Crítica de literatura contemporánea.

Monday, December 15, 2003

Vertedero de cretinadas

Por éktor henrique martínez



Lorena Cienfuegos: la niña que ha parido poemas de humo





Yo tengo escondida en mi casa, por su gusto y por el mío, a la Poesía
Y nuestra relación es la de dos apasionados...
Juan Ramón Jiménez




El crítico en vez de apocar al poeta lo impulsa a ser mejor

La mayoría de los poemarios que ha publicado el Proyecto Editorial Existir exhiben poca consistencia estética, son un rejuego de desperdicio poético. Quienes parten el bacalao en Existir parecen olvidar que la creación literaria exige responsabilidad y pericia (creatividad e imaginación). Con excepción de tres cuadernos, los poemarios instituidos por Gilberto Licona son obritas que apenas -o todavía no- llegan a constituir auténticos trabajos literarios. Bueno, creo que subestimo, por tanto corrijo: algunos ya revelan ciertas tendencias hacia ese campo, y para ser preciso, sería la mitad de dichos productos. En graduación de calidad que va de menor a mayor, odiosa jerarquía de la virtud, podríamos fijar el siguiente parámetro, a efecto de ponerle el hidrómetro a los tubérculos (que en términos de vulgata significa medirle el agua a los camotes): Patricia Blake, Roberto Navarro Camacho, Mariana Martínez Esténs y Lorena Cienfuegos. Éstas -y el varón- son quienes nos ofrecen las propuestas más decentes. Las restantes -Camelia, Laura, Aurely y Teresa- no se irriten si mi obstinación divide, porque vistos sus antecedentes y en razón de sus impulsos creativos, nadie dude que sus materiales expresivos adquieran verdadera poeticidad en un futuro no muy lejano (me parece que Jáuregui lo está logrando, y como veo el asunto lírico, posiblemente rebase a la Paty Blake, pues la autora de El árbol, afectada por un facilismo huero, últimamente se ha dedicado a cultivar la imprecisión, la inconsistencia y la banalidad; en cambio Laura mejora su arsenal poético; como Prometeo que robó a Hefestos y a Atenea el fuego y la habilidad). "La gran poesía -afirma el master Juan José Saer- es el resultado de una elección del dolor, una búsqueda, una disciplina de la extrañeza que lo borra todo, que consume el mundo, lo sumerge en la oscuridad y lo rescata lavado nítido para una historicidad más alta, menos primitiva. En rigor de verdad, la poesía es 'hecha por todos' porque la poesía está en todos." Para encontrarla no necesitamos darle la vuelta al mundo caminando por abstracciones y senderos metafísicos. Está muy cerca de nosotros; y si no la encontramos, entonces consolémonos con estas palabras de Baudelaire: "¿Para qué buscar tan lánguidas bellezas / más allá de tu cuerpo querido y de tu corazón tan dulce?"
Si nos gobiernan tipos malos, cretinos y mediocres hijos de puta, ahora, ¿por qué un poeta no puede tener ese mismo talante? Su conducta no puede ser más reprensible que la de esos pillos demagogos (aunque hay reptiles que, gracias a panegiristas y aduladores, quieren subir al Parnaso). A un poeta le exigimos excelsa virtud y censuramos con severidad sus errores y extravíos, obligándolo a tirar a la basura o al fuego sus poemas. La corrupción y el mal gusto permean por doquier. Y aborrecido el poeta, su descrédito lo traslada a la poesía, ensanchando su estigma de cursilón y marica, y cuya actividad es inútil, toda vez que no reporta ganancia al pragmatismo hegemónico (el comercio y las musas son incompatibles). "Un poeta, -dice Guerra Junqueiro- si no siente lo que en derredor tiene, lo concreto y vivo, con mayor fuerza que lo lejano y abstracto, será cualquier otra cosa, pero poeta, no."

Mi mala leche es ahora cajeta de Celaya
A partir del cuaderno 7, Solicito ser dulce enredadera (2003), poemario de Mariana Martínez Esténs, El Proyecto Existir da un viraje de 180 grados situándose en aproximaciones serias de la literatura. La capilla liconiana que selecciona los trabajos a editar, tal parece que ya no deambula por el camino de los desatinos. Me atrevo a decir que el Proyecto trata a sus lectores como ciudadanos con derechos y ahora sí les manda algunos soplos de poesía. Sus libracos comienzan a alejarse de la burundanga y el solipsismo, y dejan de ser supositorios seudoculturales, sensiblerías baratas, muestras de desvíos léxicos, efímeras patochadas y palabras apiladas sin ton ni son.

