Crítica de literatura contemporánea.

Tuesday, December 02, 2003

Vertedero de cretinadas

Éktor henrique martínez


Sobre la casta matrona Amaranta Caballero y sus meninas


"Sí, que me coja,
hoy no diré que ambos cogemos,
hoy quiero ser la mujer de abajo
y él, arriba, la mujer a la que se la cogen"

Rocío Boliver


"...yo no quiero a las mujeres para consejeras ni bufonas, sino
para acostarme con ellas, y si son feas y discretas es lo mismo
que acostar con Aristóteles o Séneca o con un libro,
procúrolas de buenas partes para el arte de las ofensas"

Pablos, Historia de la vida del Buscón
Francisco de Quevedo


Estaba yo muy ocupado manoseando el sabroso culito de una clienta a quien le estoy tramitando el divorcio; acariciaba impúdicamente su panochita por encima de la ropa y pellizcaba suavemente sus pezones; y ella me sobaba los güevos con frenesí, cuando me llega el borregazo que, tardona y defectuosamente, ciertas gordas aficionadas a las letras, y valga decir engalladas, activaron su derecho de réplica contra la calaca de un servidor, y no por motivos grandes, sino por una simple bagatela que escribí días pasados. Me refiero a la pedorrera que soltaron en sus blogs las rucas Amaranta Caballero, Margarita Valencia Triana y Karla del Carmen López Vagas, por haber criticado las mentecateces que publicaron en la hoja literaria LA LíNEA.
Y quiero enmendar un craso error por mi cometido, pidiendo disculpas a quien corresponda, toda vez que mi opinión pecó de excesivamente benigna al considerar que el trabajo de estas féminas tiene el valor cultural de propuesta vindicativa de la mujer, etc. Lo acepto, me equivoqué al creer ingenuamente que tal era su postura, y, en honor a la verdad, rectifico que en realidad esas pobres morras no son más que unas bobas sin conciencia, unas babiecas incapaces de pelar un chango a nalgadas en asuntos literarios. ¡Qué barbaridad!, ¡qué manera de respingar! Bien lo decía Zola: La literatura de estetas muere por su propio egocentrismo. Las nenas se han puesto a reñir y van a perder. Con este ramalazo -el primero- se retorcerán como un reptil traspasado por una flecha. Ha llegado la hora de descrimarse: el patán les dará una lección a las heroínas, ahora su matrona mayor -la fea y aburrida- las ha bautizado como las ninyas. (¡Hazme el fabrón, cavor!).
Hubiera sido muy interesante -para no decir mórbido- ver rabiar a estas chicas fresas y pequeñoburguesas, vestiditas al estilo Rigoberta Menchú y cargando en sus morralitos libros de superación personal, de elevación de la autoestima y de la morena Angela Davis, cuando hacían sus pucheros. Vana ilusión la mía. Pero en fin.
Las nenas berrearon y chorrearon bilis porque le di una rasuradita a su producto literario. Y este fue el comentario que les puso los pelos de punta y los ojos de hiena cogida en el lazo:

