Crítica de literatura contemporánea.

Monday, January 19, 2004

Vertedero de cretinadas

BLOGNOVELA

DE

éktor henrique martínez



EL PERRITO DE PELUCHE

[EL DEFENSOR DE LAS FEMINISTAS]



CAPÍTULO 7
LA MEJOR ESPOSA ES LA AJENA



"A mi puerta te arrastrabas,
me ladrabas y me aullabas
para lograr mi querer."
Paquita la del Barrio



Muy pronto la doctora comenzó a desatender no solamente al marido sino también su consultorio. Se entendió bien conmigo; parecíamos pichoncitos rebosando de amor. Era una esponja para chuparse mi dinero, se estaba dando las tres con mi firula. Yo había rentado una caja de seguridad en el aeropuerto y allí metí el parné. Únicamente dispuse de diez mil bolas, el resto lo clavé. Yo fui muy obsequioso con la ruca, jamás le caciquié un peni; ella hasta las lagañas me quitaba al despertar por las mañanas. De mi siquiatra pasó a ser la sirvienta; creo también la chacha mejor pagada. Cuanto dinero le soltaba lo tronaba en un casino clandestino que los que los golfos y golfas con quienes jugaba bautizaron como Ruletilandia; la ñorsa rara vez ganaba, por lo regular siempre llegaba despeluchada. La morlaca representa la fuerza de la grandeza, da realeza por más sucio y vil que sea el individuo; convierte en héroe al cobarde; en señorona respetable a la putarraca. Pero lo peligroso de la mosca es que ofrece un poder destructor, arranca las raíces de la moral y despedaza el alma. El dinero salía de mi bolsa en orden concupiscible; pues más tiraban sus tetas, que ejes ni carretas.
No tardaría en abrirse un abismo en el suelo que pisábamos; ni todas las manos del mundo nos sacarían del hoyo donde la doctora y yo nos hundiríamos. Caprichos absurdos del destino. Agotado el capital, del amor jurado y perjurado únicamente quedará una chinche. Cuando se acabó la pasta las nalgas de la doctora dejaron de exhibirse en el escaparate de mis ojos. Del galán sólo quedará un hombrecillo gris y borroso, desinflado. Y para acabarla de amolar el marido de la doctora tornose en un infeliz suicida, pegándose un tiro entre el paladar y la calva. Fue lo mejor, la doctora siempre lo pendejeaba y lo trataba con la punta del pie. Y ¿quién creen que pago el funeral? No me respondan. El muerto ya está con los suyos, la viuda puteando como experta pencuria y escupiendo sobre el cadáver del finado un chorro de maldiciones que su flamante categoría de nueva chupona, gorrona, mazcorra y trepadora le permitían. Ella me supo trabajar, me convirtió en un tipo ancho de narices, es decir en individuo que no lo mueve el enojo o la ira. Yo nunca me engolondrine con la lana, es más me portaba blando en cuestión de gastos.
Agotado el último cuero de rana que llevaba en mi maleta, la doc apuesta en las cartas y en la ruleta, casa, consultorio y carro. Se mudará a un cuchitril ubicado en la calle No Reelección, que funciona como casa de huéspedes para universitarios pobres. No habrá colegas que se interesen por echarle la mano. La imponente y avasalladora fémina ingresará al ejercito de pirujas que alquilan sus vulvas en el parque Juárez. Primero lo hará en secreto y luego se destapará como daifa ribasalsera.
El botín del día: apenas ochenta varos.
--"Ta muy piojo el negocio. Ey, Rebe, hay que menear más el culo" --le reclama el padrote--.
El proxeneta, un fulano prieto con ínfulas de Adonis y que presume cada vez que puede un pecho peludo, recoge la cuota y se despide de las putas que regentea dándoles un pellizco en las nalgas.

--"Cómo cambia el sentimiento cuando el sexo se vuelve mercancía, y mercancía chafa y baratona" --se queja Raquel ya toda una suripanta acorrientada--.
--"Obviamente, chulis" --opina una de sus compañeras, y luego agrega--:
--"Yo estuve muy enamorada de mi canchanchán. Pero quién sabe porqué, al cabo de un tiempo el amor se desvaneció."
--"Todo es cuestión de estarlo alimentando como dijo Fromm" --comentó Raquel--
--"Pues ése es un pedo muy cabrón. Yo te aconsejo que no te claves mucho con los batos. Busca machetes que no vivan de la puteada. La conquista amorosa es solamente la antesala de la cochadera."
--"Neta, me cae que sí. Y no es cábula; el amor no existe; sólo es un concepto hueco, vacío, postizo, abstracto; cuestión de lubricantes. Ten presente que la primera noche de amor es un olor a perfume rancio que el tiempo volatiza; un esqueleto de sueños incapaz de concretarse en felicidad; espíritu del pudor católico, apostólico y romano. No te dejes engañar por el calor de las velas y el olor a incienso, fíjate mejor en el horizonte del prepucio. También debo advertirte que la química no respeta parentescos. Una vez me coché a un fulano que era mi tío. ¡Creyó que porque era mi pariente no le iba a cobrar el pendejo!"
--"Dos personas apenas se conocen y al cabo de un rato terminan ensartados. La calentura concupiscente no tiene patria ni límites morales. Siempre sucede así, la carne domina. El amor es instintivo, bestial. El sexo empieza por la boca, por eso saludamos de a besito. Las personas cuando se conocen apenas se hablan, son perezosas en el parlar. Las atrae más un monte púbico que una filosofía. Prefieren ahogarse en mares de adrenalina que nadar en lagunas metafísicas."
--"Sin un cabrón guapo te pregunta: ¿Me deseas? ¿Tú qué le contestas? ¿Te pones nervioso? ¿Evades la contestación? ¿O te suda la pepa?"
--"Para mí el amor es un repelón, un rabioso engaño matrimonial de gorja naturaleza. Nací debajo de la luna. Para mí el martes es igual que un jueves. ¡Puta madre! Mi signo del zodiaco es un feto ya podrido. No hay cosa más mala que este escupitajo de Dios que nos lanzo a la perdición. No sé cómo deshacerme de mis sueños; hace días que los escondo bajo la almohada y me persiguen."
--"Me gusta caminar moviendo las caderas como si fuera licuadora; bailar mi enorme trasero. Me gustan más mis tetas que mi espíritu. El único patrimonio que poseo son mis nalgas."
--"Cuando no estés contenta pellízcate los pezones. Es una buena terapia. Y si puedes bésate las ingles."
--"Muérdeme el cuello y quítame la tanga. Siento que ardo, mamacita. Tu clítoris es una flor que mata mi tristeza."
--"Entonces, ¿qué chingados quieres, baboso?"
--"Yo nada, beibi" --tengo que aprovechar la oportunidad, pensó el lujurioso--.