A las pruebas me remito con los pelos de la burra en la mano
Para confirmar la evolución y el saneamiento líricos del Proyecto Existir, presentamos el arranque del poemario # 8, intitulado La complicidad del humo (Tijuana, BC, octubre de 2003), obrita de LORENA CIENFUEGOS, y que constituye uno de los dos trabajos con mayor peso –estético y literario- en la colección de los citados cuadernos (la cubierta es mejor que la de todos los anteriores y hasta el apellido de la autora es una metáfora). Su poesía no es una grandeza (y con las miserias culturales que cargamos, menos); su estilo, en evolución, aún no está definido como firme expresión, pero es de verso incisivo y ágil: "Encuentra un sitio en otro ombligo." Con sus leves tropiezos, la palabra es manejada con cierta destreza, sin someterse a envolturas artificiosas: "si no vuelves, me corto, / uno a uno, / los dedos hasta desangrarme." Escritura cuidada, con buen tino y sensibilidad: "Estoy cansada de fingir, / muerta desde hace tiempo." Lenguaje directo que oscila entre lo poético y lo coloquial: "Dichosos los que cogen. / Dichosos ellos que van de cama en cama." A veces matizado con tecnicismos: "Aborto del átomo / lengua cuadrante." Vertiginoso y dinámico que no se detiene en la contemplación porque el verbo es velocidad, acción pura: "No me arrastres como si fuera un arce, / Abandóname. / Ve en busca de un cuerpo / dispuesto a darte asilo político." La estructura conformada por acumulación de imágenes, asociación instantánea de ideas [La lluvia salía de su boca, las cosas • la vida se rehusa a ser pequeña], transposición sensorial, emanación de símbolos [océano estéril • el tiempo es un misil], visiones alucinadas [Ningún sonámbulo saldrá a recibirte], en ocasiones surrealistas, oníricas [Una mujer desnuda pone a secar un rostro], dislocación sintáctica que invierte la lógica, frases elípticas e inconclusas [virgen visceral de ecológica inocencia • estaba muerta, / sorda, / infectada de ti].
Toda una síntesis acumulativa de elementos que deambulan entre lo lírico y lo prosaico, sincretismo de ensoñaciones románticas, ficciones simbolistas, residuos del vanguardismo, manifestaciones patéticas del postmodernismo y nomenclaturas tecnocráticas.

Ha llegado el momento epifánico
LORENA CIENFUEGOS es una esteta que, no obstante su corta edad (22 abriles), posee una solvencia poética; novel hacedora versos, maneja con ingenio la cosa etérea que llaman poesía. Echo a ojos del lector su pedigrí, mismo que se transcribe en la contraportada de su librito. Son datos breves expuestos sin visos de pedantería: "Lorena Cienfuegos nació en la Ciudad de México el 9 de mayo de 1981. Vive en Tijuana desde 1989. Estudia el último semestre de la carrera de comunicación en la Universidad Iberoamericana. Es autora del poemario Diálogos del fuego (Ediciones Lobos de mar, Tijuana, 2003). Actualmente coordina los Viernes literarios en la Casa de la Cultura de Playas de Tijuana." Lo que debe ser: ni faltan ni sobran palabras; están vertidas con modestia y sencillez, y en contraposición a la soberbia de muchos tertuleros, vedetes, y traficantes de cursilerías, que ya piden la mirra y el incienso, simplemente porque han ganado algún certamen literario con poemas de temática diluviana: la patria, la paz, el amor, la fe y demás idioteces. Decía Antonio S. Pedreira (San Juan de Puerto Rico, 1889-39) que "lanzar al mundo esas paparruchas al son del tiple y la bordonúa es como dar un cheque sin fondos." Cuándo entenderán los poetas de postizo que la categoría de esteta no se adquiere mediante una currícula solapera o una inmensa mole de palabras, infladoras del ego, sostenida en los pilares de la vanidad y en el hueco desolador de la nada. Bueno, basta ya de digresiones (o como espetan los retóricos: de digressio excursus) y prosigamos en con el asunto.
40 poemas en verso libre, distribuidos en 56 páginas, contiene el folleto La complicidad del humo; son textos que anuncian la madurez y equilibrio que alcanzará más tarde la poeta. En la página 5 hay un texto breve a manera de preludio, donde la poeta hace acto de presencia ante los lectores utilizando el paralelismo como adorno y la personificación como figura contenedora del tema central del discurso: una ciudad llamada Cienfuegos. Allí la poeta se representa telúricamente sirviéndose de su apellido, connotativo del poder de combustión que se expande en hogueras, incendios, lumbreras, flamas, brasas y ardores. Incandescencias que acaban paliadas en humo y que estarán presentes a lo largo del corpus poético en una pluralidad de partículas conceptuales como gas de las cocinas, cigarro, mirada calcinada, tierra humeante, voces quemadas, bombardeo, hornos, explosión de gaseras, hecatombes, dinamita, estufas, cremación, sol, cirios, tungsteno, butano, carbón, estallido, explosión atómica, gasolina, campos minados, velatorios, misil, crematorios, ceniza, infiernos, fusiles (¡ufff!).
Metafóricamente, la poeta es fuego cuantificado y su producto literario, complicidad del humo. Entre el fuego y el humo existe una relación de contigüidad, una conexión dinámica espacial, es decir un vínculo real del sujeto-objeto, poeta y expresión poética de la memoria y los sentidos, pero también la palabra fuego, según la simbología espiritualista representa el castigo para los pecaminosos: arder en fuego eterno. Reproduzco el texto:

Una ciudad
repartida entre miles de manos.

