Crítica de literatura contemporánea.

Saturday, August 30, 2003

Vertedero de cretinadas

Por Éktor Henrique Martínez

Pellicer, su mayugas y los velasco

y como puto muera yo quemado>
Quevedo


Ni quién lo dude o lo cuestione, Carlos Pellicer fue un renovador de la poesía mexicana; el que más se la sacaba (y se la rifaba) entre todos los herederos del Ateneo de la juventud, los Contemporáneos. Era el miembro más antiguo de esa prestigiada mafia literaria, empollada por Alfonso Reyes y apadrinada por José Vasconcelos, y que ocupa un lugar destacado en las letras mexicanas, pero... ¡qué frustración, qué decepción! -dirían los machines-, el jomi era talalaila; o séase, el resultado froideano-hormonal de Juan José Origel y Superman: un puñal de acero, es decir, un lencho, un leandro, un comelón, una loca, un topu, un lépero, un jotiux, un guajolote, un alebrije, un papayón, un individuo al que le gustaban las tostadas con chile; que se le hacía agua la canoa y se le volteaba la calceta. Lo que en términos sorderos significa, prácticamente, un hombre muy liberado, muy abierto, y, subliminalmente, "de costumbres europeas". ¿Su jefita lo parió así; pederasta o uranista? Vaya usted a saber. De su condición de lencho se lamenta su paisano tabasqueño Andrés Manuel López Obrador, priista arrepentido y, angora, segundo cacagrande de esa broma izquierdista llamada PRD: "Desgraciadamente por el machismo del trópico, la imagen de Pellicer tiene que ver más con su homosexualismo" (dada su predilección por la Coca Cola hervida y el arroz con popote). Por su condición de pulmón, al creador de Práctica de vuelo se le regatea su grandeza, asevera el Pejelagarto, quien dando rienda suelta a la admiración que pregona por el esteta, revienta un apotegma que deja mal parado a sus demás paisanos: "Después de Pellicer, todos los tabasqueños somos de segunda" (¡y que José Carlos Becerra, también, junto con ellos, se vaya a jodida!). Hasta el mariguanote de Ricardo Garibay se cuidaba -con arrogancia y agresividad- de las jotadas del maese Pellicer (lo admiraba como poeta y lo detestaba por jotolón). Imagínese, usted, a Jorge Serrano Limón, líder (in)moral de PROVIDA, quien se jacta de haber llegado "quinto" -o séase chérry- al matrimonio, cuál sería su reacción, si su mojigata existencia hubiere estado, paralelamente, sitiada en el pretérito tiempo del poeta, al hacerse sabedor de las maníacas trapacerías de don Carlangas; ¿le armaría trifulca de exaltada moralina, diciéndole que la maliciara; conminándole a abandonar sus bajas pasiones putariles? -¡Arrepiéntete, hombre indecente! Pues, yo, como Natán, a quien Dios envió para que hiciera reconocer su pecado el rey David por haber deseado sexualmente a la mujer de uno de súbditos, traigo la encomienda de rescatarte de las aguas sucias de ese pantano donde está inmersa tu lujuria. –Mira, pinchi Jorge, –contesta Pellicer, sudándole la pelonera a causa del coraje- a mí los chamacos me enloquecen, y pierdes tu tiempo si crees que voy a repeler ese deleite, que tú afirmas es un mal. Así que a otro perro con ese puto hueso.
El rollo que AMLO tira en relación al poeta Pellicer, proviene de una entrevista que Roberto Ponce le hace al maicerón político de Chilangolandia, misma que publicó la revista Proceso (1318), en fecha tres de febrero de 2002. En la entrevista, el chif del Defectuoso gorjea que Pellicer "marcó su carrera política" y que "el encuentro entre ambos se dio en 1975, cuando Pellicer aceptó" (pacabarla de amolar) "ser candidato del PRI a senador por Tabasco" (pecado del tamaño de una vagina de hormiga, comparado con el hueso que aceptó el esquizofrénico –abridor de caminos poéticos de Rubén Darío-, Salvador Díaz Mirón, cuando se sumó al gabinetazo del culerísimo Victoriano Huerta en calidad de ministro de cultura, después de que el Chacal le dio piso al pitufo esotérico de Francisco I. Madero). Y en efecto, don Meño Obrador arguye que su relación con el autor de "Vuelvo a ti, soledad, agua vacía, / agua de mis imágenes, tan muerta, / nube de mis palabras, tan desierta, / noche de la indecible poesía", nació del propósito de "crear un fideicomiso para atender a los indígenas de las comunidades chontales" (terminajo, éste último, que nada tiene que ver con chonte; lunfardo tijuanaco que significa ignorante, iletrado o inculto) "que iba a empezar con recursos de la venta" (aquí merengues quería yo-landa llegar) "de unas pinturas de José María Velasco que él tenía en Sierra Nevada" (la calle donde tenía su chante el colega de Rimbaud) y que "estaba por venderlas. Me llamó para que lo dirigiera."
Al respecto, resultaría interesante saber el destino que tuvieron los ocho cuadros de Velasco, que enesentonces –1976- reportaban un valor de siete melones de sopes. ¿Se platearían, ciertamente, a favor de los chontales?, o, ¿se los capuchinearía algún gandul que no aventó ni siquiera el talón? Según AMLO, la machaca estuvo así: "De repente, el 21 de octubre de 1976, entraron a su casa" (de Pellicer, ofcurs, unos batillos, chalecos de Miguel Alemán, a quien, por suspicacias de los compinches de poeta tabasqueño, oficialmente y en última instancia, le cayó la yuca de ser el autor intelectual del gane) "amordazaron a Chabelita, su ama de llaves, y robaron los velasco. Esto, sin duda, fue algo que afectó mucho el estado de ánimo del maestro, y en febrero de 1977 murió" (por lo que se deduce, se dejó calaquiar como Pablo Neruda, cuando este men se tirició a causa del pinochetazo de 1973, o como la sulianita de Guatemala que felpó de amor porque su camote llegó arranado con otra jaina más buenera). Sin embargo, existe otra opinión encontrada y que se contrapone al pancho que arguye el señor López Obrador. Se trata de la argumentación que da a conocer el filólogo, lingüista y periodista cultural, Raúl Prieto, quien, dicho sea de paso, casi por medio siglo ha demostrado (con los pelos de la burra en la baisa y al compás de la pianola del niño Trinito Tolueno) que la Real Academia Española y, por antonomasia, su diccionario anacrónico, archivero de idioteces, es una vergüenza histórica de la cultura hispánica. El máster Prieto, en su libro íVuelve la Real Madre Academia! (1985), desmiente la verborrea ficticia de AMLO; y guáchense cómo se empareja con las historietas tres equis del padre Marcial Maciel, cochador de morros, a los que les tronaba el ejote, mientras los apoderados espirituales de la esposa de Cristo –o sea la iglesia católica-, se hacía de la vista gorda (cosa que, al fin de cuenta, vale chichi de gallina, comparada con la castración que ordenó el papa Gregorio XI de los niños que integrarían el coro del Vaticano y de la donación de los mil esclavos turcos, aperingados después de la batalla de Lepanto, que el mandilón de Carlos I hizo a Pío V). Le pregunto a mi maestro don Raúl, ¿qué pex con la mengambrea de los velasco? Y el rucucucú, conocedor del pedo suscitado, aclara el birote: "por cierto, al poeta le robaron una parte de la colección de las obras de José María Velasco" (o sea, que fue puro pedernal que lo troquelaron). "Tardó en dar parte del hecho a la policía y, además, no quiso cooperar con la investigacion" (traía un chaquetón de poca maye). "Su criada, empero, identificó al delincuente" (aquí se pone sabrosón el pedo): "un muchacho homosexual que, luego de cortar de sus marcos las telas venerables, con la misma navaja empleada en ello las redujo a una uniforme e infame padecería. La muerte de sus velasco, venganza de aquel putanco, antecedió a la muerte de Carlos Pellicer".
De lo anterior se colige que el gran poeta murió por culpa del zumbador (el escuincle que le apachurraba los frijoles); un plebe baboso, dedicado -cincho a cambio de una firula- a aplastar espinazo con ombligo; y que no supo que a quien le correteaba las lombrices era uno de los poetas más pepudos de México. El mayate nomás quería sentir el placer de remangar lodo, valiéndole madre el sentido del nouvelle revue francaise.
Pellicer, descarriado beato que la pederastia no ensombreció, colgó los tenis a los setenta y ocho años (Novo a los setenta, Gorostiza y Torres Bodet a los setentaidós, Cuesta a los treintainueve, Villarrutia a los cuarentaisiete, Owen y Ortiz de Montellanos a los cuarentaiocho), y a esa edad todavía quería que le siguieran soplando la nuca (¡qué mas da, si Otelo al estrangular a Desdémona nos dio placer y se dio placer asimismo!). Pero el cañañas de Tabasco, dispuesto a alcanzar lo inasible con su inspiración profunda, ante la poesía respondió con sinceridad, exprimiendo de su alma un lirismo de plasticidad sonora. De su impulso creador, mezcla de clásicos, románticos, parnasianos, simbolistas y modernistas, bullen imágenes precisas, elaboradas con una fina sensibilidad; palabras teñidas de audición y sinestesia que sustraen la vida al arte: "Tengo el canto que prefieres, y el cielo que levanto desde mi pecho, te sabrá a manzana."
Como dijera Omar Kayam, Pellicer llegó al paraíso por el camino del infierno.









