Crítica de literatura contemporánea.

Tuesday, September 21, 2004

Vertedero de cretinadas


Por éktor henrique martínez



LOS HIPERTEXTOS DEL BRUNO RUIZ


«No sirve ya el papel
Por eso escribo en un blog
De ahí vengo ahorita
De darle putazos al teclado»



PAPEL VERSUS PANTALLA


A partir de que fue “renunciado” del pápiro Frontera, el Bruno Ruiz le ha sacado partido al weblog; primero con su «literatura aleatoria» y posteriormente con «movements of thought, hiperficciones - f(r)icciones». Sin dejar de reconocer que en sus trabajos literarios, de un tiempo acá, ha desarrollado otras facetas que ya no ponen en duda su talento como escritor bloguero; lo que en rigor supone una superación del hecho escritural, especialmente en sus narraciones breves. Creo que alejarse de la nota periodiquera representó para él, en cierta medida, un beneficio; corría el riesgo que el periodista acabara por aplastar sus facultades creadoras, de destruirse como escritor.

Circunstancias de la vida; hoy está situado entre las figuras más emblemáticas de la literatura blog, triturando ficciones hasta convertirlas en otra realidad.

Una especie de antología de microrrelatos es el resultado del taller virtual de narrativa hipertextos.blogspot.com que ha ideado y coordina el Bruno Ruiz. Para quienes propugnamos por una literatura weblog, este proyecto no puede pasar desapercibido, pues hay que valorar y reconocer que la aportación del Bruno en este sentido ha sido chuquis y su esfuerzo merecedor de felicitación. El bato se la ha rifado como bloguero en la teta de vidrio en un golpe de baraka.
hipertextos.blogspot.com es un ejemplo que sirve para despabilarles la extrañeza y la incredulidad a los escépticos que se aferran a la creencia dudosa de que mas allá del papel no cabe la literatura. Un caudal de textos de minicuentos de todos colores y sabores, sin hacer alusión de qué tan buenos o malos sean, han desembocado en el recipiente creado por el BR. El batillo lleva a cabo el acopio de diversos microrrelatos (que no exceden de 150 palabras) y que la perrada bloguera, con entusiasmo, ha enviado al blog de marras; su presencia participativa es destacable y presupone, simultáneamente, una opción para aspirantes y creadores que gustan de la talleriada; lo que implica, además, un rechazo y rompimiento respecto de la creencia idiota (impuesta por el centralismo) y aceptación estúpida (derivada del complejo de inferioridad fronterizo) de suponer que únicamente los escritores de la “metrópoli” son aptos y capaces para venir a impartir un taller de narrativa o poesía. Sino, díganme ¿por qué se recurre a rucas piporrescas como la tal Cristina Rivera Garza o a chilangos como el mentado Carlos Chimal, quien a últimas fechas aterriza en Tiyei en calidad de dador supremo de un pinchurriento cursillo de literatura, pedorreando el marketing culturoso con la kábula de «Taller de narrativa dirigido a escritores interesados en la (jajajá) profesionalización de la creatividad narrativa»; donde además el pelafustán, en contubernio con el elefante blanco del CECUT, despeluca a los ingenuos parroquianos con la nada despreciable cantidad de setecientos varos por escuchar pitonadas y mentirijillas.

El Bruno está convencido que la labor literaria no es un pasatiempo ni faena pa matar el ocio. Tampoco es prioritario en él que vivir del oficio escritural, aunque muchos quisiéramos vivir de este camello. Yo, por mi parte, soy abogado, y de los litigios judiciales saco la firula pa llenar la tripa; el Bruno la menea de arquitecto y no discurre en deseos plañideros para sustituir una cosa por otra, y mucho menos, se rebaja a talonear subsidios o becas como lo hacen los cabrones carroñeros que se niegan a corretear la chuleta en otros campos. Quién no desea ser un escritor de tiempo completo, pero ya ven, si no se cuenta con marmaja que respalde la sobrevivencia no queda otra que comer aire como los pinchis camaleones.

