Crítica de literatura contemporánea.

Friday, July 25, 2003

Vertedero de cretinadas

La compita del subcomandante Marcos
Por medio del pápiro gachupas El Mundo, me enteró que la nalga que parcha y padrotea el güevonazo y mantenido de Ricardo Boffil (por sino lo saben: el bato es novelista, colega literario del gran poeta –exBig bróder- el Pato Zambrano), mejor conocida como la chica dorada; misma que responde al nombre y apellido de Paulina Rubio (Pau para sus allegados), y que al parecer es cantante, declaró, mientras le prendía veladoras a doña Poca Vergüenza, esta chula patraña: "Chiapas es fantástico y el subcomandante Marcos está en contacto con los jóvenes. Lo visito cada año y hacemos conciertos de paz." No hay que tomar en serio el citado parloteo, simple cotorreo oligofrénico; ya se sabe que la jainita es notable por hablar más con lengua que con sesos. Lo malo del asunto es que la mamacita anoréxica no tiene empacho en salpicar de giña la capucha del sub Marcos. (Como andan las cosas en nuestro kafkiano país, sólo falta que la Güera Rodríguez Alcaine quiera emparejarse con el Gabo García Márquez o que el bonachón de Fernández de Cevallos pretenda grabar un disco de salsa haciendo dueto con Elvis Crespo). Todo es posible, dada la jodidez que prevalece.

Barrio Terrazas, Platón, Kant y Hegel
Desde el punto de vista histórico la filosofía es la primera forma de conocimiento, es decir, de pensamiento teórico. Representa la clave de los enigmas del universo; es la ciencia que trata las leyes más generales de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento. Marx sostenía el principio de que la filosofía es "el alma viva de la cultura". Sin embargo, existen dos maneras de introducirse a la filosofía sin llegar a comprenderla: la primera, a través del diletantismo superficial y la otra por vía de la necedad. Ambas conducen a operaciones síquicas rudimentarias, a conjeturas falsas y vulgares, propias de tontos de capirote. En cambio las ideas profundas llevan a la cúspide del conocimiento, pero de nada sirven sino se unen a la acción. La actividad mental es inconcebible sin la actividad práctica; no hay cognición pura, ¿cómo puede llegar a materializarse un producto abstracto? La acción-cognición resulta inseparable, por ejemplo, tal vínculo permite elevar el nivel intelectual para tomar decisiones correctas, hablar sin equivocarse y obrar como es debido. La filosofía es, desde su origen hasta hoy, una ocupación necesaria para el desarrollo humano, tanto en lo espiritual como en lo tecnológico; pasa de lo ideal a lo material y viceversa. Transita de un "ser" a "otro ser", de palabras a cosas, y a la inversa. Con la filosofía el pensamiento -producto superior del producto superior de la materia, como dijera Lenin- adquiere significación universal, amplitud, divergencias y orientaciones diversas.
Con actitud despectiva hacia el tema de la filosofía, y como ejemplo claro de una mente adiestrada en el escepticismo y la sofística, Francisco Barrio Terrazas, compita del señor de las tepocatas, y quien, además, disfruta la suculenta chuleta presupuestal de titular de la Secretaría de la Contraloría y Desarrollo Administrativo, SECODAM (nomenclatura cretina que debió ser bautizada únicamente como Contraloría Administrativa, o como apunta Julio Hernández López: Secretaría de las Pescas Fallidas) afirmó que cuando él era alumno de preparatoria estudió a grandes pensadores como Hegel, Kant y Platón, aduciendo que las teorías de estos eximios personajes "le pasaron de noche", ya que no pudo incorporar en su vida algo concreto de esas enseñanzas. (La Jornada, 13-III-3, nota de Claudia Herrera Beltrán). Por la vacuidad de sus palabras se advierte que la ingenuidad y la ignorancia son particularidades típicas del pensamiento primitivo de Barrio Terrazas. Suponer que la filosofía no sirve para nada es como creer que la tierra es plana, burda falsedad de una mente estrecha y ayuna de instrucción. La filosofía es un "tumor maligno" que hay que extirpar. El partícipe del gobierno del "cambio" no pudo encontrar la conexión de la abstracción con la concreción y expresó, según fue su parecer, la insignificancia de los sistemas filosóficos. Escogió el camino más sencillo: negar para no superar el nivel simplista de la razón, o sea, para no penetrar en la esencia misma del objeto. Dicho en otros terminos, el buen Barrio no logró desarrollar su capacidad de juicio, y la carencia de éste es una necedad traducida en aceptación dogmática o en un eclecticismo pedante. ¡Pobrecito!, no se dió cuenta que con tal facilismo huero cortó de tajo las raíces de una vitalidad crítica de inteligencia y entendimiento. De nada sirvió que Platón, conjuntamente con Aristóteles, haya descubierto la diferencia de las categorías que los hombres utilizan en el proceso del pensamiento; que Kant, desvelo tras desvelo, hubiera descubierto la naturaleza activa de la razón; y que el agudo e ingenioso Hegel, abstrayendo al máximo el contenido real de las categorías, nos advirtiera que el pensamiento, para estar en lo correcto, no debe alejarse de la verdad sino acercarse a ella, "moverse hacia su fin".
