Crítica de literatura contemporánea.

Saturday, August 30, 2003

Vertedero de cretinadas

Por éktor henrique martínez

Lurdes Maldonado no fue a la escuela
La sedicente periodista y lorocutora Lurdes Maldonado, que conduce el noticiero radiofónico Claroscuro Noticias en la frecuencia jertziana 1550, AM, (despuesito que concluye el programa Estilo Informativo donde, por cierto, hace el ridículo un seudoperiodista de cultura cerril -oligofrénico y soberbio- llamado Jorge Rocha, de quien me ocuparé más adelante), al parecer no fue a la escuela. Ya que doña Lula carga su ignorancia como el Pípila su losa. Y es que la señora, cada vez que está frente al micrófono, se transforma en cotorra lenguaraz y llega a extremos aberrantes como suponer que Benito Juárez fue el personaje que enarboló la consigna de la no reelección presidencial. Me di tinta que, días antes de las elecciones del 6 de julio, la ruca entrevistó en su programa radiofónico al candidato a diputado Renato Sandoval y le preguntó al batillo cuál era su opinión acerca de pedo de la posible reelección de legisladores, citando como portavoz de tal apotegma al liberal guajaqueño. El ahora diputado, extrañado por el perol de babas que soltó la (in)comunicadora, aclaró con pena ajena que el chilo de la frase había sido Panchito Madero y no don Benito Juárez (aunque antes que el zotaquín esotérico se pronunciaron contra la mentada reelección Calleja, Colina y un tal Porfirio Díaz; y, precisamente, en contra del indio mazateco).
Es imposible desenterrar la oscuridad si no hay luz, clamó no sé qué poeta. Para no enhebrar desatinos, la doñita debería leer un poquito la historia de México.

Un curita metido a plumífero
El señor José Martínez Colín, sacerdote-periodista, ingeniero en computación por la UNAM y, además, doctor en filosofía por la Universidad de Navarra (¿esquina conqué?), ocupa una trinchera en el rotativo Frontera que ha bautizado como La voz del Papa, y desde donde avienta manifestaciones asténicas y lipotímicas. Escribe el clérigo: "Una actriz de cine llamada Jennifer Love relataba una pequeña anécdota que le sucedió en una fiesta organizada para ayudar a niños infectados" (querrá decir infestados) "con (del) el virus del sida" (domingo 29 de junio de 2003).
Según el Larousse la anécdota significa relación breve de un suceso curioso, o sea la narración de un hecho que acontece. La anécdota no puede ser ningún hecho, suceso o acontecimiento, como supone el padrecito metido a plumífero. Una anécdota no sucede, pues es algo que se comenta.
Como se ve, el curita José Martínez Colín gusta mandar al carajo la congruencia y además, aventar feas trompadas a la sintaxis. En otro artículo que publicó el mismo pápiro (domingo 7 de agosto de 2003), incurre en malabares lingüísticos jugando al tin marín de do pingüé con las palabras. Vean cómo estructura la prosodia: "El papa Juan Pablo II cuando celebró sus cincuenta años de sacerdote escribió sobre su vida un libro." O sea que el representante de Dios en la Tierra, en vez de papel, usó su propia vida para anotar en ella sus vivencias. ¿No estaría mejor apuntar que el papa escribió un libro acerca de su vida? Pues sí.

