Crítica de literatura contemporánea.

Friday, November 21, 2003

Vertedero de cretinadas

Por éktor henrique martínez


"Todo lo que está en otros está en nosotros"
Gustavo Flaubert



LA RABIA DE VENUS (EPÍSTOLA CIBERNÉTICA)

Con la previa autorización de su progenitora, ofrezco a ustedes una expectorante misiva que a través de un emilio me envió una lectora del blog de El Charquito. Según manifiesta su autora, se trata de una historia cargada de truculencias donde se dan la mano la realidad vulgar -callejera- y el sentimiento exacerbado de una joven escolar que precozmente -a los 14 años- se entrega a los placeres de la carne con un policía municipal de Tiyei, quien le hace trizas su doncellez, y ella, feliz como una lombriz.
Agradezco a RB que me haya concedido permiso para endosarle a mis lectores su epístola cibernética.

HOLA, ÉKTOR:
Mi nombre es Rosaura Blancarte, y los que me conocen me dicen Chagua. Tengo veinte años de edad, suficientes como para conocer las buenas cosas. Me llamó la atención la página electrónica titulada El Charquito (¿a qué se debe el nombre?). Tus Cretinadas me han gustado de sobremanera, pero lo que más me ha gustado son tus frases que golpean fuerte y se hallan en los límites de la injuria. Tomé la decisión de escribirte por que me gusta la forma en que abordas los temas, y además porque considero que eres una persona sincera, mordaz, irónica, que habla sin tapujos. Espero que sigas escribiendo con esa entera libertad con la que te expresas (¿se tiene el deber o el derecho de decir todo lo que uno quiera?). Estoy intrigada por saber cómo tomarás esta carta que te envío. Creo que no te causará sorpresa o asombro lo que ahora te voy a narrar (guardo silencio y me preparo para ver cómo empezar). Bueno aquí va, y me abstendré de dosificar mi lenguaje, es más, me extralimitaré de vulgarona: Desde que era muy chamaca me detectaron fiebres uterinas, calores vaginales, decía mi abuela. Lo que en términos de la psicología clínica se diagnostica como ninfomanía, o sea que patológicamente soy una mujer sedienta de placer sexual. A partir de los trece años me di cuenta de tal "padecimiento", si es que se puede nombrar así. Estos fulgores que no desaparecen ni se extinguen una vez consumada la apetencia, me dominan y me arrastran al desenfreno erótico. Pero aquí viene lo triste del cuadro: debido a esta irrupción de instintos primarios la "mentalidad normal" me reduce a cautiverio y me obliga a permanecer siempre bajo custodia de guardianes por "razones" de seguridad y por el bien de mi integridad sexual, mi hermana mayor y mi madre son las que se encargan de estarme echando el ojo. Sé que esa justificación que arguyen es una pinche moralina barata, una imposición falsa para frenar la contención carnal de la megaputa que llevo dentro. Como histérica, soy el deseo del que mis padres carecen. A los miembros de mi familia, ignorantes y santurrones de oficio, no les interesa mi libre albedrío. La "gente bien nacida" me tacha de obscena, pervertida, viciosa del pene, buscadora de amantes ligeros. Para evitar el bochorno, el escándalo y el descrédito de mi familia, me prohiben salir sola a la calle. Mi casa es una correccional y entre cuatro paredes mi vagina voraginosa, disponible para cualquier hora y situación, se vuelve inoperante, infuncional. Me han expropiado mi cuerpo y ahora soy el objeto narcisista de mis padres. Cuando esta supergüila se mira en el espejo ve cómo su lozanía, redondeces y carnes voluptuosas se están acedando. Navegar por la internet me ha ayudado a sofocar un poco el tedio que me provoca el cautiverio. Mi jefe dice que no debo salir a la calle por que soy una lujuriosa, eso grita cuando se prende de rabia o se amarga por equis cuestión. Busco en el diccionario la palabra lujuria y encuentro que equivale a