido con los remoquetes del Yahír de las letras tijuanenses, el Cholo literario, el Roque Villanueva de los culturosos, el Siete Puñetas, el Baikas, el Pelón con zuelas de hule y, asimismo, con el transgenérico apodo de Doña Yépez.



En vista de que mis comentarios en torno a las yepeziadas están mas sobados que la zarzuela de «El Pichi», voy a transcribir algunos fragmentos de textos blogueros que ciertos miembros de la iglesia batiana han escrito para desenmascarar a este charlatán culturoso. Por lo que a continuación recrearé algo del Beam y del Changus Guanjándred.




«Tenemos al laureado y berrinchudo ensayista bajacaliforniano mostrando el cobre de aquella cholez y baja estofa de donde proviene; es importante retroceder al probable pasado pachuco tumba pesos de Doña Yépez, y hallar, con esperanza de tomarlo en serio y no reírse, el origen de todos sus problemas emocionales. Es claro que la Gestalt que doña Yépez estudia no le ha servido de nada».



«La verdadera naturaleza del ensayista: es un loco que trabaja solo, sin otro motivo que la necesidad de fama y atención. Esperemos que pronto abran un espacio en Almoloya para artistas y culturosos, como doña Yépez, que sienten la necesidad de matar gente que los critica».




«Cuando Doña Yépez intentó "amedrentarme" el 23 de diciembre en un bar local, conocido con el nombre de "Turístico", su grito preferido, y que varios testigos escucharon, fue un histérico "¡yo si te quieeeeebro, ya he quebraaado a oootrooos!"».
«Las urgencias de Doña Yépez, extraviado en la identidad de ser un cholo con ambiciones intelectuales. Y es que, estoy seguro que Doña Yépez asalta más al estado y a la sociedad con el dinero que obtiene de las becas, que cualquier cholo balín de barrio bicicletero» [Chango100.blogspot.com, 2005/01, posted by Manuel, 1/6/2005].




«Mi asociación con la iglesia Batiana, por otra parte, fue un completo éxito. Aparte de las amistades y alianzas estratégicas que han surgido, se han derrumbado y pisoteado varias vacas sagradas del mundillo culturoso. Tiramierdas otrora intocables como Yepiz y Trujillo han sido embarrados con algo de las mismas heces que se han dedicado a tirar a diestra y siniestra durante ya mucho tiempo, mientras disfrutaban felizmente de la teta del gobierno. No puede ser esto otra cosa que algo positivo y mejor aún, el saber de su temor y su odio es la sensación cálida que me hace dormir en las noches» [El Beam, sábado, enero 01, 2005].



«La iglesia Batiana, sin embargo, ha sido gran consumidor de látex industrial para recubrir su falo y disponerse a embestir a todos aquellos culturosos que, por su egolatría y mierda interior, ha seleccionado a DOÑA YEPEZ www.hyepez.blogspot.com, y que durante el zafarrancho que protagonizó el 23 de diciembre, fue día que escogió para decirme que le calaba hondo la crítica».




«Heriberto Martínez Yépez es escritor y ensayista, y con dichos títulos se las ha ingeniado para socavar las arcas públicas y los impuestos de todos nosotros con el único propósito de inflamar su ego y aliviar su enorme complejo de inferioridad. Gusta de manipular a cuanto groupie se le acerca, así como de sablear a sus conocidos, sin contar claro esta, las torturas psicológicas a sus novias y recipientes de semen».



«Pues bien, hasta hace poco, uno de sus acólitos, Juan Carlos Reyna, pedorreaba la indiferencia que le provocaba a Doña Yépez la crítica de blogueros como Héctor Martínez www.elcharquito.blogspot.com o yo, argumentando que su señor y maestro www.hyepez.blogspot.com ya "escribía para otros lectores". Doña Yépez misma nos acusaba de envidiosos y neuróticos, de amarlo odiándolo, y de admirándolo al criticarlo».



«Sin embargo, el falo de Batio lo embistió el 23 de diciembre, día que Doña Yépez escogió para que, en medio de su borrachera, yo escuchara sus fanfarronerías y retahíla de pendejadas dignas de un bravucón. Con amenazas de muerte y con ridículos intentos de homicidio, mientras me cuestionaba "qué sabia yo de literatura", Doña Yépez demostró lo hondo que le cala el falo de Batio y, más que nada, el ardor espeluznante que le provoca toda la crítica» [Chango100.blogspot.com, posted by Manuel, 1/6/2005].







Un intermix de posteos de un miembro del TJ Bloguita Front
Una historia que se construye y deconstruye cada dia






«No es la primera vez que Doña Yépez —dice el Chango— demuestra su amor odiando a los que le critican. Sin embargo, en todas las ocasiones, lo único que sucede es un show patético de calumnias y bravuconadas. Aquí te creemos Doña Yépez, aunque te contradigas. Sin embargo, quedan las siguientes preguntas que, espero, puedas responderlas por correo o en tu blog, pues cuando te vea prometo quitarte los lentes para dejar que me pegues unos carazos en los puños:






PREGUNTA:

¿Dónde quedó toda tu intelectualidad?




RESPUESTA:
No puede haber inteligencia en mí porque no tengo el cráneo reseco. "Ve y consígueme una", le dije a mi alter ego. "Deja tu absurda y pendeja vida y búscala tú, babosete!", me contestó. Jamás pude conseguirme una; durante varios años la busqué y busqué. Luego, convencido de que mi vida estaba marcada por la estupidez y la arrogancia, acabé como un charlatán, como un payaso blanco de cerebro alquilado.





PREGUNTA:

¿Dónde quedó toda la indiferencia que presumías?




RESPUESTA:


Soy un desvergonzado caradura y chupapollas. Miren nomás qué desfachatez la mía: gorrear becas que es dinero de los contribuyentes. Pedir chichi haciendo como que estoy atacando al sistema. Vivir de beca es peor que pedir limosna. No tengo más opción que rebajarme de esa manera, tanto tiempo lo he venido haciendo. A mi madre no le gusta que trabaje; dice que quiere verme así, tan arrastrado como ustedes me ven. A mí me gusta, por supuesto, ser completamente ruin.





PREGUNTA:

¿De qué te sirvieron tus clases del ridículo gestalt? (Corriente sicológica de baja estofa, y que sirve para timar a viejas neuróticas como tú, Doña Yépez)



RESPUESTA:

Soy un pobre pendejo, tan visible, y únicamente hago muecas grotescas tratando de esconder mi llanto lastimero. Soy un pobre cabrón que ha perdido hasta el último esfínter. Y qué me queda, sino pelear con mis propios fantasmas. Necesito protegerme de mis pinches traumas; contra todas las represiones que traigo en mi mente, repleta de coraje. Siempre busco cualquier estrategia para degradarme; y una ellas es pelear por migajas, o sea robar becas. Siento que soy una pobre caricatura gastada, heredada de mi abyecta familia vale-verga. Me he insultado todo el tiempo y no estoy satisfecho. Uso la mente para confundirme. Soy de lo más bajo, moralmente hablando; y así voy por la vida. Es que vivo de las palabras y no de acciones. No pierdas de vista muerte está cerca. Soy una basura. Ese es mi retrato.





PREGUNTA:


Si me odias tanto como para querer matarme, ¿te acuerdas que dijiste que el odio es una especie de amor?



RESPUESTA:

Soy un pendejo acomplejado. Desde que era un niño lo he sido. Crecí en una familia atormentada. Cuando me encuentro a mi padre, el real, me dan ganas de matarlo. Creo que porque estoy enamorado de mi madre. Quiero que ella me confunda con mi padre. No puedo evitar eso, desde que estaba niño así lo siento. Estoy repleto de miedos y de odios.




PREGUNTA:

¿Te das cuenta el ridículo que haces cuando te avientas espectáculos como esos?



RESPUESTA:

Soy el caso más triste de un miserable masturbador compulsivo. Y tienen razón quienes me describen como lo peor. Cuando dicen cerote, pendejo, mierda, vómito, pus, inmediatamente me siento aludido. Eso lo sé mejor que nadie, es mi secreto público, y estoy convencido que sólo de esa manera puedo existir. ¿Ya sé han dado cuenta que soy un miserable? Soy el autorretrato de aquel hombre del que todos los blogueros se burlan. Me niego a aceptar que me han convertido en un idiota cuya máscara de aparente indiferencia comienza a caerse por sí sola.





PREGUNTA:
¿Sabes que estas bien feo y que te huele feo la boca y que escupes cuando hablas?