Gisela, se llamaba la morra que protegía y cuidaba a Raquel; jaina con encargo de velar por sus huesos. En realidad una chamaca de 16 abriles que parecía su niñera. Se había iniciado en el sexo a la edad de once años. Gisela era la cuarta de seis hermanas; no contaba con padrote; dormía bichi y se masturbaba escuchando las rolas del grupo Indio. Una amiga suya apodada la Gorda fue quien la encarriló por el camino de la putería. La gorda era una mina a quien también se le chorrearon los frenos desde muy temprana edad. Par de jariosonas. La gorda se había retirado y gracias a un delegado de la SEP que la estuvo pisando un rato. Ella, sin estudiar, se hizo maestra de kínder. Decían que se la rifaba para los mamelucos. Raquel y la Gisela se acoplaron. La gorda en ocasiones caía al parque Juárez a visitar a sus amigas suripantas. Un batillo güevón graduado en trapeología le estaba matando la rata a la ruca. Ella no podía agarrar mejor barco que un macuarro porque tenía un chingo de granos en la cara y unas nalgas que parecían de chango tuberculoso. Puro batos sarreados andaban sobre su cacharro. En cambio la Gisela, aunque se cargaba una careta de melolenga, tenía lo suyo: unas tetitas bien paraditas, unas nailon de aquellas, unas piernas de princesa fina y unos muslos de quinceañera cherri.

En los años que vendrán me las toparé en Tijuana ofreciendo sus cacharros en una manfla de mala muerte en el mero Cagüilazo.



























Vertedero de cretinadas

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DE

éktor henrique martínez



EL PERRITO DE PELUCHE

[EL DEFENSOR DE LAS FEMINISTAS]


CAPÍTULO 8
UNA RELACIÓN KLEENEX



"Fuiste perro traicionero,
pues mordiste aquella mano
que te daba de comer."
Paquita la del Barrio



Todavía guardo en mi mente la imagen de su rostro seductor, su belleza desnuda; ese cuerpo maduro y divino, la cintura de avispa, senos grandes y parados, torneadas piernas y nalgas extraordinarias. Todo un arsenal casi divino, expuesto a la intemperie de los ojos de un mozalbete de 17 años. Al entrar en contacto mi piel con su piel, la sangre se encendía; fuego que hervía en las venas. Pero el embeleso no iba durar mucho, cómo imaginarme que aquello que yo creía una verdadera comunión erótico-espirtual no era sino una desechable relación kleenex. Yo fui el número ochentaitanto de su lista de los amantes efímeros de la doctora. Cuando me dijo que lo nuestro ya no podía continuar sentí que el corazón se me atoraba en la garganta, más de rabia que de dolor. ¿Cómo no me di cuenta que el tatuaje que llevaba en la espalda presagiaba un exiguo avatar sexual? "Todos los hombres del mundo son míos", rezaba el epígrafe de su tatuaje. Crispado por la cólera y la resignación, pensaba: "Ahora solamente en los sueños le sobaré los senos. Adiós, cunilingus, adiós, fricciones y eyaculaciones en vivo y en directo." También, absorto me preguntaba: "¿A quién le facilitará las nalgas de ahora en adelante?" Recuerdo que ella tenía dificultades para alcanzar el orgasmo; sabía que para lograrlo uno debía presionar bien con la verga el lado derecho de su vagina; hazaña que muy pocos lograban a pesar de estar instruidos. De mí no tendrá queja, pues casi siempre que cogíamos atrapaba su orgasmo. Lo más curioso era que cuando lo conseguía se desmayaba. La primera vez que nos encamamos me llevé un gran susto; pensé que le había pegado un infarto. Y es que ella ya rebasaba los cuarenta años. Era toda una vieja loba en las malasartes del sexo. Lo único que extrañé de esa corta relación fueron las delicias del perrito que poseía. Y no me estoy refiriendo a un chucho comun y corriente; es decir, al animal canino que ladra y es considerado el mejor amigo del hombre. No, hablo de otra clase de perro. El ochenta por ciento de la gente no sabe lo que es un perrito en la mujer. Además, son escasas las damas que tienen perrito. Algunas son tan tontas que ni siquiera saben que su vagina esta dotada con un perrito. Para ser honesto, declaro, bajo protesta de decir verdad, que en mi trajinar sexual únicamente he conocido tres mujeres con perrito.





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