Sé de escritores que pregonan ufanos el amor a la escritura, pero eso lo aseveran de la geta pa fuera, pues anteponen a su devoción literaria el biyuyo, por eso consideran una pérdida de ganancias abrir un blog en la teta de vidrio. También existen otras razones como el «rockstarismo» mamón del que nos habla el Bruno:
«TE VOY A DECIR por qué los astros de la literatura se aprietan con el blog. Por que no lo consideran un medio serio. Así mismo, como consideran sus textos un ‘trabajo serio’ (una profesión que les cuesta, así como tú recibes salario por tu profesión), el blog es visto como un free ride donde se pierde más de lo que se gana: plagio. Se aprietan, y lo que ponen en el blog son enumeraciones sosas y estúpidas: muy de acuerdo. Aquí el señor Fadanelli me decepcionó bastante. De hecho, no he leído sus novelas, y después de leer su blog, no me dan ganas. Esta es la cruda realidad. Ese wey está sobrevaluado por los defeños. Hay más talento narrativo en Tijuana que ese wey» [10 de abril de 2004].

Es en la weblog donde el Bruno Ruiz ejerce primordialmente su oficio de escritor, además de ser en ese universo cibernético donde él es más conocido, admirado y estimado. En la blogósfera ha sido el sitio donde la reluciente pelonera de este bloguero tijuanense ha dado sus mejores dotes literarios, por su pasión y compromiso con la escritura.

No quiero pasar por alto las aportaciones que también han llevado a cabo gente como el Nacho Mondaca (humphreybloggart.blogspot.com), Julio el Sueco (aztlan2.blogspot.com), entre otros no menos importantes, verbigracia Luis Humberto Crosthwaite, reincorporado nuevamente al chamán de vidrio con quimerista.blogspot.com, y, asimismo el Manuel Lomelí, (chango100.blogspot.com), cronista de la escatología hard core.


LA BREVEDAD ES TIEMPO


El fenómeno de la minificción ha puesto a algunos críticos a parir chayotes; titubean si ubicarlo como género, categoría o estilo literarios. Lo pertinente sería nombrarlo hibridación genérica en el que confluyen diferentes formas y estructuras de la palabra.
Para referirse a este multigénero de lectura instantánea suele establecerse la siguiente sinonimia: microrrelato, minificción, cuento de hoja, narrativa bonsái, cuentochori, ficción corta, microcuento, cuento corto o narración breve. Pero dejemos que sea el Bruno Ruiz el que nos diga qué pex con el birote del micronarrativa, que no hay duda que será el modelo narrativo protagónico del siglo XXI y prototipo de la ciberliteratura:

«LA FICCIÓN CORTA, como expresión de literatura, tiende a ser más dificultosa. Es en su espacio breve, estrecho, donde debe registrarse un efecto literario. Una conmoción. Un movimiento de ideas. LA FICCIÓN LARGA, véase novela, es más amable. Permite peroratas, extensión. El único problema, o digamos, requerimiento, es que solicita entrega y tiempo. Una ficción corta queda lista en una sentada. Su desventaja: casi nunca queda bien: es un albur» [Movements of thought, 11 de abril de 2004].


CARACTERÍSTICAS DE LOS MINIRRELATOS


Un texto de ficción pony pudiéramos decir que se sustenta en los siguientes postulados:

• Predominan la brevedad y la rapidez en el discurso literario, y es elástico porque carece de limitaciones (no tiene más límites que aquellos que marca la imaginación creativa); por eso es apto para una comunicación urgente.

• Efecto inesperado como golpe de ingenio, por su final abierto y sorpresivo. El final se sugiere a manera de metáfora, mediante un sentido figurado.

• Se sobreponen a la trama la sorpresa, el humor y la ironía, la risa y el asombro; aunque lo más intenso en un minirrelato es la acción que constituye su inmanencia (organización interna) donde se haya contenida la tensión. Pero el desarrollo de la acción es escueto porque el minicuento transgrede las leyes de tiempo y espacio.

• Prevalece la intertextualidad en fusión o combinación de otros géneros y subgéneros literarios (poesía, epístola, ensayo, crónica); también se apoya en las formas no literarias.

• El formato estilístico emparienta con la estructura de la fábula (pero ajeno a su moralismo didáctico), la paradoxa (anécdota sensacionalista);

• El contenido temático es sencillo y el final queda, casi siempre, abierto; y ofrece al lector variadas posibilidades de interpretación, o sea que es un hipertexto (laberinto literario con más agujeros que un cerco viejo), aunque algunos minicuentos adolecen de salidas facilotas y unilineales; es interpretativo porque regularmente el principio sugiere el final.