Pero si los anteriores esquemas cognitivos no convencen esta personalidad panista de mínimo intelecto, pescador de charalitos y no de peces gordos, y últimamente identificado como el hombre fracaso, entonces que Kant, Hegel y Platón se vayan mucho a chingar a sus madres.

Fox se apachurra y pacea
Mientras la mayoría del pueblo mexicano manifiesta repudio y rechazo hacia la escalada bélica en contra de Irak, el gobierno de México, específicamente el poder ejecutivo, disfrazado de paloma blanca guiada por la bolsa de valores, asume una postura oportunista y mojigata en relación a la obscena agresión de los halcones gringos. Fox y sus secretarios de estado quieren quedar bien con dios y con el diablo, no han emitido crítica alguna de réprobo a la infamia que se comete contra la antigua Mesopotamia. Su postura en pro de la paz es ambigua e imprecisa que tal parece que apunta a la sumisión de la voluntad del matón exalcohólico que regentea la Casa Blanca. Nuestro desinformado presidente –a quien la ignorancia le permite vivir feliz- solamente abre la boca para convocar a la "unidad nacional", que "vivimos tiempos difíciles", "que se deben respetar los derechos humanos", "que quiere la paz" (después de la guerra), "que las fuerzas armadas de México protegen las zonas estratégicas" (léanse bursátiles), "que ratifica su postura pacifista", "que Saddam Hussein debe salir de Irak para evitar pérdidas humanas", etcétera, etcétera y blablablá. No hay fundamentación consistente en sus malabarismos mentales, se trata de pura verborrea chiclosa, contradictoria y demagógica, carente de sustentación ética. ¿Pensará nuestro califa, fumigador de tepocatas, víboras prietas y otras alimañas, que la guerra es sólo un espectáculo de telepantalla? Sólo le falta decir que "la liberación de Irak ha comenzado". En la letal blitzkrieg miles de niños iraquíes van a morir y el "supermacizo" guanajuatense (Héctor Peón Vidales, dixit) no dice ni pío acerca del genocidio brutal perpetrado en contra de esa nación árabe (el 60 % de la población de Irak –25 melones de nucas- son menores de 15 años).
Desde nuestra impotencia estamos esperando que el señor de las botas de charol, cocinero de sopas de chocolate, manifieste, en nuestro nombre, repudio y condena ante ese homicidio masivo y ofrezca solidaridad al pueblo iraquí. Y ojalá que no salga con el churrito pitero de "¿y yo porqué?". Agachar la cabeza y guardar silencio bajo el pretexto de una "postura pacifista" equivale a servilismo. Es obligación moral del gobierno mexicano sumarse a las condenas expresadas en contra de la culerada de los halcones. Pero nuestro virrey, individuo sin principios, está anclado a los intereses de Washington y, como se sabe, comparte los mismos "valores, metas y propósitos" de los Bush y sus acólitos (así lo dio a entender en su mensaje del 17 de marzo de 2003). De los dientes pa fuera pregona ideales pacifistas y dentro de sí anhela el derrocamiento de Hussein, mientras, demagógicamente, repite y repite, hasta el enfado, la palabra paz. "Si de verdad este demagogo –escribe Luis Javier Garrido en La Jornada, 21 de marzo de 2003- pretendiese la paz, se hubiere opuesto con claridad a la intervención armada y habría argumentado las razones de México para defender la soberanía de Irak, en vez de avalar todo mandando primero a Castañeda y ahora a Derbez y a Aguilar Zinser a seguir descalificando el régimen irakí repitiendo los seudoargumentos del general Powell, y a esconderse atrás de la palabra 'paz' " (¡valiendo gáver y llamando al Santo!).