RESPUESTA:


Sí, ya lo sé. Soy una mierda que no tiene ninguna importancia. El primer mandato de un bato verguero como yo es, precisamente, erigirse en un pedazo de mierda. Hay mierdas que se respetan, yo no soy de esas piezas estercoleras. Ni siquiera sé en qué escusado me cagaron». [Chango100.blogspot.com, posted by Manuel, 1/6/2005].










EL TIRO DE GRACIA











Nada más nauseabundo que lidiar tipejos como el Yépez; un solemne huevón cuya encomienda es darle rienda suelta a su estúpida megalomanía y pararse el culo en tertulias literarias.

Un extremo pusilánime que no enfrenta a los que lo critican; prefiere hacerse el desaparecido. Temeroso, oculta la chompeta como la culona avestruz. ¡Ah, pero qué bien chupa la ubre estatal, y no deja de estar mamando chidamente del presupuesto, gozando como cabrón a costillas de los pagaimpuestos.















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Wednesday, December 29, 2004

Por éktor henrique martínez









NAVARRO Y SU HOTELUCHO DE MARGAYATE









«Cuando yo me muera,
el universo lanzará un gran ¡uf!»
Mme. de Rémusat









EL ASESINO SABE MÁS DE AMOR QUE EL POETA





Entre las ingeniosas obras destinadas para teatro que consigna el libro I, «Dramaturgia» de la serie de «El margen reversible» (IMAC, 2003) encontramos un esketch titulado «Hotel de cristal», cuya autoría corresponde al superesteta tijuanense Gerardo Navarro.


Antes de seguir de oficio con la presente causa conocerán ustedes de qué manera la parafernalia ensancha las estrecheces de ciertos individuos dedicados a la «artisteada perfomancera». Lo cual sucede por como procreación de la vanidad: cuna de las apariencias (no importa ser sino parecer); o dicho en términos nietzscheanos: «El hombre quiere hacer creer que vale más de lo que le autorizan sus fuerzas verdaderas».


Y con la mayor presteza que puede tener la vanidad, hermana de la lisonja y sobrina del camelo, en la página 133 del citado libraco aparece la bienechora trayectoria culturosa del creador del texto escenográfico «Hotel de cristal»; sus méritos y virtudes se hallan acrisolados en una ficha que, más que escrita por la mano de un simple mortal, parece que fue trazada por la Providencia. Procuren no hacer de tripas corazón cuando lean lo que sigue:






«Gerardo Navarro. Nació en San Diego, California. Es percusionista, dramaturgo, performer y mago. Cursó estudios en la Universidad de California San Diego. Ha impartido talleres de performance y poesía oral en Panamá, Nicaragua, Texas y California. Está antologado en Vicios privados (1997) y en dos tomos de la serie Teatro del norte. Ha colaborado con David Ávalos, Michael Schorr, Guillermo Gómez-Peña, y los grupos Culture Clash y El Campo Ruse. En 1997 obtuvo el premio The Best of the Net por un proyecto de poesía animada en el ciberespacio».






Pocas caridades hace Dios con tanta perfección. Bálsamo para sanar los espíritus afligidos de aquellos incrédulos que ya no creen en la existencia de los «hombres orquesta». Consideren ustedes, estimados lectores, lo fácil que ha de ser para el tal Navarro escribir una magna obra de teatro dotada de gran excelsitud y virtudes más inexpugnables que la dureza de una roca a prueba de smart bombs.
Y a propósito de vanidades rastacueras, ¿qué edad tiene el batillo? Silencio total porque en su ficha debe prevalecer la «política del engreimiento» que caracteriza a las divas que se indignan cuando algún impertinente pregunta su edad (verbigracia la María Félix). Tampoco se informa que el bato es un tijuanaco clasemediero de doble nacionalidad. Regüeldo que a fin de cuentas sale sobrando. Que su club de fans lo indague.








¡NO ME LLAMES BÍNER, PINCHE GRINGO PUÑETERO!




-¡Ey!, ¡ey!, ¡momento, bato!
-¡Qué pedernal?
-Déjame decirte que, ahora y de un tiempo acá, el autor del «Hotel de cristal», ha dejado atrás sus posturas antimetafísicas, pues lo que hoy le preocupa es la es rescatar «esencia mítica y religiosa» del arte y cree firmemente en la sique humana y en sus poderes como medio de resistencia ante la aplastadora industria global.
-¿A poco? O sea que el güey se retachó al redil de la tradición.
-Neta que sí, ...digo... no sé.
-Pero si el Navarro es un pinchi yúnior. ¿Cómo puede ser posible tal afirmación?
-Pues ya ves. Con decirte que trae una nueva obra llamada «El Mnemónico». Guacha lo que dice el pápiro este.
-A ver, presta esa madre pa leerlo.
-«El Mnemónico». ¡Qué chingón!, ¿no?
-¿Y cómo se pronuncia la eme? ¿Igual que la p de sicología?





«El Mnemónico, representado por el artista Gerardo Navarro, II, (1963), inicia su carrera como mago a los 11 años de edad, estudiando los principios de la magia con el mago argentino Robillini (rip), pintura con Mani Farber, escultura con Italo Scanga (rip), performance con Elenor Antin, happening con Allan Kaprow, spokenword con Jerome Rothenberg, comunicaciones con Dee Dee Halleck, teatro con Jorge Huerta, y dramaturgia con el Dr. Hugo Salcedo. El artista es originario de "Tijuandiego" [¿¡!?]. Estudió en la Universidad de California, San Diego (UCSD). Así como en el Centro de Artes Escénicas del Noroeste (CAEN)».





-¡Qué perro! Nomás hay que ver si como ronca duerme. Por lo pronto, vamos a guachar si de algo le sirvieron los cursillos que el bato tomó con los chamanes Robillini, Mani Farber, Italo Scanga, Elenor Antin, Allan Kaprow, Jerome Rothenberg, Dee Dee Halleck, Jorge Huerta y Hugo Salcedo.




¿De qué se trata el birote?, ¿de crear arte o de hacer carrera? Pregunto porque nuestro invitado parece inclinarse más hacia el nefasto «rocstarismo», contrariamente a lo que Becket sostenía cuando afirmaba que el artista está condenado a transformarse en un «don nadie».








EN BUSCA DE LAS SIETE LLAVES DEL MISTERIO




Ahora bien, habiendo quedado medio persuadido el lector de que el personero de marras es un chinguetas, ¿a qué osado le podría caber duda en su juicio si nos dicen los editores de «El Margen reversible» que el susodicho poeta, dramaturgo, performero y mago es un abono de virtudes y que se habilita con la sapiencia y experiencia de puros batos chichos y catetudos con quienes se codea?




-¿Duda usted que la obrita a la que ha dado luz carece de lumbrera artística?
-Yo sólo me reservaré el reconocimiento, la admiración y, en su defecto, los elogios, para el bato que los ha de merecer. Acuérdese que hay mucho lépero, y, según cuenta Baudelaire, fueron las mentiras las que llevaron a Poe a la soledad. Por tanto, para cerciorarnos de qué lado masca la iguana, vamos a proceder a evacuar vista. ¿Estamos?
-Naturalmente.
-Bien, no se hable más. Si el tipo está cojo se irá de hocico al suelo cuando le falten las muletas. Quiénquita que le estén dando ocho por dos, y nos quieran llevar al baile con ese cuento. Trataré de seguir la consigna de Antonio Machado a efecto de no confundir la crítica con las «malas tripas». O sea que procuraré non abandonarme hacia el relativismo epistemológico.
-Usted haga lo que quiera; a mí me vale verga. Ahí le dejo los cigarros y la botella de pisto. Nomás le encargo mucho el libro, cuídelo; fue un regalo de los editores de «El margen reversible».
-No se preocupe, seré su fiel depositario. Adiós, hasta luego.




Mientras don Capuleto agarra camino, yo empiezo a afilar la garra decidido a castrar la mona teatrera que parido el Gerardo Navarro, cuya «prima ratio» son los trillados y maleables temas acerca mal y los desheredados del bienestar globalizador, su apología a la indiferencia de reconquistar el «edén perdido», resultado de la estrepitosa derrota de la esperanza utópica, donde el mal se arroga toda autoridad, poder anónimo, que se abre camino a través de la posesión satánica.