Y hablando de heroína
Sienta un precedente en el mundillo cultural un pliego híbrido (mitad cartel, mitad documento literario) intitulado La Línea (Año 1, número 1, verano de 2003), donde figuran como matronas Amaranta Caballero, Cristina Rivera Garza, Norma Iglesias, Elizabeth Maier y otras "heroínas" institucionales y no. Según se lee al margen de dicha publicación, "La Línea es la voz de un proyecto que comienza en el extremo noroeste de la Frontera de México-Estados Unidos. La Línea es un reflejo de un grupo diverso de mujeres jóvenes" (no obstante el pleonasmo, yo supongo que quisieron decir: un grupo de diversas mujeres), "no solemnes" (¿?) "y activistas en diferentes disciplinas. La Línea es una publicación que conjunta la plástica, las artes visuales y la literatura".
De la lectura de los textos de las rucas que ahí colaboran se deduce que algunas de ellas -muy pocas, para ser optimista y no decir ninguna- saben bien de lo que escriben, otras solamente se limitan a regar datos inanes. Como el asunto amerita un comentario más amplio, sólo destacaré algunos aspectos y en su oportunidad, toda vez que la edición de marras requiere ser atendida en forma extensiva, después le dedicaré un Vertedero completo.
Para empezar diré que el título del pliego suena a cliché ya desgastado, pero, al menos, sus contenidos temáticos no están salpicados de cursilerías, mitotes y mafufadas; aunque, eso sí, hay un texto donde su autora, Margarita Valencia Triana (Tijuana, BC, 1980), descarga pujos de filosofastra. En cuanto a la expresión del género poético vemos una pobreza lírica, tanto de calidad como de cantidad, apenas dos poemas que dejan mucho que desear. El peor texto corresponde a la señorita Karla del Carmen López Vargas (Mexicali, BC, 1978), y aunque bien articulado, su narrativa es tan light -por no decir boba- que no pasa de ser un simple estuche de palabras, suerte de tortura síquica derivada de un feminismo ortodoxo que se lamenta de su castración fálica (la envidia del pene, diría Freud). Su único valor radica en el estridente embate verbal con el cual le hace fuchi a las telenovelas y de paso a la relación marital. Considérese la siguiente desconfianza marrullera: "Me enferma pensar que las hijas de mis primos crecerán para convertirse en sufridas lloriconas o en promiscuas equívocas. Me enferma ver a las amigas que se casaron por razones equivocadas, por creer que el príncipe azul las salvaría de sí mismas, que todo sería lindo al final de la telenovela de su vida (dos de tres están divorciadas ya). ¿Qué, pues: le apagamos a la TV, hacemos huelga de telenovelas, o le seguimos dando al dolor de vivir?" Pero si la felicidad no es una moneda corriente, mi vida. Así que no amenaces con ese puñal de Otelo. Te pareces a una amiga mía que vive tan friqueada por la puta soledad que, cuando está en su casa y se tira un pedo, se pregunta: "¿Quién estará tocando la puerta?" Otra fémina de nombre Tanya Abril Castro (Tijuana, BC, 1976) cabalga por los mismos rumbos de la tal Karlita.
La mejor pieza literaria que contiene el pliego reseñado es la que lleva el título pochoñol de Sweet dreams con canderel; es una especie de monólogo-cuento-testimonio escrito por la licenciada en derecho Raquel Brayda (1968, Matamoros, Tamaulipas). Conclusión: Un costal más de papas en el tianguis cultural, un producto más de gallinas con espolones y prófugas del metate (antihéroes del capitalismo salvaje, si se prefiere) que se hunden cada vez más en el pantano del elitismo. Atávica ginecocracia que alucina enemigos imaginarios, dominada por un exagerado espíritu de contradicción (sus antiguos ídolos de infancia y adolescencia -padres, tíos, maestros, hermanos, novios- ahora solamente inspiran burla y desprecio). Enervado feminismo snob que confunde alfombras persas con pañales. Producción pobretona e incapaz de entrar en comunión con la doxa; literatura hecha desde la academia y no desde las trincheras de la vida. Su único valor (no literario, aunque sí cultural): propuesta juvenil de militancia vindicativa de la mujer y oposición férrea a los particularismos retrógrados de la sociedad patriarcal y machista.