• Su legitimidad estética traspasa las fronteras del papel y se adecua perfectamente en el ciberespacio, es decir, la funcionalidad del microrrelato es que puede ser insertado tanto en la hoja de papel como en la página web.



EL FINAL DE LA ERA CUADERNARIA

El Bruno Ruiz ha dado en el clavo, sus hipertextos como actividad escritural vertida en el recipiente de los minirrelatos, representa el futuro inmediato de la literatura por-venir. Solamente habremos de esperar que los cuadernícolas acaben de ahogarse en sus aguas pretéritas y los libros terminen como reliquias u objetos destinados a adornar las dichosas salas de estudio y bibliotecas.

El BR con sus chicha bloguera nos advierte que estar en la weblog no significa estar ante una simple pantallita valedora de madre para morbosos voyeristas y casquivanos trolos (cuya conciencia semántica no reúne ni siquiera las nociones básicas de lo literario); constituye la apuesta de una literatura blog y la vía idónea de transición hacia el nuevo formato que está por adoptar el cuadrado mamotreto de papel.

En conclusión, la literatura no solamente se expresa a través de los libros, también existe el blog.


cretinadas@yahoo.com.mx
elcharquito.blogspot.com



Vertedero de cretinadas


por éktor henrique martínez



EL HIMNO NACIONAL MEXICANO,
UN DERROCHE DE PATRAÑAS MOCHAS Y VETUSTAS




«Tu presencia de macana
puso calor en mi nido»
Carlos Gardel



El presente Vertedero de cretinadas surge como eructo de la lectura a las exiguas cavilaciones del Ángel Ruiz, alias el Angelitros, que el día jueves 17 de junio de 2004 empotró en su vitrina cibernética, angelopolis.blogspot.com; y de la notita bloguera que escribió el gacetillero, por cierto camellador del pápiro Frontera, brincoteó el tema que hoy dedico a los sensibleros patriotas, y que, para algunos extremosos nacionalistas, será como un chirriar de clavo sobre vidrio.

En su articulillo bloguero titulado «El antipatriota», el bato se descrima con superficiales remembranzas en torno a la cantinela que el incestuoso Panchito González Bocanegra, aspirante a poeta y ocasional hacedor de versos, dedicó a su patrón Antonio López de Santa-Anna:

"El himno nacional siempre me ha parecido feo" [o sea, feo con efe de culo], "aun cuando los profes me repitieron [en] toda la escolaridad" [el guey quiso decir: la escuela] "básica que era de los más bonitos del mundo" [pues te mintieron los agnados de la Elba Ester Gordillo, los únicos bonitos en este mundo son los jotos, mi buen]. "Pero a mí nunca me ha gustado, ¿será porque todos los lunes en la asamblea era obligatorio cantarlo?” [pues no sé, tú; yo a esa edad la susodicha obligación me la pasaba por los güevos]. • “En este país, una de las cosas que hay que saber es quiénes compusieron el himno nacional y si te agarra la televisión" [corrigiendo el entuerto: el bato quiso decir los chalanes que tabanean en las televisoras; la televisión es un concepto abastracto] "con sus preguntas banqueteras y traes una cruda que no te acuerdas de nada, ya quedaste como un ignorante, inculto y prosaico si no respondes quiénes hicieron el himno” [ay, cómo te preocupa el qué dirán, men]. “Sé que para llegar a tener este himno nacional tuvieron que hacer un chingo de intentos en los años anteriores a 1853” [pues no sabes nada y conjeturas mal, mi buen; el birote no fue así de espinoso y complejo como lo pintas]. “Lo paradójico de este himno nacional fue que nació a raíz de una convocatoria durante el gobierno de Santa Anna, el mismísimo que perdió más de la mitad del territorio mexicano” [que lo hayan escrito durante el ocaso de la dictadura santanista ¿te parece una paradoja?; todo fue una treta canallesca; además, el opiómano de Santa-Anna no perdió nada, fue el pueblo mexicano quien chingó a su madre con 2,205,639 kilómetros cuadrados de suelo; el cabrón de Santa-Anna, cuando tronó el ejote, y una vez que el inservible ejército capituló, pintó venado pa Jamaica (9 de abril de 1848), luego que los invasores yanquis le concedieron salvoconducto —pues ya le debían un favor por haberles regalado endenantes el territorio tejano].