Y COMIENZA EL DESTRIPADERO



Y, en efecto, mi intuición no andaba muy errada; pues descubro que el mago-poeta-performer, a pesar tantos estudios, influencias y determinantes coyunturales que le enjaretan en el prontuario biográfico ya citado, el bato irrumpe en el terreno culturoso ofreciéndonos un esketchito titulado «Hotel de cristal», pieza corta para teatro que, una vez leída, muy lejos está de pensarse que, al escribirla, su autor escupió en ella todos sus sesos.





Dos personajes intervienen como protagonistas de la acción:



• EL GRINGO, «hispano, veterano de la invasión a Panamá», y
• EL MORRO, «tijuanense del Cañón del Pato».








ACOTACIÓN DEL HOTEL TLACOTERO



A manera de preámbulo aparece en el texto, ideado por el poeta, megamago y dramaturgo, la siguiente acotación.




NOTITA: mis comentarios los meteré entre corchetes; es imperativo que así sea, pues la sintaxis está estructurada como si la hubiera estampado una verdulera.



"En una luz de la ciudad que alumbra un cuartucho" [que alguna alma caritativa nos dé la pista; ¿quién alumbra?, ¿la luz, la ciudad o el cuartucho?] "donde se fermenta" [se escribe: fermentan] "el más duro silencio y olvido" [otra pregunta: ¿en qué lugar se fermentan ese olvido y ese silencio nada blando?; además ¿cómo se fermenta silencio, o el olvido?, según sea el caso; y a propósito, ¿hay silencios duros?]; "un par de sombras llegan apresuradas" [construcción sintáctica incorrecta; el adjetivo no puede ser determinador directo del verbo, a no ser que se le agregue el sufijo mente, «apresuradamente»; ya que es función del adverbio; Por tanto, corrijo: «un par de sombras apresuradas llegaron»] "escondiéndose de la policía" [yo diría que ni falta que hace esconderse de la chota; ¿quién puede arrestar a una sombra?]; "entran y ponen un garrote de" [como] "tranca a la puerta" [la preposición correcta es: en]. "Están alterados y dispuestos a prepararse algo para fumar" [¿quiénes están alterados?; si se refiere a las sombras, pues lo correcto sería escribir «alteradas» y «dispuestas»; y ¿para qué tanto pinche prejuicio?, ¿porqué no dice lo que van a fumar?]. "Hay en las paredes:" [¿de dónde?] "poemas escritos con navaja, dibujos del chupacabras en bolígrafos" [ese chupacabras debe llevar mayúscula en su primera letra, pues se trata de un nombre propio, aunque sea un animalejo inexistente que inventó el Neto Zedillo para desviar la atención del «error de diciembre»; y en cuanto a la preposición «en» que complementa a bolígrafo, lo correcto es: «con bolígrafo»]. "La única ventana" [¿de qué lugar?] "está cubierta de aluminio" [¿no serán los vidrios de la ventana los que están cubiertos con aluminio?] "y tiene algunos hoyos por donde entran ráfagas de luz" [¡ah, chingao!, pues ni que fuera metralleta]. "La iluminación es tétrica, como de prisión" [¿a poco así es la iluminación de una prisión?]; "el único foco encendido sube y baja de voltaje. Al fondo del cuarto hay una tina llena de orines con" [donde está, hay, etc] "un patito de plástico que flota y se desliza lentamente" [entonces es un mar, con olas para surfear]. "Uno de ellos" [¿a quién se refiere?, ¿a un patito o a una de las dos sombas?], "apresuradamente se prepara a" [preposición correcta: «para», porque indica finalidad, no destino] "fumar cristal: calienta con una vela un foco roto" [¿verdad que no es el foco que endenantes dijiste que era el único que estaba encendido y que subía y bajaba de voltaje?] "que usa de pipa; mientras, el otro se acerca a la tina para orinar" [¡ufff!, ¡por fin, acabamos!].





«Hotel de cristal» se aproxima a un desmedro escenográfico de estructura despilfarrada y escrito con un lenguaje de gramática parda que presupone el modo particular de expresar las concepciones mentales y hábitos de los marginados, los sentimientos y emociones del populacho. Es un intento fallido de dramatizar una de las múltiples facetas del lumpendesarrollo de bajos fondos.








SÍNTESIS ARGUMENTAL
[O CUANDO LA AMARGURA NO ES TAN AMARGA]




Dos foquemones -el Gringo y el Morro- granujas que, además de tlacoteros son ratones, y que aparentemente la juegan de muy compas, después de aventarse un jambo de 500 lucas, llegan paniqueados a una pocilga (no se sabe de quién), donde se clavan para darse unos tanques de margayate (o sea de cristal, loquera también conocida con el apelativo caliche de tlacote, crico, chuqui, cricachú, fataché, cricrí, vidrio, cristo, cristóforo, cristina o crispín). La cantona donde se desarrolla la acción se ubica en el «cañón del Pato», una colonia popular de Tijuana. Mientras los batillos se pegan los flamazos de rigor, centran su cotorreo en conversaciones que se reducen a lo trivial, evocando desventuras y experiencias de la vida cotidiana donde lo más nítido que se revela en su parlar son los golpes de la pobreza y las debilidades de la conciencia que conlleva a las oscuras catacumbas del vicio, el delito, el lodo y la podredumbre.
Uno de los malandros, al que apodan el Gringo, sostiene el diálogo arrojándole a su interlocutor frases en español que combina con sintagmas del idioma inglés, una especie de simbiosis codificada en espanglés, elegancia mundana del pochoñol.



Así transcurre la acción lineal, los antihéroes del arrabal, fumando crico, se cuentan sus peripecias, entrecruzan preguntas, se escuchan y se profieren sus respectivos y tronantes tópicos. Acontecen entonces las sensaciones extremas y se abre la confrontación entre las partes, el choque de egos surge cuando el Morro turba al Gringo con asuntos lúgubres, apostando por Satanás, y se inicia clímax en el momento que el gabacho le dice «narcochamánico sexy», y destapándose de mayate le ajera al plebe pa que afloje el culo:




-«I really like you man, me gustas tanto moreno lindo... I'm horny for your ass. Morro... ¿Don't you like me, o sí?».



Herido en su orgullo de macho, es posible que el Morro se hubiera encrespado con la declaración erótica que le hace su enamorado, pero no se agüita porque previamente ha ideado un malévolo plan que le costará la vida al pervertido gabacho. ¿Porqué motivo quiere asesinarlo? Por venganza; porque siente un terrible complejo de inferioridad y por eso decide darle cuello («Mira Gringo, eres muy hocicón, me caga tu aire de superioridad...», le dice el acomplejado a su víctima).



El Diablo embarulló las cartas del juego de estos tramposos. El morro sabe perfectamente que no será él quien pierda; y el que sucumbirá ha de ser el Gringo; el cuchillo de carnicero lo acecha. El Morro lo tiene copado, lo ha inmovilizado con la droga. El gringo, pálido e incapaz de maniobrar su voluntad, está a punto de desmayarse. Lo que el Gringo ha «estado fumando no es cristal, es otra cosa que paraliza; es para embalsamar muertos», dice el autor del esketch en boca del personaje que cometerá el homicidio.




-«¿Qué me has dado, pinche mexican? -pregunta el Gringo-. ¡No me puedo mover! Con razón tienes los dientes afilados de esa manera... ¡Eres un canibal! (Contracciones faciales, chasquidos de lengua, gruñidos.)».

Luego que el chamaco martiriza a su víctima con una retahila de cacayacas, haciéndole saber el tremendo odio que le tiene y dándole noticias de la forma en que se lo habrá de refinar, el esketch concluye con -digámosle así- un poema que hace alusión a la narcoeconomía, al nihilismo y al ateísmo.




Cañón del pato














LA CAJA NEGRA



Aquí la guaranga del matarile sintoniza con un pasaje de la novela de Dostoievski, «Crimen y castigo»; claro que sin el andamiaje sicológico y sin la profunda desgarradura emocional que logra con sus descripciones el epiléptico padre de la literatura dialógica. Y en efecto, viene a la memoria el momento en que Rodión Raskolnikov, «en un estado de sombría exaltación», le confiesa a Sonia que ha matado a la vieja prestamista, y explica las razones que lo indujeron a cometer crimen: «Comprendí de pronto, con repentina clarividencia, que nadie había osado tomar simplemente a ese monstruo por la cola y arrojarlo al demonio. ¡Yo..., yo lo haría! ¿era el diablo quien me tentaba? Sé muy bien que es el demonio el que me ha arrastrado. [...]el diablo me arrastró y luego me hizo comprender que yo no tenía derecho a hacer lo que hice, dado que soy un gusano como los demás. ¡El diablo se burló de mí! ¿Maté a esa veja infame? INo, me maté yo mismo, no a la vieja! ¡Me exterminé irremisiblemente! En cuanto a la vieja, la asesinó el demonio, y yo no...».




