Crítica de literatura contemporánea.

Thursday, July 22, 2004

Vertedero de cretinadas
 
 


Por éktor henrique martínez
 
 

 


CHÁIDEZ SE DESPIDE DEL CHARQUITO
 

 
«Por esto sólo quiere
todo hombre de cordura
a los sabios ver,
no por su figura.
Por ello un amigo
no hay como el libro;
para los sabios digo,
que con los torpes no me meto
»
                           Moshem Tob    
          

 
               El jueves 8 de julio, Jaime Cháidez envió al buzón de este cretino el artículo que continuación se publica, adjuntando al mismo esta temeraria advertencia:

 
 

«ÚLTIMO CORREO DEL PINCHI CHÁIDEZ, DOBLE CARA...»



               Bueno, y ¿qué hacer? Ni modo de llorar. Como dijo el loco Juan Bautista: «Fracasado el lamento sólo me queda el  fuego». Así me paga el destino el inevitable tributo a la palabra. Ahora, cuando más me he deslechado escribiendo con la emoción que siente el zopilote cuando va en pos del caballo muerto,  me mandan a freír espárragos y a hacer puñetas.
               Creo saber la razón por la que el autor de «Frivolitos de la Olla» se cuartió  y apechugó  muina  en su corazón; y   fue por causa de un articulejo que endenantes teclié, un  texto [puramente ficticio]  en el cual mi personaje  —el Snowind—, se da el lujo verbal de desalojar unas cuantas especulaciones con relación al citado periodista. Es un simple ejercicio de imaginación del que quizá pudiera desprenderse algo verosímil al filo de la ironía y el sarcasmo. La abyección implícita en el tema corre el riesgo de ser atribuida al autor, pero aquí no es el caso (suponer lo contrario sería como creer que un relato en primera persona es, inexorablemente, algo autobiográfico). Copio el fragmento  de la notícula cretinera  que  provocó el sentimiento  mutatis mutandi en el espiritu del Cháidez (si me pase de vergas; sorry —dijo el zorrillo; cada quien mea lo que puede). Pero como escribiera Circe Maia: «Duele más el silencio cuando es hecho de voces / ausentes de palabras / que nadie dice.»

               Va de retro:

 


CHÁIDEZ Y EL SNOWIND


[Por otra parte, me dice mi chaleco el Snowind —una especie de agente culturaloso del CISEN, pero más perrón— que entre las faenas culturosas que despliega nuestro conocido periodista cultural Jaime Cháidez Bonilla se ha propagado (entre nos) una que merece atención por su dimensión sicológica.  Pues se sospecha que el bato fue maiceado para hacer tratos con individuos de ineptitud absurda que se sueñan escritores.