Vertedero de cretinadas

Por éktor henrique martínez


Teresa López Avedoy, sus poemas y adanes literarios

La mayoría de la clica no lee poesía porque está cansada y embrutecida por el proceso laboral mecanizado y prefiere centrar su atención hacia distracciones "suaves" de entretenimiento comercial. Cuando el ocio busca un alivio para saciar el aburrimiento el arte tiene una significación ornamental, de consumo, de contemplación simplista y escasamente un valor opuesto, o sea constructivo, emancipador, capaz de generar nuevas necesidades estéticas. Es el "virtuosismo de la adaptación"; reflejo de las libertades falsas, marcadas por el fetichismo y la enajenación (engañifa: te doy oportunidad de expresarte pero no tienes derecho de expresión). Si el arte, como forma de los sentidos abstractos, no se subordina a las pretensiones espurias de la lógica del mercado, el esteta está perdido. La medida de la vacuidad se observa más un quehacer artístico localizado en la periferia de la literatura. Me refiero a la poesía, mercancía escasamente redituable, de mercado pequeño, casi inexistente. Esta hija de la soledad, género más sincero en el mundo de las letras, adolece de clientela. Los compradores de producciones poéticas son una minucia. El poeta (pobre) se enfrenta a tres problemas que no están aislados: el literario, el económico y el social (si es desconocido y principiante el asunto es peor). Además, carga a cuestas el estigma -apoteosis romántica- de bicho raro y estrafalario, de paria cultural adherido o marginado en el sistema. Así, parafraseando al fascista Jorge Luis Borges, cuando la perrada habla de un poeta sólo piensa en alguien que profiere notas líricas y pajariles. El poeta está solo frente al papel y quiere mostrarle al mundo su talento y decide publicar su obra, ¿cómo le hace?; ¿pide patrocinio a los empresarios que lo detestan y lo tildan "holgazán" porque lo que produce rara vez tiene un valor de cambio?; ¿se adhiere al estado por medio de sus instituciones culturales y le pide chichi a los burócratas insensibles que ahí pulalan?; ¿vende hasta las alhajas de la abuela para pagar una edición propia?; ¿les hace la barba a escritores consumados para que lo recomienden con algún mecenas?; ¿langarea espacios en revistas y suplementos culturales?
En cualquiera de las anteriores circunstancias pudo habérselas gastado Teresa López Avedoy (Salvador Alvarado, Sinaloa, 1979; sino se aclara la edad el peligro de pederastia puede ser inminente) para sacar a flote su poemario (plaquette, dicen los cursis) titulado piedra papel o poema (Tijuana, febrero de 2003), edición 4 de Cuadernos Existir.
La morra, que chantea en Tijuana desde 1989 y cursa el último semestre de la carrera de arquitectura en el Instituto Tecnológico de Tijuana, condesciende a la literatura y, en la edición 4 de Cuadernos Existir, se da a valer como poeta. Su obrita de 56 páginas, pichada por el IMAC, IMJUV, dos tres librerías, congales y tragaderos, contiene 45 poemas (aunque muchos se resignan a no serlos), antecedidos de una presentación y una "Mini autobiografía sobre la autora" (en el español correcto el prefijo mini forma término compuesto con el otrora vocablo compuesto autobiografía; por tanto, así debió escribirse: Miniautobiografía, por ser inseparables los prefijos. ¿Verdad, Laura Jáuregui, correctora de la edición?).
Antes de meterle cuchillo a la sustancia expresiva de López Avedoy, me doy cuenta que la miniautobiografía de la autora de piedra papel o poema, no es tal; y me limito a decir que se trata sólo de una simple referencia vivencial. Si es una autobiografía, entonces ¿porqué carajos está en tercera persona? (la justificación de "comodidad" que aduce la autora no basta). El género epistolar, como el monólogo o el soliloquio, exige, necesariamente, el uso del yo. Aquí el ego narra en tercera persona (ella). Pero, mejor, leamos los datos que estropajosamente nos echa López Avedoy: "En su primera infancia" (pues ¿cuántas infancias tiene uno?) "compuso canciones" (enlasvíasdelamor...) "a favor de la religión en la cual militaba" (quiso decir: en la que comulgaba, y a propósito ¿cuál sería: la de los testículos de Jehová o la de WC Bush, cristianos renacidos?). "Lentamente se enfrascó (¡!) en poemas rústicos (¿?) que le conmovían" (quiso decir: la conmovían) "sinceramente" (circunloquio: si algo me conmueve es que lo siento en verdad, o sea sinceramente) "y declamaba" (¿qué?) "a la menor provocación" (¿de qué; de pleito o de tipo sexual?). "En la pubertad leyó a Villarrutia" (¿en qué lugar se localiza ese salón de lecturas llamado Pubertad?) "-oh acosada modernidad-" (oh, queridísima correctora, debe escribirse: oh, acosada modernidad; poniendo coma entre la interjección –oh- y el adjetivo –acosada-, pues se trata de un vocativo) "quien le aturdió" (el pronombre enclítico correcto no es le sino la, o sea: la aturdió) "para siempre y para siempre" (ey, qué paso; con un adverbio basta). Prosigo con las extravagancias de la nena: "Odió los 'holacómoestás' " (yo tambor; son unos pinches cretinos esos güeyes). "Conoció a poncho" (¿se refiere a don Alfonso López Camacho, efe de la librería El Día o a su sobrino, el poeta Alfonso García Cortez, o tal vez al cómico Andrés Bustamante, conocido por la pelusa con el hipocorístico diminutivo de Ponchito?). "En la adolescencia sus amigas noemí y vero le (la) enseñaron a sonreír, reír y carcajearse" (porque, como dijo el poeta húngaro Atila Josef: no tengo padre ni madre ni perro que me ladre); "para entonces" (corrigiendo la vulgata, creo que quiso decir: en ese entonces) "Vallejo la atormentaba con su aguacero" (¿Fernando, el de La virgen de los sicarios, o Demetrio, el líder de los ferrocarrileros? -¡No te hagas pendejo, éktor! –replica doña Chona- Se trata del poeta peruano que murió de sífilis en París-) "y limó asperezas con tijuana gracias a sus conversaciones(,) vía páginas numeradas(,) con francisco morales" (¿por qué los apellidos de Xavier y César llevan mayúsculas; no quedamos que usaríamos minúsculas como en poncho, la noemí y la vero, y, asimismo, con tijuana y francisco morales?). No cabe duda de que el lector está obligado a desentrañar aporías. Pero lo bueno viene cuando leemos esta revelación quitapelillos (y no se molesten en localizar el significado del adjetivo en el tumbaburros; refiérese al lisonjero): "Su perdición fue conocer a lhc" (¡chin!) y a mariana lazuli" (¡chet!), "pues le dijeron se-debe-escribir-como-se-habla, y entendió(:) como-te- dé-la-gana";
o sea, ¿así?:
En casa de los mamutes
todos maman:
mama papá mamut,
mamá mamuta mama
y mama el mamutito,
unas veces teta y otras pito.
Raúl Prieto, madrigalito infantil.

