Crítica de literatura contemporánea.

Monday, May 24, 2004

Vertedero de cretinadas



PRESENTA:



EL CHURRO FRAUDULENTO
O LAS ENSEÑANZAS DE ARAU



Para prevenir a la perrada que aún no ha guachado el culebrón Zapata, en señal de advertencia —creo que ya es demasiado tarde— pongo a vista del lector de la teta de vidrio la siguiente nota de Jaime Cháidez Bonilla, quien da fe del sabor agridulce que le provocó en la lengua de sus ojos el malogrado churro del señor Alfonso Arau.
Según verborrea chamánica del dizque vidente Paco Segovia, quien regó todo el tepache fue la amante de Zapata, o sea la Lucero; ella llevó su karma negativo por aquello del pedo que suscitose con el guarro suyo cuando le sacó una fusca a los periodistas faranduleros. Será el sereno, pero el chicharrón Zapata es una vil cagada. Los alaridos de la Lucero en las escenas del cuchiplancheo se escuchan más artificiales que el rechinido de unas tetas postizas. Y también se afirma que las actuaciones eróticas fueron sumamente cuidadas por el mismísimo guarro de la Lucero.
Ahora, si usted quiere tirar su firula al tambo de la basura, pues cáigale y cuando confirme lo prescrito no se subestime y échele la culpa al destino; y cuando le pregunten cómo está muvi, cambie de conversación. Y san camaleón.





MUCHOS OJOS NO VEN IGUAL QUE DOS; A VECES GUACHAN MENOS



por jaime chaidez bonilla




42 pesos sin derecho a palomitas. Estoy sentado frente a Zapata, la película, y Alejandro Fernández se encuentra mudo, triste, mirando hacia las butacas de todos nosotros, los incautos que hemos caído en las garras de Arau. Somos parte de los 14 millones de pesos que ingresó en su primer fin de semana la esperadísima, la pospuesta durante 7 años, la polémica cinta de los 8 millones de dólares, la que casi interpretaba Vincent Pérez, y luego también casi, Antonio Banderas, y finalmente, este Alejandro el triste.
Conforme pasan los minutos, la película despierta las primeras risas. La voz de Alejandro parece de otro cuerpo, carece de impacto. Arau recurre a un fetiche en forma de bruja sin dientes, mujer ladina y chamana. Los efectos especiales –por decir algo- se limitan a la aparición de lucecitas o trucos de computadora chatarra. Jesús Ochoa comienza a robarse la película, se la mete en las bolsas del uniforme de Victoriano Huerta y ya no la suelta. El director se entretiene contando 2 historias: una tiene que ver con tierra; la otra, con liberad de interpretación. Zapata y su manager, la bruja, interpretan un nuevo género: humorismo mágico.
Y sucede lo predecible: Lucero intenta ser una prostituta cachetona sin credibilidad y Jaime Camil tiene el rol más cruel, contar chistes y sostenerse el bigote con las manos.
A 42 pesos el boleto. ¿Cuánto vale una estafa? El Zapata de Arau tiene patas de leña verde, canta a lo Tizoc y le hace ojitos a los caballos. A mitad de la cinta no queda más que disfrutar de la fotografía de Vittorio Storano y olvidarse de cualquier pertinencia histórica.
Alfonso Arau no tiene remedio y su Zapata tampoco.

Jaime Cháidez Bonilla

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