Moral versus plusvalía
La consigna general del mundo es un rotundo NO a la guerra (cuando me refiero a guerra entiéndase ésta como actos de piratería internacional y vulgar agresión). Los movimientos pacifistas –millones de seres anónimos- de todo el orbe vociferan con angustia solidaria una llana protesta de indignación e inconformidad contra la incursión genocida en Irak. Ayer fue Afganistán, antier Libia, hoy Irak y mañana, ¿quiénes serán las víctimas de la próxima infamia de esta nueva doctrina nazi? Cuando la ambición no tiene límites la vida no vale nada; la ONU no sirve ni para chingadas madres; los discursos de Kofi Annan son puro chorizo y el mayate ghanés es un mayordomo al servicio del gangsterismo de Bush & Co.; las naciones que no condenan la agresión son unos hojaldras enmierdados en complicidades que se venden por un plato de Corn Flakes; un nuevo nazismo nos agobia; un son of a bitch mesiánico se ostenta como liberador del mundo; el cochino de Enrique Krauze, sátrapa exlambegüevos de Octavio Paz, se siente el primer embajador estadunidense nacido en México; la guerra se hace en nombre del becerro de oro (negro). La plusvalía se antepone a la moral. Por azares de la Perestroika y el Glasnot, los alemanes vendieron, y en buenos villanos, los tabiques del muro de Berlín. Los gabos, siguiendo tal metodología, hacen lo mismo: sin tribulaciones ni reparos venden los escombros del 11 de septiembre (y sin contar ojos, pedazos de pulmones, hígados, brazos, etc., los suvenire$ recuperable$ rebasan los 200 mil kilos de chácharas), que más pronto que tarde –como asevera Fernando del Paso- serán convertidos en licuadoras made in China.

Mensaje hernial
En los años sesenta los rebecos confeccionaban afiches que rezaban consignas como éstas: "El imperialismo hiede a mierda, el burgués hiede a mierda y vos, ¿a qué hiedes?"; en la pared de una universidad: "Estudiante, sospecho que te vas a graduar de explotador". Hoy los cánticos de protesta a la guerra, por medio de pancartas, cartelones y mantas, se plasman en voces como éstas: "No sangre por petróleo"; "Nunca tantos dijimos no a tan pocos"; "¡Alto a la guerra, cabrones!"; "No en nuestro nombre"; "Detengan al desquiciado de Bush"; "Bush = Hitler". De los manifiestos hay uno muy singular que llama mi atención: "Fox, te operaron de la espalda, no de los güevos".

Justificando lo injustificable
Cómo cambia el lenguaje. Es la guerra de la desinformación. Hoy la palabra sumisión significa consenso, el vocablo liberación se sustituye por invasión y los mercenarios ahora son héroes. Son las hostilidades de los mass media bombardeando la semántica. Domina la tergiversación, el arte de fabricar embustes. Faltaba más, Televisa provocando desconciertos conceptuales y hundiéndose en el fango de la mentira se suma a la campaña sicológica mediatizadora y abre un sitio en internet (www.esmas.com) con el título de "Operación Libertad Iraquí". Por otra parte, en sus putariles informes rascuaches, la televisora del Ajusco, a través de Fuerza Informativa Azteca (www.todito.com.), confecciona una propaganda más hipócrita que la de su competidora (pero ambas empresas caminan por las mismas sendas estercoleras; las ilumina un mismo espíritu manipulador de conciencias). El canal de Salinas Pliego, valiéndose de estratagemas farsescas, pretende vendernos la disparatada idea de que la guerra es algo así como un simple juego de nintendo. Y, ¿qué decir de Telemundo? Peor tantito; es un títere cortesano que se coloca en decúbito supino frente a los intereses de la reacción yanqui, elogiando la invasión de la superpotencia, haciéndonos creer que los iraquíes recibirán con los brazos abiertos a sus atacantes. De lo mejorcito entre lo peor, aunque controlado por la señora Marta Sahagún, está Canal 11, chatarra melcochera y seudocultural del Politécnico Nacional, quien también se entrega al chacoteo reduccionista