Crítica de literatura contemporánea.

Saturday, July 31, 2004

ANUNCIO CRETINESCO DE úLTIMA OREJA:

EN RAZóN DE QUE A ESTE CRETINESCO CHARKOMEN LE VAN A PRACTICAR UNA LOBOTOMíA, EN ESTOS DíA, Y EL DOC CARNICERO CEREBRAL, NEURóLOGO, LE HA DADO RECOMENDACIONES AL BATO (O SEA A Mí), EL BLOG SUSPENDE SUS LABORES HASTA NUEVO AVISO Y RECUPERACIóN DE LA CHOMPETA (MíNIMO UN MEZQUITE VAN A DESCANSAR DE MIS CAGADAS DE PALO, BUENO, ESO SI NO QUEDO FRíO EN LA MESA DE OPERACIONES O ME QUEDO EN EL VIAJE POR A CAUSA DE LA ANESTESIA).

PD.' prendan veladoras pa que me muera y no vuelga. + rip
ALGUNAS ENTRADAS DEL

DICCIONARIO DE CALÓ

(1984-2004)




Autor: Éktor Henrique Martínez





aflojar.

Acción de dar, proporcionar, complacer, acceder, aceptar. Particularmente otorgar sin reticencia complacencia sexual. La Academia define el vocablo como soltar, entregar. Forma las expresiones Aflojar prenda, Aflojar el relingo, Aflojar las naylon, Aflojar el llanto, Aflojar el pedorro, Aflojar el puño de ligas, Aflojar las tepalcuanas, Aflojar el tambache, etc. Construcción: «Mi cuate tiene una vecina super buena, alta, güerita, caderona, chichona, nalgona. Verla es un orgasmo. Todos los güeyes de la cuadra se la quieren coger, pero ella no afloja pues anda con un mono de dinero que no es de estos rumbos» (El vouyerista chaquetero, Contacto sexual para cachondos anónimos, 01, 15-X-3).
<-(de flojo <- latín fluxus).
Véase: Soltar prenda; Capear; Mutilarse.




aventarse un taco de lengua.

Practicar el sexo oral. También significa decir mentiras o exagerar. Construcción: «Se aventó un taco de lengua porque no paraguas. -Se hubiera fletado mejor unas cacayacas de viagra» (Voz popular).
Véase: Bucear sin escafandra; Mameluco.




bola.

Botella de un litro de cerveza conocida como caguama. Construcción: «Abre la otra bola, que ya estamos secos» (Voz popular).
* Dólar de EU. Aunque en ciertos lugares de Sonora da a entender la cantidad monetaria de un peso. Construcción: «¡Qué le iban a andar creyendo los otros compas!: -No le haga al loco, socio, usted quería pistear y se quedó. Pero no hay bronca, lléguele. Desde entonces se sumó a la tropa y a la colecta: -Carnal... carnal, ¿no trai ahí unos cien bolas pa' completar unos tabacos» (Miguel Angel Avilés Castro, El Gallo, Los sordos territorios, Unison, 1997, p. 36) / «Este tramado me costó veinte bolas» Voz popular).
* Vientre de la mujer por efecto del estado de embarazo. Construcción: «La ruca, nomás se arranó y le hicieron la bola» (Voz popular).
* Lustrada que se da al calzado.
<-(del provenzal bola <- latín bulle).
Véase: Reintegro; Picada de bitachi.





dope.

Pedo, como flatulencia; y, asimismo en su acepción de dificultad problema o asunto. Construcción: «...mexicanos, cuya soberbia no los deja reconocer la superioridad de comportamiento de los gabachos, incluso los ven con resentimientos, con enojo, que más bien es un complejo de inferioridad ancestral, pero ni dope, allí los tienen y allí los tendrán» (Matarili, Órale, 2004).





dejar premiada.

Embarazar, preñar, y en el varón, contagio venéreo. Construcción: «A la ruca la dejaron premiada por andar de jariosa» (Voz popular).
Véase: Picada de bitachi; Premiar.
Véase: Pedido; Pederniz; Birote; Pum.





línea.

Aduana fronteriza o garita internacional para cruzar hacia los Estados Unidos. Es más usual entre la perrada decir Línia * Dosis de cocaína o crystal que se inhala o se aspira en raya. En este caso, suele decirse Lineazo o Liniazo. Construcción: «Ante esta situación, no podemos evitar que un bajacaliforniano cruce la línea y se compre un auto a buen precio en perfectas condiciones» (Rubén Darío Jiménez Pérez, Frontera, 05/09/01) / «welcom tu Tijuana, / (sic) donde hacer cola en la línea / pa ir pal otro lado de compras / se vuelve un martirio de dos horas» (Roberto Castillo, Udiarte, El perro labioso, elamoroso guaguaguá, 2002, p. 28).
<-(del latín linea).
Véase: Cerco; Bordera; Bordo.





loquera.

Cualquier tipo de droga o estupefaciente * Estado de drogadicción. Construcción: «El bato está piratón, se quedó encaramado con tanta loquera» (Voz popular) / «...se trata de un bar donde acudían muchos judiciales ya que el nombre de esa cantina les ponía a pensar en su loquera, y su nombre El Perico es una tradición en esa área...» (Chicotillo, Chismes faranduleros, El Mexicano, 4-II-3).
<-(de loco <- port. louco <- árabe lawqa).
Véase: Locochonería; Ponerle machín.




naco, naca.

Se remite a un calificativo de ignorancia, incultura o de pésimo gusto; sea porque un individuo presume de lo que carece, o bien se vanagloria de lo que posee, sin darse cuenta que cae en una actitud ridícula; como el neófito que se cree con mente de enciclopedista y opina que los jugos gástricos se beben como los de naranja y que la prueba del papa nicolao tiene algo que ver con el Vaticano. Por ejemplo, se considera como naco el que pretende pagar una cajetilla de cigarros con tarjeta de crédito; el que se viste de casimir inglés con botas vaqueras; es una naca la muchacha que saluda de beso a cualquier pelafustán que acaban de presentarle o la joven pueblerina -arrancherada- con ínfulas chica cosmo. También se considera naco al individuo de clase media, o de bajo estrato social, con aires de aristócrata; a la persona corriente que se cree de noble cuna; el inculto que se jacta de letrado y a menudo tropieza con sus incoherencias. También suele llamarse naco al que tiene rasgos indígenas muy marcados, al pobre, al individuo que vive en la ciudad y que mantiene costumbres propias de las rancherías, al vulgar y al prosaico. La academia lo inscribe como indio. Jorge Mejía Prieto, en su Diccionario Básico de Mexicanismos, apunta la siguiente definición: «Individuo burdo, vulgar, mal educado; barbaján. En un principio, el vocablo se empleo para nombrar peyorativamente al indígena aturdido y mal incorporado a la vida urbana. Con el tiempo, la palabra se fue transformando y hoy en día designa al mexicano de cualquier color y de cualquier estrato social; pero caracterizado por su ordinariez. Para algunos, el término es aféresis de totonaco; para otros, de chinaco». Guido Gómez de Silva informa en su Diccionario Breve de Mexicanismos que la grafía posiblemente derive de totonaco y que se refiere al indio o la persona de bajo nivel cultural. Construcción: «...se pudo ver al montón de nacos que bien volados se fueron al mitote para conocer a 'esas dos grandes personalidades'...» (Kiury, Confetis y Trompetillas, Frontera, 31/08/01).
Véase: Chalino; Chonte; Pollo; Chero; Paisa.






panocha.

Órgano genital femenino. El Diccionario de la Real Academia erróneamente la define como vagina, omitiendo clítoris o vulva, labios vaginales y demás pelos y señales. En diminutivo es novia, amante, esposa, querida, o simplemente muchacha. Construcción: «Mi janipai, mi celo escondido, mi frutita de temporada, mi uyuyuy, / mi muñequita de sololoy, (sic) mi deseo carnal, mi panochita divina» (Roberto Castillo Udiarte, elamoroso guaguaguá, p. 51) / «...y qué decir de su riquísimo triángulo sexual, es un manjar tan cachondo, que al verlo cuando usa tanga siempre me dan ganas de mamarle la panocha y beberme sus jugos hasta la última gota...» (¡Cachondísima!, Historias de sexo, 33, 2003) / ««Una ruca medio peda, se encuentra muy enfada por que no hay quien platique con ella; y para no entrarle ni al monólogo ni al soliloquio, comienza a fraguar una diatriba con su panocha. Comienza a decirle: —Mira, cabrona, gracias a ti tengo mi lanita en el banco; gracias a ti tengo mi carrucha del año; gracias a ti tengo esta cantona. Pero, de pronto y sin darse, la ruca empieza a miarse; entonces le dice a su panocha: —¿Porqué lloras, pendeja, si no te estoy regañando» (Voz popular).





paradita.

putilla que talonean clientela en las principales calles de la Zona Norte del centro de la ciudad de Tijuana, en la calle Primera y en avenida Coahuila. El calificativo de paradita es un tijuanismo y se atribuye a la damisela por la posición que asume en su faena laboral. Construcción: «Sobre Tijuana, dice que el número de antros y congales ha crecido... La mayoría de las chicas que trabajan en espectáculos nudistas o que se prostituyen en distintas calles del centro de la ciudad son migrantes de entre 14 y 17 años. A estas últimas se les identifica con el nombre de paraditas» (Raúl Monge, Proceso, 1403, 21-IX-3) / «...El vendedor, y yo, todos, quedamos regados por la acera entre charcos de orines y aceite y con nuestros ojos dirigidos hacia el cielo "coahuilense". Y olisqueando los pies de las "paraditas"» (Juan Carlos Domínguez, Mundillo Cultural, Existir, 38, agosto de 2003) / «Puntualizó que la solucion al problema es que los homosexuales consigan trabajo en otro bar "gay" o bien lleguen a un acuerdo con las sexoservidoras conocidas como las paraditas" que trabajan en la zona de tolerancia permitida para ejercer la prostitución» (JLC, El Mexicano, 29-VII-4).
Véase: Sonaja; Cagüila; Suri; Leandra.





purrún.

Pedo, flatulencia * Problema. Construcción: «Luego luego me lanzo sobre las gorditas. Ellas siempre aceptan. Pero conste, les digo, yo soy de los que tardan en sentarse. No hay purrún, me dicen» (Luis Humberto Crosthwaite, El arte de bailar con gorditas, Día Siete, 168, 2003).
Véase: Pum; Pedido; Tuinqui; Pedernal.





puta.

