Crítica de literatura contemporánea.

Wednesday, June 30, 2004

Vertedero de cretinadas





por éktor henrique martínez





ENTRE EL CRIMEN Y LA ZANGUANGA




«Nuestros funcionarios públicos, hasta donde yo los conozco,
y sólo conozco a los de más graduación entre ellos, nunca van
contra el pueblo en busca del crimen, sino, como la ley ordena,
van contra el culpable y entonces deben enviarnos a nosotros,
los agentes policiacos. Esta es la ley. ¿Cómo podría haber
error en esto?
—Yo no conozco esa ley —dijo K.
Tanto peor para usted —replicó el agente»
Franz Kafka, El proceso






Y COMIENZA LA NOSTALGIA SENSIBLERA



En torno al deceso de quien fuera periodista del semanario Zeta se han desatado la parafernalia, la paranoia y el sentimentalismo barato. La indignación de pacotilla parece oferta de supermercado, bien acomodadita en los pasillos del lloriqueo sempiterno, rayana en la adulación rastrera y desfasada por impulso de plomo candente: padre honesto, trabajador y profesional. ¿Quién da más?
Mañana, cuando sea ayer, la nostalgia sensiblera del ahora moqueo propagandístico será sustituida por otro realitichou. Por momentos la verborrea desbozalada se amaina con la trillada muleta «descanse en paz». Apoye la oferta que nos ofrecen los mercenarios de la prensa, súmese a la "reacción social", y una vez que seque el llanto regrese a sus monótonas actividades cotidianas. Échele usted la culpa a quien más le guste, que al cabo son tres los posibles efectivos que le dieron cran al periodista (una ganga del barrio Logan, los Zetas o el Pirrurris). La suerte esta echada, no hay opciones. Aunque usted piense maloramente que los más beneficiados son los caballeros de la bragueta persignada. Total, un muertito no es mucha inversión para obtener votos y, de pasón rozón, dobletear la venta de la edición. Pues ya lo dijo el Andrés Manuel López Obrador, palabras más, palabras menos: «Son tan torpes que, por el miedo que se cargan, son capaces de cometer cualquier estupidez». Y como el Janron les anda comiendo el mandado prelectoral, y, además, desde hace rato el señor Blancornelas lo trae de bajadita, pues que mejor que recurrir a las enaguas de la Muerte y ahí esconderse. Se trata de regar la milpa de la política con lágrimas ajenas y endosarle la bronca al hijo del profe, a ese que no le tiembla la mano. Y después de esto, así quedará afrentado y por todos vituperado. Sino se sabe de dónde provienen los matones, especular cualquier memez se antoja recurrible.
Tan abominable como el crimen es la propaganda obscena que se despliega aprovechando a las exequias del difunto. Pero, en fin, al batillo ya lo reventaron y, ahora, hay que aprovechar las ganancias que reporta su calaca. Qué remedio, si para morir nacimos; que, al cabo, como ya lo dijo Platón, el alma es inmortal y el cuerpo su prisión. Mientras el finado rinde cuentas en el traspatio del paraíso celestial, páginas y más páginas son atiborradas con nauseabunda verborrea, queriendo hacer del asunto un pedote mundial y tema de interminables tertulias cefeteras. La cháchara es insoportable: "crimen que hiere y lastima a la sociedad", "brillante carrera periodística truncada cruelmente", "irreparable pérdida de un ser humano", "cruento asesinato", "prócer de la libertad de expresión", "ejemplo de lucha ante las sinrazones del crimen organizado", "la sociedad entera está doliente de su pérdida" y novecientos etcéteras más.