mediante una doble moral. Aparte de los medios electrónicos ya citados está el Canal 22, figurón de la escena cultural y portavoz del CONACULTA, quien de manera sublimada legitima los entuertos de la agresion bélica perpetrada por la mafia Bush y saca a la luz una serie de documentales donde Hussein no sale muy bien parado que digamos. Yuriria Iturriaga (La Jornada, 21-III-3) escribe al respecto: "el canal 22, vocero de nuestro Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, escoge programar, a las 11 de la noche del 18 de marzo, un documental (sic) realizado a raíz de la Guerra del Golfo Pérsico de 1991 e intitulado El amo de Bagdad. La difusión de este documental no tiene nada de inocente: el retrato de Sadam Hussein, puesto aparte el reconocimiento de la expropiación petrolera que hizo en los años 80, trata de justificar todos los medios para emancipar al pueblo iraquí de su dictadura, evitando mencionar el robo subterráneo de petróleo que Kuwait estuvo haciendo a Irak durante años y por el que Hussein reclamó una importante indemnización, misma que no fue atendida y que desencadenó la invasión de Kuwait por Irak" (avalada por Bush padre y fraguada como trampa de éste para lanzarle misiles en la tormenta del desierto, no sin antes garantizarle a Hussein que por tal invasión no habría represelias). "Evento éste que suele callar pese a estar documentado, entre otros, por el diario francés Le Monde del 7 u 8 de enero de 1989. Lo objetable no es que se difunda este material sino que, al evitar situarlo en el contexto en el que fue hecho y sin complementar los datos a través de un comentarista informado y equilibrado, pareciera que el gobierno mexicano, a través de Conaculta-Canal 22, empieza a justificar lo injustificable, además de considerar que no es momento de recriminaciones".
El filósofo de Tréveris no andaba errado cuando sostenía (desde los Manuscritos del 48 a los Grundrise) que las formas de conciencia social (superestructura) están determinadas, en reciprocidad dialéctica, por las condiciones materiales de relación dominio-subordinación (estructura económica).

Nos toca el gallo muerto
Los medios de información avientan el borregazo que México (a partir del uno de abril de 2003) presidirá el cargo chiloguán en el Consejo de Seguridad de la ONU. Da lo mismo, el organismo internacional es un cadáver a punto de engusanarse. A la institución, luego de agonizar y sucumbir en circunstancias de cobardía, la familia Bush, sus perros falderos y sus agentes patógenos le han pegado el tiro de gracia. El gobierno de México, tras de ufanarse en su mediocridad tercermundista, hace su luchita por dar el braguetazo con la pobre vieja achacosa y, ya hastiado de pajueliarse los tanates, decide agarrar el gallo muerto.
Nota: agarrar el gallo muerto –por si algún fresa lo ignora- significa (según mi Diccionario de caló en la frontera, Edit. El Charquito, 1994) realizar el acto sexual con una mujer después que la ruca ha matado la cochi con otro güey (es decir, ha marchado con oxtro cavor). En otra variante calichera puede decirse el lloga cuitiado o el gallardo felpado. A propósito del terminajo, el máster campechano Juan de la Cabada, en un cuento titulado La pesca, nos regocija con este refilón narrativo: "¿Y de mí, qué agregar? Pues a mí, con cierto júbilo de aquella memorable temporada, suelen rebullirme los barullos que armábamos en esas travesías nocturnas, cuando antes de pasarles a los gringos las mujeres nos las tirábamos a menudo varias veces encima del encerado, al viento áspero del mar y al balanceo del cayuco. Así pues, mientras uno iba gobernando el timón otro pisaba, y celebrábamos entre carcajadas y alaridos los gallos muertos con que se regodearían nuestros colegas rubios del otro lado". (Cuentos del camino, UAS, 1979). En el caso de México, el asunto será al revés: los gabardos nos rolarán un kikirikí que ya chupó faros.






























