Crítica de literatura contemporánea.

Wednesday, April 28, 2004

Vertedero de cretinadas



Por éktor henrique martínez




SÁRAH BRUELLE O EL TRAVESTISMO LITERARIO


El domingo de barañazo estaba yo merengues tripeando en el chillón una rola de Los Tigres del Norte, a la vez que me chutaba un clamato.

"Oiga, señor locutor
contésteme esta pregunta
¿de dónde es el perro mocho?
¿de dónde es el perro mocho?
¿Será de Tijuana?
Yo no seeeé
¿O de Mexicali?
Yo no seeeé
El perro mocho del rabo
el perro mocho del rabo
¡Ay, que dolor sufre el perro
cuando le mochan el rabo!"


Y, entonces suena el fon y me avisa mi ruca que tengo llamada. Al otro lado de la línea escucho la voz de una amiga poeta a quien le apodan La Robacalzones.

—¿Qué ondas, Éktor! ¿Qué haces?
—Aquí, tirando barranca —le contesto.
—Voy pa tu cantona. Ahorita llego, en cinco minutos. Aguántame, bato. Quiero cotorrear contigo dos tres pedos.
—Simón, aquí te calmo; pero traite una birrias.

La Robacalzones es una morra a la que le tengo un chingo de afecto; es como mi ángel de la guarda porque seguido me saca de mis yerros. Es buena perra la cabrona; pero hay veces que se le pierde el collar y se tira a la milonga. Cuando estamos juntos somos como Poe y su cuervo.

—Bien dicen que el hombre es el animal más estúpido de la Tierra —afirma la ruca, y le pregunto:
—¿Porqué, morra?
—¿Cómo que porqué? ¿No te has dado tinta?
—¿De qué?
—Sí serás... De que la Sárah Bruelle es un bato?
—¡No mames! ¡Cómo va a ser un bato? Tas pendeja. Es jaina.
—¡Ay, cómo eres baboso!
—Yo no creo. A ver, dime tus argumentos. ¿En qué te basas para decir eso?
—En su juego de mutaciones hay su un proceso de transferencia de personalidad que no alcanza a cuajarse, toda vez que la poesía de esa ruca (o bato) se restringe a los límites del incesante mundo erótico. En otras palabras, un travestismo literario.
—¿Te refieres a la tesis de literatura transgénerica que muchas pendejas y no pocos pendejos traen en boga?
—Exactamente, querido. Parece que ya diste en el clavo. Ahora, para que confirmes lo que te digo, analicemos algunos textos de la Bruelle y te convencerás que su poesía es el invento de un güevón homosexual que escribe asumiendo el papel de ruca y que debido a su condición de puñal se siente relegado al segundo plano por una sociedad machista. Pero, a diferencia de las mujeres que escriben literatura, este bato, o sea la Sára Bruelle, adopta un comportamiento sumiso; ¿acaso el título del poemario no lo dice todo?: Acaballomóntame. Si fuera el trabajo de una mujer, entonces, debería anunciarse "Yo te jineteo" y, además, desbordarse hacia otros derroteros mujeriles que no sean los referentes sexuales.
—Con razón me dijo el albañil que el discurso poético de la Bruelle solamente se circunscribe como el bramido de una perra jariosa en busca de toletazo.
—O sea que la Sárah Bruelle no es una perra sino un perro —concluye La Robacalzones.
—¡Chetos con sabor a fresa!



POSTULADOS LINGUÍSTICOS Y SICOANALÍTICOS

Detrás de la expresión vital, atrevida, lúbrica y dolorosa de Sárah Bruelle hay un personaje que explora el universo femenino para liberarse de sus fantasmas. Dicho de otro modo: se trata de eliminar todo rastro de testosterona. Por más engañoso que sea su disfraz, detrás de sus palabras existe un simbolismo que delata la presencia de un varón sin virilidad, es decir un macho negado que usa la poesía como un medio expresivo de pasión perversa. En términos ortodoxos, renuncia "patológica" a ser lo que es. Sárah Bruelle no solamente es un maricón sino un trasverguis que ofrece el culo de manera explícita a través de mensajes calenturientos.
Señalo algunas acotaciones que contienen pistas para deducir que se trata de escritura hecha por un hombre (no-hombre) que, ahogado en sus sueños, se siente jaina.
Cito tres versos del poema Dios no te salve (p. 22):

"¡Dios no te salve! Sárah
Bendita eres entre los hombres
Santa Sárah madre sin concepción"

En Sin título (p. 31), la Bruelle revela su verdadera condición de macho negado:

"Soy la mujer de aquella antítesis del hombre."