Es mentira que se deba escribir como se habla. Al menos en poesía este churro no funciona. Las cosas no siempre se pintan como se ven. A diferencia del lenguaje coloquial, que resulta insuficiente, la poesía contiene un lenguaje infinito que necesita sensibilidad. Un lenguaje que se basta así mismo y que se condensa sin tema alguno.
La beibi, poeta en ciernes, una vez aconsejada por la irremediable pedantería de los mamertos a quienes admira y la malaconsejan, "abandonó las pseudo metáforas" (es una idiotez añadir la p de topu y, además, el prefijo y el concepto estilístico forman unidad semántica: seudometáforas. Ah, qué Jáuregui) "litigantes" (¡coñetas, qué-es-eso de 'pseudometáforas litigantes'?) "que en el fondo" (¿de dónde?) "la aburrían (y de cualquier forma, ni le salían). Así" (una vez castradas las 'pseudo metáforas litigantes') "pudo acercarse más a las palabras y su relación con ellas tornose asidua e inmediata" (por si acaso alguien duda: hace más de tres mil que el ser humano mantiene relación asidua e inmediata con las palabras).
La autora de la miniautobiografía retoba: "En su juventud, reencontró a poncho. Él la obligó (¡!) a escribir como prolongación (¿?) de sus ya (¡!) de por sí largas conversaciones en bancas, calles y demás inmuebles."
Y finaliza la faena introductoria con este relato dickensiano (menos mal, porque los ojos ya se me sartrearon): "Desde 1996 ha andado de taller en taller" (pronto te darás cuenta que sirven para nada) "borroneando" (frenesí de destrucción y creación: como pintaba Picasso), "necesitando" (¿qué?) "reescribiendo. Actualmente, intenta escribir / no escribir" (esto último aconsejaba Charles Bukovski a los poetas nuevos), "sin pretender nada" (¡ah, chingao!, nihilismo puro, pregunta doña Nadie: -¿Uté no quiere fama o pasta, tía?), "inquiriéndose(:) porqué será más cómodo anotarse en tercera persona" (al contrario, diría yo: ta mejor vaciarse en primera).
Sin la intención de emular a sor Filotea de la Cruz (en realidad, una bigotuda con faldas a quien sor Juana respondió con su autobiografía en 1691), quiero decirle a Teresa López Avedoy lo siguiente: primero, que ningún cabrón te obligue a escribir; segundo, no hagas caso de consejos mamones (si haces caso de ellos llegarás a creer que hasta un jodido telegrama constituye literatura). Yo te sugiero que, aparte del ritornelo, la aliteración, la imagen, el contraste, la paradoja y demás variantes, cultives la metáfora, es la chucata de la poesía; sin ella Darío no hubiese sido ese gran alcides de la poesía que nos salvó del podrido romanticismo; y tercero, aléjate de los pinches talleres dizque literarios; el que en ellos se refugia –como aseveraba Ramón López Velarde- no pasará de borrajear prosas de pamplinas y versos de cáscara (la prosa pedestre y la sintaxis cochambrosa que abortaste en tu miniautobigrafía lo demuestran). Huye de ellos como quien huye de la peste. La poesía no se aprende ni obedece a planes estructurales ni está hecha sólo de palabras; nace de una profunda emoción. Jaime Sabines decía que los poemas salen del útero del alma, a su debido tiempo. Es íntima e intrínseca; hija de la soledad. Es el género más sincero, la literatura verdadera y puede ser oscura o luminosa.