lubricidad, obscenidad, lascivia, liviandad, rijosidad, cachondería, procacidad, salacidad, libídine, carnalidad, sensualidad, concupiscencia, incontinencia, vicio, inmoralidad, erotomanía y puterío. ¿son estas mis atribulaciones? Me aconsejan que recurra mejor a la abstinencia, al pudor, al recato, a la pureza, a la vergüenza, al decoro, a la honestidad y a la moralidad. ¿Coger es un acto inmoral? ¡Idiotas! Me sacude y me estremece el deseo de estar haciendo el amor, ayuntar sin freno alguno. Y es que cada que veo un hombre mi deseo es llevármelo (o que él me lleve) a la cama a descorchar. ¿Será mala esta apetencia de sexo que me invade a cada momento? La actividad sexual es una expresión radical de mi mundo perceptivo. Freud escribió que toda la dignidad humana con la ciencia procede de un espermatozoide y de un óvulo. He fornicado con una cantidad de machos como no tienes una idea. Y no me da vergüenza decirlo. Por el contrario me enorgullece el hecho de ser una devorado de machines. Me considero una mujer fatal. Soy bonita y, sin presumirte puedo afirmar que mis carnes despiertan la lujuria y el arrebato lúbrico. No rechazo propuesta a rechinar el catre y no he conocido garañón que se niegue a participar en mi reyerta, pues no soy ninguna liendrera fodonga, estoy buenera, y lo digo sin modestia. (Pensarás que soy una vanidosa creída, pero no leace, lo que sostengo es la mera neta).
Acabo de terminar una terapia que duró seis meses, dizque para que se me apacigüe la calentura. Mis padres me llevaron con un psiquiatra para que me diera tratamiento, pero, ¡qué te cuento!, el primer día de sesiones me lo coché, en ese pinche sofacito donde los loqueros esos acuestan a sus pacientes. El doc era un ruco (es, porque todavía no se muere el cabrón) como de unos 47 años de edad, chaparro, gordo y nariz de fresa. Argentino el güey, porque hablaba con ese pinchi tonito cagón que caracteriza a los pelotudos (sudacas). Yo creo que el pendejo es un frustrado en cuestiones pasionales porque de volada noté que jamás en su perra vida había tenido trato con mujeres. Con quebrada hasta mayate sea. Te digo lo anterior porque cuando me le ofrecí (le hice un estriptís y mientras le arrojaba mi ropa interior en la cara) en chinga se me dejó ir como perro hambriento sobre los huesos. Ni una caricia, ni un fajecito antes de las embestidas. ¡Pobre idiota! En menos de quince días ya se había enamorado de mí, y se le quemaban las habas por casarse. Viejo ridículo, se quedó bien prendis, y hasta habló con mi mamá diciéndole que nadie como él me cuidaría si se arranaba conmigo. Por supuesto que le paré de volada los tacos. Pues qué creía. Además como profesionista no pelaba un chango a nalgadas, pues el muy babotas me estaba recetando para mi supuesto "mal" un medicamento exclusivamente para hombres (esto lo supe después por boca de otro doctor, a quien, desde luego, también me dejé caimán). Lo que me recetó eran unas cacayacas llamadas Androcut, unas chochas para controlarle a los batos la afición indiscriminada al sexo.
Te comentaba que desde los trece años padezco los ardores eróticos y desde ese tiempo, nomás se me presenta la oportunidad le entro al placer de los revolcones. La primera vez que tuve sexo fue con un batillo que camellaba de chota en la Delegación de San Antonio de Los Buenos. Era un policía sarra, macuarro, porque jamás lo vi que anduviera en patrulla. Era de esos chemas que piden dinero -cuota le dicen ellos- recorriendo casa por casa, y que cuando truena alguna bronca nunca se aparecen por los rumbos donde ocurrió el pedo. (Son como los bomberos, llegan tres horas después del incendio). Al batillo la raza lo conocía con el apodo del Jos. Nunca supe ni cómo se llamaba. Pienso que José. Este güey fue quien me tronó el ejote, el que me desquintó cuando yo estaba morrilla. El Jos ya estaba peludo y gandalla, tendría en ese entonces creo que unos veintidós