Vertedero de cretinadas

Por éktor henrique martínez

Si Jorge Luis Borges nos viera

Se dice que el buen Jorge Luis Borges, "atleta del espíritu universal" y malinchista de corazón (pues afirmaba que el español era un idioma feo), gustaba alabar genocidas como Pinochet y Videla. No pocas veces calificó de "caballero" al general Jorge Rafael Videla y a tres años de la masacre en el palacio de la Moneda recibió condecoración del matón chileno (pero, en cambio, en el plano literario, se comportaba implacable con Corneille, sangriento con Breton y desdeñoso con Baudelaire). Gabriel Cacho Millet escribe al respecto: "En agosto de aquel mismo año (1976) acepta ser condecorado en la Embajada de Chile en Buenos Aires con la Gran Cruz de la orden al mérito Bernardo O'Higgins y viaja luego a Santiago, todavía ensangrentado por la represión de Pinochet, para ser doctorado por la Universidad de Santiago y asistir a un banquete donde se encontrará con el dictador." Y esa fue una razón por la cual los suecos le negaron el premio Nobel en 1979, mandándolo a hacer puñetas; y chillaba cada vez que se lo volvían a negar. Nikito Nipongo dice que Borges comía mierda para ocultar su resentimiento. Vale la pena reproducir lo que el destacado lingüista y crítico acérrimo de la podrida Real Academia Española, en su libro Perlas Japonesas, apunta acerca de la agenda oculta del escritor argentino, y nos muestra la deteriorada moral y la vena reaccionaria del discípulo de Macedonio Fernández: "En 1979 se concedió aquel premio a un oscuro poeta griego. Y Borges volvió a lloriquear: 'Sí, ya sé que el Nobel es para Odisseus Elytis. No conozco la obra de ese poeta, pero me alegro de que sea griego' (también lo era Onassis y no por ello había que alegrarse)". Así berreaba don Jorge Luis: "Si alguna vez me dieran el premio Nobel, me sentiría muy contento". Y don Nik prosigue, poniéndonos al tanto de la situación borgiana, y guachen como saca a balcón al bibliotecario argentino: "Al anterior gimoteo le da este remate Borges: 'Pero fíjese, que yo sabía que me jugaba el premio Nobel cuando fui a Chile y el presidente... ¿cómo se llama?' (El entrevistador le sopla: 'Pinochet'). 'Sí, Pinochet me entregó la condecoración. Yo quiero mucho a Chile y entendí que me condecoraba la nación chilena, mis lectores chilenos'... Borges podrá tener muy poca vergüenza; su memoria, en cambio –y lo digo en serio-, se distingue por prodigiosa. Fingir que olvidó el apellido del asesino de Allende no es más que una payasada lamentable. Peor resulta salir conque la condecoración no se la otorgó Pinochet, sino el oprimido pueblo de Chile. Naturalmente que Borges recuerda muy bien el ditirambo que labró en honor del tirano sanguinario, el 22 de septiembre de 1976 (apenas tres años después de la caída de Salvador Allende y de la consecuente destrucción de la democracia chilena). Visitó entonces el palacio Diego Portales de Santiago de Chile, sede de la junta militar, y babeando se dirigió al cerdo de Pinochet así: 'Es un honor ser recibido por usted, general; en Argentina, Chile y Paraguay se están salvando la libertad y el orden.' Basta esa atrocidad, haber exaltado las dictaduras castrenses de su país, de Chile y de Uruguay, con una barbeada a Pinochet, para que los academicos suecos le nieguen de por vida el premio por el que tanto acatarra desconsoladamente."
Ni las obras de Borges están exentas de impregnaciones políticas, e incluso en sus conferencias vociferaba paparruchas como éstas: "Las teorías pueden ser útiles para estimular la poesía, por ejemplo, yo no creo en la democracia, es una cuestión estadística para mí (sic). La idea de la democracia, esa extraña idea..." (en College de France, 1983). Cinco años más tarde de haber publicado Historia Universal de la infamia, precisamente cuando los nazis invaden la Rusia estalinista (Operación Barbarroja, 1941), el escritor argentino manda al mercado su libro El jardín de los senderos que se bifurcan, dedicado, por cierto, a su amigocha Victoria Ocampo, admiradora ferviente de Lawrence de Arabia, mercenario al servicio de la corona británica (que algunos mamones lo nombran el Che Guevara del desierto), y de quien la Ocampo tenía una fotografía dedicada, colocada sobre su escritorio en la editorial Sur. Pero ¿a qué viene aquí el nombre de ese cabrón llamado T. H. Lawrence (1888-1935)? Un compinche de atrocidades de otro carnicero llamado Liddell Hart (1890-1970), estratega militar inglés que suprimió el concepto de 'población civil' sin reconocer la diferencia entre soldados y paisanos", inventor de la blizkrieg (guerra relámpago), táctica militar que consiste en usar los tanques como fuerza de penetración profunda en el campo enemigo, cortando las tropas y los suministros (José Steinsleger). Pues bien, el apolítico Borges, en su libro El jardín de los senderos que se bifurcan, comienza citando al tal Liddell Hart, mientras que, en sincronía con la publicación del texto borgeano, el general Heinz Guderian, comandante hitleriano, aplica la táctica de la blizkrieg sobre la población soviética. Así se las gastaba en el terreno estético el metafísico jomi de Adolfo Bioy Casares. Poco le faltó para calificar de "seres divinos" a los tiranuelos a quienes les lamía las botas (y ya inmerso en la cuacha, tampoco tuvo madre al dedicar a Richard Nixon la traducción de un libro de Walt Whitman).