La poeta –aunque todavía no es poeta- tiene la palabra
Cabe destacar que el título del poemario –de notaria influencia vallejiana- es, ya de por sí, una metáfora: piedra papel o poema (metáforas en cruce, dijeran los barrocos). Presenta en tres términos, más una disyunción, la evolución del homo ludens, ser protagonista de la palabra, a las formas poéticas abstractamente puras; las cosas se volvieron imágenes. En efecto, al principio, el asombro y las ideas quedaron marcadas en piedras y tiempo después la exaltación pasó al papel. López Avedoy nos pone al tanto que toda materia es una paridora de sentimientos, y que piedra papel o poema, siendo lo mismo, representan los diferentes momentos del emisor de voces líricas, del hacedor de historias. El estilo de la poeta es simple y directo, y aunque ella lo niegue y se contradiga, está trabajado con metáforas ("a la orilla de tu pecho", "tus zapatos son grillos en la ciudad"). Traigo a colación lo que apuntaba Leopoldo Lugones en su Lunario sentimental: toda palabra es una metáfora muerta. Y el mero hecho de unir palabras sugiere la metáfora (Borges). La metáfora es mucho más que un adorno (Evodio Escalante). Por ello, la poesía que carece de metáforas flaquea.
El cosmos privado de la poeta empieza en la Calle siete; por ella pasan los . Buena imagen, pero como le dijo don Quijote a Sancho: una golondrina no hace verano. Dejemos que sean las palabras de la poeta quienes nos guíen. <(Entre análisis y diagnóstico)> es la cabeza de un poema urbano de prosa tersa y sencilla que nos muestra cómo crece y se acomoda la plaga humana en la ciudad. Sin embargo, se trata de un flashback incompleto que carece de remate porque las sensaciones que nos trasmite son apenas retoños que no alcanzan derecho de ciudadanía en el reino del arte. Reproduzco:
"A veces la ciudad se mide / En habitantes por beso cuadrado / A veces la ciudad se multiplica /
discontinua insaciable / A veces la ciudad se teje / edades/sexo/ocupación básica / A veces la ciudad enormemente / ...aunque menos que la espera."

En la página 49 hay un poema donde la palabra simboliza efusión de sentidos (caricia, beso) y que abdica de la razón; acto humano que se trasmuta en remembranza, manifestación de nostalgia. Se trata de una proyección metafísica que huye de lógica. Gracias al primer párrafo de la serie, el cual reproduzco a continuación, el poema, por su estructura haiku, se salva de no caer en la indigencia estética:
Porque es caricia que empieza
donde la razón termina.>
En los dos últimos párrafos sólo predomina la fuerza comunicativa del lenguaje. Hubiese sido mejor suprimir o pulir esos fragmentos emocionales de nostalgia machacona, probablemente expresión de soledad. Confirmemos que son voces sin son ni pena que, por su falta de hondura y ausencia de signos poéticos, debieron haber sido arrojados a la basura, ya que no hacen bailar ni a un fariseo:



En Crónica resumida (página 16) las figuras retóricas –paralelismo y graduación- se revuelven confusamente y la cosa termina en una ensalada semántica:

caminar/transitar/huir
nacer/llagar/contarse
besar/roer/intrigarse
despedir/soñar/leerte.

Como se advierte, el poemita obedece a dictados del instinto, de la ocurrencia, de la corazonada y, aunque no le interesa la belleza del lenguaje porque sólo quiere comunicar, tiene a su favor mérito de que no se mueve en los fueros de la pasividad. Ni pedo, hay que dar a cada quien lo suyo (si le tuviera aprecio a la metáfora otro kikirikí nos cantaría).
Cito a continuación un poema, que a mi juicio, es de lo rescatable, ya que algunos –no pocos- logran vida gracias a un literalismo artero disfrazado de poesía. Otros son creados sólo por el azar, formando collages con palabras entretejidas al arbitrio. Si hubiesen sido decantados con madurez e imaginación podrían haberse logrados como efectiva materia estética. En fin, se escribe lo que se puede y como se puede en este ejercicio de la confesión que es la poesía. Hay poemas tan bobos (En la escuela, Todas somos frutas) que no merecen vivir. Leamos algo de lo mejorcito, o sea, de lo –poquito- que a mí laikió:

Oh ciudad con el labio roto y la cabeza en el derrumbe.
Oh ciudad mis venas son calles y viceversa.
Oh mi ciudad mi amado prisionero
en una torre de cristal contemporáneo.
Oh ciudad que me tocas
Y a la puerta eres una madeja de semáforos y buenos días.>

El asunto da para más, pero creo que con lo anterior basta.


Opinión: El parto poético fue prematuro. Teresita debió esperar y no seguirle el rollo a sus adanes literarios y demás gente petarda. La tenacidad afectiva ya la tiene, la pasión, el pathos, o, inversamente, el sufrimiento. Ahí radica, pongamos por ejemplo, la intensidad de la poesía vallejiana. Para elaborar una obra de arte el esteta no se debe mostrar deslumbrado por nadie ("...su –mi- perdición fue conocer a la lhc y a mariana lazuli.."). Su poesía es como un tepache que aún no pone pacheco; como una ruca jariosa que todavía no alcanza el orgasmo.

Seudomoraleja que huye de mí (superflua e inexacta): Las garras de un tigre no crecen en un día (sino que me desmientan los poetas Eduardo Lizalde y Víctor Soto Ferrel, quienes esperaron más de veinte años para publicar sus libros Cada cosa es Babel y La Casa del Centro, respectivamente).
Creo que los maicerones del Proyecto Editorial Existir, en afán de hacerle honor a la chavalita, al enviar a prensas su poemario, cometieron con ella un acto de injusticia; su mengambrea poética aún no cuajaba. Ojalá que para ella la poesía no sea una locura pasajera. Y digo lo anterior porque, al menos para miguel, la poesía merece respeto y suele ser tan importante como el hecho mismo de cagar o soñar. Creo que el pro Rubén Vizacaíno da en el clavo cuando afirma que el único refugio espiritual que le queda al ser humano es la poesía.
Por otra parte, el trabajo de "corrección" a cargo de Laura Jáuregui parece una tomadura de pelo. Infame talacha imperdonable hasta para un estudiante de primeras letras; cincho que, todavía debe materias de párvulo. La prodigiosa caballera, sin pudor alguno (véase la página 21 de la edición marzo-abril de 2003 de la revista Existir), se anuncia en calidad de "impartidora" de un taller de poesía (tan mal que anda la cosa y a la abuela se le ocurrió parir). Y es que no pocos descerebrados parecen absolutamente fascinados con esta nalgona a quien ven como si fuera una salomona de la literatura. De castigo deberían obligarla a traducir al caló las pendejadillas (desvaríos y cursilerías insoportables) que escribe el sensiblero Bruno Ruiz. De esta forma, tan petulante y cretina, se menea la poesía en Tijuana.
¿Y qué hay de Gilberto Licona, padrotín del Proyecto Editorial Existir –me pregunta doña Chona. Triste su calavera –le contesto a la ñorsa. Promueve la poesía nulificándola. El inspirado trabajador de la palabra, en su choricera lista, incluye sólo gallinas con espolones y prófugas del metate que apenas mastican montoncitos de letras. Ni un talegudo es digno de figurar en sus cuadernillos. (Aprovechando el viaje: aunque yo no lo he leído, me informan fuentes fidedignas que el material poético -llamémosle así- de Camelia García equivale a un trapeador de cantina; ya veremos ese birote que, cinchada la venada, en otra entrega será objeto de una leve rasuradita).
Las y los poetillas deberían saber que la ausencia de imaginación transforma al ser humano en un inválido de la realidad.