o veintitrés abriles, yo andaba frisando los quince (faltaban como seis meses para cumplirlos). Imagínate, se chacalió conmigo. A mí, apenas se me empezaba a calentar la pepa, y aunque estaba chamaca aparentaba más edad de la que en realidad tenía. Estaba yo muy desarrollada y parecía una jaina de 19 años. Ya usaba chichero y algunos hombres hasta me tiraban los perros. Dos tres léperos me abordaban con piropos demasiados silvestres. Yo no me agüitaba, al contrario, me gustaba que me aventaran chingadera y media: "Mamacita, qué buena estás, te la mamo sin hacer gestos", cosas así por el estilo. Yo solamente me las curaba y, disimuladamente, les movía más las nalgas para alebrestarlos. El Jos siempre que me divisaba, luego luego se dejaba ir sobre mí. Tenía rato que me rondaba y cuando había la quebrada me tiraba el sablazo. Cuando se abrió de capa yo ni la jugué y en chinga le capié con el cacharro. Ahora reviro que el bato era un saturnino. Mis jefes siempre me andaban vigilando para que no hiciera chingaderas. Todos los día iban por mí a la secundaria. No me soltaban ni un momento, pero yo me las ingeniaba para escapármeles. Pues cuando había chance me salía más temprano de la escuela y me pelaba para hacer de las mías con quien se pusiera de pechito. Un día que regresaba de la escul me topé al Jos. Me preguntó, a manera de invitación, sino quería ir con él al cine. Como soy muy aventada y no le tengo miedo al chile duro, en caliente le dije que simón. Tampoco soy muy exigente en cuestión de monos. Un trolo o un pelagatos para mí son lo mismo. Así que el estatus del galán que me cargaba no importaba, y como el Jos era un bato piojo me llevó a un mono de mala muerte que estaba en una esquina de la Calle Quinta del mero Tango. Puras películas maniaconas pasaban allí y no dejaban entrar a menores de edad. Pero el Jos yo creo que estaba apalabrado con el ruco que recogía los boletos en la entrada y después de cotorreárselo, en un iris me hizo señas para que me colara. Antes de que nos acomodáramos para guachar la muvi, el Jos me preguntó que si no se me antojaba algún chuchuluco de la marquetita que estaba adentro del cine. Le contesté que simón, que me comprara unas palomitas y una root beer. Nos metimos a la sala para tripear el churro que estaban pasando y nos sentamos en una de las últimas filas. La película que proyectaban estaba bien jodida, traqueteada y con un madral de cortes. Recuerdo que se trataba de la muvi de Flash Gordon, versión porno. Pasaron unos veinte o treinta minutos y el Os, jugándola al seductor modocito, comenzó a hacerme preguntas muy inocentonas: que si yo alguna vez me había aventado un jale como el que las morras actorcillas del churro les hacían a unos güeyes (les estaban mamando el fierro). Sin ruborizarme, y quitada de la pena, le contesté que no (aunque ganas no me faltaban, pensé entre mí). Al ratillo, el bato empezó a trabajar la víbora (según él para que yo cayera rendida en sus brazos). Me dijo que yo le pasaba un resto, que estaba muy bonita y que era una morra bien de aquellas, la más efectiva de la colonia. (Yo pensaba: este pendejo cómo la cascabelea para pedirme las nalgas). Y que se me declara. "¿No te gustaría ser mi novia?" Haciéndome la interesante le dije que lo pensaría, y entonces que me abraza. Yo ni siquiera me saqué de onda, ya me esperaba un proceder así. Como no pique cabra, el batillo que se me arrima y comienza a darme unos besitos cerca de la oreja. Yo me dejé querer. Enseguida procedió a sobar mis piernas y mientras las frotaba suavemente me besaba en la boca. Yo le correspondí, pues ¿a quién que le den pan que llore? El jale que me estaba haciendo estaba chido. Con el faje que me estaba pegando se puso bien jarioso, mejor dicho nos pusimos bien jariosos. Ya bien entrados y con la hormona estilando nos abrimos del cine y a la salida el