Un bribonazo de siete suelas
Hay pelafustanes que en materias anticientíficas se portan más irreverentes y guarras que doña Hermelinda Linda. Se necesita tener cerebro de amiba para tragarse el cuento que el sicólogo y doctor en metafísica por la Universidad de Indiana, sita en los Yunaites, Óscar Estrella López, sin duda un charlatán de siete suelas, urde acerca del tema de la metafísica.
José Job Flores, reportero de El Mexicuin, aguantándose las ganas de guacariar, entrevistó al susodicho en Playas de Rosarito y esto fue lo que escribió en un artículo publicado el 27 de julio de 2003: "En entrevista para EL MEXICANO -el tal Óscar- habló de la verdad de la reencarnación y de la existencia del alma y el espíritu. Dijo que estudios de la NASA han demostrado que cuando una persona muere, pierde un peso equivalente a 150 gramos." Porción de un kilogramo que, según el vivales Estrella López, es lo que pesa el alma. Y, ¿dónde la llevamos?, ¿en los güevos, en el dedo gordo o en el intestino grueso? -Sepa Chepa -mugió la calaca de José Gaos.
El doctor Oscarín, bueno para la transa, pues se gana la vida dando conferencias sobre la reencarnación, el karma, los viajes astrales y mamadas similares, empecinado en salpicar de disparates la grabadora del reportero, eructó esta otra sandez, tropel de palabras para embaucar majes: "Lo que conocemos como vida, en realidad es la muerte, porque en otro nivel de conciencia no se viven las limitaciones que tenemos en la vida" (y menos cuando uno gana un sueldo miserable y se pone bien locochón con una lata de chemo, se atasca de peyote o se fuma un gallo de moronga fina), "y allá sí se vive plenamente". (-¡Me cago en Aristóteles! -Espetó santa Teresa después de escribir el soneto Vivo sin vivir en mí / y tan alta vida espero / que muero porque no muero).
¿Qué pensará al respecto Heriberto Yépez, quien se la rifa en el birote de la metafísica? ¿No podría él poner a ese cabrón en su lugar? El grosero fraude que avienta el tal Oscarín es pastura new age para el rebaño consumista. Ya lo dijo el Yépez: A menudo confundimos la metafísica con la cursilería.

¿Homero escribía novelas?
En el pápiro el Independiente, mismo que pilotea desde Chilangolandia el canoso Javier Solórzano, la gacetillera Claudia Sánchez, ayuna de conocimiento y que al parecer escribe con el culo, en la sección de espectáculos de dicho péiper (domingo 3 de agosto de 2003), cocinó un camote titulado Troya, derroche de producción, con el cual denigró la inteligencia de los lectores. En su artículo, la jaina, empitonó estupideces como éstas: "Un imponente caballo de madera de más de 15 metros de altura -que aspira a convertirse en la verdadera estrella de la historia-, se construye actualmente en los estudios de cine de Rosarito, Baja California, para ser utilizado en la película Troya, protagonizada por Brad Pitt, Eric Bana y Peter O'Toole" (sic).
Paso a rectificar los entuertos. El cuaco de Troya, artefacto de madera, no puede aspirar a convertirse en nada, dado que es materia inerte e inanimada. A lo más que podría llegar, una vez que termine la filmación de la muvi, sería, si así lo disponen los chacas que parten el queso, figurar como un adorno, si acaso no lo arrojan de leña en algún bóiler de segundón, allá por los lares de Popotla cuando arrecie la escarcha. Y eso de que "aspire a convertirse en la principal estrella de la historia" no es más que una vil mariguanada. Ademas, el lugar donde la peli se filma no se llama Rosarito, sino Playas de Rosarito.
"Troya -continúa la autora del furcio- está basada en La Ilíada, novela escrita por Homero" (¡guau, qué culta la chamaca!) "en la que escenificó algunos de los hechos reales acontecidos en 1193 aC en Troya, territorio que pertenece ahora a Turquía." Me abstengo de seguir despeluchando el remanso de bobadas de la (in)comunicadora, el resto del artículo es basura peor.
Cualquier morro de prepa, que haya asistido a clases de literatura, sabe que la Ilíada no es ninguna novela, sino un poema extenso destinado a la recitación pública más que a la lectura solitaria; y respecto a su autoría, se sigue dudando si en realidad pertenece a Homero, poeta épico (y no un novelista), que trabajó sobre leyendas de larga tradición, tal vez elaboradas por sus predecesores los aedos, suerte de juglares que vivieron durante el siglo VIII antes de Cristo. Los hechos narrados en la Ilíada, reales o imaginarios, son anteriores (por cuatro centurias) a Homero, poeta ciego que, según se afirma, vivió durante el siglo IX, y quien se alquilaba para cantarlos. La caída de Troya es un episodio que corresponde a la parte final del poema homérico en el que se narran los últimos cuatro días de la guerra entre griegos y troyanos.
La gacetillera responsable de la nota cabulera en comento, está sumida en el hoyo más profundo de la ignorancia. Sería bueno que alguien le dijera, después de darle unas palmaditas en el hombro, "querida Claudita, porqué no te dedicas a otra cosa."