A diferencia de lo que sucede con el homicida del «Hotel de cricrí», donde a fin de cuentas no resuelve la acción, con el personaje de Dostoievski, sin comparar el nivel de la obra, sucede lo contrario: éste se regenera, salé del abismo para abrirse paso en una nueva vida, una nueva historia. «La historia de la lenta renovación de un hombre -dice Dostoievski al final de la novela-, de su regeneración progresiva».



En el libelo de Navarro lo que aflora es un degenerado romanticismo populachero en el que concurren lecturas del calado de «Los asesinos seriales más famosos de la historia», marejadas de «malditismo» decimonónico, aprovechamiento perezoso y paródico de truculencias estilo Goyo Cárdenas y Chinta Aznar. Plantea una visión irreverente de las cosas que se reduce a estupores de nota roja, percepción resemantizada del «ghost story», campechaneada con las travesuras del vampiro de Bram Stoker, Freddy Krugar y Chukie y lo que resta de la legión de freaks. Pura metáfora del miedo cuyo territorio de conflicto y disputa queda situado en la buhardilla del sistema donde malviven los elementos desclasados, sin más estímulos que la jediondez, el vicio y la promiscuidad, y que acaban en sobredosis de desgracias. Una versión aguada de maniqueísmo que mañosamente estigmatiza a los humildes como los detentadores de todo mal, ajenos a la belleza, bondad o fraternidad: los pobres son unos monstruos.








SIEMPRE CON GENTE TLACOTERA



En «Aeropagitica» escribió Milton que «el conocimiento y el estudio del vicio son en este mundo tan necesarios para la constitución de la virtud humana, y el análisis del error para la confirmación de la verdad». Por tanto, nos referiremos brevemente a la experiencia con la droga que, como es de observar, el colega de Beto el boticario suelta al respecto enfáticas trivialidades. El autor del «Hotel de cricachú» a través de sus personajes imaginarios encubre sus prejuicios e ignorancia bajo un ropaje de pretendidos conocimientos empíricos que saca a relucir del rincón de su abstraccionismo académico. Por ello pregunto: ¿a quién se le ocurre pensar que un locochón prendido del cristal no sabe la clase de margayate que se fleta? El vicio lo predispone a distinguir el tipo de mengambrea que consume. Cada drogadicto tiene su droga, cada personalidad adictiva registra las modalidades de la sustancia que consume y mide sus parámetros (calidad, precio, cantidad, lugar de conecta, riesgos, etc) de conformidad con el grado de conciencia que le permite saber que va en dirección prohibida.


El bato que está enviciado con el crico tiene el callo suficiente que le para deducir la calidad y la clase de producto que se deja caer pa ponerse pacheco. Por ejemplo, ningún cocodrilo, por más pendejo que sea, puede llegar a confundir el perico con una raya de harina o de talco al momento de testearlas. Por eso en el mundo hay hombres listos y bobos; somos nosotros quienes convertimos nuestras necesidades en adicciones. Acerca de esto escribe William Burroughs: «Ningún ser vivo tiene adicciones. Sólo el hombre. Los animales y las plantas tienen necesidades. El demiurgo que nos hizo -sea cual fuere- nos arrojó al universo de manera por completo distinta a los demás seres vivos: nos fabricó adictos». El mundo de la droga no discrimina a ningún cabrón, admite de tocho: enfermos de amor, tarados, tullidos, gordos, putas, chaparros, cantores, artistas, desahuciados, rabiosos, deudores, licenciados, albañiles, artistas. Todos, mas no el autor del «Hotel de fataché».




La tesis de la droga que el Navarro expone en voz de los protagonistas de su bodrio, es el gastado numerito que cacarean las ancianas «decentes» y que vengo escuchando desde que tengo uso de razón: «¡uy!, ¡un mariguano! ¡Es de la banda del Kun Fu! ¿Qué hace aquí? Mejor debería haberse muerto del mal de ombligo cuando lo parió su madre. ¿Cuándo dormiremos tranquilas?».




Como soy un alérgico a los desengaños, sé en pellejo propio de la variedad de cristal que rola entre la perrada: el peanut body (crema de cacaguate), el yodo, el corazón de mazapán, el cascarita de cebolla, el acaramelado, el vainilla, el amarillo del cañón de doña Petra, el speed de Los, el bonke de la Cagüila, etcétera.
Hay una enorme diferencia entre los ingredientes que contiene el crico y los elementos químicos de la sustancia para embalsamar muertos que alude el batillo en su trapicheo seudoliterario. Mercachifle culturoso del vacío total, dijera mi padrino el Joaquinais.



Con su película, al parecer el Navarro quiere hacerles una broma de mal gusto a los batos tlacoteros. Pero es obvio que le saldrá el tiro por la culata.








SOLIPSISMO ESTÉTICO
[O LA VIDA PRIVADA DE FULANO DE TAL]




Se observa a simple vista que la tensión dramática que reporta es anémica; el final, lo que tiene de tormentoso lo tiene de ridículo y facilón. Desde la conciencia de los personajes, las ideas surgen sin orden; semejan algo parecido a una orquesta de músicos que tocan desafinados.



La visión descarnada de ese subsuelo social que presenta el autor por medio de sus personajes desprende un tufo a pedantismo e imposición de ideas falsas e inverosímiles. Asimismo, salta a la vista la incoherencia de la trama y el absurdo final, pésimamente impostado. No hay auténtica dramaticidad, los parlamentos carecen de fundamentación estética, en los personajes no hay ni un ápice de complejidad síquica; de la violencia verbal y el ensañamiento agresivo, que deben propalar la fuerza literaria y la eficacia conmovedora en el lector-espectador, apenas vemos sus pequeños barruntos. Y en cuanto a la calidad de la escritura, el autor no cumple con tal exigencia de primer orden.



Desde el punto de vista estético, cuando no degenera en una simple metáfora, su visión del mundo se reduce al solipsismo.


Desde el punto de vista filosófico, es decir como concepción del mundo, «Hotel de cristal» da lugar a formas de irracionalismo y arbitrariedad que intentan extinguir los males del mundo con otras calamidades. En otras palabras, se trata de elevar la ideología a categoría de sistema filosófico sirviéndose para ello de una metodología pragmática derivada de una política de inmediatez que no mide las consecuencias y no le importa descuartizar al mundo, porque su fin ulterior es, precisamente, fragmentar la realidad, a la que únicamente se le otorga valor instrumental.



Citaré un ejemplo gramsciano para hacer entendible el dato.







A VECES GANA EL QUE PIERDE




Le preguntan a un chilpayate:



-Mira, cabrón, tú tienes una caguama, pero le das la mitad a tu carnalito. Ahora dime: ¿cuántas caguamas te vas a chingar? -El buki responde-:
-Pos, una caguama.
-¡Pero cómo chingados te vas a fletar una caguama? ¿Qué no le diste a tu hermano media caguama?
-Pero yo no se la di.





Desde la perspectiva hegeliana podría ejemplificarse así:



-Queremos que todos los hombres, mujeres y niños despierten, que abran los ojos al mundo. Pero que permanezcan en sus camas y en sus cunas.




«Hotel de cristal» no representa el contorno de alguien que ha vivido en los arrabales, sino de otro aguien que mira o accede desde afuera. Y esté fenómeno de hipocresía estilística no sólo se advierte en el caso de nuestro invitado sino que es patente en la mayoría de escritoretes de esta región que producen libelos teatrales, y vale decir que las cosas han empeorado en vez de mejorar.




Hete ahí la falta de originalidad que provoca la fiebre de pueblo y el «gusto» por el arrabal: el lenguaje con que se construyen los diálogos y parlamentos discursivos resulta espeluznantemente artificial, los personajes adoptan registros verbales postizos que dan la idea de que fueron construidos apriorísticamente desde un cubículo de academia.


Hay una ausencia del protagonismo verdaderamente lumpen en las acciones de los personajes, no hay eclosión del auténtico submundo que habitan los parias y los desarraigados sociales. Un submundo de miseria, explotación, desolación, vicio y crimen que no conoce el autor del esketch por la sencilla razón de que él es un pequeñoburgués -detesto usar este vocablo pero es el apropiado- atrapado en sus propias contradicciones de clase; clase opuesta y antagónica a la que pone en escena y enchancleta a su clientela teatrera, sin correspondencia con la realidad. Se apasiona falsamente con la situación de una clase social que no es la suya, que no habla su lenguaje ni asume por convicción propia su pensamiento e idiosincrasia.