Para solventar el mal sabor de boca que han dejado estas meditaciones amargas y chocarreras, permítaseme, ya en conclusión, citar un poema chaka de una morrilla colombiana que también, igual que Teresa López Avedoy, acaba de salir de la revolución puberal. Me refiero a Carolina Daza (Bogotá, 1980), omeguita de un quehacer poético que nos estremece con esta exquisitez perturbadora.

Casa int. noche

Papá rema con fuerza y decisión
buscando a orilla de la cama.

Mamá presta sus senos como remos
pidiendo "más" velocidad

Desde mi lancha alcanzo a ver
cómo las olas vestidas de sudor
han pasado entre los dos
más de una vez.
















Vertedero de cretinadas

Por éktor henrique martínez

Paty Blake y el Yo que se bifurca

De todas las chicas superpoderosas que integran el clan Licona, y que a la fecha han publicado sus respectivos cuadernillos poéticos (Laura Jáuregui, Camelia García, Teresa López Avedoy y Aurely Monraz), Paty Blake es la única que actúa sin asomo de pedantería. La sencillez y naturalidad son signos de su quehacer poético, para no decir de su persona; que al cabo es lo mismo. Y estoy de acordeón con Jaime Cháidez Bonilla, cuando afirma que de las poetas malitas publicadas por Existir, Blake Valenzuela es una que promete (no intoxicarnos con versitos inanes y demás paparruchas).
Patricia Blake Valenzuela (Ciudad Obregón, Sonora, 1978), egresada de la carrera de comunicación por la Güeva (no se malinterprete; me refiero a la UABC), es autora de un pliego de poesía titulado el árbol (cuaderno 3 del Proyecto Editorial Existir, Tijuana, noviembre de 2002) y conformado con 41 poemas, en el cual, la poeta, –he ahí donde estriba su mérito- no se permite las mistificaciones ni las fanfarronadas; su objetivo, como hacedora de versos, es mostrarle al público las sutilezas del alma. Ella es artista que comunica emociones centrales de la vida cotidiana:

recorren las líneas que fueron para mí,
que en un momento fui.
palabra monólogo.
imaginaria sangre.
ruta que inventamos
para sentir otra presencia al
desconectarnos.>

Como se advierte, sus palabras provocan el efecto de revelación que nos pone en presencia de otros, esa transmutación autor-lector de la que hablaba Macedonio Fernández, precursor de la vanguardia narrativa y de las innovaciones del boom: la necesidad del esteta de desprenderse las invenciones lúdicas que obran en el texto para convertir al lector en cómplice de la materia verbal.
A medida que nos introducimos en la obrita nos topamos con una serie de conceptos gráficos –imágenes, más que ideas-; con frases que surgen con fuerza y viveza; con retratos de introspecciones de su experiencia individual. Aunque el armazón literario que nos ofrece no es enteramente poético, la gordis posee un apetito artístico que, sin duda, mejorará (sino se le duerme el gallo). Algunos versos son disparates hermosos:

besar el ombligo
de un extraño.>
Sesuda conclusión

En la medida de su modesta capacidad creadora, Paty Blake aprende a ser absurda y sensata:


Equipaje

Por otra parte, aprovechando las circunstancias más triviales, en trocitos minúsculos de cuasipoesía, y usando los moldes de Matsuo Basho (el poeta más pepudo de Japón hasta el siglo XVII), vemos cómo emerge la negación de la afirmación, cuando las cosas no son lo que son:

no es lo seco del paisaje:
algo ha muerto dentro.>
Desierto

Versos de contradicción compacta. Sin duda una poesía dialéctica. Heráclito y Hegel, sin querer queriendo (como dijera un estupidito en la telera) se avizoran en la atmósfera sentimental de la Blake. En términos paganos, lo anterior significa que la poeta nos quiere dar a entender que el estado de ánimo es superior a la sabiduría (un intelectual, con espuma en la boca, replica, muy enciscado, que eso no es cierto y que la poesía solamente es producto de mentes calenturientas. Pues que se vaya, el cabrón, a inflar un burro por la gáver –refunfuña doña Chona. Luego, la ruquita, agrega: -La Paty sabe que negar el sentimiento es convertirse en pedante). Sin vehemencia no hay poesía, ya que ésta no es el resultado del refinamiento de la inteligencia, sino emanación natural del sentimiento. Pero, ¡trucha!, hay que tener muy en cuenta aquello que el loco de Nietzsche sentenció: Querer demostrar más sentimiento para con una cosa del que realmente se posee, destruye el estilo, en la lengua y en las artes.
En la página 6 de la serie encontramos un poema gracioso que lleva por título Alineación y balanceo, donde la autora, mediante un proceso analógico de inclusión, compara su cuerpo con una ranfla. Sin recurrir a Freud o a Lacan podemos desentrañar las necesidades funcionales y los síntomas perturbadores del agobio sexual de una mujer-carro que se ocultan por medio de símbolos semánticos. Lo copio y comento desde una perspectiva escéptica, no sin antes advertir que se trata de una interpretación mamila y calichera. Por tanto, acéptese como antipoética la explicación que doy al traducir los significados, pues me salgo del calzón al hacer explícitas las ideas implícitas del texto en comento (en toda subjetividad siempre cabe cualquier otra subjetividad). Sólo trato de poner al descubierto las posibles interacciones que se ejercen en las relaciones interpersonales; que sean ciertas o falsas, ése ya es pedo espistemológico. Mi zampoña es puramente literaria:

(Este perro mundo me hace obrar a la defensiva; ando, en ocasiones, desconfiando hasta de mi propia sombra).
no te pongas detrás de mí
(No te quieras pasar de lanzas, te lo advierto, güey. Pues yo tomo la delantera).
voy despacio
(Analizo lo que voy a hacer; no me aviento como el Borras. Conecto pensamiento y acción).
No tengo enfermos los pies
(Ruedo con buenas llantas; lo que implica que soy firme en mis decisiones y se adónde voy).
ni algo le suena a mi cuerpo,
(Ratifico en mi existencia el principio hipocrático de que cuerpo sano es mente sana; o sea que soy una morra alivianada y feliz, dentro de lo que cabe ser feliz).
hoy salí bien aceitada de mi casa
(Prohibido ayunar, pues mis alimentos son medicinas y viceversa. Pero si el sexo es cuestión de lubricantes, hoy mi bato me dejo bien servida, pa que no haya tamales de chivo).
a toda velocidad, sin problemas.
(La vida es un trajinar veloz de ida y vuelta, y es que uno anda siempre como calzón de suripanta: de arriba pa bajo, en chinga. Y de broncas: cero. –A quince las paga Chencha).
Veo bien a través de estos vidrios
(Uso lentes pa poder guachar bien y soy conciente de lo sucede; entiendo la realidad, no soy ninguna boba).
y en la calle no hay topes.
(Me doy cuenta que soy libre y dueña de mi destino; los prejuicios y tabúes me tienen sin cuidado).
No le busques más:
(Deja ya de estar chingando la borrega; me cagan de a madre los batos ajerosos y aferrados).
conozco esa cara
(No estás tratando con ninguna pendeja; sé quienes son ruines y mezquinos. Sé distinguir a los ojaldras y gandules).
de sabiondo mecánico
(Eres puro pájaro nalgón y la juegas de cabrón pa hacer de las tuyas. Pero conmigo te la vas a pellizcar. Así que no la hagas de emoción).
y esas manos engrasadas en mi cofre.>
(Por tanto, sabiendo la clase de alimaña que eres, no te vuelvo a soltar prenda).