Con excepción de Nikito Nipongo, Roque Dalton y Mario Benedetti, entre otros críticos y pensadores culturales, hubo quienes evitaron las turbulencias y prefirieron anclarse en aguas tibias subrayando solamente lo obvio. En un ensayo escrito en 1971 (El hacedor, El concepto de ficcion, Planeta, 1997), Juan José Saer se refirió a Borges con estas palabras: "Me abstengo de buscar una relación entre la evolución del pensamiento político de Borges y la poca calidad de sus últimos libros, por temor de que esa relación sea inexistente. Más bien prefiero afirmar que hace algunas décadas Borges ha escrito cuatro o cinco libros que figuran entre los más perfectos de nuestro tiempo, y que el tartamudeo político y literario es uno de los derechos, o de los inevitables estragos, que debemos reconocerle a la ancianidad". (Bonita forma de dar beneplácito; dispensándolo por su chochez; así que el pobre ruco cegatón ya no sabe lo que escribe y opina). Funesta fatalidad que no ha lugar, como dirían mis amigos leguleyos. Borges todavía no era un fiambre; la cordura y la memoria prodigiosa lo acompañaron hasta el día en que felpó y entregó el equipo a san Pablo.
Si Borges viviera en los momentos de agresión bélica en contra de Irak, ya se sabe en qué lado estaría. Basta recordar una más de sus vilezas, a propósito de los baños de napalm que el Pentágono arreciaba sobre pueblo vietnamita: "Si se ve la guerra de Vietnam como parte de la guerra contra el comunismo, está plenamente justificada."
Borges construyó una constelación asombrosa de la ficción, pero se mostró lánguido y pasivo ante posiciones políticas y sociales, que al final de cuentas le restaron calidad moral al refugiarse en un esteticismo esotérico –l'art pour l'art- y defender únicamente "valores literarios" (la irrealidad es condición del arte").
Hay quienes opinan que la inclinación de Borges hacia el ultraísmo era puro pancho, una actitud esnob ante la vida (algo así como cuando el mayate le dice al joto: ¿te cojo y me pagas?).
¿Qué opinión tienes de Jorge Luis Borges –le pregunté a una morra feminista-: "Pinche viejo baboso" –sólo se limitó a contestarme. (Valiendo chichi de gallina, me dije yo mismo en vía de soliloquio –tiene mejor criterio la Adela Micha). De las palabras de la fémina alcancé a deducir –bajo mi pobre taxativa mayéutica- que, a parte de que Jorge Luis era catalogado como un hijo de puta, su pensamiento "vanguardista" estaba apegado a la ideología feudal (y me dieron ganas de orinarme en lo chones).