DE LOS POBRES Y LAS PUTAS NI DIOS SE ACUERDA



Respetando las anteriores sutilezas del alma, boqueadas para darle ánimo a la derrota de los vencidos, la materia verbal que se vierte es una pobre gotita de agua para tanta sed. Junto al repertorio de altas resonancias pasan desapercibidas las voces de los simples mortales que también claman justicia. ¿Acaso la gente pobre, los indígenas y los macuarros que han sido ultimados no merecen esta promoción de histeria acartonada y de telepantalla? La incontinencia retórica conduce a la incongruencia supina. ¿Quién se ocupará de la mujer analfabeta de Guerrero que, en fecha reciente, los policías municipales le asesinaron a su hijo obligándola a suscribir un falso testimonio donde aseveraba que el chamaco se había suicidado? ¿Acaso nuestro ridículo presidente se dignará a mandarle también su trillada cartita de condolencias como lo hizo en el caso de Ortiz Franco? Qué manipulación tan oportunista y deshonesta entrevera la lucha contra el crimen. Los estratos sociales cuya existencia drenan pobreza y miseria no merecen más que la nota roja. Para la perrada que no tiene ni en qué caerse muerta están las medidas simplistas y el eco sordo. En cambio, para los empresarios, los individuos de altos ingresos y para la pelusa clasemediera que destaca en sus quehaceres y ambiciones superiores se reservan las grandes dosis de energía embravecida y el intenso fervor emocional a la hora de chupar faros. ¿Porqué la larga lista de las pobretonas difuntas juarenses permanece aún encarpetada en la fase preliminar de averiguación ministerial? Sencillamente porque se trata de rucas piojosas, porque —como dijo el frustrado pescador de peces gordos, Francisco Barrio Terrazas, cuando chuleteaba el puesto de desgobernador de Chihuahua—: "eso les pasa por andar a 'deshoras' fuera de su casa." Ni hablar, a ellas les han dado piso por andar de putas, y no tienen derecho a exequias moquientas y rimbombantes.
Los empresarios, políticos, académicos, periodistas, funcionarios y demás pesarosos que indigestaron las páginas del Zeta con sus compungidas esquelas —sin duda muy notables—, de seguro deben ser los primeros en repudiar los asesinatos cometidos por la migra en contra de nuestros paisas en sus intentonas de cruzar pal otro saite; los primeros en lanzar gritos de protestas en contra del desempleo, el hambre, el analfabetismo y la desnutrición de miles de masiosares; los primeros en hacer pública la delincuencia organizada del Fobaproa; los primeros en protestar por el desvergonzado derroche de dinero que se gasta en encuestas y promoción de imagen del inepto gobierno federal; los primeros en condenar la idiotez y los antivalores que promueve la televisión comercial; los primeros en exigir que se resuelvan los sucesos trágicos ocurridos el 2 de octubre de 1968 y el 10 de junio de 1971, y se indemnice a las víctimas. La indignación que manifiestan debe abarcar esto y más. Pero es claro que no la harán, qué esperanzas; porque sus vacuas misivas solamente sirven para mantener viva la gran falacia.
Sirva de ejemplo la carta inicial de los lamentos que adoba el semanario del Blancornelas (1577, edición del 25 de junio al 1 de julio de 2004). Contiene la verborrea chiclosa vertida por el marido de la Marta Sahagún, donde, entre otras yerbas vaciladoras, promete lo imposible a tarados extremos. Leámosla:


Nota: agregaré mis comentarios encerrándolos en corchetes.



«Señor Jesús Blancornelas:

Con profunda indignación, me he enterado del artero crimen que segó la vida del editor de [la preposición es incorrecta] Semanario [la mayúscula es inadecuada] ZETA, Francisco Ortiz Franco, periodista comprometido con el deber informativo [se trata de obviar lo obvio].
El Gobierno Federal [y dale con las mayúsculas] estará atento al curso de las investigaciones [lo cual quiere decir que la cosa va pa largo] y expresa su disposición para colaborar con las autoridades locales [¡uff!, qué gran alivio], a fin de esclarecer lo más pronto posible este reprobable hecho [trabajando sin tregua en esta empresa justiciera, hasta lograr que el desdichado matón sea entregado al suplicio].
Reciban Usted [¿otra vez mayúscula?] y los miembros [aquí el señor se olvido de las miembras] de ese destacado Semanario [¿otra vez mayúscula?], la expresión de mi solidaridad y compromiso [¿¡!?] para garantizar condiciones que permitan el pleno ejercicio de la libertad de expresión [como esas que hoy prevalecen y mandaron al hoyo al periodista].
Con la reiteración de mi pesar y consternación [me despido, por supuesto].

