Crítica de literatura contemporánea.

Sunday, October 26, 2003

Vertedero de cretinadas

Por éktor henrique martínez

Fervor y lascivia en la poesía de Mariana Martínez Esténs

Hace poco la gacetillera-poeta Paty Blake apuntó en una de las páginas virtuales de su blog que los Cuadernos Existir estaban mejorando. Y en efecto, con la publicación de la séptima edición del Proyecto Editorial Existir el patriarca Licona se anotó un gol en el tablero literario. Después de tanta energía desperdiciada parece que el desierto comienza a fertilizar y a incubar verdaderos estertores líricos, pulsaciones de carne y espíritu que devienen en asuntos de poesía. Hasta el mismo Luis Humberto Crosthwaite lo pone de manifiesto, queriendo dar a entender que después de tanto cochinero publicado: "Ya nos hacía falta un suspiro literario que dotara de anhelos a nuestro corazoncito palpitante de lector." (Existir, 40, octubre de 2003, p. 12).
Poesía que se traduce como esencia humana de gozo y sufrimiento es la que contiene el librito de Mariana Martínez Esténs (Chilangolandia, 1979) titulado "solicito ser dulce enredadera", sacado a flote en el mes de agosto de 2003, según escribe el negro que elaboró la justificación del churro editorial, tiene como fin "fortalecer y estimular el desarrollo cultural de Tijuana mediante el apoyo a los artistas o investigadores que desean publicar su obra..." (siempre y cuando estén apalabrados con los machines).
La ruca cursó la licenciatura en ciencias de la comunicación en la Universidad Iberoamericana de Tijuana, BC, y también es autora del poemario "No tengo texto ni piel ni mirada" (UIA, 2001). Según se reseña en la contraportada de su obrita, "actualmente es corresponsal del semanario bilingüe La Prensa de San Diego, traduce artículos del idioma inglés y redacta informes para la Fundación Esperanza de México, el proyecto independiente Salvemos a la Playa y la revista electrónica dijazz.org".
La poesía de Martínez Esténs exalta el sensualismo y vivifica con ímpetu desgarrador la nostalgia amorosa. Está dotada de un arsenal donde convergen sueños, llantos, muertos, pedazos de nada, eyaculaciones, muslos, deseos, pies, nalgas, pezones calcinantes, miedos, caminos que llevan al sexo, amantes peregrinos, tristezas, orgasmos, preguntas sin respuestas...
Más de la mitad de los poemas no llevan título; son un absoluto sentimiento potencial, suaves y violentos a la vez, de textura áspera y tersa. Prevalece el erotismo como eje central, y penetra a fondo en la temática de la obrita. Parece que la sensualidad es, en palabras de la poeta, una celestial locura:

"Me eres urgente / mientras ruedo por la playa de tu espalda / para llegar ahí, a donde los cuerpos hacen remolino. / Soy tu loba Rémulo, toma de mí la fortaleza de tu imperio / colma mi sed / cabalga / cabalga / triunfa / agota / llénate de mí rebosa satura mis caderas de conquista y saliva / territorio rendido es mi piel / soy la que ama tu cuello cuando se vuelve espalda / mi corazoncito de elote tierno." (Página 27). ¡Qué leche de cabrona!

Las comparaciones son casi perfectas; la forma de lograr la variación de objetos es más que ingeniosa. Ella sí aprovecha al máximo las licencias poéticas:

"Deje tres veces que sonara tu cuerpo
y luego
lo descolgué del alma: ¿bueno?" (P. 42).

La erótica femenina de la poeta Mariana no se pierde en lirismos abstractos; sin reticencia se aleja de esos confinamientos huecos, y estalla como una eclosión de pasiones, de concupiscencia que puede ostentar hasta en libertinaje simbólico:

"Estoy en subasta / ¿cuánto valgo? / ¿cuántos sacos de arroz? / ¿cuántos kilates? / ¿cuántos salarios mínimos? / ¿cuántos puntos en la bolsa de valores? / me oxido, porque yonkeada como estoy / el mejor postor para mí / es el polvo." (Página 50).

Los elementos afectivos y emocionales que encontramos en el texto de Lazuli, donde la alegría y la pena son dos siamesas, se expresan con fluidez y belleza. La angustia, la histeria y el desasosiego se truecan en signos de vivencia, de ternura salvaje, de amor-odio, como la que se le da al amante ingrato que no se puede olvidar en un santiamén:

"Moqueo, llorando en el baño. / No porque te vas mañana / ni por las ganas enredadas / ni siquiera te extraño / no. / Lloro de susto, de hueva, de cansancio. / De saber que he estado, y estaré / aquí / una y otra vez, / nalgas y pies sobre el escusado / frío / fría / mojada / moqueando." (Página 32).

Las regiones erógenas son las más visitadas por la manola; hay evocaciones en su poesía, mejor dicho resplandores, que nos remiten a las turbulencias de Emilia Bernal, Anecta Anolles Egaña, Juana de Ibarbourou, Alicia Lardé, María Monvel y demás chuchis embriagadas en los avatares eróticos:

"Hace frío / quiero verte / quiero que llueva / quiero tu sexo y tus labios / quiero empañarnos la cotidianidad a lengüetazos / buscar tu pecho perdido / en el deseo de cabalgarnos. / No abras los ojos. / Hace frío / quiero verte / quiero que lluevas." (Página 38).

El contacto de los cuerpos ardientes impera con la hegemonía de sentimientos encendidos que no pueden sosegarse. Indigna usura de los dioses, escribiría sor Juan Inés de la Cruz al respecto. Veamos otro ejemplo:

"Desparramada el alma
con mis pezones señalándote adversos,
calcinantes,
tus dedos
se saben culpables de este cansancio inmenso." (P. 39).