Fox vuelve a hacer de las suyas
En el mes de julio llegó México el señor Dante Caputo, director del Proyecto para el Desarrollo Democrático de América Latina que patrocina la ONU, para presentarle al tlatoani Vicente Fox los resultados de un estudio acerca del proceso democrático de los países latinoamericanos. Unos días después de lo acontecido, el inculto don Vicente puso en manos del escritor José Emilio Pacheco el VI premio de poesía y ensayo Octavio Paz; claro que el citado galardón no equivale a un simple cachivache que hará bulto en el escritorio o ropero del mariachi de doña Cristina, sino que va acompañado de una suculenta pachocha de cien mil bolas.
El poeta Pacheco al momento de tirar el rollo de rigor emitió algunas mafufadas relativas a la influencia de Octavio Paz en su formación de escritor; ya saben ustedes, lectores y lectoras, pendejadillas como éstas: "sin su presencia no puedo concebir mi existencia ni mi trabajo" (disco de aplausos). Ahora resulta que el autor de Sor Juana o las trampas de la fe (por cierto, un libro supermalísimo), no sólo determinó el futuro literario del premiado, sino que además fue quién lo parió. En el acto, don Chepino se lució aventando citas de literatos consagrados y evocó versos del autor de La Divina Comedia, apantallando a don Chente, así como a otros incultos que lo acompañaban. En el guateque había descerebrados, miembros del gabinetazo (verbigracia Sari Bermúdez, quien espetó que el libro Extraños peregrinos: doce cuentos, de Gabriel García Márquez, era una novela) y que cuchicheaban: "no le entiendo nada, pero qué bonito habla José Emilio." Y como el autor de Batallas en el desierto al soltar su verborrea chiclosa, emocionado por el viyuyu que le chillaron, omitió mencionar el apellido del poeta florentino paisano de Maquiavelo, y debido a eso, resultó que el consorte de doña Marta Sahagún se tragó la túrica de que el Dante Alighieri era el Dante Caputo, o sea el batillo de la ONU que endenantes conoció. Y si no me creen lo que les digo, guachen lo sigue:
En la columna Penultimatum del pápiro La Jornada, el viernes 8 de agosto de 2003, salió publicada una nota en la cual un testigo presencial afirmó que "en la entrega del Premio Octavio Paz, al citar José Emilio Pacheco uno versos de Dante, el presidente Fox, con el sigilo que no lo caracteriza, le pregunta al secretario Santiago Creel: '¿es ese Dante?'. El secretario responde: 'no, es otro'."
Como dice el maestro Nikito, nuestro flamante presidente tiene en su chompeta un chicharito que hace cloc, cloc. (Y como canta Paquita la del Barrio, ¡pa puras vergüenzas nomás sacamos!).

Los pápiros a veces dicen la neta
Los pápiros, en su mayoría, afirma Karl Kraus, padecen el vicio capital de no informar. Sin embargo, hay veces que la neta se les cuela. Anuncia en primera plana, aunque con letras chicuilinas, el periósquido El Mexicuin (sábado 16 de agosto de 2003), el siguiente cabezal: "Tijuana una capital mundial de violaciones a derechos humanos". A simple ojo de albañil, pareciera que lo antes transcrito es badulaque coronado de amarillismo. Pero no. La impunidad, los abusos, las persecuciones, las injusticias y demas calamidades cometidas desde la cima del poder, sin exagerar, forman un rosario de acusaciones y denuncias que podría darle la vuelta al globo terráqueo. Y de muestra basta una linda gema. En la chirona conocida como El Hongo, la libertad de pensamiento (artículo 6to. constitucional) es una mezquina abstracción, un cadáver podrido en el desván del virrey de Baja California. Resulta que en dicho penal, a los reclusos -ofcurs-, les está estrictamente prohibido leer libros, a no ser que se trate de la Biblia. En las celdas no se permite introducir más literatura que las sagradas escrituras. De esta forma tan gacha los apologetas del churro aquel que pregona "hacia un país de lectores" oprimen las nucas de los masiosares torcidos en el tari, plantando precedentes de barbarie y haciendo como que la virgen les habla. Mejor, que los batos no lean; así van a vivir más felices (dixit el tlatoani Vicente Fox).

Crosthwaite no responde
Luis Humberto Crosthwaite no ha querido responder a las varias leídas de cartilla que su colega Martín Romero, autor de La silla eléctrica y Comicópolis, ha venido aventando en páginas del suplemento Identidad del periódico El Mexicuin. Tal parece que el silencio que se guarda el escribidor del Gran Preténder obedece a dos simples razones: la primera, o a Crósguait le tienen sin preocupación las opiniones de Romero, o anda más espantado que una gallina en la vía rápida en la hora maquila (5pm en adelante).