Jos paró un taxi que nos llevó a la colonia Morelos, cerca del cuartel de los guachos. Cuando nos apeamos el Jos dijo: "Aquí vive un compa, vamos a visitarlo. (Eso era puro paro, sus intenciones no eran otras más que tronarme el ejote). Tocó la puerta de un depa y un ruco nos recibió. No sé qué madres le comentó el Jos al don que en cuestión de minutos éste se fletó una camisa y se desafanó. El Jos y yo nos quedamos solos y reanudamos el agasajo marinero. Me besaba el cuello, me dada mordiditas leves en las orejas, me frotaba la espalda y luego sus manos recorrían mis nalgas; las apretujaba y las sobaba frenéticamente. Acto seguido metió la mano debajo de mis pantaletas y le advertí que yo era cherry. Cuando escuchó eso guaché que le brillaron los ojitos (como queriendo hablar y decir: "¡Ay, baboso, mira lo que te vas comer!"). Poco a poco me desvistió y ya encuerada me recostó en una cama, que por cierto rechinaba de a madre que su ruido parecía el pío-pío de un pollito. Ya bichita, el Jos se golosiaba y me besuqueaba la espalda y yo excitadísima, fascinada como novel manceba, disfrutaba sus manoseos y restregones. Estaba encantada de estar con él. Me gustaba como me trataba. Me puse jariosa, rogándole a Dios que el bato no detuviera su faena. Desquiciada con el jalesote que se estaba aventando el perro. Me abrió de piernas y colocó sus labios en mi papaya. Yo gemía de placer con el mameluco que me estaba pegando el bato. Nada más de recordar el momento en que se bajó al agua siento calofrío y se me enchina el pellejo. Yo no dejaba de bramar a causa del deleite y el placer que él me prodigaba. Los mugidos subieron de volumen, entonces el Jos me dijo: "Ya callate, no hagas tanto pancho. Vas a alborotar a los vecinos". Antes de que me penetrara hicimos el 69. Pasaron más de tres horas, y ni en cuenta del tiempo que duramos matando la rata. Después de que terminamos de cochar le caímos a la col, y el güey, nada pendejo, para no meterse en broncas y lo fueran a torcer, me dejó a dos cuadras del cantón, diciéndome que le cayera yo primero al chante. Cuando llegué a la cantona guaché que mi jefita me estaba esperando con una carota que parecía birote. Bufaba del coraje la ruca, estaba superemputadísima. Conocedora de los pedos en los que yo andaba, rápidamente se dio color que a su hija ya le habían rajado leña. Tal vez se dio tinta al ver mi manera de caminar, no podía cerrar las piernas al dar los pasos, el güey me dejó abierta. Mi jefa se la malició en chinga y se arrimó hacia mí y, ya de cerca, me estampó una cachetada guajolotera. Estilando de coraje, gritaba barbaridad y media, mientras yo estallaba en llanto. Después de unos putacazos más me cuestionó enciscada: "¿¡Dónde andabas, hija de la chingada!?" Creo que ganas no le faltaron de estrangularme. Descargó su ira propinándome putazo tras putazo, y hasta que se cansó dejó de surtirme jiricuazos. Esta sigue siendo una de las formas más idóneas que aún prevalecen en nuestra sociedad para expiar las culpas y pecados. Pasado el primer round me bajó los calzones, casi me los arrancaba de un jalón, y empieza a pasarme revista. Auscultó mi panocha y al darse cuenta que la traía más floreada que el hocico de un boxeador derrotado por nocaut, qué me deja caer otra tanda de madrazos. Tan cabrona estuvo la lluvia de camorrazos que no paró de trompearme hasta que no se le cansó el caballo. Para no hacer más largo el cuento, sólo te diré que a causa de la tremenda recia acabé soltándole todita la sopa. Guacarié la neta, confesándole que el bueno había sido el Jos. Y se armó un pedotote mundial. Al pobre cabrón se le arrancó bien machín. Mi jefa, que parecía que iba a reventar de lo enchilada que andaba, agarró el foneto y se comunicó con un tío que es licenciado (para serte sincera: un pinche coyote que no terminó ni la primaria y que se la pasa estafando