«Finalizada la guerra de conquista de la que los Estado Unidos hicieron víctima a México —escribe Nikito Nipongo—, Antonio García Cubas mostró a Santa-Anna un mapa de nuestro territorio antes del acto de rapiña imperial, “¿los gringos nos robaron todo ese pedazote?”. “Sí, general”. Y Santa-Anna, derrumbándose en un sillón, se echó a llorar... ¡El barbaján no tenía idea del país que, en mucho por sus traiciones y estupideces, había perdido!».
El señor Pancho González Bocanegra, burócrata del santanismo y autor de la simplonada abstracta que canturreaba el Angelitros, supongo que cada lunes, durante su pretérita infancia y adolescencia escolapias, confeccionó ese ridículo cántico patriotero al gusto de su patrón. Pero en ese himno, cosificado en populismo gacho por la sicología manipuladora y oficialista, junto con el denominado lábaro tricolor (que en su centro lleva plasmada la imagen de un águila que no se la está acabando con una culebra pantanera), no registra la invasión militar que sufrió el pueblo de México, injustificable ocupación perpetrada por las tropas estadunidenses que comandaban Scott y Taylor, entre otros generales gringos (quienes, gustosamente, estrenaron sobre los masiosares inermes la famosa pistola Colt).

En ninguna de las 10 estrofas que integraban el himno original se alude sanguinaria incursión del ejército invasor; y lo único que el mediocrón poeta retrata en su elegíaca seudoepopeya es una bronca suscitada entre coterráneos. Y en efecto, el maestro Nikito Nipongo, en un artículo titulado «Nuestro Himno; un engendro mocho y de nota roja», disipa la duda que pudiera algún fervoroso nacionalista llegar a albergar en su estrecha cavidad craneana. Como botón de probanza, reproduzco la tercera estrofa del dichoso himno:


ya no más de tus hijos la sangre
y se derrame en contienda de hermanos;
sólo encuentre el acero en tus manos
quien tu nombre sagrado insultó.

Por tanto, la significación nacional y el valeroso heroísmo que falsamente se le atribuyen a esa reliquia que el Bocanegra cocinó en un lapso de cuatro horejas, bajo presion de su jaina (que lo amenazó con no soltarle la tarántula si no se aventaba la compsosicion), no son otra cosa que vulgares mariguanadas, exentas de veracidad histórica. Telarañas retóricas que los chachalaqueadores entonan con inflamada pasión dionisiaca e ignorantes de que las exaltaciones patrioteras que emulan como retrógrado nacionalismo a medio podrir, son parte de la maquinaria ideológica con la cual la clase dominante adormece las conciencias y reduce la voluntad popular en un servilismo inepto, rebajada obediencia borreguil solicitada como altura moral por medio de cacayacas demagógicas.

Pero... prosigamos con el Angelitros y guachemos cómo el batillo cierra su nota bloguera con esta ramplona banalidad, mundana e irreverente:

“El cuento es que hoy que estaba viendo la tele antes del partido Francia-Croacia, escuché la Marsellesa y me dije: 'ese himno sí me gusta'. • Entonces vi las imágenes de los hinchas franceses cantando a todo pulmón la Marsellesa y me pregunté si yo, estando en el mundial de Alemania en el 2006 y en un partido de México, ¿me pondría a cantar el himno nacional mexicano? No lo creo...".