Adjetivo y sustantivo de uso más frecuente en los avatares de la lexicografía pop. Y en este caso, sale sobrando la puta definición, que va desde leandra hasta bonita y fea, cuando se le agrega el superlativo; pasando por estupendo, sorprendente y exclamación de fastidio. Construcción: «Han traído putas al banquete de Alestaz. / Se sientan cadáveres a la mesa / por mandato expreso de la usura» (Ezra Pound, Canto XLV). / «Más llámenme a mi puto enamorado, / si al cabo para puta no os dejare; / y como puto muera yo quemado, / si de otras tales putas me pagare; / porque las putas graves son costosas, / y las putillas viles, afrentosas» (Francisco de Quevedo, Desengaño de las mujeres) / <<...realizaron actos de putísima madre...» (Martín Romero, Comicópolis, p. 32).
<-(italiano antiguo puto, putta, muchacho).
Véase: Leandra; Rotativa; Cogedora;Tapu.




¡puta madre!

Expresión que denota disgusto, desagrado o enojo. Construcción: «¡Puta madre! ¡Qué chinga tener que volver a empezar a escribir de nuevo esta pendejada!» (Voz popular).
Véase: ¡Chinteguas!; ¡Chingada madre!




putañero, putañera.

Derivado de puto y puta, mediocre, feo, mal hecho, desagradable * Cobarde, detractor, malvado, traidor. Construcción: «...la bestia negra de Kissinger (sic), figura como uno de los responsables de la muerte y desaparición de activistas, estudiantes y líderes (sic) cuando sirvió al gobierno tenebroso y putañero del Tío Sam» (Martín Romero, Comicópolis, p. 24) / «España: había concluido la asquerosa guerra carlista y se anunciaba el reinado putañero de Isabel II» (Raúl Prieto, ¡Vuelve la Real Madre Academia, p. 139).
<-(de puto <- ital. puto, putta, muchacho).
Véase: Culeis; Hojandra; Pitero; Sarra.




puteada, puteado.

Golpeada, descompuesto, inservible, destrozado, destartalado * Vida licenciosa y de promiscuidad. Puede decirse Putiada.
<-(de puto <- ital. puto, putta, muchacho).
Véase: Madreado; Chingado; Jodido.




putear.

Golpear, lastimar, descomponer, echar a perder, destartalar, desbaratar, destruir.
* Tirarse a la prostitución, llevar una vida licenciosa y depravada. Puede decirse también Putiar.
<-(de puto <- ital. puto, putta, muchacha).
Véase: Madrear; Cinchar; Chingar; Fregar.




putero.

Mucho, en abundancia * Lupanar.
<-(de puto <- ital. puto, putta, muchacho).
Véase: Chinguero; Guato; Bulo.




putete.

Derivado de puto, homosexual, afeminado, cobarde, traicionero, abusivo, malvado, ruin, detractor.
<-(de puto <- ital. puto, putta, muchacho).
Véase: Putarraco; Jotete; Ojandra; Ojal.





putito.

Miedoso, cobarde, detractor, abusivo, malvado, desleal, traicionero, homosexual, afeminado. También se utiliza en sentido afectivo entre los amigos. Construcción: «¡Qué onda, putito!» (Voz popular).
<-(de puto <- ital. puto, putta, muchacho).
Véase: Putarraco; Putete; Joto; Jotete.




puto.

En 1611, seis años después de publicada la primera parte del Quijote, Don Sebastián de Covarrubias saca a flote su obra el Tesoro de la Lengua Castellana o Española donde se niega a definir la entrada correspondiente a la palabra puto. En ella Don Sebas, dice el máster Raúl Prieto, "es afecto a los latines, llegando al extremo de negarse a emplear el castellano al dar cuenta del sentido de cualquier voz que tenga por pecaminosa". En efecto, la dicción en comento queda fijada así: "Puto. Notae significationis et nefande". Concluye al respecto don Raúl que, Covarruvias, "ni valiéndose del latín se atreve a dar la definición exacta". Por su parte, se señala únicamente en el Diccionario de la Real Academia que puto es hombre homosexual, hombre que se prostituye. Pero esta estrechez semántica se queda corta con las alocuciones vertidas por Quevedo en uno de sus tantos poemas célebres: «Puto es el hombre que de putas se fía, / y puto el que sus gustos apetece; / puto es el estipendio que se ofrece / en el pago de su puta compañía. / Puto es el gusto, y puta la alegría / que el rato putaril nos encarece; / y diré que es puto a quien parece / que no sois puta vos, señora mía» (Francisco de Quevedo, Desengaño de las mujeres, Versos de Burlas, Mondadori, 1998).
<-(del italiano ant. puto, putta, muchacho).
Véase: Lencho; Leo; Topu; Culeis; Culebra.




reata.

Pene, miembro viril * Valiente, leal. La primera acepción ha sido incluida en la vigésima segunda edición, 2001, del diccionario estándar. Construcción: «Me estremecí completamente al momento mismo en que sentí la primera mamada, ella chupó la reata clavándola un poco más entre su lengua y dientes» (Historias de la maestra, diciembre de 2003) / «El bato es bien reata; no le saca» (Voz popular).
<-(de reatar <- de re y atar).
Véase: Perrón; Machín; Felo; Chido.




rifársela.

La Real Academia lo registra como rifar, en el sentido de sobresalir, distinguirse, reñir o contender; pero en la especie significa también arriesgarse o decidirse a realizar aquello que otros no quieren hacer. También significa esforzarse y trabajar. Construcción: «...la Santa Cecilia es refugio de quienes melancólicamente añoran el día inalcanzable de que algún día podría volver, siempre que hayan más de dos, como Marx y Engels, dispuestos a soñar y a rifársela» (Martín Romero, Comicópolis, 1999, p. 62).
Véase: Aventarse el tiro; Dejarse caer.




tinaco, tinaca.

Adicto al thiner o solvente. Construcción: «El recipiente de plástico se fue vaciando rápidamentey antes de acabárselo ya estaba pidiendo el otro. Aprovechó el receso para reseñar su vida: -Me dicen 'el Zorris'... aquí vivo abajo... soy tinaco... -Oyes... pero eso te hace daño. -Pues sí... pero como dice el dicho: cada quien su vida ¿qué no?... si me jodo va a ser por mi gusto... ¿dos tortillas nomás?» (Miguel Angel Avilés Castro, Ese olor, Los sordos territorios, Unison, 1997, p. 61).
<-(analogía por deformación).
Véase: Toncho; Tineroso; Microfonista.




tocar el piano.

Holgazanear o estar de ocioso. Construcción: «-Estuve cuatro días encerrado... me querían echar la bronca de la frutería, pero yo ni en cuenta... es que unos morros sacaron sabritas, pingüinos y no sé qué otras cosas más desde la puerta, con una de esas manos de plástico que venden en la tienda Ley. De todas maneras me pegaron una calentada y tuve que tocar piano... puse la huellas pues...» (Miguel Angel Avilés Castro, Ese olor, Los sordos territorios, Unison, 1997, p. 63).
Véase: Tirar güeva; Tirar barranca.




yolanda

Yo. Construcción: «¿Quién va'ser el bueno que se'va tender a la marqueta a comprar las caguas? -Yo-landa» (Voz popular).
Véase: Yo-merengues.




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Friday, July 30, 2004

Vertedero de cretinadas





Por éktor henrique martínez






KARINA MUÑOZ

¿QUIÉN SE ENGAÑA O QUIÉN ENGAÑA A QUIEN ?




«A una mujer que se espanta
de ver una lagartija,
una dádiva de muerto
es una cosa muy linda»
Francisco de Quevedo





AFILANDO EL MACHETE CULTUROSO


Existe una gran contradicción en la actividad comunicadora que ejercen los mass media; si la comunicación debe tener por esencia un función social, resulta entonces paradójica la apropiacion privada de dichos instrumentos superestructurales que, más que comunicar, están destinados a producir una inversión entre la forma y el contenido de la información. Es la ambigüedad del sistema distrófico neocapitalista que disfraza la lucha de clases en sutil juego de polaridades, reproduciendo su ideología —sustentada en valores de individualismo oportunista, liderazgo mezquino, éxito inflado, egoísmo brutal, competencia abusiva y democracia quimérica— a través de los mecanismos de difusión, diseñados —hic et nuc— por los reaccionarios estridentes al servicio de la elite dominante. Sin embargo el fenómeno de contradicción, efecto del fetichismo capitalista de las mercancias, no puede permanecer oculto, pues como ya lo apuntaba Marx, "este antagonismo entre las potencias productivas y las relaciones sociales de nuestra época, es un hecho, algo palpable, aplastante." (Marx-Engels, Reader, p. 27).

Teniendo esto en mente, podemos entender la razones por las cuales el monopolio embrutecedor, o sea el grupo Televisa, sito en Tijuas, se ha disfrazado de institución cultural para echar por la pantalla de la teta vidrio un desabrido programa —diz culturoso—titulado «Fusión, Encuentro de ideas», aprovechando que la mierda mediatizadora de la burguesía criolla ha llegado a extremos tales que al espectador-consumidor de telepantalla le resulta imposible distinguir los conceptos de cultura, publicidad e información. Se encargan de gestionar los postulados de la empresa (asegurar el axioma que domestica la realidad antagónica) la parejita formada por la Karina Muñoz, lectora de notitas informativas del Canal 12, Notivisa, y el (in)comunicólogo Jorge Ramos (ojo: no confundir a este güey con el panista cara de idiota que se anda candidateando para alcade de este culo de San Diego).

El programa de marras, con un tiempo de duración de media oreja, será trasmitido los días jueves a las once de la larache (con retrasmisión el día sábado a las donas de la détar). Más adelante nos meteremos a la panza de este bodrio televisivo pa ver cómo estuvieron los pedos que regorgorió la noche del jueves, ya que, primeramente, daré cuenta a mis lectores de la balumba salivosa que la tal Karina aventó encima de la grabadora del Jaime Cháidez Bonilla, cuando éste batillo la entrevistó. (La entrevista salió publicada en la sección Telón del pápiro el Mexicuín el mismo día jueves 29 de julio de 2004).


LA ENTRE VISTA

Pregunta el Cháidez a la ruca:


«—Karina, ¿qué ha pasado en todos estos años, desde las entrevistas que hacías encima del ring hasta la conducción de tu propio espacio cultural de 30 minutos?».


La ingenua jaina, sin darse se da tinta del tono sarcástico de la pregunta, desboca su garganteo con una longa respuesta digna de un loro eyerbado, empitonando estupideces y camelos con alta dosis de mediocridad.

Nota: los comentarios que sean pertinentes los encerraré entre corchetes.