Hoy amanecí leyendo a Laura Jáuregui
A continuación, paso a transcribir la última garnacha antipoética que la señora Jáuregui nos ofrece en al pasquín Existir (número 38), correspondiente al mesquite de agosto de 2003. Es sólo un guiño para su puñadito de lectores (pero algo es algo, dijo el calvo cuando un pelito le estaba saliendo):

El contenido semántico del texto se descifra así: media hora de placer sexual merece toda una vida de sufrimiento. Mira, Laurita: he leído tanta poesía mala que he terminado por considerarla buena. (Pero tú no te agüites, beibi. Muéstrale al mundo el tamaño de tus enaguas, que al cabo el talento sólo es una pinche sustancia del alma. (Aquí te mando este aforismo: Todos los poetas buenos de Tijuana caben en un vocho).

Gilberto Licona se la fuma verde
Animado por algún diablillo cagüilero, el publicista Gilberto Licona, dueño de la revista literaria Existir y que, además, regentea el Proyecto Editorial Panochín, a través de sus cuadernos (seis, a la fecha y uno más a punto parir), castiga a los lectores de su revista con un texto titulado . De un plumazo (o de un teclazo a la compíurer) el susodicho editor echa a la calle una pieza literaria digna de antología. Iluminado por las luciérnagas de la inspiración escribe algo que parece ser una especie de testamento (en realidad, no sé cómo llamarle a su textura sensorial). Empieza el bato con esto: "Nuestros últimos pensamientos, borrachos de silencio y risa" (¿cómo les habrá de ir en la cruda a esos güeyes?), "deciden drogarse" (¡coñetas, tío!) "inhalando extensas líneas" (¡golosos, los batos!) "de 'conclusiones contundentes' " (¡mal raux me parta!; ¿desde cuándo las conclusiones se inhalan como la cois?).
Como niño de parlar ininteligible y dando tremendos saltos en los colchones de la incoherencia, revienta en estas abstracciones simbólicas que ni siquiera el discípulo más aventajado de Georgy Lukács o Mijaíl Bajtín podría llegar a dilucidar: "Extraen" (supongo que los pensamientos) "seguridad y perspectiva (¿?) de los discursos 'gordos' que construyen los 'ministeriales ilustrados' " (imagínese, usted lector o lectora, a un policía judicial dotado de un acervo cultural que va desde Gaspar Melchor de Jovellanos a Virgilio Piñeira) "(y sus amantes reprimidos)" (¡ah, cabrón, qué no cogen como les gusta) "para justificar las afirmaciones viciadas que cierran sus ejercicios judiciales (intelectuales)" (¡putamá!).
Las maromas mentales que don Gilillo elabora son de peso completo. ¿Cuánto apostamos que no entienden lo que sigue?: "En los bordes sin servicio de la ciudad" (¡ah, cabrón!), "las raíces de la existencia miden su fuerza con el olvido desquiciante reservado para 'los otros'." (¡Quihúbo! ¿Qué les dije?). Y pa que no se crean que hay jiribilla de mi parte, va de retro este otro margallate conceptual: "Nuestros últimos pensamientos adquieren forma y se materializan en universos clandestinos" (como los de Manu Chao y Pancho Pantera): "libertad y decisión nos constituye en presencias irreductibles" (y que se reducen hasta que uno estira la pata, faltaba más). Hasta aquí llego; pues la paciencia ya se me agotó. Lo que resta de la confesión liconiana es una garbosa palabrería que provoca neurastenia. No vale la pena seguirle el rollo a don Gil; el batillo se queja como si fuera una novicia ultrajada. (-¡Madre superiora! –Dime, hija. -Ese viejo cochino metió su cosa peluda en mi hoyito! -¡Ay, Santísima Trinidad!).
¿Qué se habrá zambutido Licona para torturar de esa forma a los lectores de su magazín? ¿Unción de ácido lisérgico?; ¿masticó peyote?; ¿se fletó unas tachas?; ¿se dio unos focazos de crico?; ¿se pajuelió unas rayas de nieve colombiana?; ¿se dejó caer una madre de chiva?; o ¿se fumó un zepelín de mois sin coquitos?
Si no fue así, Licona debería avergonzarse de sus taras mentales.

cretinadas@yahoo.com.mx
www.elcharquito.blogspot.com











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