De cierta manera, entre toda la serie de inconsistencias que asevera el Ángel Ruiz al rumiar su orfandad en temas de historiografía nacional, hay algo de razón que hace mella en su discursillo. Desde que caemos a la primaria, los prepotentes alicuijes, funestos caciques de la SEP, nos quieren meter a caletre, y por medio de ritual ridículo, el mentado himno nacional. Y desde que yo era morro, jamás de los jamases acepté vocinglear el engendro escrito por la puñetera mano del González Bocanegra. Aunque para otros el esperpento se consideraba, ¡háganme el favor!, ópera prima emanada del sentimiento nacionalista. Me acuerdo que la borregada estudiantil, cada lunes, estaba obligada a repetir ese ejercicio de chacota trazado por el poeta cuarta que ya mencione. ¡Como sino hubiera mejores chingaderas que cantar!, decía yo. Siempre me negué a grullar un miserere que por intuición me resultaba algo horriblemente cursi. A este producto de octópodos hoy le agrego, además de estúpido, el calificativo de retardatario. Nuestro himno nacional es una manifestación mezquina de gavilleros ultraconservadores y monjas barbudas, un vejestorio mocho y reaccionario que ya apesta.

Apenas el nefasto Antonio López de Santa-Anna (13 de diciembre de 1853) acababa de embolsarse la firula que los gringos le chillaron por la venta de La Mesilla, el macuteno honró su codicia con una repugiña cantoral que todavía continúa ensuciándoles las bocas a inocentes infantes. La patanería se llama Himno Nacional Mexicano. José Vasconcelos en su libro Breve Historia de México, 1956), pone en relieve la baza con la que jugó esta deidad de mierda que en sus pininos de cadete se inició en las armas combatiendo a la insurrección de Hidalgo. Señala Vasconcelos: "Padecimos el bochorno de que un hombre que constantemente había traicionado a su patria y que un militar que constantemente había deshonrado su espada, por obra de la adulación pública, a las estrofas del Himno Nacional que compuso el pobre sujeto Bocanegra y que no sé cuántas generaciones de mexicanos repitieron" [y lo siguen repitiendo] "con servilismo de incomprensible estulticia." (p. 354).

El himno de factura santanesca, que ni siquiera expresa a medias el sentir de los mexicanos, fue el holgachón que la trepadora casta conservadora le arengó a la perrada para encubrir las abominables atrocidades del cerdo al que llamaban Alteza Serenísima, y a quien, "a falta de acciones heroicas que imputarle, le inventaban alabanzas cuya lectura da una idea de la abyección de la época". Dice Vasconcelos: "Un Congreso lo había nombrado Benemérito de la Patria porque derrotó la expedición de Barradas que de ningún modo pudo triunfar y en la cual murieron españoles y mexicanos, no extranjeros. La Legislatura del Estado de México lo había nombrado Benemérito del Estado en grado heroico; el periódico 'El Censor' de Veracruz lo llamaba deidad humana. Toda la sociedad más distinguida lo apodó siempre Alteza Serenísima. Un pobre diablo Bocanegra, que hizo el Himno Nacional, ensució los labios " [y lo sigue haciendo] "de no sé cuántas generaciones de mexicanos, con aquello del 'Guerrero Inmortal de Cempoala'. El héroe era Santa Anna. Todo México llegó a ser Santa Anna." (p. 327).

Y todavía existen un titipuchal de majes que no se dan tinta que el himno que gorgorean es una suprema vileza pública confeccionada para disimular las estupideces y traiciones de un huichilobos corrompido por la ambición, la envidia, la lujuria, el fatalismo y las barraganas. Refiere Vasconcelos que cada vez que su alteza sufría una derrota le echaba la culpa al destino; de sus colegas generales hablaba con desprecio y a las mujeres las elogiaba, pero por su voluptuosidad).

Ya casi en el crepúsculo de la dictadura santanista, 1854, un forastero de nombre Jaime Nunó, avecindado en los Estados Unidos, se une a la confabulación y le injerta música al bodrio de marras. Sólo faltaba empollar los ademanes patrios para que la fiebre de ese postizo canto subiera más allá de los cuarenta grados en la medida que se extendía desde las abultadas efemérides consignadas en los calendarios oficiales hasta torcerse en una apolillada y ridícula prosopopeya, entonada por el rebaño adicto al futbol, al boxeo, etc, como muestra de languidez idiopática.

Dice don Nik:
Se canta el himno como se reza el Ave María: sin fijarse para nada en su letra. Pero quienes sí la analizamos no podemos tragarla». Hay sobrada razón en lo que el máster Nipongo señala, y lo demuestra la siguiente atrocidad:


Mas si osare un extraño enemigo
profanar con su planta tu suelo,
piensa, ¡oh patria querida! que el cielo
un soldado en cada hijo te dio.

