Crítica de literatura contemporánea.

Sunday, January 09, 2005


Vertedero de cretinadas





Por éktor henrique martínez





DE DOÑA YÉPEZ




SEGUNDA CAZIADA







JOCOSIDAD ADULADORA Y OTRAS RIDICULESES







Como decíamos endenantes: nada más nauseabundo que lidiar tipejos como el Yépez; un solemne huevón cuya encomienda es darle rienda suelta a su estúpida megalomanía y pararse el culo en tertulias literarias.

Un extremo pusilánime que no enfrenta a los que lo critican; prefiere hacerse el desaparecido. Temeroso, oculta la chompeta como la culona avestruz. ¡Ah, pero qué bien chupa la ubre estatal!; y no deja de estar mamando chidamente del presupuesto, gozando como cabrón a costillas de los pagaimpuestos.










ACTO DE CHARLATANERÍA





El bato es un culturoso tan podrido de vanidad y soberbia que ni siquiera las cucarachas y los gusanos toleran sus alardeos cretinos de egocentrismo mamón. El bribonazo, como todo granuja de doble feis, hipócrita e incongruente, oculta lo que le perjudica y publica lo que le conviene.



Ni el menor viso de humildad; la modestia le resulta ajena:




«El 17 de abril participo en una panel sobre la poesía en tiempo de crisis, y presento un video satírico del imperialismo que hice con Octavio Castellanos, en la Universidad de California en Santa Cruz.

El 24 de abril leo algunos textos experimentales en inglés y el 25 doy una conferencia de literatura latinoamericana contemporánea y el yo-global en la Universidad de Arizona, Tucson» [5.4.04].





Concédele un poquito de piedad a tu ego. ¿Acaso no te da lástima ese niño hambriento?



Por otra parte, no es raro que aparezcan ratones mordisqueando el queso de la lisonja. Ai tenemos al Bernardo Jáuregui, quien, emocionado y surfeando sobre la espesa baba de tlaconete que se le ha escurrido de la mamadora, llega pregonando lo que únicamente ha existido en su enfermiza y deschavetada tatema (y que el enajenado narcisista del Yépez en chinga postea en su blog para darse coima).
Escuchemos las trompetillas que este descarado lambegüevos del tal Jáuregui le sopla a su idolatrado confeccionador de disparatarios


NOTA: a fin de no fastidiar al paciente lector con la fangosa verborrea que expele este chupapollas, mocharé algunos párrafos de su estulto texto.




«No es un elogio gratuito afirmar que algunas de las mejores páginas de la ensayística mexicana se han escrito por Hache desde Tijuana. Incluso, en este momento, se está creando desde su blog, día a día, una obra compleja [¡¿?!] a la que es justo calificar de singular pues resulta, al mismo tiempo, admirable y desconcertante. • Lo admirable no es la erudición obsesionada por destruir la certeza de su propios hallazgos [¡¿?!], sino la desfachatez con la que logra envolver al lector en una retórica que termina dándole por el culo a cualquier comodidad especulativa [¡¿?!]. A un lector en busca de lo tangible, esa lectura de lúcidos irracionalismos [¡¿?!], que se refutan interminablemente hasta tocar los linderos de un nihilismo inevitable, le crea una problematicidad que resulta abominable por la apabullante contradicción de su riqueza conceptual [¡¿?!].
En general la lectura de Yépez es una ocación [ignorante; ocación se escribe así: ocasión] para despertar preguntas [¡¿?!]. En lo personal creo que las dudas de mayor importancia que propone su obra, en estos momentos, son de un orden disciplinario [¡¿?!]. ¿Es posible que la continuidad intelectual de un país conservador como el mexicano pase por un desplazamiento geográfico? No me refiero a un movimiento físico, sino a una apertura de preceptos ¿En una tradición rebasada por desintegraciones históricas, podemos esperar que el norte de México cuente con una intelectualidad que no se excluya, que gane respeto y difusión, a pesar de su propia marginalidad, y desde ella misma? No se trata de oponer norte, centro o sur en medidas de una absurda superioridad nacional. Se trata de fomentar una nueva figura consciente en el creador y de promover un desarrollo al retraso cultural del país. Especialmente en la zona donde se da una presencia controversial y fértil como la de Yépez [¡¿?!]. • Existe una línea de continuidad que podría relacionar a estos cuentos con otros escritores mexicanos, como Emiliano Pérez Cruz, o Armando Ramírez. Sin embargo el realismo monologante de Yépez tiene mayores cercanías en autores como Céline, Burroughs o Bukowski [¡¿?!]. • A pesar de la dispersa fragmentación, que despista y que cobra su forma sustancial por medio del blog [¡¿?!], la obra de Yépez ha dado algunos resultados literarios que se han relegado debido a su afán polémico como crítico cultural [¡¿?!]» [14.4.04].