Lo que el Gerardo Navarro sabe de la clase baja y de los paupérrimos que la integran lo ha aprendido en los libros, y ni siquiera por auténticos especialistas que se han introducido en esos recovecos del desamparo y la desigualdad. Su doble formación, burguesa y académica, explica los síntomas de su «voluntarismo» de sentirse gente de pueblo; afán de querencia por sentirse bajuno, pero una cosa son las palabras y otra los hechos. El bato, si bien es cierto, lo único que tiene de pobre es su miseria moral. Su elevada virtud de «hombre-orquesta» y chinguetas en asuntos culturales, así como la pedantería, el cinismo esnob y el vedetismo mamón que se perfilan en su megalomaníaca propaganda curricular, son prueba irrefutable de que el bato no comparte las necesidades, aspiraciones y preocupaciones de la canalla; su actividad «intelectual» se haya desvinculada -en todos los niveles- de los estratos más rudos e incultos de la sociedad. No hay modo de evadir la condición sicológica y la férula ideológica que lo identifican en la escala social del pequeñoburgués.



En el fondo podrá tener aspiraciones democráticas y mostrar simpatía por los misérrimos, pero tal disposición será similar a la idea que tiene una muchacha pobretona cuando piensa que la belleza le permite la entrada a la clase alta. Este tipo de actitud mezquina y prejuiciada (por no decir pequeñoburguesa) podrá ser -señala Gramsci- «una benevolencia condescendiente, pero no una identificación humana». Así que ¿cuál origen proletario puede tener este men? Ninguno. Pero ahora, gracias a su pinchurriento esketch, pretende ser un anfibio: ni burgués ni proletario (sino todo lo contrario, ¡ja!).




Y de ese modo guisa su palabra de teatrero-perfomancero-poeta-mago-iluminado-miniprofeta y no sé qué chingados más títulos y condecoraciones ostenta (le brota con esas mamelucadas el espíritu de rancia aristocracia; delata su charlatanería esponjosa y nauseabunda que sólo sirve para atarantar majes).



El bato, ingenuamente, cree que basta con simpatizar con los elementos de los bajos estratos, atribuyéndoles la categoría de antihéroes, para brillar mesiánicamente en la selva oscura de la historia. Su concepción burguesa únicamente permite que los traslade a la literatura como objetos de motivación folclórica, como sujetos raros, curiosos, o sea, simple y llanamente como representantes pintorescos, maquetas. Dicho de otra manera, se ocupa de ellos del modo en que lo haría un burgués que arroja unas cuantas monedas al menesteroso.




«Hotel de cristal» no es más que un figurín retórico de un estilo de teatro de forma esnob, diseñado para abrir mercado literario, aprovechando -por gusto puramente «estético»- la vida de los segmentos sociales miserables, «panorama» que le interesa por la intriga, por su visaje grotesco, conveniente para la diversión de carácter mecanicista.








¡SE VE, SE SIENTE; EL PUEBLO ESTÁ PRESENTE!



El lenguaje que parlan los personajes creados por el señor magazo («el Gringo, hispano, veterano de la invasión a Panamá, y el Morro, tijuanense del Cañón del Pato»), atufado de pochoñol, aunque coincide, relativamente, con las expresiones que emplea la clase baja, se aparta de su filiación ideológica, toda vez que está construido artificiosamente, sin espontaneidad y no muestra los relieves de la sinceridad. Y, en ocasiones, ni siquiera se sostiene desde su vertiente estrictamente gramatical. Está muy alejado de la vulgaridad corriente de la perrada lumpenesca, no marca la originalidad ni individualidad de los sujetos protagónicos. Las expresiones verbales se apartan de su verdadero sentido etimológico que históricamente refleja el inconformismo social y la oposición de clase, no enuncian la sabiduría ingenua, instintiva del pueblo.



Lo que el Gerardo Navarro establece como código de comunicación entre sus personajes es el reducto de su propio conformismo «racional» exaltado y tendenciosamente dirigido a confundir imbéciles. Ya lo dijo Antonio Gramsci: «Es demasiado fácil ser original haciendo lo contrario de lo que hacen los demás; es algo mecánico. Es demasiado fácil hablar de modo distinto a los demás sin hacer acrobacias. Pero hoy se busca una originalidad y una personalidad a bajo precio. Las cárceles y los manicomios están llenas de hombres originales y de fuerte personalidad. Lo realmente difícil y arduo es poner el acento en la disciplina, en la sociabilidad, y aspirar, sin embargo, a la sinceridad, a la espontaneidad, a la originalidad, a la personalidad» [Cultura y literatura, p. 284].











HACIENDO TEATRO ANTE EL ESPEJO





La realidad que pinta el mago-dramaturgo a través de la acción y diálogos de sus personajes es una realidad prefabricada, fetichizada, sumergida en el estereotipo, y sin conexión sustancial con las concepciones de la gente humilde. Obsérvese que los protagonistas de «Hotel de cristal» son representados como individuos mezquinos, tracaleros, maleantes, viciosos, putos y traidores, temblequeando al margen de toda normatividad jurídica y moral.



El perfomancero los introduce -teóricamente- a escena como seres despreciables y repugnantes; los coloca en la más putrefacta inmoralidad donde reina el caos y lo inefable.



La idea nietzscheana del mal como solución manifiesta en el principio diabólico. Es el mal lo que permite la conservación de la especie, escribe Nietzsche en la «Gaya Ciencia». Y en torno a esta doctrina el Navarro desarrolla el desiderátum filosófico de su esketch.





Y a esto nos conduce su oferta:



«Lo nuevo, no obstante es el mal, porque quiere conquistar, derribar fronteras, abatir las antiguas caridades; ¡sólo lo viejo es el bien! Los hombres de bien de todas las épocas son los que implantan profundamente las viejas ideas para hacerlas fructificar, son los cultivadores del espíritu. Pero todo termina por agotarse, y siempre es necesario que el carro del mal vierta en él estiércol» [Gaya Ciencia].









EL GAMBERRISMO Y LOS BREBAJES DE LA CRÍTICA
[ESA GENTE A LA QUE LE GUSTAN LAS MIGAJAS]





Lo que debe entender el palurdo autor del «Hotelucho de cricrí», es que el mundo del lumpen se extiende más allá de la comarca territorial que delimita al «Cañón del pato». Y ante ese juego de equívocos los publicistas de pacotilla que se las nalguean de «críticos literarios» en los suplementos y periódicos dizque culturales se tragan entera y sin decir ni siquiera pío, y engolfando de paso a los lectores.


Y porqué no ha de ser así, si los «críticos» de este tafanario fronterizo no son más que unos pinchis chupapollas que merecen que les pateen el trasero por arrastrados, ignorantes, pendejos y güevones. Son incapaces de endurecer la mierda aguada que cagan porque se encuentran sumidos hasta el cuello en el fangoso pantano de las sutilezas y los halagos desmedidos, y a petición de parte. Además, estos «críticos» oportunistas y mamarrachos que actúan como los siervos dispuestos a complacer al amo, serviles hasta el extremo de la ridiculez, son tan confiados que creen que las palabras significan exactamente lo que dicen, y no lo que la gente se empeña que digan. Mediocres que se quejan porque los batos más cabrones que ellos no están de acuerdo con sus excrecencias caligráficas. En la vida no tienen más licencia para sobrevivir que su abominable estupidez. Su mejor trabajo lo cumplen en el momento en que alguno de sus benefactores o mecenas entra al escusado y lo esperan a calzón quitado y tendidos en veinte uñas.


Solamente han sido expulsados del útero materno para que el destino les haga este tipo de jugadas: zamparse la estupidez de las reglas y valores de la sociedad, admitir sin chistar la insensatez de las jerarquías y autoengañarse con la falsedad de la retórica rimbombante. Es común en ellos, en los «temerarios críticos» la práctica consuetudinaria de rendir culto y lisonja a perfecto ineptos y pendejetes de siete suelas.




Y así seguirán nuestros «críticos», peregrinando en busca de la carroña oficial, oliéndoles los pedos a los de arriba, mientras éstos fingen respetar las formas; y para llevar agua a su molino escriben una «crítica» impresionista, ramplona, adormecida, cómplice de la banalidad y de fingida neutralidad.