Las ungidas yupis, pregoneras de un feminismo althusseriano, supuestamente relacionadas con el mundo de las letras y los juegos florales, responden a mi artículo Y hablando de heroínas (blog del domingo 21 de noviembre, 2003) con opiniones insulsas que pecan de bobas. Las manifestaciones pestilentes vertidas por las manolas no tienen más valor que un pedo de zorrillo, y se ofenden porque en mi libelo medro contra su sentimentalismo estético y diletantismo panochero (peor sería la procaz indiferencia y, una vileza, negarlas como escritoras). Hasta la reseña estulta o nugatoria es buena para el escritor. Pero ellas no comprenden este birote; pues casi me responden con estas palabras: "Mira, cabrón, aceptamos todas las críticas, siempre y cuando, ¡puñetas!, sean elogiosas." ¿Qué esperan del crítico?, ¿que sea un regente que las canonice? Sepan que el crítico no es el pastor del rebaño literario, sino el lobo, mamacitas. El crítico no destruye el prestigio de un escritor, aunque se lo proponga, lo único que consigue es lacerar la vanidad. Y ese fue el efecto de la anácrisis correspondiente.
Días antes de que hicieran valer su réplica, una de las chuchis anotó que mi reseña, tocante al pergamino que publicaron, era pura verborrea, palabras vacías. Sin embargo dichas palabras no estaban tan vacías como se supone; pues tuvieron sus efectos o secuelas colaterales: las rucas picaron cabra y les entró el cilindro. ¡Respondieron!; con destanteos y torpezas, pero lo hicieron. ¡Qué bien! Son las primeras en respingar; y ese es un dato, al menos para mí, histórico.
La "poeta empírica", Amaranta Caballero (con el puro apellido traiciona a su sexo), haciendo agujeros en el aire refuta sin refutar, emitiendo cacareos que no le hacen ni pizca de provecho en el aspecto lo concerniente a la crítica del pliego LA LíNEA. Así, pues la ruca prefiere urdir payasadas, imponer mamadas esperpénticas y portarse con una obscena frivolidad, al son de tambores, cornetines, llaves y cornamusas. Igual que sus comadres, esquivó tratar el asunto de fondo, y muy chistosita se tiró al chachalaqueo desbozalado queriendo bailar un jarabe tapatío sobre mis huesos. En vez de rebatir la cuestión de fondo, decidió irse por la senda estercolera: mofarse en lo personal, o sea que se dejó caer sobre mis barbas y aventándome güevos podridos. Su estratagema farsesca de nada sirvió; lejos de contravenir con eficacia y fundamento mi crítica, acabó escupiendo espesas y pegosteosas mafufadas. Creyó que mofándose así, echaría por tierra las argumentaciones que fundamentaron la reseña del libelo que madrotea. (Hubiese sido mejor que sus puñeteras manitas no agarraran la pluma o golpearan el teclado de la teta vidrio).
Lo que la caballera Amaranta dijo de mí no tiene validez, son palabrejas que se pudren, se desmoronan y desaparecen en menos de lo que un caramelo tarda en desaparecer en la puerta de un kínder (ella dirá que me ha zurrado y que estoy espantado como si me persiguiera el jinete del Apocalipsis). Un loro imbécil hubiera sido más inteligente. Se engaña si cree que con su befa y sarcasmo barato podrá ocultar su mendacidad literaria, su mongolismo prosopopéyico. Intenta suplir su talento liliputiense retomando algunas frases que consigno en mi Vertedero de cretinadas, tales como "duendecillo aguafiestas", "mentira dogmatizada", "nadar a contracorriente", etc. Pobrecita, se sueña literata y es absolutamente incapaz de distinguir las fronteras existentes entre la metáfora y la retórica. ¿Porqué no refuta con tino mis increpaciones? Sencillamente porque carece de una contrargumentación rigurosamente válida. Pero una vez desatada su fruslería, ésta resulta incontrolable y no detiene la marcha hasta no ser consumida por un fanatismo retrógrado o la metafísica boba que le escurre al redactar su infame talacha. Me explicaré: cuando escribo que "no sé hacia dónde me conduce la literatura" significa que ante el poder de la imaginación -al narrar alguna historia o crear una pieza poética-, el escritor no sabe en qué puerto anclará el barco literario (la literatura te puede dar todo o te despoja de lo que más quieres). Echando mano del dualismo de Antonin Artaud, cabe otra interpretación planteada como interrogante: ¿a quién debo seguir, al revolucionario o al loco?, ¿soy amo o esclavo de mis palabras? Citando a Jorge Semprún podría preguntarme: ¿La literatura o la vida? Cuando digo que asumo la condición de un "duendecillo aguafiestas", en definitiva parto de una metáfora; doy a entender que a través de lo imaginario pretendo reconstruir con la literatura una pretérita infancia, de la cual es imposible desligarme. Porque, como Rostand escribió: la infancia es la patria del escritor, y un poeta más cercano -Eduardo Mosches-, en su libro Molinos de fuego (Verdehalago, México, 2003), lo expresa con este portentoso lirismo: El incendio en la infancia ha dejado brasas para mi muerte. La literatura -asunto serio, valga afirmar- es el territorio donde yo verdaderamente me siento como si fuera un niño. Ahí soy dueño de mis compulsiones. Ni el vejete más amargado podría evitar tal retrospección.