«—"He crecido, he madurado" [se nota, chiquilla, se nota... pues ya no te queda la ropa que te ponías cuando cumpliste tus 15 primaveras; eso que ni qué —dixit la Paty Blake—] "y también me he inclinado más por lo que creo que puede ser una diferencia positiva" [¡y vaya que lo es!; has brincado con tus entrevistas desde el Perro Aguayo, el Super Porky, hasta el pro Rubén Vizcaíno]. "Creo que con el espacio cultural" [¿¡!?] "que inicié en 1996 dentro de las noticias" [corrijo: que te ordenaron tus patrones que iniciaras; pues, simplemente, eres una empleadita más del enajenante pulpo televisivo, pimpollito; y tocante al término 'noticias', supongo que trataste de decir noticiero, porque nadie puede meterse 'dentro de las noticias' a no ser que se convierta en chisme u objeto de nota roja], "me di cuenta que los artistas querían hablar sobre" [no 'sobre', sino de] "lo que ocurría con ellos y su única forma de expresión eran las distintas disciplinas artísticas" [pues te cayó demasiado tarde el veinte, nenorra; ya estabas muy gandalla en 1996, cuando tripiaste que los artistas querían hablar de lo que les ocurría; y a todo eso, ¿qué coños era lo que les ocurría a los batos?]. "De esta manera, lo que me propuse (a) hacer es" [fue] "darles esta voz" [¿cuál?] "para que la gente se diera cuenta" [¿de qué cosa?]. "No cerrar los ojos" [¿ni pa dormir?] "a lo que está ocurriendo" [¿y qué está ocurriendo?, ¿y dónde?] "y crear un mundo nuevo" [¿y tú solita lo pretendes crear?; pues ni que fueran tortillas de harina; ¿un mundo como el que pensaba Ernesto Che Guevara, Adolfo Hitler, José Stalin, los Tupamaros, la Liga 23 de Septiembre, Anastasio Somoza, Tupac Amaru, Pancho Pantera o la Chimoltrufia?], "al contrario, estar consciente de lo que está ocurriendo" [y dale con lo que está ocurriendo; ¿qué es lo que ocurre?] "pero decirlo de otra manera" [pero, ¿qué es lo que se debe decir de otra manera?; por ejemplo, ¿algo así?: cómoda de tu hermana, para no decir: acomódame a tu hermana; o bien: huele a traste, para no decir: atrás te huele] "y decir que hay esperanza" [de aparecer en la pantalla del televisor] " y que, precisamente está en las artes y la cultura" [pues qué lastima, porque esa pinche esperanza va a maler madre en manos de Televisa, y para que los titiriteros y carroñeros que le entren al chou queden maniatados al apuntador electrónico,e imitando la rigidez pasmapilante de tipos chupapollas como los nefastos carasdobles del Carlos Monsiváis y el Germán Dehesa, entre otros comemierda ya coptados]. "Por ello me fui inclinando" [¿¡!?] por esto de la promoción cultural."

Toda vez que la cadena de insensateces que golpea el raciocionio de los lectores, y dado que la perorata de la entrevistada parece interminable, la bestia bloguera que traigo aprisionada dentro de mi camisa me obliga a ir al refrigerador por una caguacha, abrirla y pegarle uno chatotes.



Glup, glup, glup, glup, glup, glup... hasta el fondo


—¡Ahhhh! Bendito sea Dios. ¡Uta, madre! Hasta me lloraron lo ojos. Pinchi cagua, estaba como culo de pingüino.

Ahora todo es cultura. La demagogia oficial es cultura, las babosadas del Fox son cultura, la estrechez del lenguaje de la tal Karina también es cultura. Los pavorosos comerciales de la telera, atestados de mentiras y racismo, también son cultura; los asquerosos churros el la mentada época de oro del cine mexicano son cultura; las pendejadas de astrología fraudulenta que escupe el putete andrógino del Gualter Changarro son cultura; la repetición criminal de las nauseabundas películas del Pedro Infante, Cantinflas y Mario Almada son cultura; las cátedras para chamacos idiotas que escupe el ridículo vejete del Chabelo son cultura; el alabazo que el gobierno foxista y Televisa armaron para liquidar el 12.5% de tiempo de trasmision que imponía la Ley Federal de Radio y Televisión a las empresas televisoras como concesión al estado es cultura; el precio que se paga por un minuto de plublicidad televisiva, pasada una sola vez, y equivalente a 24 años de salario mínimo es cultura.

El programa «Fusión», regido necesariamente por la ley de la publicidad, sólo representa un proyecto de oropel, una excitación efímera para culturosos oportunistas, un nuevo fetiche que enmascara la mistificacion de la ideología tecnócratica de la clase dominante por intermedio de la supuesta "neutralidad" y la abstracta igualdad cívica qu pregona la democracia prágmatica; la estrategia para que una minoría se aproveche de los productos de una mayoría.


NOTA

EN EL PRóXIMO VERTEDERO CONTINAURé DESPEPITANDO LA ENTREVISTA CHAIDEZIANAMUñOZIANA, Y ABORDARé LAS PAYASADAS BUFONESCAS A LAS QUE SE PRESTó EL XAVIER VELASCO, Y DARé CUENTA DE CóMO EL MUSICóLOGO OCTAVIO HERNANDEZ, EN ARAS DEL ROCK-ESTARISMO, ALQUILó SU CABEZA DE MICRóFONO A TELEVISA.

AH, Y DE QUé MANERA SE LUCRA CON EL FANTASMA DEL PROFE VIZCAíNO.



Thursday, July 29, 2004

Vertedero de cretinadas

 

 
Por éktor henrique martínez

 

 
LA SILLA ELÉCTRICA DE MARTÍN ROMERO
 

Primera parte
 

(corregida y aumentada)
 
 
 
 
 

«Ven Satanás, ven acá, hijo de tu chingada madre.
Ven a ver cómo se escribe la historia mía, cabrón.
Pa que no te hagas pendejo»
 
Rubén Vizcaíno Valencia

 
 
 
 
 
LA  LITERATURA  FRONTERIZA EN SU JUGO
 
 

               «—Lo primero que tienes que hacer es ponerte dos guantes de plástico —le dice el chino Way Lee a Mario Rojas—; luego, de este frasco  de vaselina untas en las puntas de los dedos índice y mayor esta cantidad que pondrás  alrededor  y dentro de su ano; luego vuelves a untar, en los mismos dedos, la misma cantidad que usarás para limpiar  su recto; en seguida pones cuatro pedazos  de papel de baño  sobre este papel especial, que ayudará a que las sábanas  no se manchen de excremento». 

«—Aun así, en pleno martirio, el chino era un chingón en el  manejo de los dedos, que entraban en su culo y salían de éste una y otra vez (lo tenía del tamaño de una peseta)».
«—Cómo te sientes? —dijo Way Lee.
—Oh, siento que estoy en el paraíso —respondí.
—Mario, no seas sarcástico —dijo el señor Sampson—. Esto que has visto  lo tendrás que hacer uno de estos días.
—Pero, señor Sampson —dije muy seriesote—, es una sorpresa fenomenal lo que he visto y olido.
—Es una experiencia nueva. Es todo —dijo el señor Sampson.
—¡Qué experiencia! —dije.
—Me gusta que seas optimista, aun cuando tengas que meterme  dos dedos en el ano. Cómo respeto y estimo esos dos "dedos salvadores"; si no fuera por sus índices y sus mayores no sé qué sería de mí.

Guardé silencio por más de un minuto.

El señor Sampson, luego de bostezar, dijo:

—Mario, si logras pasar esta prueba  sobrevivirás  a cualquiera que la vida te ofrezca. ¿No es verdad, Way Lee?
—Sí, señor Sampson».
 
 

               Al siguiente día, Mario Rojas se despierta recordando unos versos de Quevedo:
 
 

La voz del ojo que llamamos pedo,
ruiseñor de los putos...
 
 

y mientras pasan por su chompa las imágenes en que Way Lee le clineaba el toliro al gabacho, le pregunta a su esposa:


«—Sara, ¿no se te pone la carne de gallina saber que un día  lo limpiaré?
—No.
—¿Porqué?
—Porque ustedes, los hombres, se asustan de todo, son muy cobardones.
—Óyeme, no creo que sea un privilegio limpiarle la cola a alguien por cinco dólares. ¡Ni las putas sufren como yo sufrí y sufriré!
¡Malíciala!
 

Sara siguió leyendo el periódico y dijo:
 

—Ya, escandaloso. Deberías visitar las salas de hospitales  donde  las mujeres dan a luz  para que dejes de chillar.
Mandé a Sara a la chingada (claro, en mi mente porque no era conveniente decírselo en su cara: ella ganaba  más dinero que yo y yo era quien iba irse a la chingada si le seguía haciendo al macho respondón).
"Mario, si logras pasar esta prueba sobrevivirás a cualquiera que la vida te ofrezca" — recordé las palabras del señor Sampson».
 


               Lo expuesto anteriormente son trozos del tejido narrativo de los capítulos VI y VII de la Silla eléctrica (1998); novela de Martín Romero, escritor norbajacaliforniano, que para los ojos de los lectores (de la buena literatura) y de los críticos (¿cuáles?) ha pasado desapercibida, por no decir que ha permanecido oculta. Y, en efecto, por angas o mangas, la obra no tiene la resonancia que merece; y no me refiero a las dificultades de difusión editorial, sino particularmente al desdén cáustico y el ninguneo gratuito hacia el autor, quien no es ningún diletante en el quehacer literario, ni tampoco un pájaro nalgón inflado con pedos  de gansos de hortelano por  razones de cuatachismo o apalabre mediático, como suelen figurar  conocidos chupapitos, apenas capaces de bosquejar  ologofrénicamente unos cuantos garabatos. ¿Nombres? El descerebrado de Carlos Adolfo Gutiérrez Vidal, la sebosa de Regina Swain, las seudopoetillas y chamacas bobas —made in Miquimaus— Teresa López Avedoy y Lorena Cienfuegos, el varón castrado de la Cristina Rivera Garza y sus virtuales hijas putativas de La Línea, entre otros engendros yepezianos y existirosos. (La única que se salva entre toda esa recua de putillas y lesbianas culturosas es mi musa la Paty Blake; así que ni me la toquen porque se las verán conmigo si algo gacho dicen de  ella, culeros).
 

—Pero volvamos a lo que te truje, Chencha.
—Simontaras en una burra.
 
 

               Pa los que no sepan, La silla eléctrica,  durante el zedillato fue galardonada por el CONACULTA con el Premio Estatal de Literatura 1998.  Y, díganme si el bato que la parió no está cabrón: ese mismo año —sin meter cuchupo— también se cuaja con otra presea (piojosa, pero presea al fin); por su libro de ensayos y crónicas, Comicópolis,  recibe el Premio Estatal de Literatura 1998, en lo que toca a periodismo cultural. Así que el batillo, como decía mi agüela, no necesita bulis pa nadar; el güey se la rifa solimán, sin andar langareando ni pidiéndole chichi a ningún hijo de puta. (Me están dando ganas de entrarle a esos pinchis concursitos cagados que oficia la ignorante de la Sari Bermúdez, ya de perdis pa levantar una leve mosca pa los chuchulucos y condones que no se rompan con el primer palo de tres yemas que uno le avienta a sus grupis blogueras).
 
