Crítica de literatura contemporánea.

Tuesday, October 21, 2003

Vertedero de cretinadas

Por Éktor Henrique Martínez

El narcisismo ratonil de Aurely Monraz Sandoval

Montando cartucho
Hoy me ocuparé de otro espécimen, sunt illi testes (o sea miembro sin testículos), perteneciente a la fauna poética del Proyecto Editorial Existir, empresa que timonea el oscuro Gilberto Licona, y donde predomina, como ya se sabe, la ginecocracia. Se trata de la licenciada en lengua y literatura hispanoamericanas Aurely Monraz Sandoval (Tijuana, BC, 1977), autora del poemario “El libro de los cuatro elementos y dos más”, o sea de los seis elementos, pa no andar con tanto pancho. Un título esotérico y ajeno a los contenidos temáticos del texto publicado en el mes de abril de 2003. El librito de Aurely corresponde a la edición número 5 de Cuadernos Existir y consta de 44 piezas letreras que van de simples frases a enunciados líricos (y no líricos) de dos, tres, cinco y hasta 14 o 22 renglones. No se hagan muchas ilusiones, el producto en comento, estéticamente está más pelón que un monte en invierno. En cuanto a calidad literaria deja mucho que desear, por su elaboración y disposición de los detalles y por la forma exterior. Por lo que toca a la versificación, no hay simetría, la estructura es libre y predomina la tacañería porque la mayoría de los poemas son demasiado cortos, casi esquemáticos y desprovistos de cesura. De acuerdo con las leyes del arte el trabajo de Aurely no tiene encanto ni fuerza de sugerencia; es vacuo e insustancial y no satisface el gusto ni contenta al oído.

Las quimeras de otros son sus rutinas
Antes de entrarle al asunto, asomémonos a la fatua feria de vanidades que Monraz Sandoval nos presenta como su pedigrí en la contraportada del minilibraco. Sólo le faltó colgarse las corcholatas, los foquitos de navidad y mencionar las vacunas de su perro y su colección de barbis. Suelto el hilo: "Cursó los diplomados de Historia y técnica cinematográfica (uabc-Cineteca Nacional) y de Gestión cultural (Conaculta). Formó parte del taller 'El acto de la memoria: edición y publicación', impartido por Felipe Ehrenberg". (Mucho gusto). "Participó" (nomás una vez) "como expositora en el encuentro 'Media and Democracy' " (en el idioma patronal, por si se duda) "y en la conferencia 'Poesía en la frontera' en la Universidad de California en San Diego". Y pa que se vea que en los pedos del pavoneo no se escatima, continuamos oreando a los cuatro vientos su currículum: "Ha participado con textos en exposiciones visuales" (¡faltaba más!) "como 'La catrina' de Felipe Contreras y 'Cachoras del desierto' del artista Alfonso Arámbula. Su trabajo visual ha sido presentado en las exposiciones colectivas 'Axis mundis' (1999) y en 'Los tesoros de Margarita' (2001)". Además, pa que se les enchueque la jeta de pura envidia, le pintamos otra rayita al tigrillo empampirolado: "Fue ganadora del primer lugar en la muestra 'La noche de los creativoros', en la categoría de diseño de vestuario por dos años consecutivos" (¡quihubo, cabrones! ¿No que no se puede ser dos veces chinguetas?). Y para que se caguen pa dentro: "En el 2001 obtuvo el primer lugar en los 'Premios cultura', promovidos por el Instituto Municipal de Arte y Cultura, en la categoría de Rock" (¿porqué rock con mayúscula?). Y guachen la modestia: "Sus aportaciones musicales" (el pendejo de Robert Fripp le viene guango) "aparecen en la compilación Motivos del sitio 29. Además forma parte del grupo de promotores de rock local 'Los de abajito' " (quienes, de seguro, tocan como 'Los de arribita'). Y el remate no podía ser más seráfico: "Promueve la cultura desde 1993" (¡jolines!), "y actualmente se desarrolla en el campo de la gestión cultural y el mercado del arte" (¡chetos con sabor a fresa!) "con varios proyectos independientes e institucionales" (los cuales omite mencionar por aquello de la piratería).
Después de leer la anterior plétora narcisista, creo que sólo faltaría escribir el nombre de la Aurely Monraz con caracteres diamantinos y guardarlo para siempre en el fondo de la conciencia. (A estas alturas, de cincho que Harold Bloom ya la debe tener inscrita en su Canon occidental). Y eso que la autora, como ella lo advierte en el prolegómeno de su cuadernillo (página 5), no se considera poeta ni buena escritora. Y queriendo escurrir el bulto apunta en sentido masculinizado (¿?): "Yo no soy un buen escritor y mucho menos un poeta...". Y circunspecta insiste: "Ahora, tres años después, sé que no soy poeta y mucho menos artista." (¡Qué tal si lo fuera!; cinchado el venado que se lleva el Nobel a su casa). Aunque pretenda mostrar recato y modoso juicio de humildad, esto de nada sirve, pues el tepache ya está regado. Y allá ustedes si se quieren tragar el sapo creyendo en la salida peregrina que ofrece la ruca, en el sentido de que no le gusta darse bombo. ¡Qué manera tan pitera de salirse por peteneras! (No es decente mamar y dar topes al mismo tiempo). Como se avizora de lo leído, a la ruca la domina un exagerado espíritu de contradicción. Pero apartemos la trompa de las henchidas ubres de la vanidad y pasemos a los despliegues verbales que estructura y destructura la poeta en “El libro de los cuatro elementos y dos más”