Atentamente.

Vicente Fox Quesada

Presidente de los Estados Unidos Mexicanos» [creer en lo que vocinglea el señor de las botas de charol sería aceptar como verdad su declaracion de ateo. Pero ya basta jaloneos espasmódicos. Las subsecuentes misivas, que tapizan no pocas páginas de la edición, están plagadas de la misma retórica pastosa].






ZA, ZA, ZA... LA MESA QUE MÁS APLAUDA...



El Blancornelas, no conforme con recoger en la edición supradicha tremendo chorizal de condolencias, se va patinado hasta la cocina reseñando los telefonemas ("llamadas personales") que recibió en señal de duelo; y pa hacer más gordo el caldo anota sin demora, y por encima de toda nomenclatura, nada más y nada menos que a la mismísima doña que, tiro por viaje, se agandalla la morralla en los supermercados, es decir, la Marta de Fox. De cincho tal cosa lo ha de excitar terriblemente, o lo hace para darse taco, porque a leguas se guacha que los nombres de la gentuza común y corriente no pueden ser admitidos en su libelo. Ya en otra edición posterior les hará ese favor, por lo pronto que la perrada se conforme con freír su existencia en el anonimato. Sólo pueden tener cabida los nombres del calado de Virgilio Muñoz Ledo, Carolina Aubanel y, metidos de panzazo, algunos pelafustanes como Ricardo Montoya Obeso o José Galicot. Los macuarros que se vayan a la Revo a inflar un burro por verga.





SI TE VIENEN A CONTAR...



Los ejecutores de Francisco Ortiz Franco aprovecharon la cantaleta y el ruido provocados por míster Blancornelas al descarrilar, a lo largo de once añucos, acusaciones del crimen perpetrado contra el Gato Félix, imputándole la autoría del homicidio al hoy aspirante a la alcaldía de este culo San de Diego. Y en cuanto ocurré el suceso el dueño del Zeta cae en el garlito de echarle la culpa a JHR de la muerte del periodista en mención. (Bueno, don Jesus Blancornelas no dice a bocajarro que el maicerón del hipódromo Aguacaliente sea el responsable del crimen, sino que lo considera como presunto autor de ese ilícito; lo que, a fin de cuentas suena a lo mismo). Pregonero de tal opinión, el JJB, y único director del Zeta (porque eso de llamar codirector a un muertito es pura mamada suya), avienta sus cacayacas acusadoras en el periódico Frontera por mediación de una nota —de primera plana— a cargo del gacetillero Manuel Villegas, y en la edición correspondiente al día 26 de junio de 2004, rubricada con el cabezal «Zeta señala a Hank, pero éste lo rechaza». Al respecto, escribe Villegas: "Blancornelas plantea que se basa en el conocimiento que el ahora candidato priista tenía de la actividad de Francisco Ortiz sobre la revisión del expediente por (del) crimen de 'El Gato' Félix." El inculpado, sabedor de la ligereza y corajina que rumia don Jesus, poseído por los demonios de la confusión (no aquel, sino éste ruco), se niega a participar en la reyerta y termina por mandar a la gáver al macizo del semanario Zeta, cantándole, muy cerca de sus peludas orejas, la rolita resurrecta que antaño jilguereaba el narcotraficante Pedro Infante: «Yo te aseguro que yo no fui. Yo no fuiiiiiiii».






