Crítica de literatura contemporánea.

Monday, January 10, 2005

Vertedero de cretinadas





Por éktor henrique martínez






APRES DOÑA YÉPEZ DE DÉLUGE



TERCERA CAZIADA








DESPUES DE DOÑA YÉPEZ EL DILUVIO






¿Porqué Dios no hizo más seres tan encantadores como éste?







He aquí la máquina trituradora:





«Por mi parte, me especializo en literatura norteamericana, he leído toneladas de literatura europea clásica y moderna, filosofía occidental toda mi vida, pero basta conocerse a uno mismo, indagar de dónde venimos, quiénes somos actualmente, para darse cuenta que somos tan o más fuertes».




Ni quien lo dude, la teoría es la madre del Yépez; de ella se alimenta sin cesar. Con ella mantiene una relación homotética. La idealización maternal del discurso literario constituye su percepción del mundo. Por eso odia a su padre, principal enemigo al que debe combatir; porque es quien se ha chingado a su madre. Y por nada del mundo la abandona; es su referencia permanente. Y cuidado con molestar a esa omnipresente mujer. Que nadie ose decirle: «¡Yépez, chingas a tu puta y guanga madre!».




Y al no tener más ojos y corazón que para la madre, posiblemente eso explica la ausencia de toda relación sexual con las féminas; su abstinencia sexual es la garantía de la fidelidad hacia la mujer-madre. Más vale para él alejarse de las mujeres y renunciar al deseo de hacer vida marital; razón por la cual sus noviazgos no duran mucho tiempo.



Pero ¿qué pasa, entonces, con la inquietante pulsión del órgano genital? Dos boletos tiene para disfrutar del goce sexual: la represión y la masturbación.


Y para el Yahír de las letras tijuanenses no hay nada más consolador que jalarle el buche al güíjolo.



Vean cómo se procura la autosatisfacción mientras garrapatea sus jactanciosas estupideces:




«Soy un pervertido. La gente me pide textos, o yo los escribo para mí mismo, y luego los entrego (ensayitos, cuentitos, pendejadas de ese tipo) y al releerlos me despreocupo. No quedaron en ellos señales de que los escribí mientras estaba sexualmente excitado, calentando a alguien, masturbándome, siempre todo en un juego o desliz de provocación, deliciosa demora o alcance de los orgasmos».




Y no andan muy errados los que afirman que el Yépez se quedó parqueado la edad puñetera de la secundaria; en la etapa de puberto retraído; en la fase de un morro que aún trae cargando en su mochila existencialista los desvaríos hormonales, acrisolados en una multiplicidad de puñetas nocturnas que lo inspiran a fraguar sus contestatarios berridos.







LOS EFECTOS DE VIVIR ATADO AL CORDON UMBILICAL



La fidelidad a la madre, preservada a golpe de manuela, le acarrea experiencias de amores desgraciados, fracaso con las mujeres; le resulta imposible mantener una relación con alguna de ellas. La ternura y devoción hacia la madre no le permiten establecer un romance duradero. Se encuentra tan identificado y en condición de dependencia con la madre que tal adicción filial representa para él la fuente y origen de su poder; separarse de ella es perder el dominio sobre el mundo, dominio que se materializa haciendo sufrir a las mujeres y propinándoles sendas golpizas.



Así se define:


«No soy más que un ridículo fuete farfullando».

Y en efecto, lean lo que sigue:




«No me está oculto que soy un escritor para varones. Hay muy poco en mí que pueda interesar o conservar a la lectora, la escasa lectora. Suelo practicar la violencia verbal. En muchos sentidos, lo que escribo es casi siempre una alabanza a la emboscada o la agresividad lingüística—comenzando por la relación abusiva que establezco con el lector».




Además, hasta el individuo que lee sus cochinos galimatías termina pagando el pato:



«Me dirijo al lector como quien se dirige a un perro. Lector, obedece. Los lectores me escriben cartas o me saludan. Caballeros que demandan atención. Son serviles o exigentes, tratan de ser tus pares o cómplices. Cuando leen la señal de la depresión emocional en este sitio o en algún otro, me escriben molestos para pedirme, con insultos o chantajes de macho cliché, que vuelva a mi agresión habitual, que maldiga contra todo, porque eso es lo mejor que, según ellos, sé hacer. Lo que en verdad ocurre es que son adictos a la agresión. Paulatinamente adictos a atacar. Conozco esta dependencia en carne propia».







Así será el lector para el chupapollas del Yépez?







También no está demas agregar que el bato adopta posturas rebeldoides para allegarse de admiradores y manipular a pendejos con la pantomima de luchador causas estilo Robin Hood. Su radicalidad es de papel, nada más; rocstarismo de payaso inadaptado que pedorrea una supuesta autoridad estética. Pero se le caen las nalgas cuando alguien le busca las malas pulgas.





FLAGRANTES MENTIRAS DE UN CULTUROSO LAMECULOS



Por otra parte, no es raro que aparezcan ratones mordisqueando el queso de la lisonja. Ai tenemos al Bernardo Jáuregui, quien, emocionado y surfeando sobre la espesa baba de tlaconete que se le ha escurrido de la mamadora, llega pregonando lo que únicamente ha existido en su enfermiza y deschavetada tatema (y que el enajenado narcisista del Yépez, en chinga, postea en su blog para darse coima).



Escuchemos las trompetillas que este descarado lambegüevos del tal Jáuregui le sopla a su idolatrado confeccionador de disparatarios.


NOTA: a fin de no fastidiar al paciente lector con la fangosa verborrea que expele este chupapollas, mocharé algunos párrafos de su estulto texto.