La poesía no es un fin sino un pretexto
Incapacitado y forastero en el hábitat poético es el escueto texto que abre el poemario (página 9); se titula “Yo”, y a pesar de que invoca el elemento sinecuanon que permite la fermentación lírica, el poemita, por así designarlo, es una insulsa y desabrida alusión de baja inspiración. Comprobémoslo: Un reflejo. El otro lado del espejo y lo que Alicia encuentra ahí hace cambiar la dirección de la luz.
“Solo” es un poema de dos renglones (página 11), donde la mina lo único que hace es obviar lo obvio: “Sin inquilinos sobre la cama, el espacio es más visible” (¡Agüevo!).
Le sigue “Buba” (página 12), una trivialidad inservible para la vehemencia, que en lugar de poema equivale a un pedazo de torva cursilona, calcada de alguna canción empalagosa berreada por Los temerarios o por el puñalito que le hizo el Loco Valdez a la Verónica Castro. Juzguen ustedes lo que afirmo: “Escucho tu llanto, persigo tus paso y tú no estás” (Tararararaaá). ¿A poco ño?
Utilizando el recurso de la personificación, la Monraz nos ofrece otra minucia cuyo ribete se emparienta con aquella vieja rola remilgona conocida como Página blanca, y que algunos nostálgicos tararean más o menos así: "Página blanca fue mi corazón, donde escribiste...." no sé qué chingados de amor. En efecto, la poeta titula su pieza como el de la rola citada y para variarlo le agrega una preposición: “Página en blanco”, y apunta en ella una conjetura bobalicona y muy trillada por escritores y poetas: “No soy quien deja de escribir, es la pluma la que en ocasiones se rebela” (Como don Quijote se le rebeló a Cervantes, como Maqroll el Gaviero se le rebeló a Álvaro Mutis y el Gran Preténder a LHC).
Hasta aquí la tal Aurely nos ha defraudado. En su elaboración no ha habido mediación creadora. Su producción es pobretona y en la lectura se vislumbra una escasa interioridad subjetiva con una tibieza de grititos sensibleros. Sus defectos son palpables y se descubren con poca diligencia por cualquiera que carezca de las nociones más elementales de crítica. Habrá que ver si la autora logra ser una buena poeta o se queda en su sueño, porque el contenido de su cuaderno no pasa de ser una simple concatenación semántica, una mimesis de caparazon vacío, reflejo intuitivo de expresión-representación. (No se trata de producir poemas como una fabrica de salchichas). Tengo la sospecha que la ruca es una socialité metida a poeta, especializada en pelearse con su alter ego, y que se inspira en traje de baño y con un daiquiri en la baisa, apilando palabras sin ton ni son, como luciérnagas sin luz, "huérfanas de calor". Pocas líneas de su texto, parafraseando a la Camelia García, tienen sabor a poesía.