Una ciudad que es todos los rostros.
Una ciudad abierta como un grito.
donde los muertos caminan sobre el agua
para esquivar el incendio.

Una ciudad, Cienfuegos.

Dicen que en ella empezó todo...


Como podemos ver, en el prolegómeno de la obrita se marca la intuición de la poeta hilvanando figuras retóricas como el símil, la metáfora y la imagen, aunadas a las que ya he mencionado. El despliegue de los recursos estilísticos no es casual ni arbitrario (así lo quiero pensar), Cienfuegos arma el discurso poetico con armonía y conocimiento del ministerio que ejerce. Y no es que ella sea mejor poeta que las estetas matriculadas en Licona Poetry School; todas están en sus comienzos literarios, sus balbuceos así lo confirman, la diferencia es que Cienfuegos tiene conciencia de un principio más profundo de lo que es la poesía.
El librito inicia con Todos los ciegos eran sus ojos (p.9). El título vislumbra la figura de la antítesis o juego contrarios, ideado a la manera sorjuaniana; pero el texto se estructura con imágenes dislocadas que parecen fluir de la escritura automática, improvisadas desviaciones que se apartan del grado cero produciendo lo inesperado y que conllevan a lo absurdo y la ambigüedad de estructuras (no lingüística) del discurso, pero la poesía actual tolera porque la desviación es considerada como "hecho de estilo" (Jean Cohen). Por su estructura, el poema tiene forma cercana al surrealismo y al universo vallejiano (claro, me refiero a los poemas en que se elude el control de la conciencia). Copio un fragmento:

La lluvia salía de su boca
como el olor a gas de las cocinas,
como un océano verde ensordecido.

La vida es un ininterrumpido gargajo
La poeta nos da a conocer un estado de ánimo que exterioriza un profundo sentimiento de malestar por los problemas del mundo, y a grito poético de inconformidad se resiste a aceptar un estado de cosas que lacera, degrada y destruye. Sus poemas expresan un sufrimiento existencial, pero también de sus palabras se desprende un juicio crítico, de oposición ante lo inhumano. Para ella las expectativas que depara no son halagadoras; por eso el caos de palabras que nos ofrece, también representa el caótico sistema irracional en todos sus niveles, y no pocas veces de manera tosca y antiestética. Nuestra poeta no se sienta en los cuernos la Luna y perder el tiempo hilando versitos sublimes y candorosos que, una vez perfumados, se guardan en estuche de terciopelo. No, ese devaneo artístico sería una farsa. Su poesía se nutre de los signos procedentes de un realismo brutal, de ayer y hoy, de cualquier parte; la relación espacio-temporal no importa. De las contradicciones se obtiene lo poético, ficción de lo real y de lo irreal. En los poemas de Cienfuegos vemos una temática amplia: complot, secuestro, asesinato, hambre, guerra, miembros mutilados, devastación nuclear, éxodo hacia las morgues o crematorios. Cualquier dimensión de la vida, sea trágica, mítica, fantasmal, grotesca o surrealista puede tener cabida en las composiciones de Lorena Cienfuegos. Se apresura a fijar los parámetros porque "la vida se consume en un grito" que "se sabe tan breve como un momento de neurosis." Y la sustancia de la vida, ¿qué es para la poeta?

Es un concierto disconforme
de ronquidos y quejas
donde el grito se sobrepone al colapso,
donde el llanto se confunde,
con el bramido de las ambulancias
y la ciudad se hunde
en una grotesca competencia de gemidos.
(In Memoriam)

Y todo esto contrasta con el ímpetu de alegría, y no es para menos que nuestra heroína se hunda en el pesimismo que no ofrece más salida que "volver al útero", último "refugio de suicidas." Desgarrada, desorientada y con una nausea existencial que lacera el alma, recurre a la evasión, pero no quiere arrojarse sola al vacío, intuye que su enraizamiento está en la vida:

Deberíamos morir
de
dos
en
dos,

para
multiplicar
los
Infiernos.

Dice la poeta que en la vida convergen fuerzas que dominan y hacen pender de un hilo, nuestros destinos, un mecate débil del cual, inclusive, "se mece el alma tranquila como en cunita de niño", agregaría Goethe. Y hasta la acción más repugnante puede constituir una de esas fuerzas condicionantes; por ejemplo un delincuencial trueque que exige un execrable plagio.