También la "poeta empírica" al ejecutar sus payasadas, utiliza la burla fallida como absurdo mecanismo de defensa para escurrir el bulto y darle sabor a sus pendejadas, disimulando con ello sus arrebatos de marioneta impotente (como chamaca burlada sexualmente que escupe su rencor y coraje sobre el agresor, a quien desea castrar). Saca de frases que escribo en mi critica tales como "nadar a contracorriente." En definitiva, he dicho que prefiero nadar a contracorriente. Ella no entiende el sentido de la alocución (o ¿se hará pato?). Para poner alto a su tonta especulación, regodeo y digresión, diré que yo con mis propios güevos labro mi prestigio literario y no deambulo por la fangosa vía donde transita la atribulada especie rufianesca con la que se codea, que piensa que su islilla es la única que existe (grotesco imperio de Sancho Panza). Antes que intelectual de postín que langarea las migajas de oficialismo cultural (por cierto, un cebo al que resulta difícil resistirse); por el contrario, yo prefiero refugiarme en la espesura del anonimato. Número libre, sin servir nadie. Construyendo la vida con retazos de alegrías y sufrimientos; viviendo dentro de una camisa luida y un pantalón desgastado; guiado por la ley de los instintos, como un animal puro que no ama ni odia. Nado a contracorriente por las mismas razones que lo hace Pedro Palacio. He aquí lo su actitud, a la que yo también me entrego para destronar la inercia: "Quiero entenebrecer la alegría de alguien. / Quiero turbar la paz del que está tranquilo. / Quiero deslizarme calladamente en lo tuyo para que no tengas sosiego."
Lo que han escrito como réplica del comentario que hice respecto del papelucho abortado por las manolas elitistas que integran "la voz de un proyecto que comienza en el extremo noroeste de la Frontera México-Estados Unidos" y que intitulan LA LíNEA (año1, número 1, verano 2003), huelga decirlo, no es más que un costal de voces muertes, manifestación de un rancio feminismo que solamente alcanza proyección entre contertulios, ay, perdón; quise decir contertulias clasemedieras. Advierto además, quien ose criticar a estas leidis será estigmatizado de machista y misógino, entre otras linduras; aunque en realidad se trate de un cuestionamiento serio.
LA LíNEA es un pliego o cartel que, en una de sus caras, presenta 5 textos en forma articulitos y narraciones; tres poemitas (llamarlos así suena arriesgado); una descripción de sinonimias del vocablo línea que figura como editorial, y con cabezal titulado Heroínas. La otra cara del pliego -espacio desperdiciado- no contiene textos y en ella hay una imagen de una ruca feminista. El contenido literario de LA LíNEA, trabajo exclusivo de varoncitas, es el resultado de una lucubración metafísica sellada con la patente de los estertores feminoides que se reducen en imitación, adaptación, extensión o degradación del feminismo ochentero. Sus huéspedes, como ya dije, son morras profesionistas, es decir con grados de licenciatura, proclives al diletantismo literario y al progromo verbal. El pliego en comento corresponde al primer número (verano de 2003), cuya edición despide un fuerte olor a ginecocracia, y si acaso el panfletillo llegara a colmarle la paciencia, no repare en usarlo como matamoscas, pues su lectura, a excepción del texto de Raquel Brayda, es como un gorro dormir. Desde un quimérico universo, fraguado en tertulias, reuniones académicas y capillas culturalonas, las féminas lanzan sus paroxismos histéricos. LA LíNEA deviene en literatura de género, elaborada por madmuaselas, en escritura chatarra, monótona y tediosa que ni siquiera con la intervención del Diablo alcanzará a juntar cien lectores (y me dejo mamar la verga si acaso sobrevive a una segunda edición). En el referido pliego podemos hallar acarreo retórico, puerilización de la realidad, sentimentalismo ramplón, anecdotario pasatista, problemas conceptuales, miopía sectaria, mimetismo local, lirismo decadente, escasa proeza lingüística, protestas, increpaciones y grititos sensibleros. Y todo gracias a que las escribidoras que lo engalanan dan rienda suelta al alocado burro de la verborrea.
Empezaré cortando la primera flor, o sea que abordaré las minucias líricas que nos ofrecen las poetas (tres raquíticos poemas). Transcribo a continuación la única pieza letrera que se incluye como texto de la ecuánime Amaranta Caballero. (El nombre del poemita es un cretinismo agudo: Perfección). Dentro de los corchetes haré el comentario que sea pertinente.