Después de haberle jalado la cadena a la taza del toliro y admitidos los reproches que vengan, pasemos ahora al tema serio (qué impotente soy para juzgar con tino). Si Shelley compara una alondra con una dama, Paty Blake compara la mujer con un automóvil. Los sabiondos de la teoría estética afirman que cuando se compara es porque hay soledad. Tal vez esa opinión no es del todo errática. Sin embargo, como asevera el esquizofrénico de Nietzsche, las comparaciones aventuradas, cuando no prueban la malicia, demuestran una imaginación agotada y hasta un mal gusto. En el caso de la poeta aquí reseñada, observamos que en el poema , la construcción comparativa, efectivamente, sí patentiza soledad:

los hijos que no tengo
esperan.>

El poema, dotado de poder lírico y de agudos pesares, cierra con el siguiente remate que denota la ausencia de otras almas; sólo están los objetos, pero no así la presencia humana que la poeta reclama; su destino parece ser el infortunio y el aislamiento del corazón:

<¿Dónde termina esta ciudad
que imita al cielo?
nadie responde
en el espejo.>

es uno de los poemas que, a mí juicio, resulta de lo más logrado de la serie. En el texto se entrecruzan la tradición poética becqueriana, el marcado simbolismo de Verlaine y un influjo surrealista de escaso corte onírico que raya en fantasía urbana:

por recorrer
horas
hojas

tras la ventana
una naranja se ha exprimido
en el cielo

el horizonte supera
cualquier historia
magistralmente contada.>

Un currículum brillante no es la lámpara de Aladino
La poeta Blake es un estuche de monerías. Aquí va un poco de su pedigrí: participa en dos-tres revistas y pápiros culturales (Tiyei Magazine, Alambra, etc.); ha sido colaboradora de El Mexicuin y actualmente medio se la rifa de gacetillera seudocultural en el periósquido Frontera (sin albur: la ruca se mueve chilo). Asimismo, la morra está preparando su tesis para obtener el título de licenciada en comunicación, intentando convertir en "asunto de literatura" la vida efímera del lumpen-poeta Rafa de Tijuana (un tema medio mamerto, pero allá ella).
Una compita, tambien poeta, me rajó la túrica –creo que medio acongojada- que si a la Paty le da por clavarse machín en su jale de reportera, más pronto que tarde, ofuscará su sensibilidad poética, y sino se pone trucha (Dios no lo quiera) coadyuvará (como tantos cretinos que pululan en la república de las letras y motivados por vanidades rastacueras) a arrejolar la poesía en un género menor o, lo que es peor, contribuir a degradarla en subliteratura.
Esperemos que su expresión poética no termine reducida en mera contemplación de objetos fríos y minúsculos, o como maldicen los intelectuales: que acabe como producto cutrero, propio de mentes calenturientas, en tumefacta literatura self-help provocadora de urticarias en piel de macuarros.

Medio kilo de cinismo le da más sabor al caldo
Estiro las comisuras de mi geta para agradecer a Teresa López Avedoy los versos que me ha dedicado en el número 36 de la revista Existir. Debo confesar que, desesperado y comiéndome las uñas y padrastros de ambas baisas, esperé respuesta suya en relación a mi artículo que se publicó en este suplemento el día 25 de mayo de 2003. Aquí va su réplica:

<¡Ay qué dolor, qué pena!
el krítico está furioso
-iracundo/triste-
porque la poesía no se le respeta, no.>

Por último, y sin afán de choteo, quiero expresar un sincero reconocimiento a Gilberto Licona –felo del Proyecto Editorial Existir- por reivindicar la equidad de género de los machines al sacar a luz pública el trabajo literario del primer poeta bichorudo de Cuadernos Existir. ¡Aleluya! Con Roberto Navarro Camacho se acaban las discriminaciones sexistas en dicha colección. Asistí a la presentación de su poemario, Prédica de la calle, y el batillo tal parece que pinta bien como hacedor de reacciones estéticas (por lo menos es mejor que el Pato Zambrano). La presentación estuvo a cargo de Patricia Blake –con una duración 8 minutos con 45 segundos- en la XXI Rafie del Broli de Tiyei, sita en avenida de la Frivolidad (dixit Rubén Vizcaíno); donde asistieron 38 personas y un enmascarado que repartía dulces a la pelusa.

