Este es un secuestro
no una pelea de box
ni una partida de ajedrez...
Se descarta el pánico
las primeras planas en los periódicos
el llanto detrás de las piedras
como un impedimento tácito.
Nada es lo que parece.
Sin distorsiones
ni los medios manipulando los hechos
las cosas resultan tan simples
como morir de un resfriado.
Quizá es tiempo de hablar del rescate...
o quizá es tiempo de hablar del tiempo.
En el fondo
la vida se rehusa a ser pequeña.
Por eso, manejamos la muerte
con la confidencialidad de un secreto de Estado.
Nadie quiere morir, eso es obvio,
pero esto sólo es un simulacro;
empecemos por el principio...

El amor que no se parte no se comparte
Después del idilio y culminado el éxtasis el fulgor de la pasión se extingue; una vez que los amantes han cumplido con sus imperativos sexuales ¿qué sigue?. Cuando el tibio nido se enfría es porque los arrebatos de la carne agonizan en la intimidad de la alcoba. Y ¿a los enamorados qué destino les depara? Serán unos animales tristes que, amargados por los sinsabores de la vida, ya no padecerán más esa locura celestial que llaman amor. La amada se desprende del amante, intuimos que por fastidio o desamor (tal vez nos equivoquemos y sea por otras causas), y se marchará con el deseo de arrojarlo al abismo del olvido. Mientras el amante, en tanto no cure el mal de soledad, sus sueños se reducirán a nostalgia. Y, ¿quién de los dos quedará más herido? No sabemos, la poeta-amada solamente anuncia en su muestrario de confesiones (p. 45) la ruptura y la dualidad olvido-recuerdo:

Cuando te hayas fumado el último cigarro
y la cama sea un deshuesadero
una coalición de espermas y ceniza
me iré
como recién salida de una anestesia.
con la puntualidad policiaca de los culpables,
con el cansancio,
de una mujer que ha parido diez hijos,
tratando de ocultar la insatisfacción,
las estrías,
las manos rotas
después del embargo...

Te olvidaré en una oscuridad de crematorios
en la sala de un aislamiento preventivo.

Me iré extranjera,
con el desapego de cuatro mil indigentes
sepultada en una soledad de escritorios.

Me llevaré el miedo que descantilla la pintura de las casas,
las risas cansadas que salen de los burdeles...

Seré un gemido en la garganta de los pájaros,
virgen visceral de ecológica inocencia,
arrojada al exilio.

Quedaré en ti,
como el grito queda en los estadios.

Es impetuosa la descripción de las imágenes y categorías simbólicas que hace la poeta en el texto ya citado; su materia temática reitera la visión de Baudelaire, sintetizada en Las flores del mal: vivir es un dolor. El poema se estructura a través de la versificación libre y dinámica; el discurso fluye a partir de un estremecimiento anticipado del placer (cama-deshuesadero) y que conduce a la angustia (me llevaré el miedo, grito), la soledad, el olvido (exilio, te olvidaré en una oscuridad de crematorios) o el recuerdo efímero (quedaré en ti / como el grito queda en los estadios). El primer párrafo, conectado directamente con las dos líneas finales, y prescindiendo de las estrofillas 2, 3, 4 y 5, bastaría para darle unidad y efectividad estética al poema.

Soñé que una hormiga y un elefante hacían el amor
Una de las piezas de mejor calidad que consigna el poemario La complicidad del humo, es sin duda Septicemia (p.20); poema erótico trazado desde una vertiente simbólica, cuya alquimia conceptual obliga al lector a descifrar los ardores de la carne y las explosiones del coito. No obstante la fuerza de la concupiscencia, como materia sensual del poema, se abre paso en el discurso de la poeta. De la lectura se advierte que el primer párrafo del poema, por la metáfora indescifrable y por ser discordante con el resto de la enunciación, merma el trabajo de Cienfuegos. Sin ese escollo o piedrita en el zapato, el texto entraría derechito en al santoral literario. Transcribo el poema en cuestión:

De pronto fue evidente,
un incesto nuclear
de proporciones térmicas.

La cama ardió como un desfiladero.

Tenía un pájaro en la boca
que palpitaba y gemía.
Aventaste el mar.
Yo sonreí como un árbol.

Mi sangre corrió
entre todas las catástrofes
estaba muerta,
sorda,
infectada de ti...