En el cuenco de una cuchara: todas las ansias
Ahí sostienes ecuánime la felicidad
Igual cuando sacias la sed con el cuenco de tu mano

[La sedicente poeta, según ella, describe el proceso mediante el cual el heroinómano se fleta su chingadera. Seguro que ella jamás, ya no digamos se ha picado la vena con chiva, ha presenciado la acción de un tecato de pincharse carga con una erre. Para el jaipo la droga que se ministra no puede representar una felicidad, como supone la niña Amaranta, y menos que esa felicidad sea al mismo tiempo ecuánime. Por favor, ubícate. Tocante a lo expresado en símil que emplea la esteta, ¿en qué periodo histórico se centra?, ¿en la época en que el hombre no inventaba aún los vasos? Díganme ustedes, ¿a quién se le ocurrirá beber agua empleando una de sus manos como recipiente? Y además, debo aclarar que una mano no tiene cuenco; pues vemos cómo confunde la poeta la palma con la cuenca]

El gran cuenco de la Tierra no derrama el mar
Y los cuencos en tu cara contienen los dos globos blancos
(esas cosas líquidas desde donde observas
y te enlazas con el mundo)

[La imagen del primer verso no guarda relación alguna con los subsecuentes renglones. A no ser que por causa del impacto de un meteorito y de otros fenómenos se originen tales hendiduras, la Tierra carece de cuenco, a no ser que sean oquedades o concavidades. Además no es el mar el que se derrama sino el agua que en él se contiene. La cara tampoco tiene cuencos, quizá pretenda decir que son las cuencas; pero estas corresponden al cráneo, no a la feis. Y esa metáfora de dos globos blancos es más chafa que la chinteguas. Y los ojos tampoco suelen cosas líquidas, son órganos sólidos, un poco acuosos, pero no líquidos. ¡No manches, mija!]

En polvo, soluble y poderoso
El goce que con el fuego, hierve

[Otro disparate más de la Caballera. Cómo se advierte que ni siquiera ha visto la heroína, ni la conoce. Pues ésta, a no ser que se trate del caballo -heroína sintética que sólo circula por Europa-, la chiva de aquí no es polvo, sino pasta color marrón (de cincho la guachaste en la película Pulp Fiction, y del churro ese sacaste tu inspiración, muñequita). Por otra parte, no es admisible que la heroína sea goce que al fuego se hierve. Lo que sí constituye el goce viene a ser el efecto que produce la ministración de la droga; mientras el adicto no se la meta, es incongruente hablar de goce o disfrute. ¡No te claves en la Biblia, beibi!]

Pequeño, mínimo volcán. En erupción
La riqueza se filtra por el ojo de la aguja:
camello entrando al paraíso

[El primer verso: sin comentarios. Bobería de lo más ambiguo. Ahora, ¿por qué riqueza? Por el contrario, esa puta droga deja a los viciosos en la vil ruina; y lo que se filtra por el mentado ojo no es más que mierda, y tú hablando de riqueza. Y el camello, a no ser que se trate de animal con joroba, en España así llaman al vendedor de esa loquera; aquí, puchador, tirador, aventador, díler, etc. Y ese pinche paraíso no es tal, los techados saben que es un pinche infierno. Puras jaladas]

La sangre se agolpa y dibuja las venas magníficas,
Ríos por donde corre bulliciosa la eterna algarabía

[La sangre no dibuja nada, a no ser que se encuentre fuera de las arterias y manche una trusa, sábana, o lo que sea. Y además, las venas del locochón ni son magníficas ni la chingada, pues con tanto piqueteo desaparecen y tienden a ocultarse. Y esa eterna algarabía es más efímera que un orgasmo. Además, la droga de la que habla es un sedante y no un agente provocador de euforia, por tanto es mentira que cause euforia. Más jaladas. ¡No mameyes que son plátanos, jani!]

Tus pupilas se dilatan Heroína, se d i l a t a n
Desear tanta muerte en un sólo cuenco.