Se deduce cuál es la intención de todo el salivero que contiene el churrete del mentado Jáuregui. Cuando Erasmo de Rotterdam se topaba con casos similares, el ruco apuntaba: «Resulta chistoso sobremanera verlos alabarse unos a otros con epístolas, poesías y encomios, donde un tonto adula a otro tonto y un indocto replica a otro indocto. Yo mismo, al contemplar en ciertas ocasiones a estos vanidosos, siento náuseas, principalmente cuando entre esos fanfarrones veo a una ninfa que se cree más próxima a los dioses cuanto más larga es la cola que arrastra, o esos próceres que se abren paso a codazos para situarse más cerca de Júpiter, y, en fin, esa serie de individuos cuyo engreimiento crece conforme al peso de la cadena que llevan al cuello» [Elogio de la locura].




Bien dice el Chango: a veces defendemos banderas que confundimos con nuestros calzones manchados de mierda.








DEL AUTOELOGIO A LA AUTODIATRIBA




Veamos como este miembro de la cultura oficial subvencionada, de la frigidez abstracta, y pisando el umbral del sicoanálisis, pasa a convertirse en su propio adversario; él mismo se lee la cartilla y se da puñetazos en la cara. Guachen nomás las reacciones instintivas del subconciente:




«Tú no escribes para desgarrarte o ser feliz. Tú escribes porque quieres poder. Para ti escribir es seguir tu carrera burocrática. Para ti escribir es publicar y tener ciertas amistades. Algo tan estúpido como participar en eventos, a los cuales no agregas nada. Para ti escribir es degradar lo que otros han hecho para sobrevivir en lo quemante helado o para avizorar las hondas alturas. Tú no tienes madre. Estás rebajando y quitándole el lugar a las personas que precisamente dices defender. Tú no eres más que una feminazi, un oportunista, un ex policía, tú sabes bien quién eres, y por eso haces todo lo que haces para ocultarlo. Degrádate todo lo que quieras pero no degrades esta actividad. Consulta su historia: es una historia de mujeres y hombres apostando todo. Agarra la onda: escribir no debe ser arruinado, y tú escribiendo degradas» [12.4.04].





Pobre güey. Cuando la metafísica no le funciona recurre a Freud. El fragmento citado es solamente un pingajo de lo que hay en su blog. Llegan por ensalmos esa clase de autorrecriminaciones; sin escarbarle mucho se pueden encontrar una veintena de esas exhumaciones inconcientes. Necesita el bálsamo de la confesión para no acabar reventado como un sapo aplastado por las llantas de un semai.



Ya se sabe que la actividad escritural es, también, un oficio como el que desempeña cualquier macuarro (panadero, el albañil, el mecánico, el carpintero), pero sin la utilidad social inmediata. Pero, como dice el Chango Cién, lo único culero que viene a degradar es la presencia de especializados en cretinismos, pues «han aparecido payasos como Doña Yépez o miss Tryna Maldonada para elevarse en pedestales solamente por que pueden poner una letra después de otra». Y como dice la canción frívola: sigue la mata dando.



¿Así está bien, o prefieren que abra más la cloaca?

Un pilón de chéiser.