Hoy el mar amaneció con sed y, yo, llena de tí
En el librito de Lorena Cienfuegos hay poemas con estrofas inconexas que no alcanzan a constituir la unidad o asociación intrínseca, por lo que algunos segmentos del discurso poético son susceptibles de exclusión. Así, determinadas unidades sintácticas, por carecer de relación consecutiva respecto de otros conjuntos versales que conforman el poema, pueden ser extirpados de su contexto e integrar nuevas unidades o pequeños poemas. Este proceso de separación es factible cuando un poema fue elaborado en trozos, debido a que el poeta lo escribió en diferentes estados y tiempos emocionales. Por tanto, el aislamiento de estrofas no vulnera la unidad del texto, porque una composición poética es de naturaleza intuitiva y ondulante, es decir se adapta a los movimientos líricos del alma, en combinación con los sobresaltos de la conciencia. Además su forma no es rígida, como sucede con otros géneros donde hay intriga o trama. La poesía se encuentra siempre abierta a la arbitrariedad y sus límites son la imaginación y la sensibilidad. Si usted, lector o lectora, corta un poema en varios fragmentos, éstos podrán subsistir por separado; y es lógico que algunos trozos no tendrán viveza ni efectividad estética, pero en otros, fluirá la savia poética. (Dicho al margen: este proceso de escisión me recuerda la idea de los gnósticos y de ciertos epígonos de Schopenhauer que imaginan a los seres humanos como fragmentos de un dios que se destruyó para no ser).
De la obrita en comento escogeré algunas estrofas y, digamos, sin mediar permiso de la autora, como futileza experimental procederé, por vía de extracción, a efectuar la transcripción de algunos segmentos de La complicidad del humo.


[...] vemos llegar infames,
en harapos que no ocultan
su escasez de mingitorios,
el dolor
que con el tiempo
se les vuelve recitativo... (p.50)

No soporto el silencio ajeno,
pero me gusta tu silencio;
lacónico y fulminante. (p. 47)


No me arrastres como si fuera un arce.
Abandóname.
Ve en busca de un cuerpo
dispuesto a darte asilo político. (p. 36)


Cómo se ve que la muerte
no sabe lo que es la muerte. (p. 33)


En tus ojos he visto
la complicidad del humo
también
he visto practicar el vuelo
[de] las gaviotas. (p. 32)


Un amigo mío se ahorcó porque no entendía la poesía
La poeta exclama, con furor, versos en los que se percibe una angustia radical, una postura desafiante y autodestructora. En la pagina 28 de La complicidad del humo, Lorena Cienfuegos se luce -y lo afirmo sin exagerar- con una efusión verdaderamente literaria. La autora se desdobla en un modelo femenino que, con una fuerte dosis pasión agresiva, chantajea emocionalmente a su amante para que no la abandone; y cuando esta estratagema no surte efectos, sin titubeos ni reticencias, decide, entonces, desgarrarse el sudario, inmolándose de la manera que sea; abrirse canal y extraer de sus venas la última gota de sangre o sacrificarse subiendo a la hoguera como Juana de Arco. La obcecación no tiene límites: antes prefiere morir que vivir sin su hombre. Pero él, en cambio, como prisionero, le exige a su carcelero lo imposible: la libertad.
La temática del poema se reduce a lo íntimo y con palabras llanas y precisas, el estado de ánimo de fluye sin artificialidad y sin vuelos místicos. No me parece excesivo conjeturar que este poema, de acuerdo a mi particular opinión, representa el mejor texto de la obrita cienfueguina que tengo en mis manos. A continuación lo reproduzco:

Si no vuelves te anticipo una masacre,
una matanza indiscriminada de ballenas,
un causal desbordamiento del Pacífico,
bombardeos quirúrgicos
con la precisión de todas las ecuaciones
Llamadas anónimas,
ataques de epilepsia,
atentados a las dos de la tarde
interminables desfiles de globalifóbicos
exigiendo la muerte del capitalismo.

Te garantizo un odio tan grande
como el que separa a israelitas y palestinos. . .

Te lo advierto:
si no vuelves, me corto,
uno a uno,
los dedos hasta desangrarme.