¿Y qué responde el insigne lingüista, madreador de la RAE? Veamos al respecto: «Yo soy hijo de la patria querida, porque nací en México de mexicanos, sin que ello tenga que ver nada con esa cosa confusa que Bocanegra llama cielo. Pero de ningún modo soy soldado, ¡no jodan! Soy un ciudadano ajeno, por fortuna, al ejército».

Tomen nota los lectores de la jerga clerical y del léxico heréldico y de blason, muy al pelo de las vejeces medievales, que exhibe ese archivero despreciable que no parece haber sido escrito por un poeta, sino por una rata de sacristía. Sólo un degenerado fanático sería capaz de montar esa clase de intolerancias bélicas y semejantesd tonterías de sotana. Atrapemos unas cuantas: “grito de guerra”, “guerra sin tregua”, “en las olas de sangre empapad”, “el clarín con su bélico acento”, “arcángel divino”, “el dedo de Dios”, “el cielo tu eterno destino”, “el cielo un soldado en cada hijo te dio”.
¡Basta ya, carajos! ¿No son toda una rayada de máuser esas bagatelas que fabrican los incondicionales del poder para amacucar un banquillo en el reparto de dádivas palaciegas?
Leamos lo que apunta don Nik:

«Por otra parte, no acepto las cursilerías beatoriles de Bocanegra:

Ciña, ¡oh patria! tus sienes de olivade la paz el arcángel divino.

¡No chinguen! ¿Qué es esto de arcángel divino? Según el diccionario de la Madre Academia, arcángel es el “espíritu bienaventurado, de orden medio entre los ángeles y los principados”. Ángel es el “espíritu celeste criado por Dios para su ministerio”. ¿Y principado? “Es uno de los espiritus bienaventurados, príncipes de todas las virtudes celestiales, que cumplen los mandatos divinos”.
• En resumen: una sarta de mafufadas.

Que en el cielo tu eterno destino
por el dedo de Dios escribió.


¿Por qué Dios usa el dedo para escribir? ¿Qué no tiene bolígrafo, o mejor una computadora?

Quien sabe que le dio a Francisco forzar a su poema para que chorreara sangre, sobre todo en la cuarta estrofa y en la siguiente:


¡Guerra, guerra sin tregua al que intente
de la patria manchar los blasones!
¡guerra, guerra! Los patrios pendones
en las olas de sangre empapad.

Antes, patria, que inermes tus hijos
bajo el yugo su cuello dobleguen,
tus campiñas con sangre se rieguen,
sobre sangre se estampe tu pie.

La mala leche del himno se patentizó en las últimas manifestaciones contra la agresión de Irak: ¿Cómo demostrar apego a la paz soltando esa pendejada de “mexicanos al grito de guerra”? • Se trata, dicho sea de paso, de la primera línea del coro, al que le siguen estas fumadas:


el acero aprestad y el bridón


(lo que en voces infantiles vuelve “el acero prestad y el bribón” —por lo demás, pocos saben que bridón es brida pequeña, y brida: freno de caballo, con lo que la vacilada resulta ridícula, pues se supone que continúan usándose en las batallas de misiles alegres caballitos, como aquellos polacos opuestos a tanques alemanes—)».

A los chilpayates les está dispensada cualquier hermenéutica, similar a la chistosa
transfiguración que han hecho a propósito del nombre del benemérito de San Pablo Guelatao, Bomberito Juárez, en vez de don Benito Juárez. Sin embargo hay gente que retrocede hacia un infantilismo patético, y tal es el caso del flamante secretario de (des)Gobernación, Santiago Creel Miranda, quien al canturrear los pedacitos que ha logrado a duras penas memorizar en su atachado cerebro, revela los síntomas toscos y vergonzosos de un jilguerillo cualquiera, a punto de ser autodevorado por su irracionalidad. Mientras que las fuerzas policíacas reprimían y encarcelaban a centenares de estudiantes, campesinos y profesores en Guerrero, el buen Santiaguillo, político de bajo perfil e incapaz de asumir sus obligaciones de servidor público, en un programa televisivo para retrasados mentales, canturreaba algunos tétricos fragmentos del himno nacional; y cambalacheándole grafías, vociferaba:


«y retiemble en sus antros la tierra...»