gente afuera de la cárcel de la Ocho), y le suelta todo el borregazo con seña, pelo y detalle (y con las hipérboles de rigor). Mi jefe andaba en el Otro Saite, por eso mi tío el abogánster fue quien meneó todo el birote para que se enchorarán al Jos. No sé que le dijo el ruco a la jefa que al cabo de un rato ya estabamos en el ministerio público. Minutos después que nosotras arribamos al MP, apareció mi tío cargándose una jetota de poca madre. Su cara de cínico leguleyo tornose en un semblante arriscado. Se sentía el muy indignado (claro que nada más aparentaba). ¡Cómo si se lo hubieran cogido a él! Una gorda cacariza de pelos pintados y de estropajo que atendía en la recepción de la agencia ministerial nos pasó a un cubículo donde se encontraba un ojete con cara de perro fingiendo que trabajaba. Era un pinche traumado que lanzaba miradas perdonavidas, prepotente hasta no poder. Un pinche acomplejado que se la nalgueaba de muy machín, gato que se las daba de chaca. Me preguntó que cómo sucedió el merequetengue. Yo se la canté en los mismos términos que a mi jefa. Ya que escuchó el rollo que le aventé, entonces comenzó a teclear en una máquina la cagada que me tío y mi jefa aventaban sobre la calaca del Jos. Que fui mancillada, que me había violado y pendejadas así por el estilo...
Una vez que el mamón integró la denuncia me condujo a un cuarto mugriento que, según esto, era el flamante consultorio de la ginecóloga adscrita a la Procuraduría de (in)Justicia. A ella le tocaba revisarme el chocho, perito declaraba ser. Una vieja prieta metida en unas zapatillas de cabaretera, más anacrónicas que doña Mary Castaña y vestida con unas garras que provocaban pena ajena, parecía que las había comprado en la tienda de segunda el Montecito. En el instante que abrió la geta para disparar su alegatos, junto con las palabras salió de su hocico un tufo con hedor a coladera. De seguro la ruca tenía madreado el hígado o, la puerca, se atracaba de tacos de suaperro y los empujaba con un chesco, de seguro no tomaba ni siquiera medio vaso agua durante el día. Muy chinguetas ordenó que me quitara los calzones, luego me abrió de patas y revisó mi animalito. Con un instrumento parecido a un compás efectuaba cálculos alrededor de mi puchi y moviendo el artefacto en forma circular realizaba trazos imaginarios, emitiendo balbuceos incongruentes. Posteriormente concluyó con unos garabateos en una libreta. Vieja cochina, ni siquiera guantes usó al manosearme, y todavía firmó un documento con una pluma que dejó impregnada de olor a pescado. Habiendo finiquitado el asunto con la sedicente ginecóloga, me pasaron con una dizque psicóloga para que dictaminara mi estado emocional, como víctima (jajajá) de la supuesta violación que le enchaquetaron al pobre diablo del Jos. La tipa se cargaba una cara de arrabalera que no podía con ella, le salía lo puta hasta por los poros. A leguas se notaba que era una nalgasprontas (¿cuántos judiciales se la habrán parchado?, pensé). Más pendeja que la vieja anterior, me preguntaba mamadas que ni al caso venían. Yo le contestaba más agüevo que con ganas. Tres horas duramos en ese pinche embrollo burocrático.
Antes de que llegáramos al cantón el chisme ya era del dominio público, vox populi. En todo el barrio, gracias a la desenvoltura de los vecinos labieros, la farfolla se expandió como flamante primicia, y no cesó hasta pasados varios meses. El mismo día, mejor dicho unas horas después, que se armó el pedotote el Jos, al hacerse sabedor del asunto, se volvió ojo de hormiga. Tenía plantón de puercos afuera de su casa. Los juras lo andaban taloneando para enjaularlo por violín. Nunca más lo volví a guachar. Dicen que el bato se fue a Los y que jala en una gotera despachando gas. Que se arranó con una gabacha.
Yo siempre me acuerdo de él porque fue mi primer bato, el que me tumbó el sello *