Pero no todo es miel sobre hojuelas
Los proponentes estéticos de La complicidad del humo no alcanzan alto grado de elaboración artística, pues es obvio que no estamos frente a una literatura de grandes vuelos. Lo que afirmo no significa que el poemario de Cienfuegos sea un producto de menguada calidad; su librito es un eslabón para alcanzar un nuevo estadio. Me he puesto a leer -una y otra vez- la poesía de Lorena Cienfuegos de la forma como los gusanos devoran un cadáver. En definitiva, doy fe de su tono lírico, y puedo conjeturar que el material que nos ofrece el cuaderno 8 de Existir no es malo, su problema radica en la excesiva adjetivación, la construcción racional de imágenes usando conceptos retóricos, el descuido de detalles importantes que ofuscan su ritmo, el recargado uso del lenguaje clínico, el entrecruzamiento de discursos, los finales imprevistos, y la greguería. Los elementos ya descritos conforman la atmósfera literaria, pero sino existe un manejo eficiente y adecuado al contexto pueden ocasionar el rebajamiento de la obra y convertirla en un producto mediocre o kitsch. Recuérdese que la unidad de un poema se consolida al elegir las palabras, y esta mecánica resulta a veces riesgosa, ya que la pieza confeccionada puede acabar en galimatías, cursilerías, esquematismos, disparates y chocheces.
Salvo unas cuantas excepciones, los primeros partos de un escritor son siempre deformes abortos, pero eso no es motivo para que no se le haga justicia. Es más vil el ninguneo y el desdén que una crítica visceral que señala las incongruencias y fallas de la obra. La bufonería del adulador y los halagos ñoños también son más repugnantes que una crítica. Ahora me limito a dar cuenta de las verrugas y lunares que estropean la poesía de Lorena Cienfuegos.
Hay una intromisión forzada de términos "prestigiosos" de la retórica racionalista (metástasis, sinéresis, catáfora), vocablos clínicos, tecnicismos bélicos y atmosféricos, (astigmatismo, paranoia, agorafobia, incesto nuclear, relente) y antiguallas del modernismo rubendariano (sepia, sílex). Son expresiones que enfrían la pasión, arcaísmos insertados de manera premeditada que desprenden del verso la emoción, y ya instalados suprimen el mundo interior, el eco y las impresiones sensibles. Convierten la poesía en un simple objeto frío. Esto trae como consecuencia que el discurso se contemple sólo mediante su forma; en el plano sociológico significa un rechazo de lo popular. La utilización exagerada de expresiones artificiosas y rebuscadas constituyen un vicio retórico conocido como cataglotismo. Veamos algunos ejemplos:

metástasis del incendio que ensordece (p. 16)

Sinéresis, refugio de suicidas (p. 30)

Manifiestos de catáforas en evasiones puntuales (p. 34)

/algarofobia/ refugio de la palabra inmóvil (p.16)

un incesto nuclear / de proporciones térmicas (p.20)

Sólo la muerte descalza, relente (p. 30)

girando en el cemento sepia de las voces (p.10)

Ojos de sílex que se cansan de ser ojos (35)

Como pantatletas y pantaletas, ¿no es lo mismo esplín que guacavaqui?
Llama la atención un concepto que la poeta utiliza en uno de sus poemas, me refiero a la palabra spleen (hastío o tedio de vivir), vocablo deslavado y manoseado en exceso por los escritores de ayer y hoy. Se considera un clisé de rancio abolengo. Antes de 1790, Irirarte la insertó en uno de sus versos: "Es el spleen, señora, una dolencia / que de Inglaterra dicen que nos vino." (Poesías, 136). Cienfuegos lo traslada a sus letras, después que del maldito Baudelaire lo dejó despellejado. Lorena la aplica en estos versos:

Era ese preciso momento
y no otro,
cuando los pájaros ignoraban
el spleen de las parabólicas,
que el miedo existía
porque era evidente.

El autor de Las flores del mal en otro de sus libros, Los paraísos artificiales (Acerca del vino y el hachís), emplea la palabra spleen como el estado emocional donde se descarga la bilis, la cólera, la melancolía o el rencor; y, precisamente, sus Pequeños poemas en prosa llevan el subtítulo de El Spleen de París. Para Valéry significaba un sentimiento ambivalente de amor y de odio. El vate Amado Nervo también recurre a este clisé en una metáfora que elabora por vía de aposición:

Y tu spleen, niebla límbica, que haces...

La poesía puede pregonar elegancia sin recurrir a los términos ya mencionados; pues en lugar de realzar el discurso, conmover o causar impresión, oscurecen la forma, provocan confusión y apatía al lector (a mas de que al poeta lo tildan de ridículo, pedante y mamón). Generalmente los productos literarios condimentados con dichos conceptos no trascienden más allá del elitismo y del orden espacial restringido a capillas y grupúsculos tertuleros.
En La complicidad del humo se vislumbran aspectos que merman la poesía de Cienfuegos. Me refiero a las representaciones fragmentadas e imágenes discontinuas que se yuxtaponen en forma arbitraria, restándole calidad estética al producto, y que alcanza simplemente un valor sicológico. Dicho de otra manera: presuponen una inestabilidad que invierte el sentido del discurso (lo prosaico puede llegar a considerarse poético, y viceversa). Esta afectación acarrea la ambigüedad y, en sus grados extremos, induce al lector a comprar gato por liebre, alienado bajo la concepción de que cualquier cosa puede llegar a convertirse en literatura. La representaciones fragmentadas también transgreden el ritmo poético, interrumpen la secuencia lógica, perdiéndose el sentido del discurso; la imagen se torna difusa y la armonía se desarticula. La eufonía de la palabra, sino extingue, se debilita y cualquier lenguaje puede ser elegido como instrumento expresivo de la poesía. Debido a la dislocación sintáctica el discurso poético se transforma en prosa inconexa y la poesía declina en lo abstracto y lo metafísico. Asimismo es probable que el cientificismo e intelectualismo se antepongan al sentimiento y efusión de los sentidos.
En la página 37 del poemario brota un ejemplo en el que resaltan los pormenores aludidos, y donde, además, se avizoran saltos abruptos, metáforas exageradas y términos retumbantes, propios del ditirambo:

Admiro tu lucha que empieza en los albergues
tu ingenuidad de proletariado.