Y a todo esto, ¿quiénes son esos güeyes? No hace falta sacarlos a balcón; abra la página de alguno de los tres o cuatro suplementos o revistas que rolan por estos lares y fíjese en los nombres de los responsables y colaboradores de tales ediciones y sabrán sus nombres. Y a mí no me importan sus acciones cotidianas (cómo le hacen pa tragar y a quién le sueltan el culo); me importa la retórica que vomitan, pues, como lo dijo el yerno de Unamuno: las coces se pueden soportar pero no los relinchos conque las explican y justifican.




Los publicistas del Gerardo Navarro, o sea quienes se hacen llamar «críticos», podrán decir que la obra del bato es muy respetable, pero yo les responderé que fuera de eso no tiene una envergadura intelectual ni consistencia estética suficientes; sus cualidades, si acaso las tiene, son endebles. Y esto lo sabe cualquier monaguillo recién incursionado en el campo de la dramaturgia.
Ahora, no me cabe la menor duda que lo este men desea compartir con los lectores y espectadores del voyerismo escenográfico son los frustrados intentos de no poder trazar paralelos entre sus creaciones performanceras y la vida de esos seres hacinados en la parte más baja del edificio social, «los hombres de los sótanos», para usar una expresión dostoyeskiana. Y las razones están implícitas en las memorables palabras con las que Marx y Engels, en 1848, pusieron a parir triates a los aterrados burgueses: «La historia de todas las sociedades que han existido hasta ahora es la historia de la lucha de clases. La sociedad, en su conjunto, se ha ido dividiendo cada vez más en dos grandes campos hostiles».









CUANDO EL GERARDO NAVARRO ERA PINTOR




Hace 14 años que vi al Gerardo Navarro; recuerdo que era un sábado de abril de 1990. El bato cantoneaba donde ahora está ubicado el «Lugar del congal» (hoy «Lugar del juglar»), en callejón del Tapado (hoy 5 de Mayo). Ya lo había tripiado antes en el CREA, una vez que el poeta Panchito Mendoza (ahijado de LHC) y yo merengues de gamesa cotorreábamos al Malaquías Montoya, pintor chicano que se estaba dejando caer un mural alusivo a la «mécsican revolufia» en vísperas del festival de la Raza. El Navarro, por cierto, le chalaneaba al ruco.



El depa donde el bato cantoneaba pertenecía al Felipe Almada, un ruco que como pintor y poeta era una verdadera calamidad, las malas lenguas culturosas decían que le había dado gane, con dos tres cuadros, al Benjamín Serrano. El Navarro, además de inquilino también era compa del Felipe, y pintaba en el mismo estudio, una especie de galería morrita. Allí me tocó guachar un jale del hoy magazo-perfomancero. En honor a la verdura debo decir que el batillo se dejaba caer la greña pa la pinceleada; pintaba chingonamente.



Es lamentable -al menos pa miguel- que el Navarro haya tirado a la taza del escusado una actividad estética que dominaba y en la que destacaba con una omnipotencia cabrona. Pero se alejó de los brochazos para incursionar en las mamelucadas del performance.



Desde aquella fecha no le he vuelto a ver. Guaché una foto suya en el suplemento del Mexicuin, a propósito de una entrevista que le hizo el profe Jorge Andrés Fernández, no recuerdo cuándo fue ese birote. Me sorprendió su aspecto; parecía como si los años se le hubiesen venido encima de un tirón; lo vi muy catorceado al bato; flaco, semicalvo, con la cara chupada, con los ojos dilatados; miraba al suelo como un animal en busca de comida; vestido de forma desaliñada, incluso su vestimenta me causó pena ajena. Verlo así me conmovió como la muerte de un amigo; sentí en el paladar un sabor pastoso, metálico.


Ahora sé que sigue vivo, y me niego me creer que el «Hotel de cristal» refleja el verdadero nivel de inteligencia del bato. Él puede hacer lo que le venga en gana, faltaba más, pero no hay que pasar de largo la cita Raymond Carver cuando afirmaba que «muy a menudo, la "experimentación" no es más que un pretexto para la falta de imaginación, para la vacuidad absoluta, se limita a describir una desierta tierra de nadie». Derroche de exhibicionismo de chamán mundano supeditando el hecho literario (ingenio, mérito y talento) a la prestidigitación y a la sicomagia como productos de moda mediatizables y de bajo perfil que identifica al arte como entretenimiento (hedonismo mezclado con cinismo nihilista).



¿Valdrá la pena rumiar de esto? Eduardo Liendo contestaría en boca de unos de sus personajes: «No te quejes inventándote supuestas inferioridades, recuerda que Homero era ciego, Demóstenes tartamudo, Beethoven sordo, Nietzsche sifilítico, Dostoievski epiléptico. ¿Qué más puedes pedir con esa inmejorable salud?» [El alumbrado, De Cabeza de cabra y otros relatos, Caracas, 19993].









NI MENOS LARGA QUE LA DE CUALQUIERA



Si yo fuera una gallina, verdad de Dios que pondría huevos. Pero no soy una gallina, sino más bien ego sum qui sum. Y nada más.




-¡Ah!, ¡pero si te dieran a escoger, hijo de la chingada! -irrumpe mis lucubraciones don Capuleto, cayéndole a mi chante de fantasmazo.
-¡Qué pasó, pinchi ruco! ¿Viene por su libro?
-Sí, pero te advierto que mi trasero no es bodega del IMAC.
-¿Porqué dice eso, rucailo?
-Porque de seguro, y conociéndote cómo eres de grosero, cuando me entregues el libro vas de decirme: «¡Ai ta su puto libro, métaselo por el culo!».







y hubo tanto ruido que al final llegó el final •










POSDATA:
PÍDELE UN CONSEJO AL SEÑOR BUKOWSKY




Nadie lo puede negar: un cabrón que escribe muy jodidamente es como un suicida incómodo, y pocos se animarán a leerlo. Un escritor no es cualquier chucho. A fin de que no le anden rayando la madre cuando usted se jacte de literato, y al pedirle prueba de su talento no da muestras de su ingenio o sensibilidad estéticas. Acuérdese que la ridiculez castra el ego y la perrada espera siempre que un escritor enseñe su dentadura literaria como si fuera perro bravo a punto de morderle las nalgas a las musas, le recomiendo seguir al pie de la letra el siguiente consejo que da el borrachales de míster Bukowsky.









COMO SER UN GRAN ESCRITOR




Tienes que cogerte a un chingo de viejas
rucas buenotas
y escribir unos cuantos poemas cursis y decentes
no te fijes en la edad
ni en los nuevos talentos
Chíngate una cerveza, luego otra y otra.
Ve al hipódromo siquiera una vez cada semana
intenta ganar.
Aunque está cabrón aprender a ganar
Cualquier pendejo puede ser un perdedor.
Y no olvides tu Brahms
tu Bach
y tu cheve.
No seas exigente contigo mismo
y duerme la mona hasta el medio día
No uses tarjetas de crédito
ni pidas fiado.
Recuerda que en este mundo
no hay pedazo de culo
que valga más de 50 dólares
(en 1977)
Si eres capaz de amar
primeramente ámate a ti mismo
pero date cuenta que puedes valer madre
por una buena o mala jugada
Saborear temprano la muerte
no es algo malo
No te acerques a las iglesias, a las cantinas
y a los museos
Ten la paciencia de una araña
el tiempo todo lo crucifica
Incluyendo
el exilio
la derrota
la traición
toda esa basura
Sácale provecho a la borrachera
la cerveza es sangre que perdura
Una amante insaciable
Coge una máquina de escribir
mientras unos van y otros vienen
lejos de tu ventana
échale chingazo a esa madre
dale duro
Convierte el jale en una dura pelea
Hazle como el toro en el primer embate
No olvides que los perros viejos
también se la rifaron
Si crees que Hemingway,
Celin, Dostoievski, Hamrun
no se volvían locos en sus cuartuchos
tan pequeños
como tú estás ahora
sin rucas
sin refín
sin esperanzas...
entonces no estás preparado
sigue chupando cheve
que hay tiempo
y sino hay
de todas formas
la cosa va bien •




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Tijuana La UglY

Tuesday, December 21, 2004

Por éktor henrique martínez










LA RAQUEL PRESA O LOS TEMBLORES DE LA CARNE













«¿Sabe usted cómo hay que hacerse aquí el camino?
Con el resplandor del genio o con la habilidad de la corrupción.