—¿Lo hará para sacar de quicio a los críticos? —le pregunto a mi chalán.
—No le creo, jefe —me responde el morro.
—¿Tonces?
—Lo único que puedo decirle es que cuando se dan cosas como esas, el birote obedece a una degeneración de la estética originada desde las antípodas del poder.
—¿O sea que Cháidez  muestra una baraja y juega con otra?
—Así es. Ni más ni menos.
—¿Me estás diciendo que el bato agandallará el suplemento?
—Ansina mesmamente, chif. Y no sólo eso, el bato no tardara en convertirlo en un supositorio culturaloide en cuya portada, en vez de una pintura del Greco, saldrá la imagen del Lupillo Rivera, o de alguien por el estilo.
—Valiendo verga y llamando al Santo.
—Se dice que ya planea darle a Identidad el cínico calzonazo.
—¡Puta., madre! ¿A poco sí?
—¿A poco no?
—Acuérdese que la gente para chingar no tiene tropiezos.
—¡Qué culero!
—¿Y angora?
—Pues nomás habrá que esperar a leer  puras mariguanadas vulgares.
—¿Y la herencia del profe?
—Se pudrirá en colosales margayates, en pobreterías mentales y en payasadas emuladoras de tratantes seudoliterarios que aman la pendejez histórica. A partir de la muerte de Vizcaíno el suplemento de marras  tratará de poner la cultura en manos de la incultura, y Cháidez es el más indicado para ese jale. El bato esta bien presto a cobrar las facturas que el profe endosó al demonio para evitar que lo encasillaran con  la etiqueta de  mago  del camelo. Y ya circulan voces pispiritando que al Cháidez le brotado el cobre y que ya formó su mafiecita de escritoretes que habrán de ser los encargados de freír las próximas ediciones del  susodicho suplemento.  Y por ai dicen también, que el bato solamente aceptara a  estirados nalgones y sirvientos de los mastuerzos. En fin, que terminara por abochornar a la poca mengambrea cultural que hay en Tijuas.
—¡A la verga!, dijo Tiúndo.
—¿Cómo la béisbol con ese birote, mi chif?
—Muy culeis pa creerlo. Semiace que estas hablando por hablar. De seguro te las tronaste antes de venir.
—Por mi jefecita que no. Así que no le extrañe si el día de mañana el suplemento que piloteaba el pro Vizcaíno aparece como un soberano hervidero de cursilerías y atejonadas frivolidades, en un libelo infestado por bandadas de seudoliteratos  y granujas cuasiculturales  que no tienen idea de las monstruosidades oligofrénicas  que gruñen.
—Hablas como si fueras un profeta, pinchi Snowind. Por la manera sudometafisica que parpas, el Paco Segovia te viene guango. Qué dirá de ti la gente seria cuando  escucha tu verbena.
—Ya me lo han dicho; que, aparte de mamón, soy un insolentillo  descarado. Y la bandera de México ¿un gallo tricolor? Pero, ¿a poco no son enjundiosas mis conclusiones?  Como el buey del Latio de las Geórgicas de Virgilio, yo sí soy dueño de mis paroxismos. Tiquitiquitiquitá, no voy a trabajar, no gua trabajar, tikitikitá...
—¡Culos a la pared! Este chamaco ya se quedó arriba].

 
               Ahora bien,  adaptando a las cuitas hoy  expuestas las palabras del autor del Periquillo Sarniento, en el sentido de que en esta vida no puede haber gozo permanente, porque, si bien es cierto,  el berrinche y el enojo  siempre van pisándole la falda al gozo, y, desde un escondido lugar perteneciente a Bolivia, hago llegar a mis  lectoras y lectores del Charquito la última ofrenda  periodística de míster Cháidez.

 

«Veritas parit odium»

 

 


DEMASIADO PARA SER NORMAL

 
 

Por Jaime Cháidez Bonilla
 
 


TIEMPO EXTRA


Podría haber escrito esta columna hace 15 años, o hace 10, o en 1998. Todos, momentos críticos para un hombre que, la primera vez, decía orgulloso como el guerrero que acaba de regresar de la batalla "me abrieron el estómago, maestro, me cortaron las tripas y me las pegaron con grapas, traigo el estómago engrapado pero me siento a todo mecate".
La segunda ocasión, otra vez caminando por las calles del centro de la ciudad, entre pordioseros y minifaldas trasnochadas, jugaba con la mordacidad y el concepto de la identidad: "me sacaron toda la sangre y me la cambiaron por varias pintas de sangre de indígenas Pai Pai. Entonces, maestro, ahora soy totalmente bajacaliforniano". Y soltaba la risa, la carcajada.
 Esta vez, la tercera, Vizcaíno está en silencio. Calla. No se parece a él mismo. Las luces de la funeraria lo han transformado. Su rostro, el perfil, es idéntico al de su padre, el de don Julio Vizcaíno. La edad nos iguala.
 El profesor Vizcaíno vivió con reloj de compensación y lo supo aprovechar. Fue intenso, excesivo, y eso asustaba a muchos. Era demasiado para la normalidad. Era un luchador tenaz de capacidad suficiente como para pedirle a la muerte un tiempo extra. Varias veces la convenció.