Sabes a molusco entre las lenguas.

Aire mar abierto
secreciones de agua destilada
donde la risa habita un simulacro.

Porque hay odios que estallan
con el voltaje de una explosión atómica

yo que sólo soy la antesala de mi misma.
yo que sólo soy una aficionada a los quirófanos
te cubriré como un fuego frío

para revertir las iniciales
que vaticinan tu nombre.

Braquilogia, greguería y mimesis
Fenómenos palpables en la poética de Cienfuegos son la braquilogia y la greguería; consistentes, la primera, en la omisión o supresión gráfica de una palabra representada por puntos suspensivos, y, la segunda, imagen fugitiva que tiene como sustrato la estética funcional, entendida como la representación insólita y contingente; complejo emocional de la velocidad que pone patas arriba a la realidad, la descoca (el surrealismo y la poesía de vanguardia son ejemplos claros de la greguería).
No pocas páginas de La complicidad del humo están impregnadas de braquilogia y greguería. Veamos algunos ejemplos:

Nadie quiere morir, eso es obvio,
pero esto es sólo un simulacro;
empecemos por el principio...

manos turbias
manos que exhuman manos...

te contemplaré con la misma fraternidad
que a un ahogado...

La vida es un pájaro muerto
y no otra cosa.
Hay más...

El homicidio de róbalo es el crimen perfecto,
sin evidencias no hay víctimas...

La esquina del polvo guarda los nombres
y su nombre
como el reflejo del sol sobre la pintura de las casas
entiende que hay cosas que viven y cosas que...

Arguyen los especialistas en estética filosófica que la greguería es atribuible a los poetas que no salen de su mundo interior, extraviados en su propia realidad y sin motivaciones sociales. Es un fenómeno que elimina uno de los elementos imprescindibles del discurso poético: lo auditivo. Las vanguardias (surrealismo, dadaísmo, futurismo, estridentismo y ultraísmo) despojaron a la poesía de su naturaleza sonora.
Además del gusto o tendencia abusiva hacia la magnificencia, la braquilogia y la greguería, añado otro reproche: la falacia poética a la que recurre la autora por vía de la mimesis, o sea la representación de hechos no vividos e creados desde su mundo interior, y llevados a escena poética como burda ficción, hechizo, imitación e ilusión. En otras palabras, realidad virtual que solamente es apariencia y, en sus extremos, un engaño. Reproduzco algunas imágenes de su texto:

Duerme en la cámara de gas;
sobre el butano
y el murmullo sintético de las gaitas.

Los niños se niegan a sustituir
sus extremidades por prótesis.
Buscan órganos en los basureros
(parecen demonios
hurgando en epidemias colectivas).

Chillido agrio de la bomba
que estalla en los pulmones.
Golpe de los párpados
sacudiendo la occidental ceguera,
holocausto de astronautas que apuntan
sus tanques hacia guerras invisibles.