Su poesía dista de ser femenina y, por ende, feminista, ya que no apela a establecer un sentido solidaridad hacia las hembras. Por el contrario, ella, como hembra artificial, ve a las mujeres naturales como rivales. El desdén y competencia hacia la madmuasela, —digámosle de a devis— se ponen al descubierto en La "Santa" de Agustín Lara; e igualmente se advierten en Mi vecino de enfrente donde su nomenclatura la comprime funcionalmente bajo el rubro mujerdecasa:

"Santa sólo las mujeres de casa y de iglesia." (46)
[...] "ayer te mudaste con tu mujerdecasa." (p.20)


Ya decía yo que algo se ocultaba bajo la cáscara de Sárah Bruelle: una mujer-hombre. En cuanto a Sárah, en hebreo significa princesa, un término áulico y muy predilecto entre los putos por su adecuación cortesana de tercer nivel en la escala de las relaciones humanas de índole pasional [hombre=rey, mujer=reina, joto=princesa].

— Y ¿quién es su príncipe?
—Pues el mayate. Guacha nomás lo que escribe el bato en el poema Cuento de hadas usadas:

"El príncipe no dijo nada;
me tomó a la fuerza
desnudo mi cuerpo,
me abrió las piernas." (p. 44)

Otro dato curioso es el siguiente: Sárah sin la letra h, semántica y etimológicamente resulta ser "ama de casa", o sea, todo lo contrario a lo que pregona el travestido esteta que escribió Acaballomóntame. Ya poniéndonos medio esotéricos me pregunta La Robacalzones:

—¿Qué lugar ocupa la ruca (o el bato) en la cadena astrológica?
—Géminis.
—¡Puta, madre! Es un signo dual; otro dato de suspicacia.
—Y ¿sabes qué? —le digo escépticamente a mi camarada. Las fotos de la ruca (o del bato, ya ni sé qué chingados es), aparte de ser chafas, han sido cubiertas con fondo blanco, y de acuerdo con la filosofía estética son manifestación inconciente de un individuo preso de sí mismo. Además, ni siquiera aparecen los créditos del fotógrafo.
—Eso vale madre. Ya sabemos que se trata de un puto sordero, de un joto de clóset que se disfraza de ruca y que goza cuando el mayate le marca el culo con el fierro candente.
—Pero... guacha la imagen de la ruca (o del bato; total, es lo mismo), no tiene piernas ni tetas. Lo que sí exhibe es el cuello, zona erógena que muestra a falta de panocha. Ahora bien, si se ostenta como una mujer, ¿porqué en ninguno de sus poemas invoca al órgano genital femenino?; ese hachazo del Diablo multiplicador de la especie. Pues, sencillamente porque él no tiene pucha; solamente quienes tienen pepa y menstruan son jainas. No obstante, el batillo justifica la usurpación del sexo opuesto. Guacha lo que escribe en el poema Pobre hija de vecina:

"Ser mujer no implica
saber besar, desear
o menstruar." (p.37)


Por eso no habla de la zona específica del impacto sexual, o sea la vagina; pero, en contrapartida, realza el ojo de payaso, es decir el culo; y en ocasiones se solaza usando un término ambiguo, nalgas. Leamos los que a continuación copio:

"...deseo la pasión caliente de mi culo." (p.13)
"...que me calan las nalgas." (p.14)
"...para que las nalgas no me calen." (p.14)




