Crítica de literatura contemporánea.

Wednesday, February 11, 2004

Vertedero de cretinadas


MOCOBLOGNOVELA


EL TUERTO y LA YAJAIRA
[FIGURACIONES DEL AMOR]
(una biografía novelada no autorizada) ©



CAPÍTULO DONAS [BIS]
UNA CANITA AL AIRE





"Tres veces te engañé, tres veces te engañé;
la primera por coraje, la segunda por capricho
y la tercera por placer."
Paquita la del Barrio






—"Total —pensó la Yajaira—, una no es ninguna."

Son casi las cuatro de la mañana y ella aún no se reporta. Ya es la segunda vez en una semana. ¿Con quién andará? ¿Qué estará haciendo en estas horas de la madrugada? ¿Porqué no llega? ¿Habrá salido con algún tipo? Continúan las interrogantes hasta formar un carrusel de incógnitas. Está anclado en un mar de dudas y no quiere fiar su voluntad a los vientos del destino.
Las mujeres son infieles por dos motivos; uno, porque el rencor en ellas es algo connatural y jamás perdonan; y segundo, porque siempre están necesitadas de dinero, por más inteligentes que sean, siempre acaban dominadas por la vanidad.
No hay ego más devaluado que el de un hombre que sufre los embates de la infidelidad; en particular el de aquellos que piensan que solamente a los varones les asiste el derecho de entrar en uno y otro agujero vaginal. Sólo los machines pueden darse ese gusto, el privilegio de los extravíos lúbricos.

—"¡Pinches viejas, maldita sea la hora en que se liberaron del yugo patriarcal."

Los pigmeos a veces llegan más lejos que los gigantes.

La habitación esta cargada de mal humor; es un preludio avisando que las cosas entre los enamorados se van a poner feas, color de hormiga. El huésped parece un león enjaulado que se niega a comer la carne de burro porque ya probó la de gladiador.

Esa noche el Tuerto soñó con serpientes y perdió los estribos cuando su amasia llegó con una cara que anunciaba que había tenido sexo con otro macizo.

—"¿Dónde estabas?"
—"Salí con la Natacha a tomar una sangría."
—"¡Sangría la que te voy a sacar del hocico! ¡No me mientas! ¡La Natacha estaba en su casa y en ningún momento salió!"

La Yajaira no dijo nada, se quedó absorta pensando que había sido pillada de ingenua, víctima de un cuatro. Y en efecto, la Natacha con una astucia que la misma serpiente bíblica envidiaría, semanas antes había aceitado la máquina de la perfidia planeando reventar los delgados hilos de la relación disfuncional. Supo convencer a la Yajaira y presentole un tipo, paisano suyo (lamento haber olvidado su nombre), quien al darse cuenta que la mujer del Tuerto tenía un alma infantil no le fue difícil bajarle la luna y las estrellas.

El Tuerto, vestido con una ridícula piyama que una de sus sectaristas le regaló el día del estudiante, sólo abría la boca para decir maldiciones y groserías.

—"¡Dónde chingados está la mujer que decía tener ojos sólo para mí?" —furioso y como poseído gritaba—:
—"¡Si ahorita tuviera a mi alcance una pistola, te juro que te la encañonaba en el entrecejo y te la vaciaba! ¡Todas las mujeres son iguales!"

Debido a los esputos, gritos, maldiciones, ofensas, improperios, bofetadas, aruñones y tortazos, la historia de marras se enreda en lo indescifrable. Omito exponer otros destellos purulentos que parecen sacados de la poesía maldita.

¿Quién cree que el destino es ineludible?
Mientras contesta pasemos a otro reparo.





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éktor henrique martínez



EL PERRITO DE PELUCHE

[EL DEFENSOR DE LAS FEMINISTAS]