Sé que Borges tuvo mucho talento como narrador de ficciones, y sé lo que el ruco vale, visceralmente como un poeta anticomunista. Pero el discípulo de Macedonio, bajo el signo ultraísta, de mozalbete cometió el crimen de mirar hacia la izquierda, tuvo lo suyo de . Y es que el men también la cuajó de escritor comunista, como el Octavio Paz de acá. En la época macarhtiana Borges escribió un poema titulado Ritmos rojos, que le costó la cancelación de la visa para no poder entrar a los Yunaites. Debido a ese poema el tímido escritor de cuentos fantásticos y metafísicos estaba –de pura barbacoa- incluido en la lista negra de Ronald Reagan (cuando éste era balcón de la CIA en Jóligud). Antes de que fuera famoso sus compinches lo llamaban el poeta ciego, el Homero en penumbras, el hombre gris que se ganaba el pan con el sudor de su frente y que padecía el complejo de Edipo (siempre salía acompañado de su madre; era mis ojos, decía Borges). No hay que olvidar que la fama chipocluda le llegó a partir de que chupó faros (como suele suceder). En vida, poca clica lo pelaba; y angora, a un chinguero de güeyes no se les cai del hocico. Borges pallá, Borges pacá... (¡Cretinos!). Su divulgación hoy en día, más que seria, es pendeja; se le cita sin conocerlo, sin leerlo (igual que Octavio Paz, quien, dicho sea de paso, negó la poeticidad en Borges, sólo porque éste jamás escribió un poema extenso. ¡Háganme el favor! Con ese tipo de jaladas salía el tal Paz. Retaba a don Yorch a superar al mismísimo autor de la Ilíada. Sí, como aquel cabrón ya se había dejado caer Piedra de Sol, pues le venía guango soltar el churro ese).
La juventud de Borges fue muy dolorosa. De morro -el sicólogo Miguel Cohen-Miller fue quien lo atendió- y dice su loquero que Jorge Luis a los 19 años no padecía fobia sexual, pero el che se cargaba un trauma sexual de pocamadre, ya que su jefe lo había iniciado a la vida sexual ni más ni menos que con su madrastra. Es por tal motivo –escribe Gabriel Cacho Millet- que en ningún verso de Borges cabe un muslo, un seno, la apretada sombra de una mujer o un beso que no sea inmortal (y el único cuento de tema amoroso que escribió –a sus 75 abriles- es Ulrica, en El libro de arena). ¿Acaso el pudor froideano lo distanciaba del erotismo? Con quebrada. En su producción no permean las carnes erógenas (pito y panocha), el deseo y la pasión lúbrica. A los más que llegan sus escritos es al beso, al apapacho santurrón y a la manita sudada. Tocante a esto, Enrique López Aguilar escribe: "Cuando él habla de las relaciones entre hombre y mujer en sus poemas, siempre evita la alusión directa a piel, cuerpos, sexualidad, y prefiere concentrarse en esa condensación absoluta de las emociones asociadas con el amor: encuentro, enamoramiento, fascinación, el leve roce de los labios o las manos, la certidumbre del arrasamiento personal, el abandono o la separación, la falta de correspondencia, la nostalgia" (nada de sobar el oso ni repegar la guásima; cero faje ni agasajo marinero). ¿Se poncharía alguna vez a la María Kodama? Nel, prefirió el mundo metafísico que matar la cochi. Zambullirse en las sabrosas nalgas de una mina... ¡ni de loco! Ya de perdis un becerrazo. Menos. A pesar de que siempre estuvo rodeado de puras jainas (mamá, carnala, alumnas, secretarias, amigas, lazarillas, etc.). ¡Chale, qué desperdicio de jamón! Si yo hubiera estado en sus zapatos hubiera rajado más leña que la chingada. "He sido demasiado pudoroso" –alegaba el ruco. Entre otros, éstos son algunos de los cacharros que desperdició Borges: María Esther Vázquez, Estela Canto, Delia Ingenieros, Matilde Urbach, sin contar una de las Ocampo (no la guaifa de su compita Bioy; aunque no hay compadre que no chingue).
Para Borges el único compromiso del poeta es con la belleza: "el poeta se compromete sólo con la belleza. Ese es su único compromiso."
Pero más allá de la estética, ¿era Borges un poeta comprometido? Claro que sí; su bisabuelo (el coronel Juárez) fue chiloguán –vencedor- en la batalla de Junín. Estos fueron los versos de Jorge Luis, escritos en los años del gobierno peronista:"Junín son dos civiles que en una esquina maldicen a un tirano, / o un hombre oscuro que se muere en la cárcel."
Durante el peronismo (1945), la jechu y la carnala de Borges fueron apañadas por los gorilas de la mili. En ese entonces la progenitora del poeta ya estaba muy cáscara y éste era un don nadie que se ganaba la vida como bibliotecario municipal, es decir, un pericoperro que no pelaba un chango a nalgadas por su condición de burócrata oscuro de tercer nivel. Treinta años más tarde Borges elogió la valentía de su jefita: "tu prisión valerosa, cuando tantos hombres callábamos."