Vertedero de cretinadas

Por éktor henrique martínez

La poesía patito de Laura Jáuregui Murueta


Contribuyendo al movimiento letrista de Tiyei, en el mes de julio de 2002 salió de prensas el primer número de Cuadernos Existir. Se trata de un poemario de Laura Jáuregui Murueta, y que lleva por nombre lo que hay fuera, visiones poéticas. El subtítulo del folletín es demasiado pretencioso, por no decir ambicioso. En sus 56 páginas habitan 38 poemas de variado calibre estético, resultado de la exaltación del yo lírico de la mujerona llamada Laura Jáuregui. La autora se muere de ganas de ser poeta, a veces lo logra y en ocasiones languidece en burdas experimentaciones gramaticales. Y es que algunos poemas son, más bien, bagatelas desechables, ristra de palabrucas que no alcanzan el eco iluminador (el funkelin o comunión espiritual, como apuntaban los místicos Eckhart y fray Miguel de Guevara hace un chingatamadral de abriles).
No obstante, la poeta "se considera una tipa con suerte" a quien "le interesa no parar nunca de escribir, traducir, bailar y dibujar" (ojalá que así sea). La ruca nació en Tijuana en 1976, y detenta el título nobiliario de licenciada en lengua y literatura hispanoamericana; ha colaborado en diversas revistas literarias y suplementos culturales como Viceversa, Paréntesis, Alforja, Generación, Yubai, Minarete, etc. Fue cofundadora de la editorial Anortecer y actualmente es una de las conejitas predilectas de la ganga andrógina del maese Gilberto Licona (chaca del Proyecto Editorial Existir) y mercadólogo editorial, más que poeta.
Antes de entrar a materia, veamos cómo Jáuregui nos pinta sus años de mocedad: "Siempre le gustaron sus clases de español y literatura en la preparatoria y desde niña siempre tuvo buena ortografía. Sus hábitos de lectura empezaron hasta que entró a la universidad, cosa que por la que se la-menta profundamente" (quiso decir: cosa de la que se lamenta...). "Al principio se frustró como buena principiante" (¿de pleonasmos?; principio/principiante), "pero después le gustó y lo sigue haciendo hasta ahora" (¿qué cosa?). O sea que Laurita, además de haber sido una víctima más de la instrucción deficiente, sigue enamorada de sus errores. Lo cual significa que carece de antecedentes intuitivos de autodefinición lírica capaces de permitirle alcanzar una especificidad madura en la creación literaria (pero esta tesis puede no ser más que una simple charada cretina, ya que los libros no siempre hacen al poeta, pues la poesía es de nadie).
Paso a revisar con peine de dientes finos el trabajo literario de la Jáuregui, y si mi neurosis me da licencia, a efecto de no confundir la parte con el todo, intentaré llegar hasta la última página de su poemario, ya que un extracto jamas hace justicia al escritor.
Después de tres epígrafes que definen el concepto de poesía y el placer escritural, el cuadernito de doña Laura inicia con un pequeño texto que personifica elementos culinarios:

y la cebolla
lloran
junto al cuchillo
la muerte de un taquero.>

Caería en la hipocresía quien suponga que lo anterior es poesía (el rimado es inconciente). Los detalles son selectos pero no logran darnos una sensación estética. La verba remilgona que la fémina entona está bien para un chamaco de quinto año de primaria. En vez de la imaginación creadora prevalece un fantaseo hueco y pobretón. La Jáuregui olvida (o ignora) que si el poeta accede a lo maravilloso es para enriquecer la realidad. Su fantaseo es escamoteo sistemático de una experiencia que, vuelta abstracción, no supera el impresionismo y la improvisación. El hecho literario que nos ofrece no pasa de ser un reduccionismo mimético de expresión-representación que cae en el terreno del más chirle lloriqueo sempiterno.
En la siguiente composición, PAN POEMA, la autora reclama clientes para la poesía. En esta analogía la poeta atribuye al poema sesgos curativos, evoca la poesía como remedio que disipa las enfermedades del alma. El sustrato del texto parece ser, sin duda, el conocido adagio que reza que las penas con pan son menos. La poeta sabe que los lectores de poesía escasean, por eso se pregunta:

<¿Por qué los poemas no son como los panes?
Y anhela esta quimera:
Quisiera que a todos se les antojaran
al verlos acostaditos en charolas calientes.

El poema es pueril y cursi, pero al final se sostiene:

Ojalá los poetas fuéramos
tan amados y buscados
como los panaderos
que hubiera poemerías
como hay panaderías y tortillerías
y que la gente las visitara
y adquiriera poemas
para usarlos como remedios
y así cada día
con poesía
las penas fueran menos.>

PRIMEROS OJOS es una simple perplejidad existencial sin emulsión lírica; le sigue APOCALIPSIS, dividido en dos partes, y sólo la segunda apela un poco a la sensibilidad lúdica:

cuando ya no existan frescos cereales,
sobre los platos de leche
sólo flotarán
crujientes cucarachas.>

Entre dos poemas malones que no merecen aprecio, NO ES LA MíA y EL MAR NO ES CIERTO, aparece POEMA CAMINO, que, como afirma la poeta, fue elaborado "con textos tomados de anuncios, bardas, señalamientos, carteles, calcomanías de autos, ventanas, mantas y otros letreros que vi mientras recorría el camino de la casa al trabajo. Fueron copiados con prisa y al ritmo de la velocidad del transporte público" (en que viajaba). POEMA CAMINO está armado con la técnica del cubismo de Apollinaire, prescindiendo de la sentimentalidad, ese elemento eterno de la lírica, que la poeta sustituye con impresiones simultáneas captadas en el ajetreo cotidiano. Aunque las emociones parecen estar muertas, la poesía continúa viva; digamos información en lugar de poesía o, bien, poesía de la objetividad. El tema es engañoso pero, no obstante, las imágenes perceptibles se tornan íntimas cuando forman conjunción de voces y el poema alcanza vida abstracta sólo como retrato de una esquizofrenia idiomática y citadina. Buen artificio de Jáuregui; su versificación aquí es ingeniosa y el encabalgamiento le da ritmo a ese popurrí de lenguaje publicitario, pero no por ello alcanza las glorias del parnaso literario. Reproduzco un fragmento que a mí me gustó:

sólo por hoy
votaremos así
la casa de los pies
duración a toda prueba
promoción del mes
gran oferta
prohibido tirar basura
uñas
cartas
casas de cambio
diputados
ropa y novedades>

Hay tres poemas (páginas 18, 43 y 47), en los cuales la poeta Jáuregui quiere mostrar solidaridad con la situación de la gente jodida para chantajear a los lectores, pero la realidad la contradice, toda vez que en otro de los textos (MIENTRAS LO ESPERO), la señorona se comporta como toda una pequeñoburguesa estacionada en la clase media, niña bien, hija de mami, que desprecia los lúmpenes que jieden a pacuso (pata, culo y sobaco):

que me pide dinero
impregna la cuadra
con su apestosa presencia
y me obliga a huir de la zona.>

El mundo lumpenesco le suministra material a la poeta, pero su concepción es tosca y peyorativa. Lo mismo que escribió Martín Romero en su Bitácora Norteña (Identidad, 27 de julio de 2003), acerca de Luis Humberto Crosthwaite, se le acomoda sin calzador a la diva Jáuregui, ya que ésta, al igual que aquél, "no tiene el estómago para recorrer, sentir, oler, escuchar y saborear los mundos marginales ubicados en la ruda Tijuana. O sea: cronicar con los huevos al rojo vivo el perro infierno" (en este caso, sería con la papaya a todo vapor). ¿Qué actitud asumiría Jáuregui, en el supuesto ficticio, de que se topara con Rimbaud -como en aquel sueño de Saint John Perse-, y el poeta maldito, amputado de una pierna en su trasiego por África, vestido con andrajos y bufando a excremento seco, orines añejos, semen rancio y líquidos rectales, se acercara a la jaina y le dijera: "Ven, abrázame. Yo soy tu maestro" ¿Huiría también de la apestosa presencia de Juan Arturo? -Es lo más cinchado –vocifera flemáticamente mi vecina, doña Puchita Vergara. Y agrega: --Lo que pasa es que Laura Jáuregui está comprometida únicamente con la ilusión de ser poeta y con el pudor de la vanidad. Es una gatita perfumada que maúlla en luna llena para hacerse notar.
Jáuregui incurre en el coqueteo literario confeccionando pocas metáforas y el recurso más activo que utiliza es el juego de palabras, la intercalación polisémica: , , , <¿Qué hay de cierto en el desierto?>, . Arreglos estilísticos como los anteriores son muy escasos y se pueden contar con los dedos de la mano de un manco.