AUSENCIA DE RASGOS FEMENINOS EN LA ESCRITURA

A falta de un lenguaje propiamente femenino, Sárah Bruelle se comunica con el cuerpo, pero no tiene habilidad para manipular el lenguaje corporal como lo haría una mujer. El temperamento masculino se delata por su gusto o inclinación hacia la vulgaridad y la crápula. Y en efecto, su vehículo expresivo transita por caminos desviados; vías poco "honrosas" que una mujer-mujer —hablo en particular de las que tienen acceso a la escritura— no se atrevería a tomar (el código ético del feminismo se lo prohibe), a no ser que se trate de una pervertida o deschavetada. En Bruelle no existen los síntomas de la debilidad, la coquetería ni el padre de ésta que es el pudor; tampoco expresan cadencia y, ya no digamos, riqueza de ideas o correlatos de actitudes sociales y políticas. Su oferta es de salvación moral para el colectivo homosexual y sus correlatos transgenéricos. Pero no se olvide que una cosa es el excéntrico y otra el degenerado.
Aunque los versos de la autora de Acaballomóntame (o del autor) son trasmitidos de manera desgarradora, no hay en ellos control intelectual y estilístico; es una poesía demasiada arriesgada para una fémina, ya que exalta sin miramientos al macho opresor a través del deseo, pasión, sexo y erotismo; paradójicamente talantes de sumisión para la mayoría de las feministas y féminas seguidoras de Virginia Woolf y Simone de Beauvoir, a quienes, contradictoriamente, el señor Bruelle "toma como estandartes." Si acaso vemos en su poesía como facultad crítica o rebeldía feminoide (que más parece una ocurrencia amujerada) una acusación hacia la pasividad de las mujeres.
Las referencias simbólicas del eonismo se cuelan una vez más en Epitafio nocturno (p.27), cuando el batillo jotolón —transformado en mujer artificial— luego que el potencial matador se lleva un chasco al descubrir que su princesita no tiene panochita sino bichorita, le confirma sin tapujo su condición de puñal (cuchillo):

"No soy tuya
como tu cuchara
soy mía
y soy cuchillo
para partirte el alma.
Te dije que era cuchillo
Y te corté el alma..."

Hay otro ejemplos sintomáticos que contienen pistas para dilucidar que el poemario dre marras pertenece en hechura a un bato que se sueña pebeta, y que a la menor oportunidad se garrea como ruca y se pira a San Francisco (la cuna del movimiento marica) para evitar el escándalo, la burla y la indignación. Porque solamente allí, recorriendo la avenida Castro, puede hacer libremente de las suyas. (Y es que aquí no puede vestirse de chamaquita con falda y acudir así a reuniones sociales porque Tijuana no es Escocia). Una mujer cuando escribe poesía adopta su propia visión del mundo, su punto y opinión que su condición de ruca le imponen. Las perturbaciones que la aquejan por lo regular siempre están latentes; figura, intimidad y relaciones. Una literatura femenina aboga por lo derechos de la mujeres agraviadas por el trato que se les da (recuérdese que a partir de los años setenta prevalece en la literatura femenina la denuncia contra el orden patriarcal). Margarite Duras dice que todas las mujeres son una sola; suma de la diversidad de hembras.
Al leer la poesía de Bruelle intuí que no la escribía una hembra porque no existe en ella una completa sensibilidad femenina. Intenta llegar a una conjunción del hombre y la mujer pero no lo logra. Si se le atribuye la etiqueta de poesía femenina no será por su esencia, sino por la inclinación sexual del autor, un marica que se siente mujer. Y en todo caso habría que encasillarla como literatura homosexual colindante con las truculencias de un travestido. Quizá ficción autobiográfica pero no un sexismo unificado, más bien asimetría entre la varona y el hembro donde imperan ciertos estereotipos del mundo gay.
¿Feminismo? Sí, pero académico, es decir de presencia abstracta, un producto letrero "políticamente correcto", de un autor que afectado por la prohibiciones de la infancia le expropia la voz a una mujer a través de un falso relativismo y universalismo trápala.
Es verdad que la literatura no tiene sexo, pero los escritores sí.


MORALEJA: No basta cambiarle una vocal al hombre para volverlo hembra.


PD: ¿Quieren saber de dónde viene la voz de Bruelle? Ya les diré más adelante. Por lo pronto, guarden la curiosidad en el baúl del morbo.



cretinadas@yahoo.com
www.elcharquito.blogspot.com













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