 
 

               Bueno, basta de digregaciones y regresemos al birote inicial.

 


EL MECHUDO CANONISTA DE CHICALI
 
 

               Y ¿qué dice el canonista de la voz engolada acerca del Martín Romero en su menguado libraco Diccionario Biobibliográfico de Escritores de Baja California? El esteta mechudo solamente le dedica 4  renglones, diatiro cacicones. Guachen el pedo:


«Romero, Martín (Mexicali, B.C., 1965). Narrador y ensayista. Ha sido becario del FOECA en 1994. Ganó el premio estatal de literatura, en 1998, en novela y periodismo cultural. Autor de La silla eléctrica (novela, 1999) y Comicópolis (cronica, 1999)». 
 
 
 
 
NOTA: 
 
 
 Como al barbón cachanilla, igual le da meter en su lexiconcito literario mujeres de mala nota que especialistas en Borges o Lacan, dijera el Joaquín Sabina; remito a los lectores y lectoras a mi Vertedero de cretinadas (guardado en archivos del blog El Charquito) ribeteado con el cabezal «Gabriel Trujillo se desmelena», donde paso revista a los sesgos y omisiones de sus truculencias biográficas. Pero antes de entrarle a la machaca, métase un pomo entero de fenobarbital para que apacigüe la depre postrera, como lo hizo la niña Hemingway.
 
 

—¡He dicho. Caso cerrado!

 
 


BAJTÍN ME HACE LOS MANDADOS
 


               Se trata de una novela hecha por un escritor fronterizo, de acá de este laredo de Mexitlán de las tunas, pero su entorno geográfico no corresponde a este tafanario de San Diego, sino al país más poderoso del mundo. La silla eléctrica representa simbolicamente el encuentro —contrapunteándose la yuxtaposicion, choque y rechazo— de dos mundos: el de la supraindividualidad pragmática (oportunista, racista y explotadora) del gringo, por un extremo y, por el otro,  el del ser fronterizo, de cultura heterogénea, escindido en dos idiosincracias y consignado a recibir unas cuantas migajas del american dream a cambio de un putizón laboral.
               En la obra hay una profunda participacion biográfica; el nivel de coexistencia semántica de las iniciales MR parece así suponerlo. Pero no hay que irnos con la finta, pues Mario Rojas, personaje principal de la novela, no representa al Martín Romero, ni es una réplica monológica redondeada por el autor. Martín Romero al escribir  La silla eléctrica se convierte en mero espectador de las acciones y vivencias del Mario Rojas; es, por tanto, el anfitrión de sus personajes. Es verdad que Romero ha creado a Rojas, pero entre los dos hay distanciamiento, una ruptura de cordón umbilical que libera al personaje de su autor. A Mario Rojas actúa con una conciencia de sí mismo, que es una autoconciencia dominante en la estrutura literaria de la novela; se mueve en su propio mundo. Por eso el autor no habla de él, sino con él; o sea con su propio discurso. 

               Puede verse en la novela que su autor no tomá posición o partido por ninguno de sus personajes; sencillamente, son ellos —el samaritano y culturoso Mario, el mandilón y cuadripléjico Sampson, la culerona e histérica Carly, la desconsiderada e insensible Sara, el tecolín Bruce,  el tacataca Way Lee, el suato Sika, el mezquino Casey— quienes se encargan de lanzarse sus respectivas frustraciones, sus manifestaciones e insinuaciones, sus descargas morales, sus  matices peyorativos  que ponen en relieve tal afirmacion:
 


—Dime Carly, no me llames "señora Sampson".
"Que vieja más mamona" —pensé por un momento...» (p. 32).


«Al salir Carly de la casa, el señor Sampson dijo "puta"  dos veces .
Volteé a verlo y  observé que tenía carade fuchi» (p. 58).


«No; mi vida con Sara era otra cosa: adiós party. Recuerdo la última  de sus amenazas: "Escúchame bien, Mario. Si no te alivianas este año te mando a la puta chingada. Piénsalo bien"». (p. 60).
 


               Y lo mismo ocurre al vislumbrar la lucha de voces ideológicas que resalta en los momentos de interacción sicológica de los personajes:
 


«—Mario,  a mí me gusta proteger a mis  animales. Tengo un perro chihuahueño. ¿Estás dispuesto a quererlo?
—Darle de comer sí, pero quererlo... no sé.
—¿Porqué no sabes?

Saqué el pecho y dije en tono severo:

—Porque la palabra querer es una abstraccion verbal. No confío  mucho  en quienes dicen "te quiero" cuando el querendón  hace todo lo contrario. Ahora bien, yo guardo en mi memoria  los actos buenos que he ido registrando  al paso de los años y que me dan más seguridad para hacer las cosas. En pocas palabras, estar en armonía con mis semejantes. Espero que me comprenda, señora Sampson» (p. 32).

 
 
 

FROM BEGINNING
 
 

               La función del narrador es desarrollada por el personaje y se haya predeterminada, aparentemente, por el discurso biográfico. Pero esta es la forma en que Romero engaña al lector, lo cual le permite ahondar en campos más abiertos de posibilidades verbales. El tono y el estilo con los cuales estructura la obra son amenos, directos y sin ambages metafísicos para no sobrevaluar la palabra ni desgastarla en mamadas ridiculescas. Romero se tira a escribir al chile pinto y sin reservas, salpicando de caló sus enunciados. La lectura del texto jala; contiene un gancho sicológico que no permite al leyedor abandonar la mengambrea. (Tan perrón así está el pinchi Romeritos pa fraguar historias prendedoras, que mi ruca, en un lapso de tres orejas, se dejó caimán la novela; ¡verdad de Dios!; y me dejo  mamar la riata si es mentira lo que digo).
 

               Y así comienza el menjurje narrativo:
 

«Luego de trabajar  por más de cinco años como consejero de menores abusados física, sexual y emocionalmente, a mediados de 1995, me quedé sin chamba. ¿La razón? Debido a una pesadilla siniestra. Soñé el rostro  fijo y baboso del exlíder multivitalicio de la Confederación de Trabajadores de México: Fidel Velázquez. Tuve que ir a un hospital  para ser atendido de emergencia porque esa noche se me bajó la presión  como nunca antes.
Ese monstruo, aunque  lo nieguen los racionalistas de la república, pertenece al inconsciente colectivo mexicano (tuve que pagar dos mil dólares a la ambulancia  que me llevo a ese hospital de Chula Vista).

Y como los gringos la hacen mucho de tos y son muy estrictos  para aplicar las leyes cuando les conviene, el Departamento de Vehículos Motorizados (Departament of Motors Vehicles —DMV) revocó mi licencia de manejar por un año. (sic).

Y no sólo tuve  problemas  con el DMV, sino que hasta perdí mi empleo [en el Centro Juvenil de Imperial Beach]. (sic).

Luego de recoger mis pertenencias de un ropero y ponerlas en varias bolsas de plástico, salí de prisa de allí. (sic).

in embargo, consideré injusto el despido, ya que aguanté  bastante carrilla. (sic). También soporté insultos, gritos, mentadas de madre, intentos de golpes, pero tuve la suerte de nunca recibir uno. (sic).

Por fin llegué a la parada del autobús que me llevaría a la estación del tren rojo (o trolley), que me dejaría en casa. (sic).

Al subirme al autobús sentí un sabor amargo; imaginé que me llevaría la chingada si no conseguía chamba lo más pronto posible. Me dio coraje  pagardos dólares  por utilizar un transporte caro; pero preferí dejar  mi carro en casa para evitar  así que la mala suerte apareciera de nuevo  al manejar sin licencia y recibir, de un policía de caminos, un multón. (sic).
 
 [...] dentro de la unidad de transporte  ocurre el espectáculo  de todos los días: esquizofrénicos de distintos temperamentos molestando  a los pasajeros, neuróticos en busca de pleitos, libidinosos que esperan el momento oportuno para dar el agarrón a quien se deje, menores de dieciocho años que se parten la madre a golpes y con armas, etcétera. Este show de sicópatas lo he visto por años. (sic).

Me sentí un paria: de un día a otro me quedé sin trabajo y con la licencia de conducir revocada. (sic).

 
 
 
 

¿MAMAS O TE QUITO EL PECHO?
 
 

               Luego de que su esposa le arrima al Mario sendas giñadotas marca chillarás; tildándolo de talegas, el border boy ilustrado consigue una nueva chamba con un ruco tullido, macanas y racista, que a lado de su guaifa Carly, mujer vanidosa, culeis y manipuladora, es un pobre babiecas incapaz de pelar un chango a nalgadas.  El carácter mezquino y visceral de la fulana arrastra a la mayoría de los personajes romerianos hacia el encomio, la reprobación y la sumisión;  los envuelve en una capa de desprecio y procura siempre humillarlos. La ruca invierte a su favor la sicología del esclavo; pero no la aplica al esposa, no es necesario, el ruco ya está frito, pasivamente cinchado en su carreola.
 

                He aquí  un fragmento  apuntala  tremolina agobiante que vive el patrón de Mario Rojas:


«Volví a comprender  que la neurosis de Carly y su control sobre su esposo eran de dar miedo.
—Disculpa, Mario. Todos lo días pienso que soy una mierda. La maldita paralisis, la cabrona inmovilidad sigue matándome. Las putas horas pasan y sigo  esclavizado  a esta silla eléctrica».


               Antes de apearse de la burra que lo traslada a su cantón, Mario Rojas recoge un pápiro; es Latín Power, "una publicación  reconocida localmente por el número criminal de erratas, además de ser el portavoz del mitote caliente  en esta región de California". En la última página del citado péiper, el protagonista se topa con la sección de empleos; la clava porque le interesó un jale consistente en chalanearle a un ruco jándicap. Y en cuanto  aterriza en su chante, el MR avienta un foneto pa preguntar si todavía está vacante el camello que ofrecen. Cuando el bato marca el fon no hay güey que le reciba la llamada y deja su mensaje en la máquina contestadora. Luego de zamparse dos tanates cocidos —de gallina, of cors— se avienta una geteadita sobre un sofá.
 
Al ratón, lo depierta el ring-ring de teléfono y, medio emputado,  contesta.


«—¿Bueno!  —dije enojado.
—Bueno —respondió la voz a través de la línea.
—¿Qué deseas?
—¿Se encuentra  Mario Rojas?
—Con él hablas.
—¡Qué tal, Mario. Me llamo Michael Sampson. Recibí tu mensaje.
—¡Qué tal, señor Sampson....!

Fue directo.