«No es un elogio gratuito afirmar que algunas de las mejores páginas de la ensayística mexicana se han escrito por Hache desde Tijuana" [aquí sí que te saliste del calzón; ¿es burla, o qué, cabrón?]. "Incluso, en este momento, se está creando desde su blog, día a día, una obra compleja [que no hay duda que saldrá más chingona que el Quijote de la Mancha] "a la que es justo calificar de singular pues resulta, al mismo tiempo, admirable y desconcertante" [¡qué poca madre tienes; decir que algo pueda ser, al mismo tiempo, como tú dices que dices!]. • "Lo admirable no es la erudición obsesionada por destruir la certeza de su propios hallazgos" [¡¿qué quiso decir este güey?!], "sino la desfachatez con la que logra envolver al lector en una retórica que termina dándole por el culo a cualquier comodidad especulativa" [¡al que le van a dar por el culo es a usted, cabrón; por andar soltando tanto camelo y pendejada incoherente!]. "A un lector en busca de lo tangible, esa lectura de lúcidos irracionalismos [¡pero que idiotez la tuya, men; ¿cómo puede haber una irracionalidad que sea lúcida?; no diga pendejadas!], "que se refutan interminablemente hasta tocar los linderos de un nihilismo inevitable" [pero, ¿porqué ha de ser inevitable?], "le crea una problematicidad" [ no seas maje; se dice problema o problemática, nada más] "que resulta abominable por la apabullante contradicción de su riqueza conceptual [¿alguien entendió esta barrabasada oligofrénica?]. • "En general la lectura de Yépez es una ocación" [ignorante; ocación se escribe así: ocasión; y, a propósito, ¿de cuándo acá una ocación equivale a lectura?] "para despertar preguntas" [¡¿?!]. "En lo personal creo que las dudas de mayor importancia que propone su obra, en estos momentos, son de un orden disciplinario" [¡chetos con sabor a fresa! ; ¿y qué te hace creer que esas 'importantísimas dudas' son de un 'orden disciplinario'?; ¿y si fueran de un orden indisciplinado o de una disciplina desordenada?, ¿por cuál agujero te meterías la tautología?]. "¿Es posible que la continuidad intelectual de un país conservador como el mexicano pase por un desplazamiento geográfico? No me refiero a un movimiento físico, sino a una apertura de preceptos ¿En una tradición rebasada por desintegraciones históricas, podemos esperar que el norte de México cuente con una intelectualidad que no se excluya, que gane respeto y difusión, a pesar de su propia marginalidad, y desde ella misma? No se trata de oponer norte, centro o sur en medidas de una absurda superioridad nacional. Se trata de fomentar una nueva figura consciente en el creador y de promover un desarrollo al retraso cultural del país. Especialmente en la zona donde se da una presencia controversial y fértil como la de Yépez" [¡¿?!]. • "Existe una línea de continuidad que podría relacionar a estos cuentos con otros escritores mexicanos, como Emiliano Pérez Cruz, o Armando Ramírez. Sin embargo el realismo monologante de Yépez tiene mayores cercanías en autores como Céline, Burroughs o Bukowski" [¡uy, sí!]. • "A pesar de la dispersa fragmentación, que despista y que cobra su forma sustancial por medio del blog [¡¿?!], la obra de Yépez ha dado algunos resultados literarios que se han relegado debido a su afán polémico como crítico cultural [¡ah, raza cabulera!]» [14.4.04]. ¡Basta ya de tonterías!

Se deduce cuál es la intención de todo el salivero que contiene el churrete del mentado Jáuregui. Cuando Erasmo de Rotterdam se topaba con casos similares, el ruco apuntaba: «Resulta chistoso sobremanera verlos alabarse unos a otros con epístolas, poesías y encomios, donde un tonto adula a otro tonto y un indocto replica a otro indocto. Yo mismo, al contemplar en ciertas ocasiones a estos vanidosos, siento náuseas, principalmente cuando entre esos fanfarrones veo a una ninfa que se cree más próxima a los dioses cuanto más larga es la cola que arrastra, o esos próceres que se abren paso a codazos para situarse más cerca de Júpiter, y, en fin, esa serie de individuos cuyo engreimiento crece conforme al peso de la cadena que llevan al cuello» [Elogio de la locura].


Bien dice el Chango: a veces defendemos banderas que confundimos con nuestros calzones manchados de mierda.






ÉCHESE UN TACO DE APABULLANTE CONTRADICCIÓN



Y a continuación una muestra literaria que florece en el jardín donde se cultivan «las mejores páginas de la ensayística mexicana se han escrito por Hache desde Tijuana», y que, por vía de partenogénesis, «en este momento, se está creando desde su blog» como «una obra compleja». Y échele el lector un oclayo al «orden disciplinario», cuyas «dudas» son —como dijo el barberín del Bernardo Jáuregui— «de mayor importancia»:



«Me gusta el blog. Cada vez me doy más cuenta que el blog es un género literario capitalista, globalizado, inventado por californianos. El blog evita que escribas libros, que escribas realmente literatura. Es un medio para hacer notitas, una bitácora casi tan frívola como un diario o un poemario. El blog te da un espacio para tener a tu ego escribiente contento y tener lectores fáciles (más bien incultos y desinformados). El blog, como las cantinas, las reseñas o la burocracia, es un espacio para aquellos que no tenemos el valor o el talento para ser escritores de verdad».




¡Ah!, pues si eso piensas del blog y de los lectores, pues ¡vete mucho a chingar a tu madre!








cretinadas@yahoo.com.mx
www.charkito.blogspot.com
www.marconsed.blogspot.com










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