Ahora, considérese en corolario la siguiente transposición que revierte la felicidad, cuando la perversión dialéctica castiga con el sufrimiento y la marca fatal de haber sido parido en una chabola y crecido en cimborrios infestados de putas, puchadores y raterillos. Aunque, a decir verdad, el batillo, conservando su arrogancia de padrotillo de arrabal, recurre al mecenazgo pretendiendo descubrir la armonía bajo la confusión. El miedo lo cohibe y entonces se vuelve un chamaco «bien educado» (después será el dinero o el afán de gloria mediática). Y al recibir una minúscula bocanada de aire triunfalista —debido a que gana un concursillo literario entre puros pendejos—, se siente el superhombre nietzscheano, una calidad intangible que nada tiene que ver con la honestidad. (salen sobrando los comentarios acerca de la forma tan mezquina como se enquista en la ubre presupuestal y de la inmoralidad conque se conduce para estar de plácemes). Sin embargo, la dicotomía clasemediera le impedirá encarnar el modelo social a que aspira. Acicateado por las contradicciones de clase, confusión ideológica —la quimérica e hipotética movilidad social— que lo conducirá a perseguir objetivos totalmente opuestos, no encontrara más salida para extirpar sus temores y preocupaciones que la rebelión romántica o mera acción de resistencia pequeñobuguesa. Mas que conciencia de clase, instinto de clase.




Por eso el Yépez, ahogado en sus frustraciones y castrado de la conciencia de clase, se ha dejado llevar por la idea estúpida de considerar, genéricamente y en greña, a los escritores como elementos portadores de la degradación social. He aquí, bajo la férula del positivismo más grosero, la percepción distorsionada del escribano:




«Provenir del lumpen permite cierta holgura ideológica, cierto libertinaje de enunciar la basura que somos. Provenir de las clases altas o incluso medias significaría para un escritor cumplir su actividad conociendo que al escribir mancha. Degrada. Esto es algo que la aristocracia aborrece, pues aristocracia significa poder de los mejores; los escritores, definitivamente, no somos parte de los mejores. El escritor no hace más que preparar estupideces, proferir contradicciones, embriagueces, saturaciones, manifiesto desvarío. Venir de lo peor, en su sentido más rastrero, la pequeña escoria —no la relevante—, por tanto, no tener nada que perder nos conduce a la escritura, este basurero. La mejor solución que le queda a alguien que descienda de campesinos, jornaleros, prostitutas, proxenetas, violadores, chicanos, alcohólicos, asesinos, desindianizados (Bonfil Batalla), polleros, mariguanos, pedófilos, esquizofrénicas o limpiaplatos, es decidir que si quiere seguir la tradición familiar e incluso empeorarla tiene que volverse escritor, es decir, pepenador disfuncional. Vaya chistecito» [10.4.04].



Qué invención tan absurda; creer que la ambigüedad es objetividad. Con este precioso sistema de explicaciones vamos a llegar my lejos. Ahora entiendo porqué el bato alberga la creencia de que el CECUT y el IMAC son casas de beneficencia pública. Se apaña de las canonjías como las algas a las rocas, como el güitlacoche en el elote. Así explaya sus dones de «pepenador disfuncional», y cuya «holgura ideológica» le permite estar presto a venderse a la reacción para que nazca, «ahí donde se oculta el criminal, la flor del nuevo día», como cantaba Víctor Jara.



Solipsismo de grueso calibre, campechaneado con neoescolasticismo y resignación fatal: «... el yo no se constituye por la actividad singular, por el sujeto forjado, porque ese sujeto nunca se construye. El yo es el mundo en el que los posibles yoes se pelean, aunque ninguno de ellos pueda vencer por completo. El 'yo' como entidad singular no es posible; el yo no es más que el tiempo mismo (...) el yo es fantasmal...» [12.4.04].




Ahora, que el bato nos responda ¿de qué manera logrará cada individuo incorporarse al hombre colectivo, y en qué sentido la necesidad y la coerción habrán de transformarse en libertad?










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