[A no ser que pretenda sucidarse con la jeringa, un tecato nunca anhela morir en el acto en que se ministra el veneno. Y ese cuenco, debo suponer que se trata de una cuenca. ¿Por qué no te dedicas a otra cosa, primor? Tal vez quieras remendarle a tu abuelito los calcetines rotos de los talones y de los dedos gordos, o prepararle a tu nana un atolito de maicena. Tu poema está construido con una sintaxis que causa urticaria; la prosodia que empleas es demencial. El poema no tiene ciclo de conclusión, no está cerrado, por ello no seduce al lector. Es una pieza huérfana de lirismo, sin intensidad emocional, sin vigor, sin cadencia. Los versos no describen una íntima expresión; lo que comunica la poeta no es vivencia inherente a su sensibilidad; se nutre de ambientes ajenos]
Y luego te enojas por que te critican.

El pliego LA LíNEA registra dos poemas de la periodista y poeta Dolores Dorantes (Ciudad Juárez, Chihuahua). Su poesía es fría y sin vigor; las descripciones que proyecta son esquemáticas y no alcanzan una auténtica dimensión lírica; no hay soltura intuitiva ni frases evocadoras; su lenguaje es pobre en recursos estilísticos; nula la adjetivación y carece de efectos sonoros. La poesía es de poco aliento y destreza estética. Copio uno de los poemas de la señora Dorantes:

En vela
desvelada
sin velo que la cubra

Arena en blanco
no todo lo que brilla

en el muro de vidrio
en el fondo del muro
junto a la hoja-lata

(la arena encendida)

De molino las manos
que cortan
sirven
ciernen
no todo lo que brilla

Y aquí concluye la primera parte de la incursión a los avatares de las manolas en cuestión.

Cuando fui a dormirme me vino el recuerdo de la clienta, la futura divorciada, la que intenté cogerme sin lograr mi cometido. Mi ruca me preguntó en quién pensaba, y le contesté que en la tanga y el brasier negros que llevaba puestos, y que me volvían loco. Su delicada y hermosa cosita, rodeada de pelitos graciosos, palpitaba en busca del dios pene y babeaba como el hocico del caballo que acaba de tomar agua. Enseguida enredamos nuestros cuerpos y nos pusimos a cochar.