 


CUARTO No. 7.


La última vez que lo ví estaba lúcido, digno, y altisonante. Como en sus mejores tiempos. Estaba en el hospital, modesta pero magníficamente atendido, en el cuarto número 7. Alcanzó a burlarse de los integrantes de la Sociedad de Historia de Tijuana, esos ricos perfumados que inventan héroes. Y parece que los Flores Magón le hicieron caso. Fue una tarde de perros para aquellos que querían celebrar a su "Tijuana heroica". Hubo un asesinato y dos choques cerca del monumento a los "Héroes de 1911". Ni el alcalde, ni el representante, ni la regidora, llegaron a la ceremonia "histórica". La bandera se atoró. Un fantasma la jalaba. Vizcaíno dormía, se despertaba, reía y volvía a dormir.

 


LA PRIMERA NOVELA, EL ÚLTIMO LIBRO.


Pasaron más de 40 años y una tarde de agosto Rebequita encontró una novela perdida. Era el original inédito de "En la Baja" que Rubén Vizcaíno había escrito en 1958 en la ciudad de Mexicali. El profe lucía orgulloso por el descubrimiento. Alguien le aconsejó mandar su trabajo para que la UABC lo seleccionara como libro universitario 2003-2004.



Ironías.

Fue en su lecho de enfermo, en las últimas semanas de vida, que Rubén Vizcaíno recibió parte de los mil ejemplares que se imprimieron en la ciudad de México. Lo tuvo en sus manos y comenzó a regalar ejemplares a sus visitantes. Era para sus amigos pero les aclaraba "no te lo voy a autografíar hasta que esté bien".

 


UN SEXENIO DE COMIDAS.


Aunque lo conocí en 1985 y siempre congeniamos como el padre que yo nunca tuve y ese hijo que él siempre supo a distancia, fue hasta su crisis en 1998 que pude establecer una relación más estrecha que en ocasiones me permitió coincidir con él los martes de comida, cuando cerraba la recepción de material para el suplemento Identidad.
 Hubo varios periodos. El más horrible fue el del pollo frito barato en la Avenida Revolución. Pero al profe le habían recomendado las carnes blancas y eso era lo más cercano a la dieta médica. Las piezas del chiken chicle eran lo de menos. La plática era extensa y la comida circunstancial
. La etapa de las whopper con queso fue la mejor. Pedíamos órdenes extras de papitas y el profe era feliz. Eran martes deliciosos que  convocaban a varios comensales. El profe necesitaba hablar, recordar las palabras, los conceptos, los nombres propios. "¿Cómo se llama? repetía y en algún momento llegaba el recuerdo. Olvidaba lo reciente pero era capaz de recordar intactas anécdotas de hace 50 años. Siempre me sorprendió esta paradoja. Era un lucha contra el tiempo, la batalla de la muralla Vizcaíno que no se permitía ser viejo.
"Ahora vamos a los tacos de pescado, maestro" recomendaba el profe y salíamos del antiguo Palacio Municipal rumbo al automóvil. "Espérate un poquito, déjame recordar dónde lo dejé" pedía Vizcaíno y reflexionaba mientras el tumulto pasaba a su lado. Algunos niños indígenas corrían tras él con sus vasos de cartón y una sonrisa confiada de recibir varias monedas. El gigante blanco en comunión con las chispitas de café,
Ya en la comida, durante casi hora y media, los saludos de quien lo reconocía eran interminables y las palabras de admiración obvias. A veces llegaba el hartazgo: "no falta el cabrón que me saluda diciéndome, profe, qué gusto me da verlo, yo pensé que ya estaba muerto".
 La última parte de las sesiones digestivas se dio en los nuevos restaurantes chinos que despachan en buffet. Al profe le encantaba la idea de adornar el plato con diversidad. Todavía en mayo Vizcaíno se levantaba un par de veces de su mesa para servirse los inventos orientales. Hablaba, respondía los saludos, y hacía un análisis de lo hecho por Bush, Fox, Elorduy y Chuy. Brincar de temas, ésa era la regular.
Un día de mayo terminó el sexenio de las comidas.