EL EDITOR PÓSTUMO



En la segunda página de la gacetilla que timonea el Blancornelas, en realidad, viene a ser la primera y no la 2A, como erróneamente se anota en el pápiro de marras (edición 1577, 25 de junio a 1 de julio de 2004), nos topamos con la información editorial, donde aparece el nombre del occiso como responsable de la misma. El sentido de la fijación necrofílica —nótese que unos de los codirectores de ese semanario es también un finado—, sino fuera por la pesadumbre luctuosa, podría anunciarse en estos términos de comicidad:
—Yo, Francisco J. Ortiz Franco, no soy propiamente un periodista difunto, sino un difunto periodista.
—¡Ah, cabrón! ¿Cómo está eso?
—Me explicaré. Yo no soy alguien que ha escrito ese editorial y después ha muerto, sino que soy alguien que después de muerto lo ha estado escribiendo.
Hijos de la... La proeza semeja a una mentada de madre. Ya ni a los muertos respetan. Y todavía los cabrones —con letritas chiquititas— ponen al final del texto, que supuestamente ha tecleado una vez pirado el editor, la nota que reproduzco a continuación (respetaré las cochinas mayúsculas que meten a lo güey, así como la caótica prosodia). Y aquí va el ramillete de excusas: "Este espacio" (y no es espacio sino página con texto) "refleja el criterio editorial de ZETA y se respeta el nombre del Lic. Ortiz Franco hasta nueva decisión del Consejo Editorial." (más que respeto, creo que detrás de esta aberración los integrantes del mentado consejo editorial intentan ocultar el miedo que se cargan).
Qué idea tan genial esa de presentar un editorial escrito por alguien que ya está muerto. Con ese tipo de transmutaciones la rencarnación vale pa pura madre. Gracias al consejo editorial del Zeta ya podemos escribir desde el más allá (de la tumba o de la fosa común). Los comunicadores y gacetilleros han aprendido una nueva estratagema de hacer periodismo, y la fórmula es muy simple: «Muérase y luego escriba sus artículos o reseñas».
Teclear de modo obsesivo y repetitivo los temas del narco o de la suciedad política tiene su precio. Si al periodista no le toca el plomazo, al menos, cargará, tanto en el escritorio como en la cama, la angustia pegada como sanguijuela. Las balas no surgen del silencio, pues éste es su entelequia. O, ¿qué esperan las víctimas de los sicarios?, ¿que los inviten a jugar a las comiditas?
Venga de donde venga el putacazo, el nefasto crimen es un aviso intimidatorio a los comunicadores para que le bajen de güevitos a su licuado. Es una manera posmoderna de controlar a la prensa.






UNO DE LOS PAÍSES MÁS SURREALISTAS



Ya metido en la atmósfera sentimentaloide, osaré reproducir una instantánea sabatina, que más que un texto periodístico semeja una catarsis plañidera. Lo escribió un académico ostión metido a gacetillero, Sergio Gómez Montero, y que se atrevió a publicar en el Frontera el 26 de junio de 2004. La mengambrea ocurre en el momento en que el batillo, catedrático de la UPN, y su morro, guachan la teta vidrio. Y en eso están, cuando la telera saca a flote la tronada de Ortiz Franco, el vástago le inquiere al jefe: "¿Verdad, papá, que a ti no te va a pasar nada?". A lo que el autor de las Goliardescas responde (yo creo que para él mismo): "Dios, mío, carajo, ¿en qué País estamos viviendo? De seguro que no es en uno igualito a la antigua Grecia. Por otra parte, es de suponer que la conciencia del plebe preguntón quedó más aturdida de lo que ya estaba. Y es que la respuesta de su papi fue más que otra respuesta de obvio escepticismo. Pa que el señor Gómez Montero se dé cuenta en qué país vive, copiaré una anécdota narrada por Nikito Nipongo, y en la que refiere a un acertado eufemismo con el cual el famoso chamán de la poesía surrealista bautizó a este traspatio de los gringos. Dice don Nik: «André Breton vino a México con su esposa y, vistiendo ella blusa y pantalón de tela que por su dibujo simulaba piel de tigre, junto con Frida Kahlo los llevó Diego Rivera al Zócalo en la noche de un 15 de septiembre. A Breton lo bolsearon, golpearon y apachurraron, en tanto que a su mujer las hacían chillar las multitudes reunidas en la plaza, sobándole y pellizcándole tetas y nalgas. Luego fueron Diego y su señora e invitados a Tenampa... Crudo, aporreado y desvelado, al día siguiente monsieur André declaró a México el país más surrealista del mundo». (Nikito Nipongo, Museo nacional de horrrores, Océano, 1986).