Discúlpame. Mi carta se ha hecho demasiado larga.

PD: Sólo me quedan dos salidas: la vía del autoerotismo como medio de encontrar de nuevo mi cuerpo ultracargado o el suicidio. (Continuará).


MANIFIESTO


Yo por loco te tenía
Pero no tan declarado
Sor Juana


Traigo la inspiración congelada en los testículos
En los labios
Una funesta risa de espantapájaros
Mi garganta es una jaula fonética
Mi patria
Una página web
Soy aparte de carne
Un pronombre singular
Que canta como gallo ronco
Escribo en primera persona para no comprometerlos
Aquí estoy
Eyaculando mi locura en la vagina del mundo *



CUATRO TANKAS (FOGONAZOS DE INTUICIÓN)

I
El vientre fecundo
Que me parió
Es una bolsa
Estéril y arrugada *



II
Me gradué
De poeta
En la calle *

III
He trocado
El amor
De una mujer
Por la literatura *



IV
Al fin de cuentas
Qué cosa es la poesía
Sino un desecho del alma *



DICHTUR

ÉSTA NO ES UNA CARTA
Ésta no es una carta
Mas qué importa
Si pudiera ser
una explosión de alivio
Una queja, un desdén
Un trozo de uña sucia
Un tiempo malgastado
Un zapato de la Cenicienta
Un corazón de piedra
Una jauría famélica
Un mar embravecido
Ésta no es una carta
Será lo que ordene el corazón
Lo que digan mis ojos
Mis caprichos, mis sueños
Mis oraciones borrachas
Ésta no es una carta
Es un encargo que no he cumplido *

**
A la mujer que me ama
No puedo ofrecerle amor
Sólo gruñidos
Versos malos
Muy malos
Los últimos besos
Que dejé en sus labios
Han desaparecido
Yo no sé si a usted
Le agradan mis poemas
A mí, no
Me gusta contemplar
Cómo parpadean las estrellas
Ni diez hombres juntos
Pueden poner de pie a la poesía
Me sigue dando vergüenza
Decir que soy poeta
Mi casa está amueblada con palabras
Pero es muy triste no tener
Una musa con quien meterse en la cama *



**
Ayer me puse muy sentimental
Y casi lloré como una niña
La soledad siempre llega por las noches
La ciudad duerme
Estoy insomne
Mis huesos ya no se pasean por la ciudad
No pierdas tu locura
Tus hijos algún día la van a necesitar *

Éktor Henrique Martínez


HUMO

CADA vez que inhalo el humo de un cigarrillo camel lights recuerdo al americano. Asistíamos juntos al taller de poesía en el colegio estatal de Portland. Él estaba en su tierra. Yo era estudiante internacional. Al catar el humo se desató una adicción placentera que a durado muchos años. Fumábamos antes y después de la clase. Él era una persona amable. Un poco inseguro de sí y usaba motocicleta como medio de transporte a pesar de las constantes lluvias de la región.
-¿Juan, conoces a Wendy?
- Sé quien es, pero no he tenido el gusto de conocerla.
Wendy era la chica más bonita de la clase. Una rubia con cuerpo perfecto para un bikini. Ojos azules.
-La embaracé -dijo Jim.
Jim era un tipo alto y rubio. Como esos actores que protagonizan en las películas a los soldados alemanes de la Segunda Guerra Mundial.
-¿Es tuyo el bebé, Jim?
- Creo que sí.
-¿Qué van hacer?
-Ella quiere un aborto.
-¿En serio?
-¿Y tú, qué piensas? –pregunté, mientras inhalaba el humo de uno de los cigarros que Jim me regaló.
-No quiero que aborte.
La voz de Jim denotaba un dolor palpable que yo no sentía, pero sí entendía. El humo de nuestros cigarros se disipaba con la lluvia de Oregon.
Me di cuenta al comenzar el trimestre del curso que tomaba, que Jim empezó a frecuentar a Wendy. Jim fue rápido. La embarazó. Sus esfuerzos estaban amenazados. ¿Sería indiferencia de Wendy? ¿Acaso ella tenía miedo a un futuro de incertidumbre? Sentí el tormento de Jim y eso también a mí me consternaba. Traté de ser comprensivo y solidario con él. Aunque no estaba apto para este tipo de situaciones.
-Te invito a mi casa, Juan. Un asado con los mejores licores. ¿Qué tal?
-Estoy ocupado, Jim. Tengo que hacer algunas cosas en la casa de mi patrocinador.
Creo que Jim captó mi mentira. Sin embargo se portó bien.
-No hay problema. Tú dime cuando puedes, ¿okay?
-Está bien, Jim.
Esa fue la última vez que nos vimos. Al estudiar la situación más a fondo, comprendí que Jim necesitaba un amigo. Alguien con quien beber, comer y conversar. Una persona para compartir sus penas. Yo estaba demasiado preocupado con asuntos superficiales como fornicar con mi novia y conducir a altas velocidades el carro deportivo que me proporcionó mi patrocinador. Yo era un egoísta insensible con un corazón de piedra. Si tuviera una maquina del tiempo la usaría para viajar al pasado y aceptar la invitación de Jim. Comer y embriagarnos para burlarnos de la sombra del siniestro pesar que lo agobiaba, en caso de que llorara por el posible hecho de no conocer a su pequeño retoño; le daría ánimos: "Mantengamos la esperanza". Aún no es demasiado tarde, amigo. Salud, y que todo salga bien. Pensemos y esperemos lo mejor del futuro".