Zapping cultural: Buscándole las nalgas a las culebras
No quiero ser injusto ni mala leche al juzgar el ejercicio poético (mejor dicho de palabras perecederas) de Aurely Monraz Sandoval, por lo que enseguida me abocaré a localizar, si es que existen, virtudes poéticas en los poemas de la jaina, o, cuando menos, encontrar en sus estados emocionales algunos destellos que revelen calidad lírica, aunque sea de baja escala estética y que se cuadren en un estilo propio. La intención no es echar pestes ni clavarle un clavo más al féretro del difunto. (Lo acre de mis comentarios es lo que le da sabor al pozole y las palabrotas que uso, aclaro, son un síntoma de mi coherencia ética). La función de la crítica es normativa y contribuye a elevar la condición del esteta en aras de la perfección. He aquí la necesidad del crítico literario, que debe fungir -según Christoper Domínguez- como un mercenario dispuesto a emplearse a las ordenes del ejército que escriba mejor. Por mi parte, yo prefiero pecar de culero que caer en la meliflua y estercolera hipocresía. No nos engañemos: no todo lo que brilla es oro ni todo lo que blanquea es coca. Vindicando la verdad, Francisco Zarco exteriorizó el adagio a su manera: "Quitad al mundo todo lo que es fingido, y no quedará casi nada." Todo esto se lo platico a usted, lectora o lector, porque bien puede llegar un falso poeta y tomarnos el pelo. Pero una vez detectados, ¿qué haríamos para evitar que proliferen esos bochornos perjudiciales para el arte. No lo sé, pero hace poco leí en la Historia del Buscón de Francisco de Quevedo, capítulo X, acerca de la Problemática contra los poetas hueros, chirles (vanos, aparentes) y hebenes (inútiles e insustanciales). Un sacristán lee a Pablos, personaje de la obra quevediana, una premática en la cual califica a los poetas con los mismos parangones que se adjudican a los moros, refiriéndose a los estetas como una "secta infernal de hombres condenados al perpetuo concepto, despedazadores de vocablos y volteadores de razones". Y con esta virulencia el sacristán inicia su premática, proponiendo medidas para remediar la situación de los poetas: "Atendiendo a que este genero de sabandijas que llaman poetas que son nuestros prójimos y cristianos aunque malos; viendo que todo el año adoran cejas, dientes, listones y zapatillas, haciendo otros pecados más enormes, mandamos que la Semana Santa recojan a todos los poetas públicos y cantoneros (los que están en las esquinas), como a las malas mujeres, y que los desengañen del yerro en que andan y procuren convertirlos. Y para esto señalamos casas de arrepentidos." (p. 62).

Clisé de pasión excesiva (no abuses de tu inspiración).
Pasemos pues a tirarle oclayo a los gemidos retóricos que repugiña la Aurely en su texto.
“El poeta” (página 17) es uno de los cuatro textos con mayor extensión en la obrita (de14 renglones para ser precisos). Luego luego se descubre que el poeta al que alude Monraz Sandoval es, nada más y nada menos, el mismísimo che Jorge Luis Borges. La ruca no tiene desperdicio en colmarlo de lisonjas, arrojarse a sus pies y ponerlo en un altar como santo de su devoción. Copio el poema y los comentarios que hago del mismo los encierro en paréntesis:
“Tras salir del túnel cayó la bruma de la ceguera, tiempo en el que descendió la neblina amarilla en la Argentina;” (Nel, pues al evacuar Borges de la panochita de su mamá no es verdad que hubiera perdido la vista; se quedó ciego ya de ruco, la visión la fue perdiendo paulatinamente, primero en un ojo y después con el otro sólo alcanza a videar siluetas manchas de color gris).
“los ojos del poeta ya no estaban,” (Nel, esos sí estaban; lo que no estaba era su capacidad de percepción visualizadora).
“las lágrimas empañaron los vidrios” (Nel, Borges no usaba anteojos; a no ser que la autora se refiera a los vidrios de las ventanas de la casa del poeta).
“fueron los lamentos de Buenos Aires escritos entre líneas, mensajes enterrados entre fervores e inquisiciones”, (Nel, a Borges jamás se le escuchó proferir lamento alguno por motivo de su ceguera, al menos en público no lo hizo).
“lágrimas sin ojos para el poeta.” (Que sí tenia ojos; lo que padecía era ceguera).
“¿Cómo sería el mundo en los ojos del ciego?” (Pues oscuro y en tinieblas).
“Devorador de libros que cedió sus ojos a las letras.” (Borges jamás cedió ni siquiera las pantaletas de las niñas de sus ojos y eso de devorador de libros resultaría únicamente aplicable a los ratones que merodeaban en los estantates de la biblioteca donde el che camellaba y que a falta de algún mendrugo de pan o de chorizo, los roedores se refinaban algún que otro libro).
“Quisiera haber sido la pluma que escribiera sus dictados” (Qué poca autoestima la de la poeta; ¿porqué no mejor su lazarilla? ; pues acabándosete la tinta, lo más seguro es que el che te tirara al puto bote de basura).
“nadar en tinta por el laberinto de sus ruinas circulares” (¿A poco las plumas nadan en tinta? Lo probable sería que nadaras entre papeles arrugados, toallas con moco verde y botellas vacías de vino tinto. Y eso de ruinas circulares, supongo que serían las maromas mentales -la metafísica- del che, y ¿tan jodida estaban ya sus ideas para que fueran unas ruinas?).
“Borges ciego de los ojos Borges ojos de libro.” (Bueno, se trata de metáforas).
Dejémonos de macanas y pasemos a otra mengambrea.
Quienes conocen la poética de Guillaume Apollinaire, Alcools y Calligrammes, creador de una poesía visual y de objetividad informe, libre de la lógica sintáctica y considerada como la primera manifestación antimodernista, podrán advertir que “Llanto” (página 27) es una calca desfigurada y versión deslavada de La pluie (La lluvia, también traducido como Llueve), una forma de trabajo manual que Apollinaire diseñó por medio de una tipografía geométrica de inspiración cubista. La Aurely, fusilándose la técnica apollinariana para hacer su poema, únicamente le bastó refreírse un poquitín los visajes vanguardistas. La ruca no parece empeñarse en buscar una poética propia, pero, en cambio, es muy dada a alucinar con efímeras glorias.