Balzac
















LA CORRUPCIÓN RIFA CUANDO EL TALENTO ES COSA RARA







El semanario sicologista-esotérico-cuasiliterario «Bitácora», en la edición correspondiente al 8 de diciembre de 2004 publicó una «carta» en la cual la estimadísima superactriz, queridísima compita y casi hermana de este cretino, o séase la Raquel Presa, directora del grupo teatral «La pequeña compañía», expone una serie de opiniones non gratas respecto de la «XXV Muestra Nacional de Teatro», llevada a cabo en este flamante y «cosmopolita» culo de San Diego los días 19 al 27 de noviembre de 2004.


En su misiva la Raquelín pone el fuego en la mecha; sondea y saca a flote algunas corruptelas, trapacerías, cochinadas y jediondeces que se ocultan detrás las engañosas apariencias de tres infuncionales changarros culturosos y pone al descubierto las chambonadas de los malandrines literarios que los capitanean.



Por orden de presentación nos referimos al «Centro de Artes Escénicas del Noroeste» (CAEN), el «Centro Cultural Tijuana» (CECUT) y la «Escuela de Artes» de la UABC.





Al CAEN, haciendo honor a su denominación siglera, lo padrotea un cerote con patas llamado Daniel Serrano, mediocridad denigrante que, sin un gramo de ética y pudor, hace las veces de su director y, además, el trapichero mama como becario del «Fondo Estatal para la Cultura y las Artes». El mentado CAEN pretende erigirse como el máximo representante de las manifestaciones teatrales que se producen en la localidad. Pero eso no es más que una patraña de pájaro nalgón; y en efecto, «esto es falso», dice la Raquel, y agrega sus razones: «no nos representa de ninguna manera porque en el CAEN no sólo se denigra la ilusión de sus alumnos, sino que también tanto presupuestos (que deconocemos) como convocatorias, se quedan en el provecho de dos o tres personas -irregularidades que se dan por falta de ética y respeto-». Quizá el tabuco ese donde milonguea sus tristezas el Serrano esté más cerca de semejar a un inmundo garito que a una institución formadora de teatreros.





Del elefante blanco que pilotea la ñorsa Teresa Vincencio ni falta que hace descorrer sus velos. Todas sus funciones y facultades están comprimidas en una nefasta política segregadora, elitista, oropelesca y parasitaria. El CECUT es un infecundo organismo público que se desentiende de sus fines, únicamente hace ruido y es incapaz de prestar una acción generosa a los artistas independientes. Si tiene existencia es solamente para que no se diga que carece de domicilio. Los principales distintivos que ostentan sus -dizque- promotores culturales son la indiferencia y el sumergimiento en la mayor pereza del mundo, empeñarse cada día en no hacer nada.









VIVA LA ERA DE ORO DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN




Luego que concluyen los comentarios relativos al CAEN y al CECUT, y en el momento que la morra comienza a poner en jaque al supuesto representante de la «Escuela de Artes» de la UABC, o sea al mentado Sergio Rommel Alfonso Guzmán, compinche del Norzagaray y del Daniel Serrano y que, además, la juega de «crítico literario» (es decir de adulador de mentecateces) en el semanario «Bitácora», la directora y el subdirector, Alma Delia Martínez y Raúl Linares, respectivamente, se ojetean metiéndole tijera al libelo de la Raquel; obviamente para encubrir las chuecuras y barbajanadas del tal Rommel, pretextando falta de espacio y, en consecuencia, remitiendo a los lectores al ciberespacio.




Reproduzco la mamelucada conque salieron los chapuceros de la «Bitácora» para justificar la tarascada censurera:





«(NOTA DE LA REDACCIÓN: Por falta de espacio presentamos sólo un fragmento de la carta enviada por Raquel Presa. Quienes deseen leerla en su totalidad, pueden visitar nuestra versión electrónica: ww.bitacora-tj.com a partir del jueves 9)».






Los machincuepas de la «Bitácora» capuchinearon la publicación de la carta de la Raquelín, especificamente en el punto que la morra hace referencia a la conducta hostigadora del Rommel, precisamente donde le ajera a la ruca pa que suelte prenda y echarse con ella un polvo en el trivial del amor; invitación que el güey camuflajea mediante la muletilla clásica «vamos a tomar una copa».





-!Juát, madafáker?
-Como lo oyes; el bato se la quería playar. Pero como las cuerdas del honor son vibrantes y sensibles, la morra de volada le paró los tacos al jariosón.





-«¡Oh, mujeres inocentes, desgraciadas y perseguidas!», exclamó Vautrin, uno de los personajes creados por el autor de Papá Goriot.





«Sin duda, las ideas -dijo Balzac- se proyectan en razón directa de la fuerza con que se conciben y van a dar allí donde las envía el cerebro por una ley matemática comparable a la que dirige las bombas al salir del mortero. Ahora, que los efectos son diversos. Si existen naturalezas tiernas, hay también naturalezas fuertes, cráneos de bronce, sobre los cuales tropiezan y caen las voluntades ajenas como las balas frente a una muralla. Hay también naturalezas blandas y algodonosas, donde las ideas de los otros mueren como las balas se amortiguan en tierra blanda de las trincheras».





-Y de eso estaba muy conciente la ruca. Así que al bato, como dirían los cholos, se le cayó el cantón.













AL BATO NO SE LE CUAJÓ EL BRAGUETAZO




El resto de los detalles que la ruca desmenuza en su carta acerca al del frustrado «affaire» que acabó en desaire, y que no publicó Bitácora, toda vez que los macizos de la gacetilla son jomis del calenturiento Rommel (pues recuérdese que favor con favor se ha de pagar; y eso es palpable por aquello del amañado premio de literatura que recibió el Raúl Linares por gestión de la mafia tertulera de Chicali que decide quién será el agraciado, aunque el producto sometido a concurso sea una auténtica mierda; verbigracia los bodrios del Norzagaray, del Yépez y del mismo Linares); ¡ah!, y como les contaba, apareció publicado en en suplemento chaideziano -«Identidad»- el domingo 12 de diciembre.





Transcribo a continuación un cacho del resto de la masiva que solapadoramente omitieron los personeros bitacoreros endenantes mencionados, conculcando con ello el sacrosanto derecho de libertad de expresión :




«Creo necesario evidenciar este hecho -se refiere a la quemada que el dichoso Romnel le dio a la ruca pa ir ablandando filete- porque paralelamente a este proceso del "montaje", el señor Sergio Rommel me estuvo insistiendo en repetidas ocasiones vía correo electrónico y teléfono particular y celular, para que "nos fuéramos a tomar una copa", cosa que yo solamente hago con mis familiares y amigos, y por supuesto, él no es ni una cosa ni otra, por lo tanto rechacé su invitación en repetidas ocasiones, incluso aclarándole que me sentía acosada por su insistencia, a lo que él sólo sonreía sarcásticamente. Paralelo a todo esto hace su "crítica" de una puesta en escena que no es tal, destacando en dicha crítica mi deficiente trabajo e imperdonable falta de pronunciación de la palabra compartimento, (dije compartimiento, según él). • De esto me llaman la atención dos cosas: • Primero que "atacara" sin piedad un trabajo escénico que el mismo produjo a través de la UABC, destacando como ya dije una mala interpretación de mi parte (mencionando dos veces mi nombre) y de mis compañeros, y de la desafortunada dirección de Arreola, maestra de la UABC y por ende, que se ponga en entredicho tanto el trabajo de manera independiente que estamos realizando los creativos en la región, tanto como el prestigio de la UABC, lugar donde trabaja. • Segundo, que publicara la "crítica" en la revista Paso de gato a nivel nacional. De lo cual me queda la sospecha que ésta conlleva frustraciones personales e intereses que intuyo pero que desconozco. • Expongo esta situación, no porque crea yo que es importante mi vida o porque crea yo que el señor Sergio Rommel no tenga derecho a sentir y/o tener necesidades biológicas, o sus gustos a ciertas personas, sino porque creo que la gravedad del asunto radica en que es un funcionario público de la cultura en la UABC, funcionario que está para facilitarnos el camino a los artistas, para crear un vínculo de trabajo con la misma, con el respeto que me compete a mí y a cualquier ser humano que se presente frente a él. Afortunadamente ha dejado de insistir hace un par de semanas, y espero y le solicito que a partir de este momento, sea para siempre».






Cayó el peso de la excomunión culturosa sobre la ruca por no mutilarse. Y, como suele suceder, en contra de la insurrección femenina no se utilizó más argumento que la acusación froidiana de envidia del pene y el estatus de la mujer en la sociedad fálica: «La célula sexual masculina se halla dotada de actividad y movilidad, y busca a la célula femenina, es decir al óvulo, el cual espera inmóvil y pasivo. La conducta de los organsmos sexuales elementales constituye, de hecho, el modelo de la conducta sexual de los individuos durante el coito» [Feminidad, p. 114].