Por otra parte, doña Mariana, sin abusar de los microtextos como suelen hacerlo las otroras féminas de la capilla liconiana, sintetiza sus pesares, delirios, pasiones y emociones incontenibles a través de una representación metafórica dotada de ritmo y musicalidad que no se adquiere con lecturas ingenuas, mediatizadas, timoratas y tibias, como las del Manuel del declamador sin maestro o del bodrio Cómo hacerse poeta en quince lecciones. Leamos unos poemas cortos donde la jaina derriba los códigos de la catarsis:

"Tengo frío en el alma
¿cómo le pongo suéter?" (Página 13).

"Hombres y mujeres
parecemos condenados a despedazarnos.
Prometeos recíprocos de la desgracia." (P. 51).

"Creen que soy un cocodrilo
pero no, mi boca, no es tan grande, ni tan útil." (P. 54).

En su producción de todo hay; desde una posición existencialista burlona, desde protestas a increpaciones, desde versos que abrevan de una lingüística de la peladez, hasta mensajes pletóricos de doble sentido:

"No me dejes caer,
la tentación
no salva del madrazo." (Página 26).
Sea dicho, en obsequio a la verdad, que Mariana Martínez Esténs es dueña de una expresión estética llena de energía, ardimiento y de exquisita sensibilidad que rebasa las fronteras del regionalismo literario. Ella, de espíritu abiertamente lúdico, junta sus pedazos de rabia espiritual y los convierte en poesía, a veces, desmesurada y estrambótica, y, nada tímida, en ocasiones, predica al borde de la histeria. Me limito a dar cuenta de esto que digo con el siguiente texto:

"Mi distracción consentida es sufrir por ti. / porque estás: obsesivo / porque te vas: cruel / porque te quedas: sumiso / porque te largas: pendejo / porque me pides: machista / porque me das: dominante / sufro y me enmaraño, fascinada / Mosca golosa girando en las delicias del no-huir." (Página 35).

No cabe duda que la ruca es capaz de ejercer bien su ministerio. Lo único que se le puede reprochar son leves faltas de estilo y los defectos de su poética son simplemente superficiales, casi diríamos que imperceptibles. En resumida cuenta, nos encontramos ante una verdadera poeta en razón de que no se pierde en meros juegos verbales ni fabrica ditirambos vacuos ni vanidades cucarachescas, propios de la bufonería repugnante de efebos nalgones que abundan en las cofradías literarias de hoy en día. Su obra no es la de una principiante y, debo advertir que, ninguna de las poetas de la ganga liconiana ya reseñadas tiene la estatura de Martínez Esténs. Representa la mejor carta del Proyecto Editorial Existir. (Tal parece que mister Licona está dejando ya de hacer osos y, asimismo, abandonando su condición de masoquista que a pulmón abierto pide golpes).
Texto verdaderamente literario y conmovedor es el poemario Solicito ser dulce enredadera. Y no hay duda que, por su peso cultural, habrá de sobrevivir a la quema de libros en la tierra de Miquimaus.
Quienes se acerquen a la poesía de la Mariana podrán hacer suyas las emociones que ella vierte a través de su efusión lírica, de su temperamento nervioso, y que se adhieren en el alma del agente receptor como sanguijuelas en la piel. (No me cabe la menor duda que cuando la poeta termina de hablar -escribir- su boca parece una pistola humeante).
La ruca sabe que para escribir un poema chaca, el alma se debe dejar en él. Y es que a ella sí le preocupa lo que siente el corazón, ese verbomotor de la poesía. Además, queda claro que los motivos estéticos que la incitan a escribir buena poesía no se hayan predeterminados por las expectativas del lector, pues la Mariana escribe obedeciendo sus estímulos artísticos. Y, asimismo, es de advertir que a la poeta no le interesa el rigor de la versificación, lo que le importa es expresar emociones, melancolía, esperanza, dolencias del alma y partituras abstraídas de las sensaciones del goce y el placer.
Armados con desechos genésicos (o "escatológicos", según sea la concepción) son los poemas que encontramos en su blog. Veamos éstos, registrados en dicha página web el 17 de febrero de 2003:

"Escurre el cielo
semen a cubetazos
-deseo en frío-
Me refugio en Bob Marley
invocando
una playa sin rocas
mi marea sin lodo
y a tu boca menguada: sin tormenta
Si vuelves, prometo sedar a las gaviotas." (Tormenta).

De esa impulsión de la materia pudenda surge su fervorosidad, a veces propiciada por el éxtasis amoroso, a veces por los dolores de la carne:

"Cuando hablas el mundo
calienta su esperma
y si cantaras provocarías
un orgasmo nuclear." (La voz).

El estremecimiento de la materia se patentiza con plena desnudez y se revela en metáforas agrestes:

"ah tu voz vibrando en mis
recogimientos menstruales."

Va pues mi reconocimiento inmediato para Lazuli.

Y para concluir, una pregunta y media: ¿hasta cuándo las y los poetas de Cuadernos Existir que he traído a este Vertedero de cretinadas van a seguir practicando la política de la avestruz? ¡Chingada, madre!, ¿qué son de piedra o qué pedo?
A ellos y ellas les dedico estos versitos que el buen Quevedo lanzó en arremetida contra Góngora:

"Poeta de bujarrones
y sirena de los rabos
pues son de ojos de culo
todas tus obras y tus rasgos."


Y botellita de jerez.....

Respingos y pedernales:
cretinadas@yahho.com.mx
elcharquito.blogspot.com

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