Lo mejorcito entre lo peor
En las páginas 14, 30 y 46 de “El libro de los cuatro elementos y dos más”, encontramos versos menguados que la poeta lanza en una sola línea. Semejan aforismos de hibridez metafórica y constituyen, creo que por su rigor y parquedad, por su ímpetu, cadencia y color, lo más acabado y digno de ser tomado en cuenta como verdadera materia literaria. A continuación los transcribo: “Poeta Mi experiencia es poesía.” “Caterpillar Soy un asesino de paredes.” “Arañas Eterna tejedora de velos de ilusiones.”
Siendo la última pieza literaria a criticar, “Mi yo” (página 37) constituye el poema más extenso de la serie (22renglones) y una apasionada tentativa creadora casi elaborada con rigor y eficacia. Su temática se reduce obsesiones verbales, a lo íntimo, a lo subjetivo. Por su connotación lúdica es el primer y único soplo de poesía que traspasa el coqueteo literario. Es un lacónico exordio mediante el cual la poeta arroja lo que le agobia, es decir los malestares de la conciencia. Me limito a dar cuenta de esta semillita verbosa y de la cual pudiera llegar a germinar una verdadera poesía:
“Me gusta sentir frío; que la piel se enchine, el techo y el piso truenen, escuchar ladrar los perros, que la soledad me abrace con su capa de miedo y la pluma se deslice en la obscuridad; escuchar el silencio en la nada y el gruñir de mis pecados.” “Me gusta dormir días completos, contemplar mis uñas color frío y que la almohada trague mi cabeza por completo.” “Amo el ocio y la buena vida, el embriagarme solo y pregonar mis amores. Me gusta sentir frío; que la piel se enchine, dormir en la cama de Bukowski y Kundera escribir sobre la pared y gritar hacia adentro.” “Me gusta morir todos los días estar solo y dormir.” “Me gusta sentir frío y que la piel se enchine.”

Con veinte poemas portadores de la carga estética y de los signos que manifiesta la anterior praxis poética, la poeta se colocaría en el umbral de la autenticidad y no en la nómina de letristas de talento liliputiense y de imperdonable negligencia profesional, pero felizmente incorporados al walfare state cultural. No hay que olvidar que la poesía es la hija consentida del ingenio y la imaginación, pero también es, según Mario Benedetti, el tuerto de la literatura, un tuerto que no será rey. Sin embargo, ¿porqué existen pocos poetas dignos de ser llamados así, ahora que la poesía es aparentemente fácil de escribir? Ni tanto, afirman pensadores estéticos: parir un niño es más fácil que escribir un buen poema. Baudelaire apuntaba en : "que un poema sólo merece su título en la medida que excita, que arrebata el alma, y el valor positivo de un poema está en razón directa de esta excitación, de este arrebato del alma."
Los textos que no abordé fueron descartados porque no merecen el gasto mínimo de papel, tinta y tiempo. Les podría sacar jugo pero... ya pa qué, como contesto a viejita cuando le pidieron el quinto.
Concluyo mi Vertedero de cretinadas con una pregunta: ¿Porqué Aurely Monraz Sandoval, siendo una chuchis (ruca, en el lunfardo de los argentinos), se comporta como un machito en su libelo literario? (Eso, eso, eso... es todo).


Comentarios y respingos:
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