De candorosa ingenuidad, que a duras penas destella poeticidad como canción maternal para adormilar chilpayates hiperactivos, es el siguiente microtexto que leemos:

rápido huye
porque se robó una nube.
En el rabito
la lleva puesta.>

Aunque no llega al éxtasis de santa Teresa (de Jesús, no de Calcuta), AFUERA es el poema que mejor se apega la legalidad estética, es decir el que sí constituye poesía y no simple acarreo retórico, como suelen ser la mayoría de los textos que integran el cuadernito. Es valioso por su contenido y forma; por la relación dialéctica que establece entre el ser y el signo, dualidad organizadora del poema. Jáuregui arroja lo que le agobia, esos malestares de la existencia y la conciencia que se transmutan en catarsis (la palabra es para ella un instrumento terapéutico). De su mano nerviosa sale una síntesis de reflexión lacónica, compulsiva y veloz:

de tu escuela
tu departamento
tu pareja
tu familia
tu país
tu oficina
no eres nadie
nadie te reconoce
sólo sigues existiendo
(empiezas a ser)
cuando te sacan
de la panza de tu madre.>

En la página 36 encontramos una auténtica -y escasa- pieza literaria, rayana en el surrealismo por haber sido disparada desde la trinchera onírica y estructurada bajo (o sobre) un formato cubista. Verdadera proeza lingüística que, por su temática, me recuerda un poema mío que le plagié a Juan José Arreola, que reza más o menos así: "El sapo es un corazón que croa":

un salto
disfrazado
de sapo.>

Y ¿cómo anda el tema erótico en la praxis poética de Laurita? Brilla por su ausencia. No hay panegíricos sexuales en su mengambrea. Me limito a dar cuenta de tales prioridades en AVISO AL USUARIO; unos versitos alejados de la idiosincrasia de la perrada tijuanense. La descripción se compagina más con la mentalidad propia de los chilaquiles (oriundos del Defectuoso):
en los vagones del metro
de la ciudad de México
por delante o por detrás
te auguro sexo seguro.>

Aquí -en Tijuas- no somos tan osados ni tan maníacos; todavía pedimos lo que deseamos, rara vez arrebatamos. Nuestra lujuria no apuntala a los niveles ortodoxos que marca la poeta. Lo antes transcrito es el único testimonio de imaginería sexual; hay un mutismo deliberado respecto al asunto del forniqueo carnal. Ninguna descripción del cuchiplancheo, ninguna evocación del goce amoroso, ninguna sobada de oso, ningún agasajo marinero o esbozo al amante cumplidor de orgasmos se entrevera a lo largo del poemario. El ámbito erótico es la región menos visitada, el clima sensual es como la nada; no existe. No hay registro alguno de Eros, el dios Pan está muerto en su vocabulario. Ni un antológico faje se alcanza a vislumbrar en todo el puñado de letras que la ruca nos avienta. ¿No podría, cuando menos, escribir un verso como éste: "el día que te mueras te enterraré desnuda." En ningún texto de la Jáuregui encuentran cabida los móviles sexuales. ¿Acaso pudor de exteriorizar adoración al dios-pene o, simplemente, temor de exhibirse como amante que se retrata matando la cochi? ¿Sería arriesgado afirmar que tal omisión se adecua a la conjetura froideana vertida por la suicida Rosario Castellanos, en Mujer que sabe latín, en el sentido de proceso de sublimación de los instintos donde las frustraciones de una existencia pasiva y estigmatizada por la impotencia -de varón castrado- se transforman en ficciones que se liberan mediante imágenes? Sea lo que sea, en el folletín de la Jáuregui hay cero alusión a los oscuros vericuetos de la entrepierna, a los elementos sensuales derivados del caldeo, el mamey o el enfierramiento. -Muy su pedo –alega doña Puchita Vergara. Pues sí, digo yo. Cada quien es perfectamente libre de llevar el arte hacia cualquier directriz. Sin embargo, veo su rostro en la foto de la contraportada de su poemario y me pregunto: ¿Cómo será su vida sexual?; ¿cuál sería su pensamiento en el preciso instante que le tomaron la pítchur?; ¿se atrevería a jugar a la ruleta rusa?; ¿bajo qué signo zodiacal habrá nacido?; ¿cuántas veces habrá deseado no ser mujer? Lo único que sé es que tiene callos y juanetes:

callos
y juanetes
esconden
los tacones
que al pasar
todos
voltean a ver.>

Y aquí concluye la triste historia de los poemas de Laura Jáuregui y su crítico desalmado. Por último, cabe preguntar, ¿cuál es el principal valor literario de su obrita, lo que hay afuera, visiones poéticas? Apasionada tentativa creadora, obsesión verbal como operación de la inteligencia, una semillita en la parcela del campo literario. Asimismo, fuga virtual de la realidad; documento que irrita o hace reír a los verdaderos poetas; futilezas experimentales aptas para viapís. Lo que no se pone en duda es su emoción y entusiasmo por estar ahí, donde otros no quieren estar, porque afirman que la poesía no sirve para nada.
Jáuregui es un ejemplo sorprendente de necedad, especie de eminencia gris que tira zarpazos a la carroña poética sin alcanzar mendrugos. Escribió un librito para demostrarnos que la poesía ya no existe. Su corazón no tiene tempestades, solamente olas encrespadas (¡qué cursi te escuchaste, puto!). Si es trucha se superará con la crítica (sácale partido, ruca). Por ahora, está en las ligas menores de la poesía, pero le vaticino buen futuro porque, como ella dice, es una tipa con suerte. No hay que olvidar que la leidi aún está plebe; y por ello es injusto exigirle mucho rigor a sus menjurjes verbales, pues como dijo Carlos Drummond de Andrade en Poema do Jornal, la morra "a pena escreve."

Moraleja pía (o impía, según sea el caso): No quemes pólvora en infiernitos ni cobres por tu estrés emocional (y tururú-tururú).

Ai se guachan. (Aviento una cora al cielo para que el fatídico azar determine qué rucaila será la próxima poeta reseñada. En un cachete de la moneda anoto el nombre de Camelia García y en la otro el de Aurely Monraz).
-¿Qué le vas, bato? ¿Cara o cruz?
-Cruz.
-Metiste güica, compa. Vuélvela a tirar.
-No hice chapuza. Lo que pasa es que cayó cagando.
-Arre, pues. Tírala otra vez, men.

Respingos y pedernales a:
cretinadas@yahoo.com.mx
www.elcharquito.blogspot.com

No comments:

Followers