—Déjame decirte en qué consiste el empleo. Tengo una discapacidad física: estoy paralizado de los brazos y las piernas. También soy gerente de un centro de ayuda  a personas  con discapacidades físicas a quienes les conseguimos empleos, habitación, ayuda médica, entre otras cosas. El trabajo de un asistente personal, en mi casa, consiste en levantarme a las  seis y media de la mañana y acostarme a las diez de la noche de lunes a viernes (durante los fines de semana varía el horario), vestirme, prepararme el desayuno, la comida,  y aveces la cena, así como bañarme, rasurarme, darme masaje en elcuerpo, etcétera.  Respecto al dinero que pago.... es muy poco: cinco dólares por hora, salario que ganarías por un año. Si decides trabajar más meses conmigo te aumentaría un poco más, todo depende de tu entrega al trabajo. Debo advertirte que cansa. Si estás interesado dame ahora mismo los nombres de dos personas que te conozcan y sus números telefónicos para pedirles referencias sobre ti. No creas que soy del Servicio de Inmigración y Naturalización, pero así se manejan estas cosas. ¿Te interesa el empleo?
Sentí que el señor Sampson  pedía mucho y pagaba poco.
—Claro que sí. Perdone, ¿dónde vive?
—En Lemon Grove.

"En la madre —pensé—. La pinche puta ciudad donde viven los racistas  más antimexicanos de California"».
 
 

               En las últimas líneas del discurso, aunque Mario hable para sí mismo y no exista un tercero oyente, el monólogo cobra el significado de un diálogo; pues el personaje habla con el fenómeno que se le presenta en su sesera. El diálogo consigo mismo adquiere el matiz de una orientacion ideológica; es la voz del mundo la que entra en la conciencia de Mario, la cual genera el diálogo interno.  La peculiaridad de estilo verbal es el «yo» del personaje que se desdobla en un «tú». Dicho de otra manera: el personaje es el mismo discurso. No es necesario citar algún ejemplo al respecto, con lo que ya he transcrito creo que bastan.
 
 
 


 
NI CHICANO NI POCHOÑOL
 
 

               La silla eléctrica es una buena novela fronteriza, estructurada en un rango estético muy superior al  determinismo chicano que apesta a cholismo fatalista. Y es que a Romero le caga de a madres repetir las mismas formulitas pendejas de un Bruce Novoa que pervierte la literatura en anecdotarios pasatistas, panfletos huecos, abstractos y chovinistas. El autor de La silla eléctrica no se rebaja a tales demagogias. Y tampoco rinde pletesía al misticismo guadalupano  que caracteriza a la literatura pochoñola (sencillamente porque Romero sabe que Dios es gringo).
 
 Esas concepciones son ajenas al personaje, quien se define como un tijuanense:
 

«—Oh, como me da  gusta tener a un chicano valiente a mi lado.
—Tijuanense, señor Sampson, tijuanense.
—Bueno, yo sólo quería decir que los chicanos son...».
 

               Aunque la vida —vaya la rebuznancia— que vive Mario es relativamente perriada,  tercermundista, su alma no se haya desvirtuada por la desdicha y las limitaciones locales del rodino acomplejado o del atípico mexican greaser que al llegar a Tijuana se incrusta  en la clase media, chillona y vulgarizada.

               El discurso narrativo, si bien es cierto, proviene de la necesidad concreta de un fronterizo que através de su autoconciencia junta tres mundos —el gabacho, el mexicano  y el asiático—; mundos que  en la realidad no se pueden unir. En el plano literario los personajes llegan a conformar un sistema unitario de ideas; los pensamientos, voces y puntos vista de Mario Rojas, Michael Sampson, Way Lee, Carly, Sika y Bruce Anderson organizan el contenido temático de la obra. Sus vivencias, actitudes, intereses, valores, posturas, confrontaciones, etc, constituyen la unidad orgánica de la novela, es decir, conforman la composición y la arumentación literarias. Todos participan en los acontecimientos y en el mismo círculo de relaciones.
 


 

NOTA
 

CONTINUARÁ EN PRÓXIMOS VERTEDEROS, DONDE SE HABRÁ DE DILUCIDAR LA CUESTIÓN DEL GÉNERO DE LA MENIPEA, Y, ASIMISMO, LA MACUINCHEPA EN LA CUAL EL PANISMO DE LA BRAGUETA PERSIGNADA METE MANO NEGRA A LA NOVELA DE ROMERO, DEBIDO A SU CONTENIDO ESCATOLÓGICO (NATURALISMO DE BAJOS FONDOS, PARA USAR UNA FRASE DE MIJAÍL M. BAJTÍN) Y A LA PORTADA DEL LIBRACO (DONDE APARECE RETRATADA UNA MORRA JIRUTA, BIEN BUENOTA, QUE SE ANTOJA PA UN MASTUERZO DE DOS YEMAS).
 
 

 • Ah, JIRUTA significa bichicori, encuerada.

 • Mastuerzo: masturbación, puñeta, cuata, chaquira o chaqueta.

• Menipea: pues esto pregúnteselo al Asno de oro del señor Apuleyo, que yo no soy académico ostión.
 

Wednesday, July 28, 2004


Vertedero de cretinadas

 

Por éktor henrique martínez

 
 


LA SILLA ELÉCTRICA DE MARTÍN ROMERO
 

Primera parte

 

 


 
«Ven Satanás, ven acá, hijo de tu chingada madre.
Ven a ver cómo se escribe la historia mía, cabrón.
Pa que no te hagas pendejo
»
Rubén Vizcaíno Valencia
 
 
 

LA LITERATURA FRONTERIZA EN SU JUGO
 

«-Lo primero que tienes que hacer es ponerte dos guantes de plástico -le dice el chino Way Lee a Mario Rojas-; luego, de este frasco de vaselina untas en las puntas de los dedos índice y mayor esta cantidad que pondrás alrededor y dentro de su ano; luego vuelves a untar, en los mismos dedos, la misma cantidad que usarás para limpiar su recto; en seguida pones cuatro pedazos de papel de baño sobre este papel especial, que ayudará a que las sábanas no se manchen de excremento».

«-Aun así, en pleno martirio, el chino era un chingón en el manejo de los dedos, que entraban en su culo y salían de éste una y otra vez (lo tenía del tamaño de una peseta)».
«-Cómo te sientes? -dijo Way Lee.
-Oh, siento que estoy en el paraíso -respondí.
-Mario, no seas sarcástico -dijo el señor Sampson-. Esto que has visto lo tendrás que hacer uno de estos días.
-Pero, señor Sampson -dije muy seriesote-, es una sorpresa fenomenal lo que he visto y olido.
-Es una experiencia nueva. Es todo -dijo el señor Sampson.
-¡Qué experiencia! -dije.
-Me gusta que seas optimista, aun cuando tengas que meterme dos dedos en el ano. Cómo respeto y estimo esos dos "dedos salvadores"; si no fuera por sus índices y sus mayores no sé qué sería de mí.
Guardé silencio por más de un minuto.
El señor Sampson, luego de bostezar, dijo:
-Mario, si logras pasar esta prueba sobrevivirás a cualquiera que la vida te ofrezca. ¿No es verdad, Way Lee?
-Sí, señor Sampson».
 

Al siguiente día, Mario Rojas se despierta recordando unos versos de Quevedo:
La voz del ojo que llamamos pedo,
ruiseñor de los putos...

y mientras pasan por su chompa las imagenes en que Way Lee le clineaba el toliro al gabacho, le pregunta a su esposa:
 

«-Sara, ¿no se te pone la carne de gallina saber que un día lo limpiaré?
-No.
-¿Porqué?
-Porque ustedes, los hombres, se asustan de todo, son muy cobardones.
-Óyeme, no creo que sea un privilegio limpiarle la cola a alguien por cinco dólares. ¡Ni las putas sufren como yo sufrí y sufriré! ¡Malíciala!
Sara siguió leyendo el periódico y dijo:

-Ya, escandaloso. Deberías visitar las salas de hospitales donde las mujeres dan a luz para que dejes de chillar.
Mandé a Sara a la chingada (claro, en mi mente porque no era conveniente decírselo en su cara: ella ganaba más dinero que yo y yo era quien iba irse a la chingada si le seguía haciendo al macho respondón).
"Mario, si logras pasar esta prueba sobrevivirás a cualquiera que la vida te ofrezca" - recordé las palabras del señor Sampson».
 

Lo expuesto anteriormente son trozos del tejido narrativo de los capítulos VI y VII de la Silla eléctrica (1998); novela Martín Romero, escritor norbajacaliforniano , que para los ojos de los lectores (de la buena literatura) y de los críticos (¿cuáles?) ha pasado desapercibida, por no decir que ha permanecido oculta. Y, en efecto, por angas o mangas, la obra no tiene la resonancia que merece. Y no me refiero a las dificultades de difusión editorial, sino particularmente al desdén cáustico y el ninguneo gratuito hacia el autor, quien no es ningún diletante en el quehacer literario, ni tampoco un pájaro nalgón inflado con pedos ganso de hortelano por razones de cuatachismo o apalabre mediático, como suelen figurar conocidos chupapitos que apenas son capaces de bosquejar ologofrenicamente unos cuantos garabatos. ¿Nombres? El descerebardo de Carlos Adolfo Gutiérrez Vidal, la sebosa de Regina Swain, las seudopoetilas y chamacas bobas made in Miquimaus Teresa López Avedoy y Lorena Cienfuegos, el varón castrado de la Cristina Rivera Garza y sus virtuales hijas putativas de La Línea, entre otros engendros yepezianos y existirosos. (La única que se salva entre toda esa recua de putillas y lesbianas culturosas es mi musa la Paty Blake; así ni me la toquen que las verán conmigo si algo gacho dicen de ella, culeros).
 

-Pero volvamos a lo que te truje, Chencha.
-Simontaras en una burra.
 

Pa los que no sepan, La silla electrica, durante el zedillato fue galardonada por el CONACULTA con el Premio Estatal de Literatura 1998. Y, díganme si el bato que la parió no está cabrón: ese mismo año -sin meter cuchupo- también se cuaja con otra presea (piojosa, pero presea al fin); por su libro Comicópolis, de ensayos y crónicas, recibe el Premio Estatal de Literatura 1998, en lo que toca periodismo cultural. Así que el batillo, como decía mi agüela, no necesita bulis pa nadar; el güey se la rifa solimán, sin andar langareando ni pidiéndole chichi a ningún hijo de puta. (Me están dando ganas de entrarle a esos pinchis concursitos cagados que oficia la ignorante de la Sari Bermúdez, ya de perdis pa levantar una leve mosca pa los chuchulucos y condones que no se rompan con el primer palo de tres yemas que uno le avienta a sus grupis blogueras).
Bueno, basta de digregaciones y regresemos al birote inicial.