 

NOSTALGIA
 
De acuerdo con quimerista.blogspot.com

"Profe Vizcaíno: apenas te fuiste y ya te extrañamos"

 



MÁS SOBRE VIZCAÍNO
[EMILIOS DE COMPAS]
 

               Para remachar el asunto, a continuación transcribo tres misivas que por correo electrónico me envian mis entrañables compitas Nacho Mondaca, desde la capirucha sonorense, y Fernando Alvarado, desde la selva lacandona de Chiapas.
Nota: los emilios no los postié con en su tiempo pertinente debido al traspapeleo de mengambreas que tengo en la cantona. Nuevamente, sorry, como dijo el zorrillo.

 


Quihubo Carnal:
 

Está uno en la órbita de la memoria que reclama oasis para los más queridos. Así es el Pro Vizcaíno; siempre querido por todas y todos, verdaderamente todo nuestro mundo cultural. Valga mi apoyo moral y xhamánico que pueda extender para recordar un segundo padre que, aunque no lo creas, ha sido para mí.
Te platicaré como en el 84 me impulso a realizar actividades culturales, y en el 85 me  dio el panorama más correcto de mi exixtencia; le pedí pues algunos consejos profesionales y artísticos que aun conservo y guardo como esos manuales que te sirven para solucionar cosas sencillas como es mi vida.
La complejidad de la existencia esta en la literatura, la fragilidad de la sencillez esta en lo cotidiano.
También en el 93 o 94 publicó el profe unos poemas míos, en uno, dedicado al prof. Saavedra está, según yo, un homenaje a la hija del profe, en paz descanse, que algún día me gustaría recuperar y volver a leer y dedicarlo a este maestro de la vida.
Estoy con él en este mundo y a todos los demás mundos que algún día recorreremos; les avisamos que es todo un verdadero personaje de la vida cultural de nuestro país, pues ya se espera algún escrito por parte del SEMINARIO DE CULTURA MEXICANA. Del cual forma parte.
Bueno, después van más poemas, y otras cosas chuscas como que los tijuanos ya se han comunicado, por fin, conmigo
.Muchas Gracias por estar.

FERNANDO ALVARADO, 16 de junio de  2004.
 

 


 Mi estimado Éktor:

   Antes de que pudiera hacerse algo, la huesuda vino por don Rubén, como subrayando que para morir nacimos. Leo lo que escrito por ti y por otros sobre Vizcaíno y sin excepción encuentro tristeza y reconocimiento a su longeva labor en favor del abecedario y de su estado adoptivo. Es evidente que la trama cultural de BC de estas décadas no se entiende sin la pluma rayonera y el ánimo emprendedor del ticher.  Aunque pude leer sus columnas por un tiempo cuando viví en Mexicali, me hubiera gustado conocerlo personalmente, pero, no sé, siempre llego tarde a todo.
    Mis mejores deseos porque no descanse en paz el viejo y porque sus fantasmas sigan jalando patas culturosas y tarimas burocráticas.
    Te mando un abrazo.

    NACHO MONDACA, 7 de julio de 2004.
 

 

               Quede, pues, así la cosa, y acomodo mi pesar a la cancioncilla de Porky y sus amigos (el gato Silvestre, Elmer Gruñón, el pato Lucas y el Gallinazo), que,  cuando morro, yo solía  canturrear  cada vez que se acababan esas caricaturas en la telera:

 


«Laaastima que terminó
el feeestival de hoooy
prooonto volveremos coooon...
maaas diversión.
 

 

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