Dios y el Diablo

La bóveda celeste es un mar de lunares relucientes
Amanece y Dios enciende su cigarrillo en la lumbrera del Sol
Exhala y esparce las cenizas por las arterias de la ciudad
El Diablo no tarda en apoderarse de la colilla que arroja el Altísimo
Ya tenían mucho tiempo sin verse las caras, sin batirse a golpes
¿Quién de los dos habrá de salir triunfante?
Un ángel asexuado -castrado- me informó de le pelea
Algunas vírgenes lloraban de angustia
Los querubines iniciaron la rechifla contra el Diablo
Un ejercito de brujas cuidaba que ninguna monja trajera crucifijo
Súcubos detenían en seco a las beatas y les arrancaba los rosarios
No había espacio donde poner pie, la gente se arremolinaba
Los pugilistas a empellones lograron subir al ring
El auditorio incluye lo más granado del bien y el mal, las flores y las bestias
Clérigos y pecadores cruzan apuestas (es difícil saber quien ganará)
El medidor de aplausos no marca cuál es el favorito
La incertidumbre y la impaciencia salpican el ambiente
Es un privilegio que un país pobre como el nuestro sea la sede de la contienda
Ha sido elegido porque es el lugar donde existe mayor cantidad de sueños rotos
Hoy dos entidades poderosas contienden y la pelea no es un mero capricho
Su objetivo es darle a la humanidad mejores expectativas de vida
El sonido ensordecedor de una alarma anuncia el combate
Dios lanza el primer golpe que parece un cañonazo y el Diablo embiste con furia el siguiente
Onomatopeyas de alta fonética traducidas en soc, soc
(Yo tenía la idea -falsa- de que Dios no era pendenciero)
La multitud se ha alborotado y empieza a gritar como si fuera una solo voz
Dios ha mandado a su rival dos veces a la lona y al parecer no se quiere levantar
El referi inicia la cuenta: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis... siet... pero el Diablo se alza
Y empieza a castigar a Dios contra las cuerdas, pero éste lo arremete con puñetazos en la cara
Le martillea el rostro y corren hilillos de sangre
Dios tiene el ojo derecho cerrado y por su nariz chorrea un líquido carmesí purpúreo
Qué paliza está recibiendo el Creador del Universo
Hasta la multitud se queda silenciosa y abatida
Suena la alarma como un alivio
En el siguiente asalto Dios se dispone a sacudirse el descrédito (su cara está hinchada)
Con sus puños se va directo a la boca, proyecta tiros hacia la mandíbula y después al vientre
El Diablo gime de dolor y luego cae sobre la lona
Dios lo mira satisfecho mientras el referi inicia el conteo que pasa de nueve y llega a diez
Dios ha ganado y el Diablo -que a duras penas se levanta- huye y desaparece en la oscuridad
Las beatas le curan las heridas y los herejes le dicen que por poco y no libra
El Diablo es muy duro para ti, señor -arguye con coraje alguien que ha perdido una apuesta
Dios solamente ríe, sabedor de que no es una lengua la que habla, sino una serpiente
Cuando veas al Diablo, avísame cómo le quedó la cara -dijo Dios
Buena paliza le dio -espetó una monja impertinente que escuchaba el diálogo-
-Es usted bravo, señor -Usted también -dijo Dios, y se calló
Pero la novicia no quedó conforme e inquirió: ¿qué vale más, ser buena o ser mala?
Por supuesto que buena -respondió Dios, cuando se dirigía al vestidor
Si yo fuera buena me moriría de hambre -replicó la muchacha
El mundo es malo y está lleno de mierda -y usted perdone mis palabras
La vida es un calabozo lleno de ratas y gusanos que carcomen mis esperanzas
Y sólo dejan para mí el hambre y un sentimiento desgraciado
Si usted no me otorga dones ni virtudes, entonces dígame ¿de qué puedo vivir?
Y le responderé con franqueza: de puta, albergando penes variopintos en mi vagina
Por eso la pobreza es también sinónimo de maldad
Yo quiero ir con Dios pero los jueces que rigen mi destino me mandan con el Diablo
Por eso el uno como el otro para mí son lo mismo -los dos cantan la misma canción
Mis hijos son cuatro y no los puedo mantener trabajando de obrera
Nací sufriendo y después de parir a mis cuatro vástagos jamás supe dónde quedó mi alegría
Por tal motivo pienso que este mundo es una mierda
Una vez que casi muriendo, todos mis amigos asistieron a la supuesta despedida, menos tú
No viniste porque no quisiste, o porque andabas ocupado en tus negocios de redención
Te busqué por todas las rendijas y agujeros que tiempo atrás habías alumbrado
Nunca apareciste, quedándome yo triste igual que un borracho despechado
Cuando lloraba, parecía que el mundo se derretía con mi llanto
Mas la suerte un día tocó a mi puerta (yo no tenía más hogar que un cielo lleno de nubarrones)
A las diez de la noche, sucia y maloliente a semen rancio, me acosté en la banca de un parque
Iluminada por la luz de la Luna apretujaba mis sueños, mi único patrimonio, etéreo como la nada
La cuidad se acostó junto conmigo (y que es una maravilla dormir con gente a quien no le importo)
Muy temprano un policía me levantó a patadas, no quise pelear con él y me marché
A puntapiés en mis nalgas estampó los buenos días, así me saludo el gendarme
Yo llevaba las estrellas y la Luna pegadas en el trasero
El recuerdo de sus hijas se apodera de ella y acelera el paso para besarles la frente
No quiero que se prostituyan y acaben en desgracia como la vieja pintarrajeada de su madre
El cielo y el infierno son ciudades vecinas, no las separa más que una bruma de polvo gris
En el primer sitio me tratan como una dama, en el otro como una ramera (me gusta este último)
Prefiero el infierno porque en el lugar que habita Dios dormiré con ángeles asexuados
¡Y qué frío hace allí! -y hasta la peor puta se vuelve allí una fría doncella (ahí no valen las caricias)
En el infierno hasta una mujer de cien años puede dar a luz
Parece que Dios no quiere trato con los pobres, solamente los usa como escupidera
Hace el mal creyendo hacer el bien, el Diablo actúa en forma contraría *




















































No comments:

Followers