 
 

EL MECHUDO CANONISTA DE CHICALI
 

Y ¿qué dice el canonista de la voz engolada acerca del Martín Romero en su menguado libraco Diccionario Bibliográfico de escritores de Baja California? El esteta mechudo solamente le dedica 4 caciques renglones. Guachen el pedo:
 

«Romero, Martín (Mexicali, B.C., 1965). Narrador y ensayista. ha sido becario del FOECA en 1994. Ganó el premio estatal de literatura, en 1998, en novela y periodismo cultural. Autor de La silla eléctrica (novela, 1999) y Comicópolis (cronica, 1999)».
 
 

NOTA: Como al barbón cachanilla, igual le da meter en su lexiconcito literario mujeres de mala nota que especialistas en Borges o Lacan, dijera el Jaoaquín Sabina; remito a los lectores y lectoras a mi Vertedero de cretinadas (guradado en archivos del blog El Charquito) ribeteado con el cabezal «Gabriel Trujillo se desmelena», donde paso revista a los sesgos y omisiones de sus truculencias biográficas. Pero antes de entrarle a la machaca, métase un pomo entero de fenobarbital para que apacigüe la depre postrera, como lo hizo la niña Hemingway.

-¡He dicho. Caso cerrado!
 
 


BAJTÍN ME HACE LOS MANDADOS
 

Se trata de una novela hecha por escritor fronterizo, de acá de este laredo de Mexitlán de las tunas, pero su entorno geografico no corresponde a este tafanario de san Diego, sino al país más poderoso del mundo. La silla eléctrica representa simbolicamente el encuentro -contrapunteándose la yuxtaposicion, choque y rechazo- de dos mundos: el de la supraindividualidad pragmática (oportunista, racista y explotadora) del gringo, por otro extremo y, por el otro, el del ser fronterizo, de cultura heterogénea, escindido por dos idiosincracias y consignado a recibir unas cuantas migajas del american dream a cambio de un putizón laboral.

En la obra hay una profunda participacion biográfica; el nivel de coexistencia semantica de las iniciales MR parece así suponerlo. Pero no hay que irnos con la finta, pues Mario Rojas, personaje principal de la novela, no representa al Martín Romero, ni es una réplica monológica redondeada por el autor. Martín Romero al escribir La silla electrica se convierte en mero espectador de las acciones y vivencias de Mario Rojas; y es, por tanto, el anfitrión de sus personajes. Puede verse en la novela que su autor no tomá posición o partido por ninguno de sus personajes; sencillamente, son ellos -el samaritano y culturoso Mario, el mandilón y cuadripléjico Sampson, la culerona e histérica Carly, la desconsiderada e insensible Sara, el tecolín Bruce, el tacataca Way Lee, el suato Sika, el mezquino Casey- quienes se encargan de lanzarse sus respectivas frustraciones. Sus manifestaciones e insinuaciones cargadas de matices peyorativos ponen en relieve tal afirmacion:
 

-Dime Carly, no me llames "señora Sampson".
"Que vieja más mamona" -pensé por un momento...» (p. 32).
 

«Al salir carly de la Casa, el señor Sampson dijo "puta" dos veces .
Volteé a verlo y observé que tenía carade fuchi» (p. 58).

«No; mi vida con Sara era otra cosa: adiós party. Recuerdo la última de sus amenazas: "Escúchame bien , Mario. Si no te alivianas este año te mando a la puta chingada. Piénsalo bien"». (p. 60).
 

Y lo mismo ocurre al vislumbrar la lucha de voces ideologicas que resalta en los momentos de interaccion sicologica de los personajes:
 

«-Mario, a mí me gusta proteger a mis animales. Tengo un perro chihuahueño. ¿Estás dispuesto a quererlo?
-Darle de comer sí, pero quererlo... no sé.
-¿Porqué no sabes?

Saqué el pecho y dije en tono severo:

-Porque la palabra querer es una abstraccion verbal. No confío mucho en quienes dicen "te quiero" cuando el querendón hace todo lo contrario. Ahora bien, yo guardo en mi memoria los actos buenos que he ido registrando al paso de los añosy que me dan más seguridad para hacer las cosas. En pocas palabras, estar en armonía con mis semejantes. Espero que me comprenda, señora Sampson» (p. 32).
 
 
 

FROM BEGINNING

La función del narrador es desarrollada por el personaje y se haya predeterminada, aparentemente, por el discurso biográfico. Pero esta es la forma en que Romero engaña al lector, lo cual le permite ahondar en campos más abiertos de posibilidades verbales. El tono y el estilo con los cuales estructura la obra son amenos, directos y sin ambages metafísicos para no sobrevaluar la palabra ni desgastarla en mamadas ridiculescas. Romero se tira a escribir al chile pinto y sin reservas, salpicando de caló sus enunciados. La lectura del texto jala; contiene un gancho sicológico que no permite al leyedor abandonar la mengambrea. (Tan perrón así está el pinchi Romeritos pa fraguar historias prendedoras, que mi ruca, en un lapso de tres orejas, se dejó caimán la novela; ¡verdad de Dios!; y me dejo mamar la riata sino es cierto).

Y así comienza el menjurje narrativo:

«Luego de trabajar por más de cinco años como consejero de menores abusados física, sexual y emocionalmente, a mediados de 1995, me quedé sin chamba. ¿La razón? Debido a una pesadilla siniestra. Soñé el rostro fijo y baboso del exlíder multivitalicio de la Confederación de Trabajadores de México: Fidel Velázquez. Tuve que ir a un hospital para ser atendido de emergencia porque esa noche se me bajó la presión como nunca antes.
Ese monstruo, aunque lo nieguen los racionalistas de la república, pertenece al inconsciente colectivo mexicano (tuve que pagar dos mil dólares a la ambulancia que me llevo a ese hospital de Chula Vista).

Y como los gringos la hacen mucho de tos y son muy estrictos para aplicar las leyes cuando les conviene, el Departamento de Vehículos Motorizados (Departament of Motors Vehicles -DMV) revocó mi licencia de manejar por un año. (sic).

Y no sólo tuve problemas con el DMV, sino que hasta perdí mi empleo [en el Centro Juvenil de Imperial Beach]. (sic).

Luego de recoger mis pertenencias de un ropero y ponerlas en varias bolsas de plástico, salí de prisa de allí. (sic).

in embargo, consideré injusto el despido, ya que aguanté bastante carrilla. (sic). También soporté insultos, gritos, mentadas de madre, intentos de golpes, pero tuve la suerte de nunca recibir uno. (sic).

Por fin llegué a la parada del autobús que me llevaría a la estación del tren rojo (o trolley), que me dejaría en casa. (sic).

Al subirme al autobús sentí un sabor amargo; imaginé que me llevaría la chingada si no conseguía chamba lo más pronto posible. Me dio coraje pagardos dólares por utilizar un transporte caro; pero preferí dejar mi carro en casa para evitar así que la mala suerte apareciera de nuevo al manejar sin licencia y recibir, de un policía de caminos, un multón. (sic). [...] dentro de la unidad de transporte ocurre el espectáculo de todos los días: esquizofrénicos de distintos temperamentos molestando a los pasajeros, neuróticos en busca de pleitos, libidinosos que esperan el momento oportuno para dar el agarrón a quien se deje, menores de dieciocho años que se parten la madre a golpes y con armas, etcétera. Este show de sicópatas lo he visto por años. (sic).

Me sentí un paria: de un día a otro me quedé sin trabajo y con la licencia de conducir revocada. (sic).

Luego de que su esposa le pegá a Mario sendas giñadotas marca chillarás, tildandolo de talegas, el border boy ilustrado consigue una nueva chamba con un ruco macanas y racista, que a lado de su guaifa Carly, mujer vanidosa, culeis y manipuladora, es un pobre babiecas incapaz de pelar un chango a nalgadas. El carácter mezquino y visceral de la fulana arrastra a la mayoría de los personajes romerianos.
 

Pero basta, consíganse la noveluca de Romero. Este es sólo un hornazo.

 

www.elcharquito.blogspot.com
cretinadas@yahoo.com

Thursday, July 22, 2004

Vertedero de cretinadas
 
 


Por éktor henrique martínez
 
 

 


CHÁIDEZ SE DESPIDE DEL CHARQUITO
 

 
«Por esto sólo quiere
todo hombre de cordura
a los sabios ver,
no por su figura.
Por ello un amigo
no hay como el libro;
para los sabios digo,
que con los torpes no me meto
»
                           Moshem Tob    
          

 
               El jueves 8 de julio, Jaime Cháidez envió al buzón de este cretino el artículo que continuación se publica, adjuntando al mismo esta temeraria advertencia:

 
 

«ÚLTIMO CORREO DEL PINCHI CHÁIDEZ, DOBLE CARA...»



               Bueno, y ¿qué hacer? Ni modo de llorar. Como dijo el loco Juan Bautista: «Fracasado el lamento sólo me queda el  fuego». Así me paga el destino el inevitable tributo a la palabra. Ahora, cuando más me he deslechado escribiendo con la emoción que siente el zopilote cuando va en pos del caballo muerto,  me mandan a freír espárragos y a hacer puñetas.
               Creo saber la razón por la que el autor de «Frivolitos de la Olla» se cuartió  y apechugó  muina  en su corazón; y   fue por causa de un articulejo que endenantes teclié, un  texto [puramente ficticio]  en el cual mi personaje  —el Snowind—, se da el lujo verbal de desalojar unas cuantas especulaciones con relación al citado periodista. Es un simple ejercicio de imaginación del que quizá pudiera desprenderse algo verosímil al filo de la ironía y el sarcasmo. La abyección implícita en el tema corre el riesgo de ser atribuida al autor, pero aquí no es el caso (suponer lo contrario sería como creer que un relato en primera persona es, inexorablemente, algo autobiográfico). Copio el fragmento  de la notícula cretinera  que  provocó el sentimiento  mutatis mutandi en el espiritu del Cháidez (si me pase de vergas; sorry —dijo el zorrillo; cada quien mea lo que puede). Pero como escribiera Circe Maia: «Duele más el silencio cuando es hecho de voces / ausentes de palabras / que nadie dice.»

               Va de retro:

 


CHÁIDEZ Y EL SNOWIND


[Por otra parte, me dice mi chaleco el Snowind —una especie de agente culturaloso del CISEN, pero más perrón— que entre las faenas culturosas que despliega nuestro conocido periodista cultural Jaime Cháidez Bonilla se ha propagado (entre nos) una que merece atención por su dimensión sicológica.  Pues se sospecha que el bato fue maiceado para hacer tratos con individuos de ineptitud absurda que se sueñan escritores.