Al poeta, por grillero, no le fue muy bien que digamos, en 1946, a pocos meses de la instalación de la dictadura peronista, lo ascendieron o degradaron (según sea el caso) a inspector de aves, conejos y huevos. Claro está que Borges no le entró al jale. Victoria Ocampo en la revista Sur (agosto de 1946) publicó la declaracion que el jomi de Bioy Casares rajó al respecto: "Las dictaduras fomentan la opresión, el servilismo, la crueldad; más abominable es el hecho de que fomenten la idiotez (sic). Combatir estas tristes monotonías es uno de los muchos deberes del escritor."
Borges abandonó su filiación de debido a las cagasonerías del marxismo estaliniano; pues, ¡no mames!, esa madre era igual que el nazismo, me dijo mi compa el Güero Bitachi (un poeta taquero o un taquero poeta). Y ¿qué tal se la refuegueaba don Jorge Luis con los poetas marxistas? ¡Puta tía! Le cagaban de a madre. Empezando con el joto de Federico García Lorca, Rafael Alberti y, principalmente, Pablo Neruda. A este último no lo podía ver ni el papel china. Y cada vez podía le aventaba cuacha, a morir. Así se expresaba Borges del autor del Canto general, a quien consideraba un hombre muy mezquino: "Escribió un libro acerca de los tiranos de Sudamérica, y a continuación varias estrofas contra los Estados Unidos. Ahora se sabe que todo eso es basura. Y no dice ni una palabra contra Perón. Porque tenía un pleito en Buenos Aires, eso me lo explicaron luego, y no quería arriesgarse. Y así, cuando se suponía que escribía a voz en cuello, lleno de noble indignación, no tenía nada que decir contra Perón." (Échense ese trompo a la uña, mis queridos lectores). A García Lorca, más que por rojillo, lo destestaba por mamilas. Y es que, una vez cuando Borges cayó en España, durante una tertulia, Federico se lo cotorreó al decir que estaba preparando un libro acerca de un personaje muy famoso. Borges, con mucha solemnidad, le inquirió: "¿Y quién es ese famoso personaje del que habla usted?" –Miquimaus –respondió sarcásticamente García Lorca. Don Jorge, emputadísimo, replicó: "Me retiro. Veo que aquí no se puede hablar con seriedad. El che se abrió, mientras el jotito gachupas se cagaba de la risa.
Pero, ¡qué perrón estaba el ruco pa literear! Su inspiración lo hacía apuntar rollos como éstos: las estrellas, -corazones de Dios- laten intensidad. ¡Úfame, león! A ver, qué más. Tripea éste: Aun el alba es un pájaro perdido en la vileza más remota del mundo. Ai tuvo, ése. Vas hacer que mi jaina se venga en las pantaletas. Ta bien prendida del argentino. Casi se mea cada vez que oye pronunciar su nombre. Se chorrea como las tácuaras –nacas- que se caldean con el Lupillo Rivera.
Ni el Vicente Fox sabía quién era Borges, se refirió a él –en un congreso de la lengua española- llamándolo José Luis Borgues. ¿Por qué es poca la perrada que lo colorea? Porque era un escritor que escribía pa los escritores (¡y vaya la rebuznancia, men!). Un esteta dificultoso de leer, que atestaba su literatura con frases cultas y eruditas, un creador de la posmodernidad que les ganaba el tirón a aquellos que, precisamente, trataban de definir la posmodernidad, según advierte Jacques Derrida: "Borges hace cosquillas, pero en el cerebro."
Y ¿qué decía el panzón de Alfonso Reyes acerca de Borges? Que don Jorge figuraba como el mejor ensayista occidental de su momento, pero, en cambio, era un hacedor de versos torpes y su poesía poco musical (en otras palabras: valía madre como poeta). El pedo estribaba en que no lo aceptaban en el campo de la lírica.
Escribe Juan Domingo Argüelles que Julio Cortázar cuenta que Witold Gombrowicz, en 1963, al momento que este último hace efectivo su exilio argentino, al pisar la escalerilla de la ballena voladora que lo arrojará a Europa, les aventó a sus discípulos, que lo despedían en el aeropuerto, esta provocación borgiana: "Muchachos, maten a Borges." Para los chamacos concretar tal mandato equivalía a un parricidio. Pero, para tirria de Gombrowicz, Borges continua vivo después de muerto.

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