ADENDA
ETIMOLOGÍA DEL TÉRMINO PERRITO

El sabio Guido Gómez de Silva (Breve diccionario etimológico de la lengua española, FCE, 2001), nos informa que el perro es el "mamífero carnívoro domesticado, Canis familiaris y el origen de este vocablo tal vez sea onomatopéyico; "probablemente de perr, prrr, brrr, sonidos usados por pastores para incitar tanto a sus perros como a sus ovejas."
Hemos visto cómo agudos críticos han desarrollado argumentaciones teóricas de la relación sujeto-objeto, es decir de su medición dialéctica. Consignamos dos ejemplos relevantes, primero Hegel y luego el filósofo de Tréveris. El joven Marx, siguiendo a Hegel establece que el lenguaje, así como cualquier otra actividad vital conciente, no pierde jamás su conexión con el proceso material y su desarrollo. Se concibe como la expresión de la perspectiva ideológica, de las actitudes o los hábitos del pensamiento del conglomerado social. Por tanto, el lenguaje suele ser más que un instrumento de comunicación. En rigor, la materialización de una visión cognoscitiva. La misma concepción la encontramos en Esquilo, Shakespeare y Goethe.
Bajemos al terreno mundano para precisar el fenómeno lingüístico. Si nos atenemos a la definición clásica de la palabra perro, "mamífero carnívoro domesticado", advertimos de inmediato su "desfasamiento", no corresponde aquí señalar sus motivos, ello implicaría un análisis riguroso, solamente diremos que las condiciones sociales de miseria, asimismo el desarrollo tecnológico, generan nuevos conceptos, también dan lugar a otras acepciones y modificaciones en el lenguaje, etc.
La definición clásica o formal del vocablo perro como "mamífero carnívoro domesticado" ha variado, pues en ella podemos prescindir del elemento "carnívoro". Sabemos que la mayoría de los caninos en este mundo civilizado --regido por el orden tecnológico-- es alimentada con una variada cantidad de sustancias. En cuántos hogares observamos que los chuchos se alimentan de machigüis, sobrantes de la comida, que antes se destinaban a los puercos. E incluso, por las circunstancias de pobreza en que viven sus dueños, un sobrado número canes han incluido en su "dieta" hasta pañales o panes de los basureros. Por ello, nos atrevemos a decir que el adjetivo carnívoro ya no cabe dentro de la definición tradicional. Las lecciones que han dado las grandes mentes nos ilustran para entender que el progreso no hay que estudiarlo desde el punto de vista lineal, ni tampoco reducirlo a expresión de la ideología clasista bajo la cruda fórmula base-superestructura. Recordemos que la realidad se forja a través de la conciencia y que la base material (categoría manoseada y pervertida por los monistas del marxismo del oficial) no es un hecho económico objetivo, sino la organización de la conciencia y la actividad humana. La escuela de Turín, y específicamente Gramsci, y la Niu Left de Inglaterra, particularmente Shlomo Avineri, Raymond Williams y Baxandall, han realizado aportaciones importantes en este aspecto.




DEFINICIÓN DE PERRITO SEGÚN LA DOXA

Me dirigí a la Universidad de la Vida (o sea a la calle) con el propósito de recoger una noción del concepto de perrito y armar una definición de conformidad con la voz de la plebeyez. Al contactar el mundo real obtuve de algunas personas las consideraciones que enseguida hago saber. La mayoría de los "encuestados" (casi el 80%) resultó ignorante del perrito. Lo sorprendente es que hasta ginecólogos desconocen el concepto que fue la materia del sondeo.
Una mujer (24 años de edad) de las que la mojigatería de hoy --para ocultar las contradicciones que imperan-- llama trabajadora sexual o sexoservidora, en vez de su auténtica nomenclatura, o sea puta, o bien, con cariño y menos rigor, prostituta, sostuvo que el perrito "es la maña que algunas mujeres tienen en la panocha para engrir a los hombres" y que consiste en "apretar la verga, sacudiéndola para dar más placer a la hora de coger."
Un mecánico (32 años de edad) declaró que el perrito "es una transa de las viejas, o sea un nervio que tienen en esa madre de abajo para atrapar la cabeza, para que vomite el borracho y prenderlo, para bajarlo con el billete."
De esta metáfora se deduce que la palabra viejas se emplea como sinonimo de prostituta; la expresión "que vomite el borracho" se refiere a la eyaculación de los espermas; el verbo "prender" significa cautivar o embelesar y "madre", el órgano sexual femenino.
Un poeta tijuanense (33 años de edad) manifestó total desconocimiento del perro.
Una daifa (25 años de edad) que tabanea en un bulo de la Zona Norte al preguntarle qué cosa es el perrito afirmo esto:
--"Nadie tiene perrito no sean pendejos."
Asimismo otra madmuasela (30 años de edad) refuegueada por los mismos rumbos que la anterior respondió:
--"Bueno, el perrito no es nada. Es algo que uno inventa, con pura maña lo hace; aprieta el culo y se aprieta todo. ¿Otra cosa?"