—¿Lo hará para sacar de quicio a los críticos? —le pregunto a mi chalán.
—No le creo, jefe —me responde el morro.
—¿Tonces?
—Lo único que puedo decirle es que cuando se dan cosas como esas, el birote obedece a una degeneración de la estética originada desde las antípodas del poder.
—¿O sea que Cháidez  muestra una baraja y juega con otra?
—Así es. Ni más ni menos.
—¿Me estás diciendo que el bato agandallará el suplemento?
—Ansina mesmamente, chif. Y no sólo eso, el bato no tardara en convertirlo en un supositorio culturaloide en cuya portada, en vez de una pintura del Greco, saldrá la imagen del Lupillo Rivera, o de alguien por el estilo.
—Valiendo verga y llamando al Santo.
—Se dice que ya planea darle a Identidad el cínico calzonazo.
—¡Puta., madre! ¿A poco sí?
—¿A poco no?
—Acuérdese que la gente para chingar no tiene tropiezos.
—¡Qué culero!
—¿Y angora?
—Pues nomás habrá que esperar a leer  puras mariguanadas vulgares.
—¿Y la herencia del profe?
—Se pudrirá en colosales margayates, en pobreterías mentales y en payasadas emuladoras de tratantes seudoliterarios que aman la pendejez histórica. A partir de la muerte de Vizcaíno el suplemento de marras  tratará de poner la cultura en manos de la incultura, y Cháidez es el más indicado para ese jale. El bato esta bien presto a cobrar las facturas que el profe endosó al demonio para evitar que lo encasillaran con  la etiqueta de  mago  del camelo. Y ya circulan voces pispiritando que al Cháidez le brotado el cobre y que ya formó su mafiecita de escritoretes que habrán de ser los encargados de freír las próximas ediciones del  susodicho suplemento.  Y por ai dicen también, que el bato solamente aceptara a  estirados nalgones y sirvientos de los mastuerzos. En fin, que terminara por abochornar a la poca mengambrea cultural que hay en Tijuas.
—¡A la verga!, dijo Tiúndo.
—¿Cómo la béisbol con ese birote, mi chif?
—Muy culeis pa creerlo. Semiace que estas hablando por hablar. De seguro te las tronaste antes de venir.
—Por mi jefecita que no. Así que no le extrañe si el día de mañana el suplemento que piloteaba el pro Vizcaíno aparece como un soberano hervidero de cursilerías y atejonadas frivolidades, en un libelo infestado por bandadas de seudoliteratos  y granujas cuasiculturales  que no tienen idea de las monstruosidades oligofrénicas  que gruñen.
—Hablas como si fueras un profeta, pinchi Snowind. Por la manera sudometafisica que parpas, el Paco Segovia te viene guango. Qué dirá de ti la gente seria cuando  escucha tu verbena.
—Ya me lo han dicho; que, aparte de mamón, soy un insolentillo  descarado. Y la bandera de México ¿un gallo tricolor? Pero, ¿a poco no son enjundiosas mis conclusiones?  Como el buey del Latio de las Geórgicas de Virgilio, yo sí soy dueño de mis paroxismos. Tiquitiquitiquitá, no voy a trabajar, no gua trabajar, tikitikitá...
—¡Culos a la pared! Este chamaco ya se quedó arriba].

 
               Ahora bien,  adaptando a las cuitas hoy  expuestas las palabras del autor del Periquillo Sarniento, en el sentido de que en esta vida no puede haber gozo permanente, porque, si bien es cierto,  el berrinche y el enojo  siempre van pisándole la falda al gozo, y, desde un escondido lugar perteneciente a Bolivia, hago llegar a mis  lectoras y lectores del Charquito la última ofrenda  periodística de míster Cháidez.

 

«Veritas parit odium»

 

 


DEMASIADO PARA SER NORMAL

 
 

Por Jaime Cháidez Bonilla
 
 


TIEMPO EXTRA


Podría haber escrito esta columna hace 15 años, o hace 10, o en 1998. Todos, momentos críticos para un hombre que, la primera vez, decía orgulloso como el guerrero que acaba de regresar de la batalla "me abrieron el estómago, maestro, me cortaron las tripas y me las pegaron con grapas, traigo el estómago engrapado pero me siento a todo mecate".
La segunda ocasión, otra vez caminando por las calles del centro de la ciudad, entre pordioseros y minifaldas trasnochadas, jugaba con la mordacidad y el concepto de la identidad: "me sacaron toda la sangre y me la cambiaron por varias pintas de sangre de indígenas Pai Pai. Entonces, maestro, ahora soy totalmente bajacaliforniano". Y soltaba la risa, la carcajada.
 Esta vez, la tercera, Vizcaíno está en silencio. Calla. No se parece a él mismo. Las luces de la funeraria lo han transformado. Su rostro, el perfil, es idéntico al de su padre, el de don Julio Vizcaíno. La edad nos iguala.
 El profesor Vizcaíno vivió con reloj de compensación y lo supo aprovechar. Fue intenso, excesivo, y eso asustaba a muchos. Era demasiado para la normalidad. Era un luchador tenaz de capacidad suficiente como para pedirle a la muerte un tiempo extra. Varias veces la convenció.

 


CUARTO No. 7.


La última vez que lo ví estaba lúcido, digno, y altisonante. Como en sus mejores tiempos. Estaba en el hospital, modesta pero magníficamente atendido, en el cuarto número 7. Alcanzó a burlarse de los integrantes de la Sociedad de Historia de Tijuana, esos ricos perfumados que inventan héroes. Y parece que los Flores Magón le hicieron caso. Fue una tarde de perros para aquellos que querían celebrar a su "Tijuana heroica". Hubo un asesinato y dos choques cerca del monumento a los "Héroes de 1911". Ni el alcalde, ni el representante, ni la regidora, llegaron a la ceremonia "histórica". La bandera se atoró. Un fantasma la jalaba. Vizcaíno dormía, se despertaba, reía y volvía a dormir.

 


LA PRIMERA NOVELA, EL ÚLTIMO LIBRO.


Pasaron más de 40 años y una tarde de agosto Rebequita encontró una novela perdida. Era el original inédito de "En la Baja" que Rubén Vizcaíno había escrito en 1958 en la ciudad de Mexicali. El profe lucía orgulloso por el descubrimiento. Alguien le aconsejó mandar su trabajo para que la UABC lo seleccionara como libro universitario 2003-2004.



Ironías.

Fue en su lecho de enfermo, en las últimas semanas de vida, que Rubén Vizcaíno recibió parte de los mil ejemplares que se imprimieron en la ciudad de México. Lo tuvo en sus manos y comenzó a regalar ejemplares a sus visitantes. Era para sus amigos pero les aclaraba "no te lo voy a autografíar hasta que esté bien".

 


UN SEXENIO DE COMIDAS.


Aunque lo conocí en 1985 y siempre congeniamos como el padre que yo nunca tuve y ese hijo que él siempre supo a distancia, fue hasta su crisis en 1998 que pude establecer una relación más estrecha que en ocasiones me permitió coincidir con él los martes de comida, cuando cerraba la recepción de material para el suplemento Identidad.
 Hubo varios periodos. El más horrible fue el del pollo frito barato en la Avenida Revolución. Pero al profe le habían recomendado las carnes blancas y eso era lo más cercano a la dieta médica. Las piezas del chiken chicle eran lo de menos. La plática era extensa y la comida circunstancial
. La etapa de las whopper con queso fue la mejor. Pedíamos órdenes extras de papitas y el profe era feliz. Eran martes deliciosos que  convocaban a varios comensales. El profe necesitaba hablar, recordar las palabras, los conceptos, los nombres propios. "¿Cómo se llama? repetía y en algún momento llegaba el recuerdo. Olvidaba lo reciente pero era capaz de recordar intactas anécdotas de hace 50 años. Siempre me sorprendió esta paradoja. Era un lucha contra el tiempo, la batalla de la muralla Vizcaíno que no se permitía ser viejo.
"Ahora vamos a los tacos de pescado, maestro" recomendaba el profe y salíamos del antiguo Palacio Municipal rumbo al automóvil. "Espérate un poquito, déjame recordar dónde lo dejé" pedía Vizcaíno y reflexionaba mientras el tumulto pasaba a su lado. Algunos niños indígenas corrían tras él con sus vasos de cartón y una sonrisa confiada de recibir varias monedas. El gigante blanco en comunión con las chispitas de café,
Ya en la comida, durante casi hora y media, los saludos de quien lo reconocía eran interminables y las palabras de admiración obvias. A veces llegaba el hartazgo: "no falta el cabrón que me saluda diciéndome, profe, qué gusto me da verlo, yo pensé que ya estaba muerto".
 La última parte de las sesiones digestivas se dio en los nuevos restaurantes chinos que despachan en buffet. Al profe le encantaba la idea de adornar el plato con diversidad. Todavía en mayo Vizcaíno se levantaba un par de veces de su mesa para servirse los inventos orientales. Hablaba, respondía los saludos, y hacía un análisis de lo hecho por Bush, Fox, Elorduy y Chuy. Brincar de temas, ésa era la regular.
Un día de mayo terminó el sexenio de las comidas.

 

NOSTALGIA
 
De acuerdo con quimerista.blogspot.com

"Profe Vizcaíno: apenas te fuiste y ya te extrañamos"

 



MÁS SOBRE VIZCAÍNO
[EMILIOS DE COMPAS]
 

               Para remachar el asunto, a continuación transcribo tres misivas que por correo electrónico me envian mis entrañables compitas Nacho Mondaca, desde la capirucha sonorense, y Fernando Alvarado, desde la selva lacandona de Chiapas.
Nota: los emilios no los postié con en su tiempo pertinente debido al traspapeleo de mengambreas que tengo en la cantona. Nuevamente, sorry, como dijo el zorrillo.

 


Quihubo Carnal:
 

Está uno en la órbita de la memoria que reclama oasis para los más queridos. Así es el Pro Vizcaíno; siempre querido por todas y todos, verdaderamente todo nuestro mundo cultural. Valga mi apoyo moral y xhamánico que pueda extender para recordar un segundo padre que, aunque no lo creas, ha sido para mí.
Te platicaré como en el 84 me impulso a realizar actividades culturales, y en el 85 me  dio el panorama más correcto de mi exixtencia; le pedí pues algunos consejos profesionales y artísticos que aun conservo y guardo como esos manuales que te sirven para solucionar cosas sencillas como es mi vida.
La complejidad de la existencia esta en la literatura, la fragilidad de la sencillez esta en lo cotidiano.
También en el 93 o 94 publicó el profe unos poemas míos, en uno, dedicado al prof. Saavedra está, según yo, un homenaje a la hija del profe, en paz descanse, que algún día me gustaría recuperar y volver a leer y dedicarlo a este maestro de la vida.
Estoy con él en este mundo y a todos los demás mundos que algún día recorreremos; les avisamos que es todo un verdadero personaje de la vida cultural de nuestro país, pues ya se espera algún escrito por parte del SEMINARIO DE CULTURA MEXICANA. Del cual forma parte.
Bueno, después van más poemas, y otras cosas chuscas como que los tijuanos ya se han comunicado, por fin, conmigo
.Muchas Gracias por estar.

FERNANDO ALVARADO, 16 de junio de  2004.
 

