Crítica de literatura contemporánea.

Sunday, January 11, 2004

EL TíCHER


Por éktor henrique martínez



En una de las aulas de la preparatoria Rubén Vizcaíno, un grupo de jóvenes, entre conversaciones informales y risas estrepitosas, convienen elegir el regalo con el que será agasajado el día de su cumpleaños uno de los profesores, por cierto becario del CONACULTA y autor de varios libros sobre metafísica.
--¡Que sea esa madre! --exclamaron con júbilo y casi por unanimidad los estudiantes que integraban el círculo de alumnos más allegado al profesor de filosofía. Habían trabado amistad con él más allá de los límites que impone la institucionalidad. Los otros colegas del catedrático a su lado parecían unos castigados por los estudiantes. Era cosa de confianza y afecto. Él era el maestro consentido.

--Profe, ¿cuántos años cumple?
--Treinta.
--¿Qué le gustaría que le regaláramos?
--Lo que sea, morros.
--El Poncho y el Abuelo le tienen una regalo de aquellas. Claro que todo el grupo cooperó pa eso.
--¿Y de que se trata el regalo?
--Uta, profe, cuando lo vea no se la va a acabar. Se va a quedar de a seis.
--¿A poco?
--Simón. Adivine qué es.
--Pos no me imagino. Un libro, una playera... no sé.
--Es una muñeca, tícher.
--¿Cómo que una muñeca?
--Sí, una muñeca de carne y hueso. De a devis, pa que se chacaleé y se dé las tres.
--¿Y eso?
--Pa que vea como lo estimamos, pro.
--O sea que se trata de una morra.
--Yes, en inglés.
--Pues que bárbaros están ustedes.
--¿A poco no se la rifa con la jaina, profe?
--Este...
--¡Ándele, no la juegue.
--Muchachos, me pueden meter en un problema.
--Ni tanto, todo el birote está apalabrado. Le vamos a dar el número telefónico de la empresa y usted nomás habla y se pone de acordeón con los macizos pa que le manden el relingo.
--No les creo.
--¿Quiere ver entonces?

Roberto se retiró de clases y cuando se encontraba en su casa recibió una llamada telefónica de una agencia promotora de edecanes para que hiciera efectivo su bono.

--¿A qué hora le podemos enviar a la señorita? --Se escuchó en la línea telefónica--.
--Este...
--¿Le parece bien a la cinco de la tarde?
--Roberto titubeó--:
--Sí, está bien. Muchachos cabrones --pensó en sus alumnos--.

Cuando tomó conciencia de lo que sus alumnos habían hecho, se asustó. Meditó el asunto y al final concluyó que si se rajaba peor le iría.

--Ni pedo; esos cabrones ya me embroncaron. Pero si yo nunca he estado con una mujer --pensaba el cumpleañero--.

Por eso sus alumnos lo apodaban el pico virgen.

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