Asistiendo al parto de montes (o la euforia cienfueguina de un gacetillero)
Deslenguándose desde su nicho que titula Mundillo Cultural (revista Existir # 41, noviembre de 2003), el gacetillero Juan Carlos Domínguez, coludido entre el floreo y la zanguanga (lisonja barata), quiere volver divino lo terrestre. Con una sintaxis bárbara y dando coces a la prosodia, gargantea la siguiente sopa salivera: "La mejor poeta del Proyecto Editorial Existir (,)hasta ahora(,) es Lorena Cienfuegos. (;) Y la más joven. Hay una voz propia y esa vena creativa que no se da por kilos. Para cuando" (¡Sí, paracuando!; del verbo paracuandear) "esta columna sea leída(,) seguramente su poemario 'La complicidad del humo' ya habrá sido presentado." (p. 20).
Como es evidente, el infeliz no sabe de lo que habla. En su sesuda reseña intelectual no plantea una razón que avale tal afirmación; y sería mucho pedir que, cuando menos, se dignara a llevar a cabo una divagación introspectiva de algún texto de la poeta. Pero es más fácil elogiar por conveniencia. Como si Lorena Cienfuegos necesitara que alguien le planche su ropa. Los regüeldos que emite Domínguez en su popurrí indigesto, a parte de exagerados, son supercherías. ¿En qué beneficia a la poeta la desmesura chabacana que apunta este quitapelillos? Por el contrario, al inflarle el ego la perjudica. La lisonja sin fundamento, dijo el luchador social Jesucristo, es una telaraña que obstruye la conciencia y provoca en el espíritu una incapacidad de discernimiento.
Es cierto que Lorena Cienfuegos es una poeta, pero no todo lo que se consigna en su obrita alcanza la categoría estética. Un porcentaje considerable de textos no constituyen poesía. Ahora, es mentira que en Cienfuegos exista ya una "voz propia", como afirma el men en su cabulera nota. Siendo una poeta novel es indudable que su línea discursiva carece aún de estilo propio. Su manera de escribir, lenguaje, expresión lúdica y sensibilidad no generan todavía una definición específica. Parafraseando a Jovellanos, esta fruta para madurar requiere tiempo y sazón como los membrillos. Sólo un ingenuo melolengo puede creer que tirando una edición de mil ejemplares es suficiente para ser poeta.
Por otra parte, la concepción que el gacetillero tiene de la literatura es, a todas luces, aristocrática (¡loor a los vencedores!). Como buen idealista separa el ser del no ser: "vena creativa que no se da por kilos." De su cábala semántica deducimos que la poesía solamente se logra por la omnisciencia de lo absoluto (la inspiración divina, Dios, el estado, la Providencia, la magia, etc.), es decir por la asignación de un destino determinado. ¡Sí supiera que ni un perro aguanta la vida de un poeta! Aunque dueño de uno de los siete pecados capitales: la soberbia, el poeta, a diferencia de los espíritus rastreros y superficiales, es un ser que sufre, porque es egoísta y escéptico. La literatura no puede ser un producto depurado del espíritu, según el pensamiento retrógrado -burgués- (para él existe una permanente noción de identidad: A es A; o sea que un espíritu mediocre no puede abandonar tal condición, y el pobre siempre será un pobre diablo; y gracias a que A no puede ser B, ¡qué armonía se respira!, y el poeta iniciado sólo alcanza plenitud por un milagro).
Lorena Cienfuegos no es un portento de poesía, como supone el sedicente autor del Mundillo Cultural, toda vez que no está en su momento de plenitud y apoteosis. La vida le ha puesto las letras en el camino, pero aún le falta un rico caudal de experiencias. ¿Cómo sabe el chaval que el poemario de la Cienfuegos está bien escrito y que entra en el canon de la poesía?, ¿cómo sabe que la autora de esa obrita tiene talento? Sino llevó a cabo una atenta y cuidadosa lectura del texto, que es lo más seguro, y, si no detectó los problemas que hay en el mismo, entonces ¿cómo se atreve a proferir tamaño despropósito? Ah, pero en la cultura del pastiche importa más la promoción que la calidad. El batillo actúa con la convicción de que todos los que leemos su porquería somos unos pendejos y que nos dejaremos engañar con el perol de babas que avienta.
Domínguez debería controlar sus esfínteres antes de tirarse a mamar de esa forma, pues incurre en los cuatro vicios o escollos que debe evitar el buen crítico: diletantismo, nebulismo, doctrinarismo y cuatachismo.
No hay que ser tan comodino, la morra apenas esta en su periodo de lactancia poética, y más le vale que no la prolongue, porque si la palabra no es eterna, menos nosotros. Los intentos de definición poética, frecuentemente, se permiten momentos de languidez y somnolencia. ¿Qué hacer? A mí ni me busquen para preguntarme ¡No estoy para nadie! Que las musas se encarguen de quitar las piedras del camino.

Una amiga me platicó que Sor Juana era una pendeja que no sabía escribir
Y antes de remachar, quisiera saber si algún entendido en arte poética podría desentrañar la siguiente aporía: ¿lo que a continuación transcribo es poesía?

La monda
era cuadrada
y un culo
la hizo redonda.

Quien diga que sí, sin duda, ganará fama por sus carencias intelectuales y su labor de quincallero. Escojo como botón otra muestra, y, ¿adivinen quién es la autora?

Hay una gran maravilla,
yo he sido de ella testigo:
¿sabes cuál es? ¿te digo?
ha parido la perrilla.

El enjuague citado es de doña Juana de Asbaje, bastarda y oriunda de Chalchicomula, mejor conocida como Sor Juana Inés de la Cruz. Son unos versitos contenidos en el libro de José Pascual Buxó El oráculo de los preguntones. Atribuido a Sor Juana Inés de la Cruz (El Equilibrista, México, 1991) armados bajo el formato de copla, y que ningún sorjuanista decente las tomaría por poesía. Antonio Alatorre calificó de boberías esos versos de la décima musa. Evodio Escalante opina lo siguiente: "No me atrevería, por supuesto, a calificar estos renglones como gran poesía, ni siquiera como poesía, a secas, cuando lo que se advierte es una versificación más o menos feliz."
Por tanto, no todo lo que relumbra es oro, ni todo lo que blanquea es cocaína.

Moraleja: Si no eres la poeta quien creo yo que tú eres, no importa; sigue escribiendo *



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