 


 Mi estimado Éktor:

   Antes de que pudiera hacerse algo, la huesuda vino por don Rubén, como subrayando que para morir nacimos. Leo lo que escrito por ti y por otros sobre Vizcaíno y sin excepción encuentro tristeza y reconocimiento a su longeva labor en favor del abecedario y de su estado adoptivo. Es evidente que la trama cultural de BC de estas décadas no se entiende sin la pluma rayonera y el ánimo emprendedor del ticher.  Aunque pude leer sus columnas por un tiempo cuando viví en Mexicali, me hubiera gustado conocerlo personalmente, pero, no sé, siempre llego tarde a todo.
    Mis mejores deseos porque no descanse en paz el viejo y porque sus fantasmas sigan jalando patas culturosas y tarimas burocráticas.
    Te mando un abrazo.

    NACHO MONDACA, 7 de julio de 2004.
 

 

               Quede, pues, así la cosa, y acomodo mi pesar a la cancioncilla de Porky y sus amigos (el gato Silvestre, Elmer Gruñón, el pato Lucas y el Gallinazo), que,  cuando morro, yo solía  canturrear  cada vez que se acababan esas caricaturas en la telera:

 


«Laaastima que terminó
el feeestival de hoooy
prooonto volveremos coooon...
maaas diversión.
 

 

Tuesday, July 20, 2004

Vertedero de cretinadas
 


 
Por éktor henrique martínez
 
 

 

  
 PARA MISÓGINOS RECALCITRANTES
 
 
 


ASIMETRÍA ENTRE LA HEMBRA Y LA VARONA

  
               Tal parece que el libro «Gritos y susurros, Experiencias intempestivas de 38 mujeres» (Grijalbo – Raya en el agua, 2004), que acaba de sacar a flote la "politóloga" Denise Dresser, viene a reforzar la tesis martasahaguniana del "empoderamiento" femenino condensada en las «Perspectivas  de la mujer latinoamericana en el siglo XXI», algo así como un absurdo grito de guerra en contra de los machines para combatir las  acciones retrógradas, misóginas y machistas que frenen, vulneren o lesionen los derechos elementales de la mujer [1].

 
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              A petición de algunos miembros de la Legión Latinoamericana en Pro de la Defensa de los Machos Golpeados, la Asociación de Inútiles del Norte y del Club de Maridos Maltratados, me propongo lanzar en este libelo unos cuantos comentarios —misóginos, faltaba más— en torno a «Gritos y susurros, Experiencias intempestivas de 38 mujeres» que recientemente lanzó al mercado la mentada ñorsa "politóloga" como un ajiaco reivindicador de las ideas y los valores que preconizan esos  seres que tienen vulva, raja, almeja,  chutama, tarántula, concha, pepa o panocha. 


 
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               Mediante las artimañas de la democracia sexual, la autora (si es que se le puede llamar así, pues, en realidad, es compiladora o coordinadora) pretende comercializar un producto en el que promociona las chocoaventuras de una ganga de féminas que hace gala de su banalidad intelectual. Para entrarle de esa forma tan macanuda al asunto del mercadeo editorial, la ruca debió sentir la fuerte carcoma de echarle unos cuantos duros a su monedero. Y ¿porqué no? Ella también tiene el derecho de  pergeñar atractivos folletones costumbristas para entretener a las buenas señoras cuyo acervo cultural no pasa de las noveluchas rosas y de reterrrevistas como  Hola y Quien.
 


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               Estas son algunas de las 38 manolas que participan  en el libraco de doña Dresser: Guadalupe Loaeza (escritora de frivolidades), Mariclaire Acosta (exfuncionaria foxista y ahora supuesta activista de derechos humanos), Adela Micha (lectora de noticias), Elena Poniatowska (escritora y aristócrata populachera), Sara Sefchovich (escritora), Marta Lamas (escritora), Katia D' Artigues (periodista), María Rojo (actriz), Carmen Aristegui (periodista), Guadalupe Morfín (supuesta poeta y funcionaria foxista), Eugenia León (cantante), Gaby Vargas (asesora de vestimentas para cacasgrandes), Lourdes Arizpe (antropóloga), Julieta Campos (escritora), Rosario Robles (exjefa del gobierno del DF y hoy defenestrada política experredista), Marta Ortiz Chapa (empresaria restaurantera), Jacqueline  Peschard (consejera del IFE) y otras que ya no quiero mencionar.
 


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UNA VÁLVULA DE ESCAPE  PARA LA VANIDAD

  
               Por la envoltura comercial, no hay duda que la matrona del libro se inspiró en el arquetipo de bodrios similares al de la Olga Wornat (La Jefa) y de esperpentos seudoliterarios como los de la Lupe Loaeza (Simplemente Martita) y demas imitaciones serviles de allende el Bravo. A parte del sentimentalismo ramplón que explayan la mayoría de sus colaboradoras, la faceta más irritante de «Gritos y susurros» es su acusado afán  mercantilista. Puede que sea útil desde un punto de vista farandulero y socialón; y esto tiende a demostrarse simplemente con clachar las fotos que engordan la obra (si es que se le puede llamar así).
               Las  madmuaselas que se colaron por el ojo de la cámara fotográfica, vestidas de negro y con las feis abarrotada de meicap —sin duda para figurar un estado de mocedad perdido en los avatares del tiempo y aparentar cierto aire enigmático, medio vampiresco, de mujer fatal tercermundista—,  no vacilaron en asumir portes de divas. Y  atarantadas por la vanidad advenediza se allanan a la mística de la sumisión femenina, reforzando el estereotipo sexual que la sociedad machista impone a través de la ecuación mujer = objeto. Sin darse cuenta  o haciéndose las tontas (todo sea por el afán de exhibirse) se dejan retratar como si fueran los mejores coños  del planeta (en honor a la verdad, son culos ya demasiado tostoneados, casi al punto de la decrepitud).  Es la ética de la dualidad capitalista. Simone de Beauvoir  se hubiera muerto de vergüenza al percatarse de la manera en que más de tres seguidoras suyas terminaron subyugadas como frivolas gurruminas  ante los relampagueantes flacheos en el preciso instante que hacía ¡clic!  el obturador del artefacto que meneaba el cazador de imágenes. 
 

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               En el sumario elaborado por la señora "politóloga", concurren con sus emociones nostálgicas, describiendo vivencias, rindiéndole culto a sus talentos,    hembras de la casta dirigente, personajes de telepantalla, escritoras consumadas, actricillas, relegadas por el dúo televisivo embrutecedor, chupadoras de huesos políticos, empresarias explotadoras disfrazadas de feministas, etc.  La mayoría ha nacido desprovista de ese imperioso poder que detenta una minoría masculina, pero a base de sudor, esfuerzo, astucia e inteligencia han alcanzado prestigio, fama, renombre, mérito y acomodo en diferentes campos de la vida social, artística y económica. Persisten en su lucha contra la realidad fálica y, todas juntas, encarnan la egolatría y la autosuficiencia.
        Que sirvan sus triunfos como ejemplo para aquellas cabronas  que se hayan privadas de cualquier posibilidad de autorrealización.
 
 


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—¿Porqué no metió a mujeres del montón?
—¡Ay, no, sería una afrenta! ¡Mírenles sus manos agrietadas! ¡Y esa ropas que se cargan! Está demasiada raída para que se exhiban ante la opinión publica!
—Ella tiene razón. Este proyecto editorial no radica simplemente en presentar una pasarela de coños vulgares que creen redimirse sólo porque han emprendido con relativo éxito una empresa, se han acomodado en determinado cargo público o han escrito algún estúpido libro de cursilerías baratas. No, la cosa va más en serio, y  dista mucho de ser un inflamado idealismo. Es la quintaesencia de la apoteosis femenina nunca jamás vista en México.
—Estas mujeres nos indican el camino del éxito. Un mundo feliz las aguarda a las triunfadoras. ¿Comprendes?
—Pero ¿si mis aspiraciones no llegan a consumarse, a pesar de que una y muchas veces he intentado sustraerme a las limitaciones de mi clase social mediante la erudicion?
—¡Ah!, es que todo es cuestión de esperar. Quizá todavía no alcanzas el nivel requerido para ser aprobada. Pero tú, aguanta, mana. Y no te dejes invadir por el complejo de "feme incomprise."
—Las  feministas no se dejan coger porque piensan que el vocablo coger va más de del simple significado de echar un palo, creyendo que tal  connotación lingüística  remite al acto de dañar, humillar y explotar.
—Al fin de cuentas, como dijera mi abuelo, allá en el rancho: la puteada es la culminación de la existencia femenina
 


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CONCLUSIÓN
 
               «Gritos y susurros, Experiencias intempestivas de 38 mujeres» no es más que una pedantería devenida en libro, arrogancia aldeana que quiere acceder a los linderos de lo absoluto desde el cotilleo y la frivolidad. Apoteosis de la esencia femenina suspendida en la cresta de la impetuosa y novísima ola del feminismo que pavonea la misma cantaleta siempre: hombres necios que acusáis a la mujer •
 

               PD.- Se dicen feministas que odian la mentalidad mercantilista, pero son incapaces de renunciar a ella •

 
NOTA: en el próximo Vertedero pasaré navajas a  las frioleras anécdotas de algunas de las féminas invitadas a parir el libraco de la Dresser.
 
 
 
cretinadas@yahoo.com
www.elcharquito.blogspot.com
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
NOTAS
[O GÜEVOS DE COCHI]
 
                        1.-  No se vayan a ir con el fintón de que las «Perspectivas de la mujer latinoamericana  en el siglo XXI» constituye un manifiesto mujeril de altos vuelos. No, sencillamente es un triste preámbulo que ofreció como lectura (magistral conferencia le llamaron los paleros y lambisconas) la señora Sahagún cuando anduvo de paseo por la ciudad de Asunción, Paraguay, a principios del mes de julio de 2004. Su contenido está salpicado de refritos jambados la feminismo perredista, sólo que aderezado con unas cuantas dosis de sensacionalismo oportunista y sentimentalismo huero. La esposa de quien se dice ser nuestro presidente de la república, no conforme con el majestuoso lavadero de biyuyus que pilotea, se atrevió a "publicitar" —para usar el lenguaje TIC— otro de sus anhelos: "No estaría nada mal  promover  un frente compartido  que demuestre una fortaleza mayor, para que mayor sea la incidencia en el cumplimiento   de las recomendaciones de nuestros organismos internacionales. Se trata de un proyecto válido, en la medida en que cada mujer este dispuesta a aceptar la posibilidad  de una voluntad" (sepa, Chepa, qué dar a entender al final de su sabroso galimatías). Y luego remata su discursillo con este fino seudoaforismo, pastiche de Carlos Marx y Pedro Infante, refrendado por Sara García: "La pobreza tiene cara de mujer." (¡Ajúa!). 

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