¿Será éste el cambio que nos ofreció el hombrecillo de las tepocatas y las víboras prietas? Si es así, he ahí la aportación de uno de los miembros del gabinetazo foxiano al proyecto de estado que encabezan la pareja presidencial y la derecha empresarial que gobierna a través de la propaganda.

Bueno, dirá el Santiago, por algo se empieza; cambiando las palabrejas originales de la romanza que antaño apuntó el Bocanegra.


y retiemble en su centro la tierra
al sonoro rugir del cañón.


«Dirán lo que quieran —dice don Nik—, pero la Tierra sólo tiene un centro. Además, el rugido del cañón obviamente será sonoro.

La obra de Francisco González Bocanegra no tiene más destino que la taza del escusado. Basta para lanzarla a ese tragadero su sexta estrofa:

Vuelva altivo a los patrios hogares
el guerrero a cantar su victoria,
ostentando las palmas de gloria
que supiera en la lid conquistar.
Tornársense sus lauros sangrientos
en guirnaldas de mirtos y rosas,
que el amor de las hijas y esposas
también sabe a los bravos premiar.


O sea que mientras el guerrero va a hacer por allí sus tropelías, sus señora y niñas esperan en casa —haciendo la comida, planchando o barriendo— a que el cabrón regrese cantando...» [Perlas japonesas].

Por más que se esgrima que la composición santanera constituye el “canto de los sentimientos del pueblo mexicano”, tal justificación no es más que un idiota reparo que el oficialismo estatal en turno utiliza como pretexto oportunista y mediatizador para unir aquello que está desunido y no se puede juntar, a no ser que ese arrejuntamiento se cuaje con el talante como se compran los falsos amores.

En su columna «Astillero» (La Jornada), Julio Hernández López señala el motivo de la arenga que serpentean en este “mes patrio” los nacionalistas de fibracel: «En México, tan necesitado está el gobierno federal de aparentar concordia ciudadana que ha inventado un cursi Día de la Unidad Nacional que, con el pretexto patriotero de los 150 años del himno creado por Francisco González Bocanegra y Jaime Nunó, pretende dar muestra de lo que no existe. La ocurrencia propagandista se ha dado justamente cuando el jefe de Gobierno capitalino se queja del bombardeo jurídico y político lanzado desde el poder en su contra (“golpe técnico de estado”, ha dicho López Obrador, que el gobierno foxista ha montado para impedirle que mantenga sus derechos políticos a salvo). Con tales arengas de oportunidad, Los Pinos y Bucareli parecieran ponerse el huarache exculpatorio antes de espinarse con desafuero. Cuando faltan recursos políticos, cuando las trampas montadas contra otros se revierten sin remedio, cuando ya no queda otro sentimiento al cual apelar, suele surgir la gran ideota del llamado a los valores , como hoy lo hace el gobierno que ha cercenado el sello oficial, mochando el águila, el mismo que se saca de la manga un Día de la Unidad Nacional que ni siquiera alcanzó duración mensual, pues la propia secretaría impulsora de estos falsos avenimientos había declarado antes todo septiembre como el mes del testamento» [Viernes 3 de septiembre de 2004].

Para aquellos que se aferran a las alocadas jactancias patrioteras, quienes no cejan de repetir en cada momento de ceremonia nacionalista el lenguaje demencial cocinado por el insigne Panchito G. Bocanegra, cito de nueva cuenta, y a manera de conclusión, las últimas palabras del máster Nik:

«Supongamos que logra forjarse una nueva letra del himno, de carácter pacífico y constructivo; dedicada, ante todo, a la patria. El padre de ella, Miguel Hidalgo, al que de mala gana y tardíamente le dedicó el señor Fox, dirá: “Hijas e hijos míos, hablemos claro: más de la mitad de la población mexicana no es dueña de nada; la patria está en manos de extranjeros o de nacos apátridas. Sus playas, los pocos bosques que quedan, sus ferrocarriles, su industria, su comercio... vaya, ¡hasta la Virgen de Guadalupe!... pertenecen a forasteros. Así es que mejor será que se limiten a tararear la música del himno mientras se bañan”».




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