Juan José Martínez © 2002




CHARLES BUKOWSKI



¿ASÍ QUE QUIERES SER ESCRITOR?

Si a pesar de todo
no sale de ti como una explosión
no lo hagas
al menos que salga, sin reclamarlo,
de tu corazón, tu mente, tu boca
y tus vísceras
no lo hagas
si tienes que sentarte horas
mirando fijamente el monitor
o encorvado sobre
tu máquina de escribir
buscando palabras
no lo hagas
si es por dinero
o por fama
no lo hagas
si es porque deseas
mujeres en tu cama
no lo hagas
si tienes que sentarte
y editarlo una y otra vez
no lo hagas
si pretendes escribir como alguien
olvídalo

si tienes que esperar que salga como
un rugido
entonces espera pacientemente
si nunca sale de ti como un rugido
dedícate a otra cosa

si primero se lo lees a tu esposa
a tu novia o novio
a tus padres o a quién sea
no estás listo

no seas como tantos escritores
no seas como miles de personas
que se dicen escritores
no seas aburrido, fastidioso y engreído
que no te consuma el amor propio
las librerías del mundo
duermen en sus bostezos
por tipos como tú
no te incluyas allí
a no ser que salga de ti
como un cohete
a no ser que tu letargo
te arrastre a la locura
al suicidio o al asesinato
no lo hagas
a no ser que el sol que llevas dentro
te queme las entrañas
no lo hagas

cuando llegue el momento de verdad
y seas elegido
eso aparecerá por sí mismo
y así continuará
hasta que mueras o fenezca dentro de ti

no hay otro camino

nunca lo habido *

Charles Bukowski






SO YOU WANT TO BE A WRITER?

if it doesn't come bursting out of you
in spite of everything,
don't do it.
unless it comes unasked out of your
heart and your mind and your mouth
and your gut,
don't do it.
if you have to sit for hours
staring at your computer screen
or hunched over your
typewriter
searching for words,
don't do it.
if you're doing it for money or
fame,
don't do it.
if you're doing it because you want
women in your bed,
don't do it.
if you have to sit there and
rewrite it again and again,
don't do it.
if it's hard work just thinking about doing it,
don't do it.
if you're trying to write like somebody
else,
forget about it.

if you have to wait for it to roar out of
you,
then wait patiently.
if it never does roar out of you,
do something else.

if you first have to read it to your wife
or your girlfriend or your boyfriend
or your parents or to anybody at all,
you're not ready.

don't be like so many writers,
don't be like so many thousands of
people who call themselves writers,
don't be dull and boring and
pretentious, don't be consumed with self-
love.
the libraries of the world have
yawned themselves to
sleep
over your kind.
don't add to that.
don't do it.
unless it comes out of
your soul like a rocket,
unless being still would
drive you to madness or
suicide or murder,
don't do it.
unless the sun inside you is
burning your gut,
don't do it.
when it is truly time,
and if you have been chosen,
it will do it by
itself and it will keep on doing it
until you die or it dies in you.

there is no other way.

and there never was.

Charles Bukowski






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