DE DOS SOPAS: MATAR LA RATA O MAMAR CHIRONA








Porqué no habría de ser afanoso en pedirle las nalgas a una mina de Tijuana el zoquete del Rommel si la perrada de Tiyei «la ugly» es tan «excéntrica» y dispuesta a «vender su alma al Diablo», según voncinglea el filósofo Norzagaray.




Así están por estos lares estas locas tentaciones donde triunfan y claudican milongueras pretensiones. Se le ha anclado muy adentro de su pobre corazón la tesis de que a cualquier mujer de este rancho «cosmopolita» se ha de llevar a la cama con sólo tronarle los dedos cuando se consiga la erección.






-¡Ahí está fulanita!, ¡cógetela! La ruca es de Tijuana, dispuesta a venderle el alma al Diablo porque su destino es la descompostura moral. Está como loca, aullando, porque le destraben la aldaba.





Por ende, si a alguno le hace falta un consejo, no duden en acudir a este viejo que ha de jugarse el pellejo cuando llegue la ocasión, ateniéndose, desde luego, a las resultas del tipo penal que establece el artículo 184 bis del Código Penal de Baja California que a la letra indica: «Al que con fines lascivos asedie reiteradamente a persona de cualquier sexo, valiéndose de su posición jerárquica derivada de sus relaciones labores, docentes o cualquiera otra...». Lo anterior, independientemente de las sanciones que se acumulen por violación a la Ley Estatal de Responsabilidades de los Servidores Públicos y a la Ley Orgánica de la Administración Pública de Baja California.










ACÓLITO DEL ALCANFOR





Si usted quiere hacer un viaje al país de los orgasmos a fin de resolver el gran enigma que lo atribula, para saber a ciencia cierta si el moco que le cuelga por debajo del arco de la entrepierna es de carne o de pescado, no se fíe de las materialidades inmediatas aunque sus dolencias metafísicas le provoquen fiebres testículares de tonos crepusculares. A veces los ímpetus hormonales no tienen compensación en las armonías vaginales y no hay más remedio que hacerse un puñetón de tres yemas, guachando el calendario de la Niurka y su camote el Bobi Larios. Goteando cera por el ojo de la verga, río de baba que se cuela por la coladera, mojando el hisopo de los calzones, pegando cuero y trapo con la gota del soldado. Si persisten aún las molestias mórbidas de los inquietos tanates que no se apaciguan ni cantándoles el Cantar de los Cantares, más vale que se compre una muñeca inflable; hay buenos modelos en el mercado; de ellas también puede nacer un dulce placer. Ese mal de naturaleza que le hace tornar la mente oscura libérelo cuanto antes, no vaya a ser que lo transfigure en un tirso lilo de las rosas o masturbador compulsivo que se tenga que rasurar a diario el pelo que brota en el centro de la palma pajarera.


Pobre de ti, has vivido, has soñado pero no has cogido.







La guapetona Raquel Presa, acompañada, tal vez, de una pariente del chino Fujimori






MUÑECAS DE PIEL DE HULEFANTE






Para que deje de estar chingándole la borrega a mi compa la Raquel y no se haga merecedor de unos putazos en meritito hocico, a mas de que ya no reincida en la comisión del delito de hostigamiento sexual, recomiendo, señor Rommel, algunas direcciones de internet donde ofrecen muñecas sexuales muy ad hoc a sus inquietudes febriles; las hay de precios que oscilan entre cién a mil quinientos bacs.


Aquí le van las directas (¡salud!):





www.playdollsxxx.com
www.dolforum.com
www.victorias-closet.com
www.realdoll.com
www.superbaby2000.com










PARA CERRAR EL ZÍPER DE LA BRAGUETA





Sin embargo, sucedió lo que acontece en una baile de máscaras en la madrugada: se le cayó el antifaz del deseo mezquino al charlatán. Cuando el güey reviró que quedaron frustrados sus ensueños concupiscentes y, cuando no pudo aguantar el exceso de amargura, se quiso cobrar a lo chino el apretón de la jaina. El bato fue pendejo porque la venganza es una debilidad vergonzosa. Corrió tras un jamón y se encontró con una silueta de humo; entonces le vinieron los íntimos dolores de cojones, lanzó gemido de despecho cuando se le hizo de agua el paliacate; y no tuvo más opción que pegarse una pajueliada o hacer un hoyo en la pared para desfogarse.



Ya se imaginaba que estaría dándose la yuca en un cuarto de hotel, con luces azuladas, cama redonda y espejo en el techo. Pero, ¡oh, desilusión! Esa faena lúbrica no se concretó, ansia que se le esfumó como se pierde el vapor de los lagos al elevarse en el vacío; proscenio de flores que no germinó ni siquiera en aburrida tertulia cafecera. La maniobra valió queso.




El güey creyó que con su patanería podía hacer latir con fuego el pecho de mi compita la Raquel. Pero el pobre cabrón no puede inspirarle pasión ni a una méndiga cucaracha de resumidero.












GLOSARIO CALICHERO





Paso a transcribir algunas entradas contenidas en mi «Diccionario de caló en la frontera» (editorial El Charquito, 1984-2004) para que el lector clarifique sus oscuridades semánticas, que representan -según el kafkiano presidente que se metamorfosea en tepocata- «el lenguaje de la democracia».






gota del soldado.


Entiéndese por gota del soldado, llamada también gota militar, al padecimiento de un mal por contagio venéreo cuando la enfermedad (gonorrea, por ejemplo), comienza con sus primeros estragos. El infestado, al día siguiente que tuvo el contacto sexual que le acarreó dicha enfermedad, secreta por el orificio penial, conducto de la orina, una sustancia viscosa o babeante de color amarillo, aunada a constantes ardores y comezón en el miembro. El padecimiento se detecta porque la membrana que cubre el pene se adhiere pegajosamente a la glande, así como al calzón.
Véase: Gomorra; Premio; Premiado.







playar.


Con el mismo significado que echarse un polvo, fornicar. De acuerdo con su acentuación, se conjuga como rayar. Construcción: «Esa ruca hace buenos jales. -Yo ya me la playé» (Voz popular).
<-(de playa <- latín plagia, platea). Véase: Matar el oso a puñaladas; Cochar. matar la rata.


Copular o fornicar. Construcción: «¿A esa jaina, tú le estás matando la rata, verdad? -Nel, qué pues. Es mi cuñada» (Voz popular).
Véase: Clavar; Matar la cochi; Parchar.







pajuelearse.


Drogarse por vía nasal * Masturbarse. Puede decirse también Pajueliarse.
<-(de paja <- latín palea). Véase: Pegarse un jalón de orejas. paliacate.



Coito o acto de fornicación. Derivado de palo, pene, y relativo a la inserción del miembro viril en la cavidad vaginal o anal.
<-(analogía por deformación). Véase: Palestino; Palermo; Palenque. valer queso.

Para indicar que algo no sirve, no funciona o no tiene importancia, frustrarse algún plan * Irresponsabilidad, indiferencia o desprecio, y puede también tratarse de un insulto para considerar inútil o mediocre a alguien. También puede decirse Valer pura madre, Valer puritita madre, Valer pura bichora, Valer pura gáver, Valer pura chingada, Valer pura macana, Valer pura ñorga, Valer pura reata, Valer puro pito, Valer puro sorbete, Valer pura verga. Construcción: «Cualquier declaracion en la prensa, me vale queso» (Voz popular).
Véase: Valer sorbete; Valer una chingada.









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PRÓXIMAS RESEÑAS CRETINERAS


Meteré navajas a dos tres blogs que más que aportar brillos estéticos al quehacer literario, representan cotas inéditas en materia de mediocridad intelectual; que no dudo y vayan a terminar como tantos otros que han acabado hundidos en los sinsabores de una retórica estulta. Y para que no se diga que me tiento el corazón e incurro solapacerías de amigos, contra estos también prenderé fuego y para que no se crea que cometo paranomasia (que se sepa que soy capaz de patear el pesebre). Así que comenzaré con el blog «Letras de cactus» que de un tiempo acá documenta en pixeles una escritura farragosa que apenas son barruntos o bosquejos de una lírica muy pero my raquítica.
Le pegaré una buena sarandeada pa ver si se aliviana.

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