Crítica de literatura contemporánea.

Friday, July 02, 2004

BIOGRAFÍA DE VIZCAÍNO


(COMENTADA POR EL PRO RUBÉN)



Tengo clavados en mi chante, como si fueran un tesoro (y de hecho, lo son) aproximadamente cuarenta casetes rellenos con la voz y el pensamiento del máster Rubén Vizcaíno. Esos teips contienen grabaciones recopiladas a lo largo de tres abriles. No sé qué hacer con ellos. Al principio me propuse llevar a cabo una biografía del pro, pero creo la mengambrea da pa más que una media rota con varices. Es un carajal de información, comentarios, reflexiones y disquisiciones en torno a personajes culturosos, tópicos literarios, teorías especulativas acerca de la existencia humana, la poesía, los escritores, la política, la cultura y hasta de las circunstancias más triviales de la vida. Como herramienta de conciencia constituyen una pequeña herencia que, dentro de los límites de sus potencialidades, libran una lucha contra la estupidez y la banalidad globalizadoras. Ofrezco a los lectores de mi blog una minucia que, ojalá, se hinche como el grito de un desesperado.





CÁRDENAS NACIONALIZÓ EL VICIO


«Cárdenas cierra y expropia los casinos y burdeles y entrega los derechos a los mexicanos. Entrega los casinos a los obreros, borra el vicio, moraliza, reparte tierras, etcétera. Pero estalla la Segunda Guerra Mundial y... ¡mocos, cabrón!, la ley de la oferta de putas y cabrones, casinos, juegos y droga, y la chingada, pues aumenta. Por tanto, Cárdenas, sin darse cuenta, nacionalizó el vicio. No le quedaba otra. Una cosa es la política y otra cosa es la historia, ¿no? Tijuana vuelve a quedar en manos de quienes manejaban el juego, la droga, la vida nocturna, etcétera.
Como yo era un profesor de ética me puse a analizar los hechos, y me preguntaba: ¿que es lo que se hace en el hipódromo?, ¿qué es lo que se hace en el Jaialai?, ¿qué es lo que se hace en un burdel? Con base en estos presupuestos fui haciendo mi análisis de la vida social, y lo empece a publicar. Y, ¡ay, maestro!
Mas tarde, llega el momento en que reconstruyen la torre de Agua Caliente, y manifiesto mi oposición a que se reconstruya una edificación que no fue mexicana nunca; ni siquiera el cemento con que la construyeron, perdón, ¡cual cemento, digo!, la madera. Porque, en primer lugar, no es más que una copia de la torre Eiffel, con una iglesita mexicana, arriba. Y que servia para alumbra un campo donde aterrizaban los aviones (Cárdenas la mandó quemar).
Yo no acepto que esa torre sea un símbolo de la ciudad, yo como mexicano me niego a aceptarlo. Me parece que los tijuanenses le están haciendo un reconocimiento a la moralidad norteamericana. Y eso es una falta de dignidad, una falta de vergüenza, una falta de orgullo, entre otras cosas. ¿Porque lo hacen? Porque aquí no hay una identidad propia; la identidad mexicana quedó destruida. ¿Que pasa con esto? Es vergonzoso, es penoso, terrible. ¿Qué hay que hacer? Cambiar eso. Y, ¿cómo lo vamos a hacer? Bueno, pues hay que empezar a hacer literatura, cuento novela, etcétera. Yo soy partidario que sea a través de las artes. No soy pendejo. No voy a decir que a través de la política, ¡me matan, hijo de la chingada!, ¿no? ¿Por medio de levantamientos armados? Vamos al carajo. No, es a través de la poesía, la novela, el cuento. Por ahí es donde debemos hacer ese cambio, por la filosofía, la literatura, el derecho. Yo sé dónde ando, maestro. Y hay que esconderse.
Empiezo yo a hacer mi propia culturita con una bola de escritorcitos de mierda y la chingada. Escondidos, nada más viéndonos las caras entre nosotros. Las empresas y cámaras de comercio preguntan:
—Y ¿estos pendejetes que andan haciendo aquí? Eso no sirve pa nada.
A Tijuana no le conviene la moralidad. ¿Cómo chingada moralidad? Nosotros vivimos al margen de ella en una economía dependiente del turismo norteamericano que, entre paréntesis, depende fundamentalmente de un centro militar, y de los más importantes del océano Pacífico, con un ejército de más de diez mil gringos hijos de la chingada. Soldados —solteros, güeros— con lana, que necesitan coger todas las noches. Son miles, una inmensa cantidad de soldados que llegan en barcos de guerra. Uno se da cuenta que Tijuana depende directamente, no de los Estados Unidos, sino de los ejércitos norteamericanos. Y luchar contra eso es luchar contra el imperialismo yanqui, contra los Estados Unidos.
Cuando yo escribo acerca de la moralidad de Tijuana, a algunos escritores les parece eso que está de la chingada; que ese pinchi Vizcaíno sea un pinchi moralista en una casa de putas. ¿Qué es eso?».






EN BUSCA DE UN PAPÁ



Apenas me acuerdo. Cuando yo rondaba los cuatro años y cacho de edad, mi jefe se partió la madre en un accidente automovilístico. Exactamente un veinticinco de diciembre. La ranfla que piloteaba —un Datsun 66— cayó en un dren de boca de río. Se ahogó entre el lodo y el manglar. Me la rifé sin padre y cuando tuve conciencia que la orientación paternalista era un requisito de rigor en una sociedad machista, busqué un modelo de progenitor —abstracto, al fin— en los libros de biografías de personajes de trascendencia histórica. En la vida concreta y de los putacazos mi jefa asumió dos cargos, fue padre y madre.
Si a mí me hubieran dado a escoger un padre —es un supuesto imaginario—, de entre toda la perrada habida y por haber, yo hubiera escogido a dos: en primera instancia apañaría al profe Vizcaíno y a falta de éste me iría liso sobre el Joaquín Sabina. Esos dos batos hubiesen sido mis modelos predilectos de progenitores. Aunque no sé —con quebrada y sí—, mi jefe de a devis hubiera sido más chaca, bueno… en su jale.

—¡Gueicap, carnal! El deseo es la madre de las perversiones. Así que aliviana el cuaco de las quimeras.

No comments:

Followers