Pero no todo sale como se planea y en ocasiones surgen mimosidades como la que sigue. Esta fue la reacción de una mujer (aproximadamente de 40 años) cuando le pregunté acerca de concepto perrito:
--Disculpe, señora. Estoy recopilando información por medio de una encuesta. ¿Podría contestar una pregunta?
--A ver, tú, dime cuál.
--¿Usted sabe lo qué es un perrito?
La fulana retrucó con este salivazo:
--Vete a chingar a tu madre!
(Por algo siempre digo que hay andar preparado mentalmente para aguantar el rendibú folclórico. No se sabe dónde puede brincar la liebre).
NOTA: Si ustedes examinan el sentido de la pregunta que le aventé a la ñorsa, se darán cuenta que al responder la traicionó el subconciente. Yo no le pregunté qué tipo perro. Por tanto, deducimos que la ruca sí sabe que cosa es el perrito. (Otro detalle que no está de más señalar: la ñora de marras tiene cara de media putorrona. Uno que es perspicaz --¿esta es la palabra adecuada?-- de volada les da tinta a las leandras).




Thursday, February 05, 2004

Vertedero de cretinadas


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éktor henrique martínez



EL PERRITO DE PELUCHE

[EL DEFENSOR DE LAS FEMINISTAS]

CAPíTULOS 9 y 10



CAPÍTULO 9
EL BAILE DEL PERRITO



"que me perdone tu perro
por compararlo contigo."
Paquita la del Barrio



Más de uno preguntará ¿qué es un perrito?, ¿en qué consiste? Muchos alegarán: "Yo sí que es el perrito." Pero estoy seguro que la mayoría tiene una concepción errónea; y es que regularmente lo confunden con la posición sexual también conocida con ese nombre. Aclaremos que el aludido, nada tiene que ver con la posición sexual mencionada, conocida como doggy style. Son dos cosas distintas identificadas con un mismo nombre, mas no se corresponden. El perrito del cual hago mención, cuando uno lo descubre puede representar un peligro. ¿Qué quiero decir con esto? Sencillamente que si equis varón realiza el acto sexual con una mujer que tenga perrito, el men experimentará un deleite soberbio y un placer ennoblecedor que no se conoce en el universo. Y no es guasa lo que afirmo, encontrarse en el catre con una mujer dueña de un perrito, es una entelequia caída del cielo, una verdadera magnificencia; sientes que vuelas del placer. Al terminar quedas en un estado de relajamiento sensacional y satisfacción de bienestar sin parangón alguno. Y a causa de ello, uno se engolosina con el sexo; y, ay de aquel pobre individuo que carezca de control en sus instintos, pues se convertirá en un explorador de nalgas, en un vicioso del culo; lo que podría traerle consecuencias patológicas por su adicción a las panochas (príapismo).
Pero, ¿dónde está el perro? ¿En qué lugar tiene su guarida? El perrito en sí, mora en la vagina. Pero no se crea que reviste la fisonomía del canino que conocemos; el perrito se presenta en las cavidades de la vagina; es el músculo y la elasticidad de sus paredes, anterior y posterior; y que son tan flexibles que pueden llegar a tener contacto cuando el conducto vaginal no está ocupado, es decir no hay introducción del pene. La mujer que desarrolla la aptitud de ejercitar el músculo de las paredes mediante contracciones, al ser penetrada suele ser capaz no solamente sacar hasta la última gota de esperma de las bolas de un hombre sino chuparle hasta tuétano. Durante el acto sexual, el trabajo del perro consiste en ceñir y estrujar el pene como si lo estuviera mordiendo.











CAPÍTULO 10
EL GUARDIÁN DE LAS FÉMINAS



"Se oía aullar a los perros en todos los tonos."
M. Ogniov



La labor del perrito estriba en doblegar al intruso que invade la zona prohibida; su eficacia depende del movimiento opresivo de las paredes vaginales que en pausas tiende a amainarse para dar relajamiento al músculo y de nueva cuenta aprisiona el miembro estrujándolo como si lo fuera a macerar o triturar. Aquí lo interesante es que la mujer es quien domina la acción y dirige el ayuntamiento; el hombre asume un papel pasivo, solamente entrega el cuerpo. El perro, dueño de una investidura femenina, en cuanto siente que el falo comienza a enfundarse y dar sus primeras embestidas, prácticamente abre el hocico consintiendo mañosamente que el instrumento sexual se introduzca con toda libertad entre sus mandíbulas; entonces procede la faena y apaña al huésped, lo atenaza, meneándolo de un lado hacia otro, de arriba hacia abajo. Cualquiera que estuviera observando la escena pensaría que el perro lo quiere triturar, enloquecido con la adipsia erótica. Por su parte, el desbragado amante se convulsiona afianzándose de las caderas de la gamberra; suda, gime, jadea; demuestra su masculinidad sometiéndose a la bestialidad concupiscente del perro; lacayo libidinoso que sucumbe ante los espasmos de la vagina mordelona.

Continuará

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