VIVIENDO EN UNA TIERRA DE PUTAS Y CABRONES



Entre toda la tamalada de artículos malhechos que alberga el hebdomadario que regentea el perspicuo Blancornelas, me encuentro uno que lleva por título «La Tijuana de nuestros hijos», cuya patente autoral corresponde al Jorge Santibáñez Romellón. No se alegren mucho sus seguidores, el texto es un auténtico arsenal de imbecilidades (y todavía el ruco cobra por publicar sus mamertas ocurrencias). A él pertenecen las siguientes líneas, tocantes al homicidio de Ortiz Franco: "Lo asesinaron en presencia de dos de sus hijos de apenas 8 y 10 años. Ni siquiera me imagino el futuro de esos niños" [deberías de preguntarle al Chabelo]. "De alguna manera, al matar a Francisco, se mató tambien la posibilidad de que esos niños tenían de ser felices" [tamaña sandez que escupe el ruco nada tiene de cuerda; ¡vaya tío!, qué manera de soltar patrañas; así que no puede haber felicidad sin el padre. Mejor deberías de escribir cuando estés sobrio, men. ¿Para esto te graduaste de doctor? Qué infamia la tuya de lamber la chuleta presupuestal como presidente del Colegio de la Frontera Norte].
Continuando con las zandajas del Yorch, retomemos el hilo. Y dice el bato: "Me pregunto por qué los niños y los jóvenes de Tijuana tienen que crecer entre hechos delictivos, entre criminales y delincuentes [Ah, porque —como dijo el profe Vizcaíno— esta es una tierra de putas y cabrones]. Es de sorprender tanta ingenuidad, llena de frescura. Pero sigamos citando las mamelucadas del ruco que, dicho sea de paso, parece no haber leído ni siquiera la mierda que suelta el Cuauhtémoc Sánchez: "Con frecuencia me pregunto, como seguramente lo hace usted" [sí, pero yo lo hago utilizando signos de interrogación], cómo evitar que mis hijos, el día de mañana interactúen y convivan con integrantes del crimen organizado [¿a poco usted es muy pulcro e interactúa y convive solamente con puros individuos angelicales del calado de la madre Teresa de Calcuta?, ¿y cuando se codeaba con la pelusa que pertenecía a las gavillas salinista y zedillista que le daban de comer, en tiempos que estos delincuentes de cuello blanco eran sus patrones, no reviraba con las mismas afrentas conque lo hace ahora? Si quiere salir de ese agobio paternal, y no sabe lo que es tener suerte, pues nomás dígale a sus chilpayates que se suiciden, y asunto arreglado. Así mantendrá pulcras sus desatinadas concepciones. Ahora, si desea que sus hijos sean unos batos bien chichos, mándelos a refuegueársela a la calle Cagüila y aléjelos del gremio de cretinos al que usted pertenece].


¿Ven ustedes qué tan efectivo es el insensible posmodernismo, capaz de convertir la tragedia en espectáculo? Hasta nos olvidamos del difunto antologado.




www.elcharquito.blogspot.com
cretinadas@yahoo.com

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